Asumiendo las palabras del General Sandino sobre la soberanía como un principio político de un valor más que evidente –la soberanía no se discute: se defiende con las armas en la mano no podemos menos que seguir asombrándonos ante la valentía cívica y ante el coraje militar del pueblo ucraniano. Los ucranianos han convertido en una realidad diaria el enunciado de Sandino, ralentizando irremisiblemente las brutales ofensivas llevadas a cabo por la Dictadura Rusa.

Una guerra larga y enquistada en Ucrania no sólo es un fracaso estrepitoso para el Régimen de Wladimir Putin sino también -más que presumiblemente- constituye el inicio de la destrucción de este peculiarísimo modelo autocrático. Pasados los días de su cabalgada acorazada sobre las principales ciudades ucranianas, el Ejército Ruso se desangra finalmente -día a día con constante presión- en la toma de unos centenares de metros de terreno o en la conquista de pequeñas ciudades, de simples aldeas o de carreteras secundarias. La ofensiva triunfal se ha enfangado al este del país a causa de una curiosa conjunción entre la propia inoperancia y entre el valor del enemigo: entre la eficacia de las armas occidentales y ante el efecto progresivo de las sanciones, entre la ineptitud de su Estado Mayor y entre el pésimo estado de sus fuerzas armadas, entre la baja moral de la tropa, los aciertos defensivos ucranianos y la endémica corrupción que han desinflado el globo ruso.

Somos muchos los que creemos que la Federación Rusa ya ha perdido esta guerra.

Pase lo que pase en el futuro y conquisten lo que consigan conquistar. Rusia ha perdido desde el momento en que no pudo consumar su plan inicial de conquista relámpago y de rápida modificación del status quo de la región. Y ante esa desastrosa ofensiva -a los europeos nos resulta muy difícil de asimilar el desprecio de Rusia hacia sus propias bajas- la lógica interna de un poder dictatorial es incapaz de reconocer una derrota o de aceptar un giro en su política exterior. La Federación Rusa se ha visto envuelta en una guerra complicada en la que cualquier hipotética ganancia -sencillamente- ha dejado de afectar a los intereses generales de la nación. Dudo que todavía quede alguien en la Gran Rusia que piense que esta guerra puede compensar en algo a la nación, con un prestigio exterior pulverizado y con una economía en bancarrota.

Que alguien me lo explique porque yo me pierdo. Putin intervino en Ucrania para producir un cambio de gobierno y alejar al país de la órbita occidental. Sin embargo, el Gobierno de Zelenski es más fuerte que nunca y su aproximación a Europa es imparable a día de hoy. Putin intervino en Ucrania para eliminar la capacidad militar del Ejército Ucraniano. Sin embargo, las fuerzas armadas ucranianas son más fuertes que antes y están siendo reequipadas con armas más modernas y eficaces que las rusas. Putin intervino en Ucrania para reforzar su prestigio exterior y su capacidad militar de potencia de primera clase. Sin embargo, nunca ha sido tan pobre el prestigio de Rusia y de su Ejército en el ámbito mundial. Putin intervino en su frontera occidental para asegurarla antes de fundamentar el desarrollo económico  de Rusia en las enormes y riquísimas extensiones del este del país. Sin embargo, el ingente gasto de la guerra y el peso progresivo de las sanciones occidentales han lastrado -tal vez para siempre- la economía del Régimen. Todos estos grandiosos objetivos geoestratégicos se ven ahora circunscritos a la conquista de un puñado de metros y de un conjunto de pueblos y de aldeas.

Sin embargo, la derrota rusa no nos hace olvidar -ni un momento- el sacrificio valeroso de un pueblo íntegro. Ucrania sigue enfrentándose al agresor con la conciencia limpia y con la certeza de estar dando un ejemplo al mundo. Ucrania mantiene un combate desigual frente al invasor porque está luchando por un modelo futuro de sociedad: una sociedad libre dentro de nuestro entorno occidental en contraposición a un sistema oscuro y tiránico. No nos cansamos de decirlo. Ucrania lucha por el derecho de sus ciudadanos a decidir sobre su modelo político interno y sobre su futura posición internacional: sobre su derecho a una existencia pacífica sin ninguna clase de imposición militar agresiva de un vecino molesto. Es decir, Ucrania está luchando por el legítimo derecho de un pueblo a ejercer libremente su soberanía determinando -de una vez por todas- con qué países y con qué organizaciones internacionales quieren estar alineados y con qué tipo de modelo político quieren iniciar su marcha hacia el futuro.