Señores, don Alberto Núñez Feijóo ya ha caído en la primera trampa. Ha aceptado el lenguaje de la Izquierda y ha dejado para otra ocasión la guerra de las ideas, sin darse cuenta que esa es la madre del cordero y que si no gana esa guerra habrá perdido todas las demás, incluida la económica. Si Feijóo acepta el término de “ultraderecha” y huye de él y huye de VOX por temor a que le llamen ultraderechista ya está perdido, porque la Izquierda, o sea, los comunistas, le darán por ese carrillo todas las hostias hasta conseguir su Dictadura.

Estoy de acuerdo totalmente con Cayetana Álvarez de Toledo y algunos intelectuales más. La gran batalla que aquí hay que plantear es la batalla de las ideas, o sea, la guerra contra el “Agit-pro” Marxista-Leninista-Stalinista que domina el vocabulario español desde 1936.  Si la Derecha, si el Centroderecha teme al vocabulario que impone la Izquierda y la ultraizquierda ya tienen perdida de antemano las elecciones.

Pues lo comprobaremos si volvemos al libro del alemán Victor Klemperer y su obra “LTI. La lengua del Tercer Reich”, porque cada vez veo más claro lo que está pasando, o ha pasado ya con el lenguaje que ha impuesto el “Agit-pro” en la España democrática salida de la Constitución del 78.

Aquí solo cuentan, al parecer, las palabras o lo hechos que imponen las Izquierdas.

Lo dice bien claro el profesor Klemperer en el informe que hace en su libro sobre la táctica de Hitler y Goebbels:

“La lengua del Tercer Reich se centraba por completo en despojar al individuo de su esencia individual, «en narcotizar su personalidad, en convertirlo en pieza sin ideas ni voluntad de una manada dirigida y azuzada en una dirección determinada, en mero átomo de un bloque de piedra en movimiento» (p. 42).

El modo de hablar nazi, tan pobre y empobrecedor, se apoderó de todos los ámbitos, públicos y privados. Se adueñó de la política, de la jurisprudencia, de la economía, del arte, de la ciencia, de la escuela, del deporte, de la familia, de los jardines de infancia y por supuesto, y con particular ahínco, del ejército (p. 37). La lengua, fuera hablada o escrita, debía ser apelación, arenga e incitación (p. 41).”

Bueno, pues algo parecido ha pasado en esta España medio dormida del “Estado del bienestar” y como muestra basta un botón, hoy me voy a referir a las dos imposiciones que se han puesto de moda: Guernica y Extremaderecha.

Guernica: ¿Por qué al heroico Presidente de Ucrania al buscar un ejemplo comparativo de la matanza de Bucha no encontró otro ejemplo que el bombardeo de Guernica?… ¿Sabía Zelenski que antes que Guernica, bombardeada por los nacionales en una acción puramente militar, ya que el pueblo vasco en aquel momento era una población en la que descansaban las tropas vencidas de Euskadi que se retiraban (126 muertos), y que, sin embargo, días antes había sido bombardeado el pueblo cordobés de Cabra por la aviación roja y con más muertos y más heridos que la vasca (156 muertos )? Sencillamente porque desde aquel día el “Agit-pro” comunista se encargó de plataformar y hacer creer al mundo que lo de Guernica había sido como un holocausto nazi y por el contrario los nacionales, siempre torpes en materia de propaganda, se callaron la matanza de Cabra… y eso es lo que está pasando hoy todavía. El mundo sabe lo que pasó en Guernica, pero el mundo no sabe lo que pasó en Cabra… ni, por supuesto, lo que sucedió en Paracuellos (7.500 muertos, y con las manos atadas).  

Y el mundo no sabe, realmente lo que está haciendo el Gobierno de coalición socialista-comunista-independentista-bilduetarra con la España actual.

 

Extremaderecha, ultraderecha: ¿Por qué el señor Feijóo tiene que aceptar y sentirse temeroso, y huir como gato escaldado, de la extremaderecha, sabiendo que es un término de estrategia Marxista-Leninista-Stalinista? Es otro de los graves errores que nada más llegar está cometiendo don Alberto. Muchos pensamos que si fuese un gran estratega ya habría salido a la calle con un cartel al pecho diciendo: “Yo soy la extremaderecha ¿y qué?” .... Señor Feijóo, mientras usted no salga a la calle sin miedo a la Izquierda usted nunca podrá llegar a la Moncloa, porque hay muchos, estamos muchísimos, que con la Izquierda roja “ni a misa”. Así que ya puede hacerse la foto con Santiago Abascal y ser el que usted quiera ser, pero no el que le digan que tiene que ser. Por lo mismo cayó don Pablo Casado. España no perdona a los cobardes.