El líder de los Legionarios de San Miguel Arcángel elaboró una contundente crítica al corrupto sistema de partidos establecido en Rumania en los años '30 y '40, y desenmascaró a las oligarquías internacionales que las estaban financiando para satisfacer sus intereses a costa de sumir en la miseria al pueblo rumano. Extracto de la obra El manual del jefe, de Corneliu Zelea Codreanu. Discurso pronunciado por el jefe de la Legión en el parlamento del país. Del Monitorul Oficial del 3 de diciembre de 1931.

El diputado Corneliu Zelea Codreanu toma la palabra: Señor presidente, señores diputados: soy el más joven entre vosotros y represento a un movimiento juvenil. He llegado aquí con mis propias fuerzas, sin la ayuda ni el apoyo de ninguno. Creo que los actuales jefes de la gran Rumania se fatigarán de escucharme, también a mí, exponente de la nueva generación, generación angustiada, generación de la cual tanto se ha hablado, generación martirizada, generación - podría decir - crucificada. Creo que está bien que la honorable cámara tenga un poco de buena voluntad para escucharnos también a nosotros, porque considero que es bueno que los gobernantes sepan cual es la preocupación, cuales son las opiniones, cual es la orientación política de la generación que, con o sin vuestro permiso, deberá sucederos mañana en estos bancos. En todo caso, quiero afirmar desde el principio que no somos una generación como la describe cierta prensa. El único objetivo que perseguimos es el de defender a la sagrada patria, a la patria amenazada por la furia del huracán, a la patria de nuestros padres y el nido cálido de los que vendrán después de nosotros. Y para fijar brevemente nuestros puntos cardinales, diré: no hay aquí ninguna generación inmoral, ninguna generación sin Dios, republicana o anti-monárquica. Fijo estos puntos en: Dios, patria, rey, familia, ejército, este último con la misión de garantizar la existencia del Estado rumano. V.G. Ispir: Para esto podíais estar a nuestro lado. Corneliu Zelea Codreanu: Yo, señores, he de subrayar este problema, porque soy el jefe de un pequeño grupo. Y debo desarrollar mis puntos de vista. He estado en el Maramures, en el Maramures que es la cuna de nuestros fundadores, los moldavos (los habitantes de Maramuyes son los descendientes de Ștefan cel Mare, Señor de Moldavia) y allá, en ocasión de un proceso que he tenido en Satu Mare, al cual ha asistido también el profesor Catuneanu, llegó un viejo de cabellos blancos que ha testimoniado, ante los requerimientos de los jueces, lo que ahora os y refiero: “Nosotros, los de Maramures, somos de noble cepa y hemos tenido nuestras tierras y nuestros montes. Hasta 1847 éramos los dueños. En 1841, cuando era niño, llegaron a nuestra comunidad los primeros judíos.” Y aquí introduzco un pequeño paréntesis.

Yo no uso la palabra judío para insultar a nadie. Los llamo judíos porque creo que así se llaman y por otra parte - cosa que a mí me parece curiosa - es la única nación que rehúye el nombre que le es propio, el nombre que tiene. Y cuando he llegado a la firme convicción - ruego me crean - de que esta población - 1 - descarga un ataque a nuestra tierra y trata de apoderarse de ella, entonces, repito les ruego me crean, para mí ha comenzado una lucha de vida o muerte y no tengo ningún deseo de burlarme o insultar a nadie. Para mí, una cosa está clara y precisa: inteligente o no inteligente, parasitaria o no parasitaria, moral o inmoral, esta población es una población enemiga que ha acampado en nuestra tierra. Y pretendo luchar contra ella con todos los medios que me ponga a disposición el intelecto, la ley y el derecho rumano. Y bien, señores, decía aquel viejo: “En 1847 han venido los primeros cinco judíos, a los que nuestros padres, viendo como estaban hambrientos y miserables, permitieron por compasión que se establecieran en nuestras tierras. Hoy, en 1930, de los sesenta y dos montes hemos perdido sesenta. Los rumanos tenemos solamente dos montes, en tanto que los otros sesenta están en manos de los judíos.

Hoy, nos hemos retirado de nuestras tierras y nos hallamos, pobres y sin pan, al margen de los latifundios judíos.” Y bien, esta situación de Maramures se extiende también a la Bucovina; esta situación priva también en nuestra Moldavia, donde las iglesias están cerradas y los altares destruidos. Y os pregunto: ¿qué será de una estirpe a la que se le destruyen los altares? Nuestro comercio está sometido. De la antigua Birlad que exportaba mercancías a Polonia bajo Ștefan cel Mare y exportaba de Cetatea Alba hasta Constantinopla y Alejandría, ha quedado un solo comerciante rumano de manufacturas. Y bien, señores, no se puede soslayar este problema y nadie puede decir que éste no sea un problema de importancia capital en la política de la Rumania moderna. En nosotros se lleva a cabo exactamente lo que se llevó a cabo contra los pieles rojas de Norteamérica: nos encontrarnos frente a una invasión extranjera y tenernos todo el derecho y el deber de defender la tierra de nuestros padres.

A mí no me interesa quién viene y quién es; me parece curioso que, cuando venían los enemigos armados a robarnos nuestra tierra, salíamos todos a las trincheras con las armas en la mano, en tanto que hoy, cuando las armas se han transformado en dinero y cuando ellos pueden comprar nuestra tierra con su dinero, no hay ninguno entre nosotros que proteste. Es así, señores, como se nos plantea el problema. Sabéis muy bien que los pieles rojas de Norteamérica han desaparecido lentamente ante la invasión anglosajona. Hoy toda Europa los llora y los vuelve a llorar porque eran gente valerosa, pero se dice: “¿Qué hacer? Otros han sido los más fuertes.” Señores, pienso con terror que, en un momento dado, Europa deberá compadecernos también a nosotros y a nuestros hijos. Y por lo que respecta a nuestra angustiada juventud, que como os he dicho, está atormentada por esta idea (vengo aquí después de dos años de injusto encarcelamiento), y bien señores, yo os digo ¿qué queréis que hagan estos jóvenes, que han sido perseguidos por cada gobierno, hasta hoy? ¿Deseáis que un buen día hagamos las maletas y partamos a otras tierras, a otras comarcas, a ganarnos el pan y encontrar un refugio para una vida libre? No pedimos demasiado. Pedimos una sola cosa: quedarnos aquí, en esta tierra, bajo la bendición de los restos de nuestros antepasados. Señores, es de lamentarse que en el mensaje del gobierno no se advierta absolutamente nada para nosotros, ni tan siquiera un ápice de esperanza ni la más mínima preocupación por parte de quien gobierna esta tierra hacia los problemas que he expuesto antes. Señores de éste, pasaré a otro problema de gran importancia: el problema de la miseria. He traído en esta caja algunos pedazos de pan de Maramures y de las montañas de la circunscripción de Neamtz, para que veáis el pan que come el rumano de Maramures y el montañés de nuestras tierras. Hoy, cuando la gente se lamenta de la  producción del trigo, todos atribuyen la crisis al hecho de que el trigo se vende a un lei el kilo, y he aquí el pan que comen estos hombres (el diputado Corneliu Zelea Codreanu presenta a la asamblea un pedazo de pan negro) Fuerza es que se nos encoja el corazón por el dolor, y creo que todo el pueblo de Europa, viendo esta imagen de miseria en la cual vive la estirpe rumana, lloraría de compasión.

He traído estos pedazos de pan en esta elegante caja a fin de que veáis de cuanta artificiosidad de bienestar se viste esta miseria rumana. La deposito con dolor en el banco ministerial y ruego al honorable gobierno tenerla dispuesta para que, cualquiera que tenga el valor de burlarse a espaldas de la estirpe rumana, vea, antes, de qué se alimenta. Señores, ante la miseria que aflige a esta tierra, debo preguntar: ¿cuáles son las medidas con las que el gobierno pretende oponerse a esta marcha de la miseria, que crece cada vez más? Señores diputados, para mí está claro que al gobierno se le presentan dos soluciones:

1) La solución sentimental del sacrificio.

2) La solución económica.

Por lo que respecta a la solución del sacrificio, soy también de aquellos que la aceptan, pero quiero afirmar un principio inmutable: ni vosotros ni nadie tiene el derecho de apelar a los pocos recursos de un hombre de honor hasta que no haya sido restituido en las cajas del Estado hasta el último dinero robado por los bandidos que ha despojado esta tierra.

Por lo que respecta a la otra solución, la solución de la conversión monetaria, estoy por ella. Pero no es una medicina. Medicina es lo que acaba con la causa de la enfermedad, esto es, el microbio. La conversión monetaria es una cámara de oxígeno que el honorable gobierno suministra a la economía nacional moribunda. Estoy por el proyecto de conversión monetaria y votaré por él; pero quiero decir que espero advertir otras medidas y especialmente medidas radicales, necesarias para afrontar los desdichados tiempos que corren. Señores diputados, el tercer punto respecto al cual diré algunas palabras es la cuestión de los partidos y la cuestión de la democracia. Señores diputados, el objeto principal de las discusiones en respuesta al mensaje del gobierno ha sido casi enteramente: ¿estamos contra la abolición de los partidos o por la abolición de los partidos?

Al respecto, os digo mi punto de vista. ¿Quién es el que debe decidir la abolición o el mantenimiento de los partidos? ¿Podéis vosotros abolirlos o mantenerlos? No. Quien debe decidir es el pueblo, es el país hambriento y desnudo. En el momento en él que deba decidir, el pueblo verá si debe o no abolirlos. En todo caso, os diré que el pueblo no ama los partidos políticos. Este es un hecho seguro y vosotros, en un régimen democrático, no os podéis mantener en la dirección de un Estado contra la voluntad del pueblo. También éste es un hecho seguro. Queda todavía una cuestión. Decía alguien: “los partidos no han nacido improvisadamente, sino que son el resultado de una evolución.” Si, también yo estoy a favor de esta teoría y aplico a los partidos la ley de la evolución.

Los partidos, como todas las cosas de este mundo, nacen, crecen y mueren Creo que los partidos no son la forma superior de una perfección que haya conquistado el derecho a la inmortalidad. Hay todavía una cuestión de orden externo. Veis muy bien que toda la opinión pública de Europa se dirige hacia las alas extremas: la extrema derecha y la extrema izquierda que se refuerzan.

En algún momento, alguna de las dos vencerá. Y bien, yo os pregunto, y le pregunto especialmente a aquellos de entre vosotros que estado siempre inclinado, frente a Europa y siempre habéis temblado al mínimo hálito le viento en una Europa en la que venza alguno de los extremos, ¿podríais vosotros resistir a la corriente de esta Europa? Por lo que respecta a nuestra orientación, si debemos elegir entre estos dos extremos, nosotros estamos entre aquellos que creen que no sale por Moscú, sino por Roma. Nosotros creemos que nuestros padres, nuestros antepasados que nos han traído a esta tierra, nos transmiten mediante sus restos, al menos cada mil años, alguna buena advertencia, alguna buena idea, en nuestros momentos difíciles y dolorosos. En efecto, señores, en lo referente a los partidos, nuestra generación, mirando desde el exterior, constata:

1) Que un partido político es una sociedad anónima de explotación del voto universal.

2) Que todos los partidos son democráticos porque explotan el voto universal en la misma forma.

3) Que descuidan los intereses del pueblo y del país, satisfaciendo solamente los intereses particulares de sus partidarios; que la democracia es irresponsable, carece del poder de la sanción; que todos los partidos cometen delitos, se traicionan unos a otros, ninguno de ellos aplica castigos a sus partidarios, de otra forma los perdería, ni contra sus adversarios, porque estos, a su vez, comenten los mismos delitos.

Y sobre esta cuestión, permitidme atraer vuestra atención solamente sobre los fraudes cometidos de la guerra hacia acá, todos impunes: el fraude de 12 millones del alcohol metílico; el fraude de 900 millones del latón de las ferrovías; el pescado soviético; las zapatillas soviéticas; los bosques de la circunscripción de Neamtz, los bosques de la Bucovina, etc. Según un sumario cálculo, los fraudes que se han perpetrado sobre el territorio de este país de la guerra hacia acá, alcanzan la suma de 50.000 millones de leis. La democracia, vista desde fuera, da la impresión de una vasta complicidad entre criminales. Conclusión: la democracia es incapaz de autoridad.

Y todavía una cosa: debo exponeros una cuestión que quizá a muchos no gustará. Les ruego, señores, tolerar nuestra severidad en todo lo que concierne a la estirpe rumana y al honor. Declaro aquí que la democracia está al servicio de la alta finanza nacional o internacional judaica (interrupciones, alboroto) Señores, la prueba. He venido aquí con una lista que os irritará, más os ruego no detestarme, porque no puedo callar tal cuestión: se trata de lo que se llama el portafolio de la banca Blank. Permitidme leer, y algunos de vosotros se encontrarán en esta lista. Y probablemente la lista no está completa. No obstante: - Sr. Brandsch, subsecretario de Estado, 111.000 - Sr. Carol Davila, 4.677.000 - Sr. Eugen Goga, crédito de hipoteca agrícola, 6.200.000 - Al Otelesanu: es una hipoteca sobre la propiedad de la señora de Eugen Goga. - N. Lahovary: no es deudor el Sr. Davila, es deudora la banca Tzaraneasca. No es la misma cosa, le ruego rectifiquen (interrupciones, alboroto) 

Bien, bien señores. Pagará, pero es dinero tomado en préstamo (interrupciones) Señores, paguen o no paguen, no lo sé, pero dejad que os diga una cosa, cuando alguien toma dinero prestado de una organización financiera, es inevitable que quien así obra deba apoyarla cuando se encuentra en el gobierno o en la oposición y en todo caso, que no la castigue cuando debe ser castigada (aplausos de muchos diputados) Además: Sr. Iunian, 407.000; Sr. Madgearu, 401.000; Sr. Filipescu, 1.265.000; Sr. Mihail Popovici, 1.519.000; Sr. Raducanu, 3.450.000 (griterio en los bancos de la mayoría); banca Raducanu de Tecuci, 10.000.000; Sr. Pangal, 3.800.000; Sr. Titulescu, 19.000.000; y se comprende que no he podido obtener más informaciones precisas, porque también el Sr. Argetoianu debería estar en esta lista con 19.000.000 (voces de los bancos de la mayoría: “¡Se comprende!”) Yo digo lo que he podido encontrar (interrupciones, alboroto) Aquí están también los demás.

Señores, yo no digo que este dinero haya sido dado bajo forma de soborno, ¡no! Este dinero ha sido tomado bajo ciertas formas y ahora se trata de ver qué operaciones han sido hechas por la banca y requieren medidas enérgicas en tal cuestión, ahora que estos hombres, que se sienten ligados a la banca, no disponen ciertamente de la completa libertad necesaria para tomar medidas categóricas contra ella (aplausos de diversos bancos) Señores, si se piden sacrificios para sanear esta tierra, nosotros no podemos consentir en el sacrificio que se debería hacer para sanear la banca Blank, con el fin de pagar los gastos de las bodas efectuadas en París (donde se han gastado 50 millones) (exclamaciones, interrupciones)

Señores, en consecuencia, proponemos algunas soluciones prácticas que llevan impresa la marca de la juventud: pedimos la introducción de la pena de muerte, exclusivamente para los manipuladores fraudulentos del dinero público (aplausos de diversos bancos) V.G. Ispir: Señor Codreanu, usted se proclama cristiano y portador de la idea cristiana. Le recuerdo - soy profesor de teología - que sostener esta idea es anti-cristiano (aplausos) Corneliu Z. Codreanu: Señor profesor, permítame decirle: cuando se trata de escoger entre la muerte de mi tierra y la del delincuente, prefiero la muerte del delincuente. Y soy mejor cristiano si no permito que el delincuente aflija a mi tierra y la conduzca a la ruina (aplausos desde diversos bancos)

Pedimos el control y la confiscación de bienes de quienes han depredado esta pobre tierra (gritos de “¡Bravo!”) Pedimos que sea promovido un proceso penal a todos aquellos políticos que han actuado contra el país apoyando negocios ilícitos e intereses privados (aplausos de diversos bancos) Pedimos que en el futuro les sea impedido a los políticos formar parte de los consejos de administración de las diversas bancas y empresas (aplausos desde muchos bancos) Pedimos que sea procesado el enjambre de explotadores rapaces venidos a esta tierra para explotar la riqueza del suelo y la laboriosidad de nuestros brazos. Pedimos que el territorio de Rumania sea declarado propiedad inalienable e imprescriptible de la estirpe rumana.  (una voz desde los bancos del partido nacional-campesino: “¡Una declaración de este género ya existe!”)

Corneliu Z. Codreanu: No para la estirpe rumana. Pedimos que sean mandados a trabajar todos los agentes electorales y que sea instaurado un mando único, que se someta a la unanimidad del pueblo rumano. Si en el momento presente los gobernantes del país no pueden tomar las medidas necesarias a causa de la constitución o de las leyes en vigor, entonces somos del parecer que deben disolverse los cuerpos legislativos y debe ser convocada una asamblea constituyente, a fin de que el pueblo designe a los que serán llamados a tornar todas las medidas necesarias para la salvación de Rumania (aplausos desde varios bancos).