Mirando la foto, se descubre sobre todo la belleza de su mirada. La enorme verdad que irradian sus ojos. Lo limpio del reflejo mismo de ellos, que es la evidencia de compromiso y verdad.

Encontrarme de pronto delante de su imagen, me dejó pensativo, y debo admitirlo también, un poco noqueado. Guardé la instantánea para explicar, por si alguien lo quiere leer, otra de las formas en las que se manifiesta con mayor rotundidad la humana serenidad de un gesto. De un compromiso. El relato en la imagen de una fisonomía que te reconcilia con un género humano, cada vez más enfangado. Más lejos de lo que gritan sus ojos como océanos de luz.

Cuentan los camaradas que tuvieron la suerte de conocerla, qué en los últimos meses de vida de José Antonio, fue sus ojos. Sus oídos y su voz. Lo visitabas a diario en la cárcel de Alicante. Y sin faltar uno solo le llevaba noticias. Algún libro que él la pedía e incluso comida. Su ángel de la guarda. El ángel de sacrificio. Sin gestos grandilocuentes. Sin aspavientos. La belleza del deber cumplido, en la serenidad de sus actos.

Cuando todo terminó. Cuando él se fue. Cuando nos mataron al Jefe. Ella continuó siendo sus ojos, esta vez con lágrimas, que se reflejaban en él. Hasta el final de su larga y hermosa vida, siguió dando testimonio de lealtad a su recuerdo. . La verdad y la decencia en la imagen de una mujer bella por dentro y por fuera. Una fotografía que quema de tanta luz que desprende. Su nombre: María de Los Llanos Marco Pérez. Falangista de primera hora. Nacida en Yecla. Alicante.  Su hermano Juan era uno de los fundadores de la Falange alicantina. Fue detenido por ello, el 5 de agosto de 1936. Antes. El 25 de junio, había corrido la misma suerte el padre de ambos. Desde el fusilamiento de José Antonio y hasta el traslado de sus restos al Monasterio del Escorial. Todos los días llevó cinco rosas a su tumba. Y desde 1940 a 1999. Año de su muerte. Cuando se nos fue a los luceros Todos los domingos llevó las cinco rosas a la casa prisión de Alicante. Como digo. Se llamaba, María de Los Llanos. Pero José Antonio la llamaba, cariñosamente. Llanitos...