El pasado día 6 de marzo se cumplieron ochenta y tres años del hundimiento del crucero de la Marina Nacional Baleares, en aguas del mar Mediterráneo. Como evocación imperecedera a aquellos bravos marinos que murieron con el nombre de España en sus labios, en unos momentos en que en España se pretende por parte de socialistas, comunistas, separatistas y filo etarras, junto a ese felpudo asqueroso llamado Ciudadanos, con las leyes liberticidas, sectarias, mentirosas, rencorosas y llenas de odio, maldad y revanchismo, que quieren implantar de forma anticonstitucional, asaltado y pisoteando derechos inalienables de las personas, como es el de libertad ideológica y de opinión , borrar de un plumazo, como si nunca hubiera existido, una parte importantísima y vital de  nuestra historia, es de obligado cumplimiento el recordar y enaltecer a los héroes que la forjaron.  

En la noche del 5 de marzo de 1938 el Crucero pesado de la Marina Nacional Baleares, al mando del capitán de Navío Isidro Fontenla Maristany, navega, junto a su gemelo el crucero Canarias, cuyo mando ostenta el capitán de navío Rafael Estrada  y el  Crucero ligero Almirante Cervera, al mando del capitán de navío  Ramón Agacino, por aguas del mar Mediterráneo, cercanas a  la isla de Formentera.

Los buques de la Marina Nacional habían partido, desde el puerto de Palma de Mallorca,  en la tarde de ese día cinco, a fin de participar en la escolta y protección de un convoy que transportaba material de guerra desde Italia hasta un puerto de la zona Nacional en Andalucía, concretamente Cádiz, y al que recogieron a la altura de la isla de Formentera. El convoy venia escoltado por los Destructores Velasco, Huesca y Teruel  y los cañoneros Canalejas y Cánovas. Al llegar la noche, los destructores y cañoneros regresaron a su base de Palma de Mallorca y los cruceros continuaron con su rumbo.

 

En ausencia del Almirante jefe del bloqueo D. Francisco Moreno Fernández, la operación era dirigida por el Contraalmirante D. Manuel de Vierna y Belando, que arbolaba su insignia a bordo del Baleares. Esa tarde, el Crucero, además de su tripulación habitual, unos 900 hombres, llevaba a bordo a personal del estado mayor de la División de cruceros, una compañía de Infantería de Marina, once operarios de la Sociedad Española de Construcción Naval de San Fernando que se encargaba de  reparar averías surgidas en el buque durante la navegación  y 12 flechas navales que procedían del buque escuela “Unión”. En total sobre 1100 personas.

 

A las cinco de la tarde de ese mismo día 5, desde Cartagena había zarpado un grupo de unidades navales de la flota Roja compuesto por los cruceros “Libertad” y “Méndez Núñez”, escoltados por los destructores “Sánchez Barcáiztegui”, “Gravina”, “Lepanto”, “Almirante Antequera” y “Lazaga”. Al mando del Capitán de Corbeta, habilitado de contralmirante, Luis González Ubieta, su misión era la de proteger a unas  lanchas torpederas rusas, recién incorporadas  a la flota roja, con la intención de atacar a la marina Nacional en su base de  la bahía de Palma de Mallorca. El plan de la flota roja consistía en introducir las lanchas torpederas en el puerto de Palma y atacar de esa forma a los navíos nacionales allí anclados. Las lanchas estarían apoyadas por los destructores de la 1ª flotilla compuesta por el “Ulloa”, “Jorge Juan”, “Escaño” y “Almirante Valdés”. Esta flotilla de destructores estaría protegida a su vez por los cruceros ligeros “Libertad” y “Méndez Núñez” y por la 2ª flotilla de destructores compuesta por el “Sánchez Barcáiztegui”, “Almirante Antequera”, “Lepanto”, “Gravina” y “Lazaga”.

Sin embargo aquel plan se vendría abajo al no poder, debido al mal estado de la mar, zarpar las lanchas torpederas desde el puerto de  Portman, cerca de Cartagena. A pesar del contratiempo, Ubieta decide continuar la operación de castigo contra el puerto de Palma. Envía por delante, en misión de reconocimiento y posterior retirada  a su base a los Destructores “Ulloa”, “Jorge Juan”, “Escaño” y “Almirante Valdés”, manteniendo él el rumbo a bordo del Libertad, junto al crucero Méndez Núñez y los destructores “Sánchez Barcáiztegui”, “Almirante Antequera”, “Lepanto”, “Gravina” y “Lazaga, navegando a  20 nudos, al nordeste del cabo Palos.

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  1. Botadura del crucero Baleares.

Por su parte los tres cruceros de la Marina Nacional Canarias, Baleares y Cervera continuarían con su singladura de escolta de los mercantes "Umbe Mendi" y "Aizkori Mendi", a una velocidad de doce nudos, sin  ningún tipo de protección, ni de submarinos ni destructores, en rumbo opuesto hacia el puerto de Cádiz.

 

En aquella noche cerrada, sin apenas visibilidad, el destino iba a querer que ambas encuadras, desconocedoras de lo que se les venía encima, se encontrasen frente a frente.

La flota Nacional desconocía la salida a la mar de la flota roja. Por su parte la flota roja creía a los cruceros Nacionales  anclados en la bahía de Palma, a los que esperaba con su acción sorpresiva, dar un buen susto.  

Los cruceros Canarias y Baleares eran las joyas de la Marina Nacional. Dos buques temidos por la flota roja y que desde su entrada en servicio  en el conflicto bélico habían sido su pesadilla, enseñoreándose de las aguas del mar mediterráneo y obligando  a la flota frente populista a mantenerse escondida en su base de Cartagena. 

El crucero “Baleares” había sido construido en los Astilleros de la Sociedad Española de Construcción Naval de El Ferrol. Su quilla fue colocada  el día 15 de agosto de 1928, al mismo tiempo que la de su gemelo, el “Canarias”, siendo presidido el acto por el presidente del Gobierno General Miguel Primo de Rivera. El crucero Baleares fue botado el día 20 de abril de 1.932, siendo su madrina Doña Carmen Jaudenes, esposa del Capitán General del departamento de El Ferrol, Almirante Suanzes Calvo.

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  1. Tripulación del crucero Baleares.

Desplazaba  10.000 toneladas. 13.283 toneladas a plena carga. Sus medidas eran 193,90 metros de eslora; 19,52 metros de manga; 12,57 metros de  Puntal y 6,51 metros de calado. Su protección era de 50 mm. En los costados de la flotación, reforzada con 100 a la altura de los pañoles de las torres artilleras, defendidas a su vez por blindajes de 25 mm. Cubierta protectriz entre 20 y 75 mm. Bulges para la defensa submarina. El buque estaba dividido en 292 compartimentos estancos que se cerraban en caso de sufrir desperfectos graves. Desde la quilla al puente de observación había que atravesar 12 cubiertas paralelas. Estaba dotado del siguiente armamento: 8 cañones SECN de 203 mm en 4 torres. 8 cañones de 120 mm, 4 por banda. 12 tubos lanzatorpedos de 533 mm, 6 por banda. Su propulsión constaba de 8 calderas Yarrow.4 turbinas Parsons. 4 hélices. Potencia: 90.000 cv. Alcanzaba una velocidad máxima de 33 nudos. Su tripulación la componían alrededor de 1000 hombres.

El advenimiento de la II república con sus nuevas medidas, encaminadas a triturar el ejército, provocaron numerosos cambios en la estructura y organización de la Armada, entre ellos la decisión de extinguir los Cuerpos de  Infantería de Marina y eclesiástico; cambio de nombres y emblemas en unidades; escalafón de ascensos, Todo aquel maremágnum hizo que la construcción de los cruceros Canarias y Baleares se viese afectada por un notable retraso ya que tenían que haber sido entregados a la Armada en 1933.

Con el triunfo de los partidarios del Alzamiento Nacional en el arsenal Militar de El Ferrol, el 20 de julio de 1936,  el Baleares, se encontraba con su armamento incompleto, De forma extraordinaria y en tiempo record el buque fue puesto en servicio gracias  a la labor incansable de su comandante el capitán de navío Manuel Vierna que se superó así mismo, consiguiendo piezas para las direcciones de tiro, montajes artilleros y sobre todo logrando una tripulación voluntaria inexperta al principio pero que daría un excelente resultado. El día 18 de diciembre, el crucero Baleares izó la Bandera Nacional y salió a la mar en una primera singladura de pruebas, incorporándose de seguido a las operaciones bélicas, poniendo rumbo de El Ferrol a Cádiz.   Manuel Vierna sería promovido al empleo de contralmirante y nombrado jefe de la división de Cruceros el 28 de septiembre de 1937.

Retomando aquella fecha del 5 de marzo, la navegación de los tres cruceros nacionales, fue apacible. Tanto en el Baleares, como en el Canarias y Cervera, sus respectivas charangas desgranaron las notas de varios pasodobles a la espera de la cena. Un viento casi primaveral hacía flamear la enseña del Contraalmirante Vierna, que lucía airosa en lo alto del mástil del Baleares, junto a la Bandera Nacional.  Al llegar la noche se pasó a navegación silenciosa y con solamente con las luces de alcance encendidas,

Pasaban algunos minutos de las 0,30 de la madrugada del día 6 de marzo, cuando en la espesura de la noche, uno de los destructores de la flota roja, el Sánchez Barcaiztegui,  avistó la silueta de uno de los tres cruceros Nacionales y sin fijar el objetivo lanzó dos torpedos, los cuales no hicieron blanco.

El contralmirante Vierna, ordenó, tan sorprendido como los marinos rojos del casual encuentro, un cambio de rumbo de los tres cruceros, a fin de evitar ser blanco fácil de los torpedos enemigos, perdiendo el contacto con la flota enemiga, amparada por la negrura de la noche  a las 0,55 horas. Vierna ordenó realizar unos constantes cambio de rumbo a  fin de no alejarse de los mercantes  a los que escoltaban.

Durante media hora la flota roja buscó por los alrededores  a los cruceros nacionales, sin encontrarlos. González Ubieta decide entonces poner rumbo a su base de Cartagena.

Sin embargo el destino va a hacer que alrededor de las dos de la madrugada, una vez que los buques nacionales han vuelto a su rumbo original, incorporándose de nuevo a  su labor de protección de los dos cargueros, las dos flotas se encuentren de nuevo. Esta vez sería uno de los cruceros nacionales que vislumbra de forma borrosa, en medio de la oscura noche, una silueta de uno de los buques de la flota roja. Ante esa situación, el Baleares envía señales por Scott a los otros dos cruceros nacionales. Las señales son observadas por la flota roja. De igual forma el contralmirante Vierna va a cometer un gravísimo error que le costará muy caro. Ordena lanzar varias granadas luminosas fin de fijar  la posición de los buques enemigos.

González Ubieta advierte todas aquellas señales y ordena a su flota  que abra fuego contra el crucero Baleares, que ha quedado a la vista de los buques frente populistas.  El primero en hacer fuego es el “Libertad”  que envía sus disparos muy cerca del Baleares. El Baleares responde con su artillería  De seguido lanzan sus torpedos los destructores. Situados a la banda de babor, a una distancia de unos dos  mil metros, el “Sánchez Barcaiztegui” lanza cuatro; el “Almirante Antequera” cinco  y tres el “Lepanto”. Por estribor quedan situados el “Gravina” y “Lazaga”, protegiendo al Libertad y al Méndez Núñez.

Dos torpedos lanzados con toda probabilidad desde el destructor Lepanto, hacen blanco en el crucero Nacional. La explosión es enorme al multiplicarse el efecto devastador de los torpedos con la el explosivo  acumulado para los proyectiles de las torres de proa. El puente de mando, sus dos torretas de proa y la zona central donde está ubicada la chimenea del  Baleares saltan por los aires, desapareciendo y matando en el acto a todos los jefes, oficiales, suboficiales y marinería que se hallaban ene se instante en el puente de mando, incluido el contraalmirante Vierna. En ese instante el reloj del Canarias marcaba las 2,20 de la madrugada.

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Plano del combate naval en aguas del mar Mediterráneo.

El Baleares, herido de muerte, sin luz, propulsión ni gobierno, comienza a hundirse, escorándose a babor. Envuelto en llamas de forma infernal, el Baleares se detiene. Tras él, el Canarias hace fuego contra el enemigo con sus montajes de las torres 1 ,3 y 4.

La flota roja, tras su éxito,  decide retirarse y no perseguir a los cruceros nacionales, a pesar de los requerimientos que el comisario de la flota Bruno Alonso, hace  a Ubieta. Este ordena poner rumbo  a la base de Cartagena, para evitar un enfrentamiento a la luz del día con el Canarias y el Cervera.

El comandante del Canarias, capitán de navío Rafael Estrada asume el mando de la escuadra Nacional. Identifica y sitúa al Cervera y pone rumbo, a toda máquina, en demanda de los cargueros por temor a un ataque de los buques enemigos contra ellos, que hubiese puesto en peligro la preciada carga que llevaban a bordo, de vital importancia para el desarrollo de la operaciones de guerra, con intención de regresar con posterioridad a  auxiliar al Baleares. Antes de alejarse definitivamente el Comandante del “Canarias”, Capitán de Navío Estrada, transmitió un radiograma al Almirante Jefe del Bloqueo, Almirante Francisco Moreno que, textualmente, decía: “En encuentro con enemigo, “Baleares” incendiado, se mantiene en las proximidades. Ruego Aviación al amanecer.” Posteriormente  retransmitía otro radiograma, que decía lo siguiente: “Baleares” debió tener explosiones internas. Está envuelto en llamas. Lo considero perdido totalmente. Enemigo era un crucero y cuatro destructores. Encuentro muy rápido. Ante eventualidad ataque aviación amanecer ordeno convoy haga rumbo Sur. Continuaré protegiendo convoy de no recibir instrucciones. Situación a 3´30 horas, 65 millas al 100º faro Cabo Palos”.

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Envuelto en llamas el Crucero Baleares se hunde para siempre.

Sobre las 4.25 de la madrugada, atraídos por la gran llamada que salió del crucero en el instante de su explosión, acuden en su auxilio los destructores británicos Bóreas y Kempenfelt. De inmediato comienzan las labores de rescate de los supervivientes, la mayoría de ellos concentrados en la popa  a medida de que el buque se va hundiendo. Muchos han caído al agua con gravísimas quemaduras. Los jefes desparecidos; la que queda de cubierta llena de muertos y heridos.  Del mando se hace cargo el Teniente de Navío Manuel Cervera que infunde,  a base de denodada decisión moral, heroísmo y valor a los escasos supervivientes, que se multiplican en las ayudas a los compañeros caídos. Cervera, que llegaría a vicealmirante de nuestra Armada, ordena el abandono del buque.

Los oficiales y marinería de los buques de la Real Armada comprobarán estupefactos como los marinos españoles, formados en la popa de  buque, que poco a poco se hunde, cantan La Salve Marinera,  el Cara al Sol y dan vivas a España, la Armada y a Franco. A ello contestaran respetuosa y emocionadamente  los británicos poniendo  sus banderas a media asta.

Destructores ingleses Bóreas y Kempenfelt, junto al Crucero Canarias, en labores de ayuda a los supervivientes  del Baleares.

Los ingleses consigue rescatar a más de trescientos cincuenta náufragos, que son acomodados a bordo del Bóreas, Kempenfelt y del Canarias y Almirante Cervera, que han vuelto al lugar del combate en auxilio del Baleares, Sin embargo las labores de rescate se verían dificultadas por los ataque de varios aviones del frente Popular, que causarían un muerto y cuatro heridos en el destructor inglés Bóreas,  

A las 5'00 horas del 6 de marzo el crucero Baleares con la hélice por los aires, se hunde por completo.

Por aquella acción naval Luis González Ubieta, además de recibir numerosa felicitaciones, fue galardonado  con la Placa Laureada de Madrid, máxima condecoración del régimen republicano. Pero  la venganza del socialista Bruno Alonso, por contradecirle en aquella acción de acabar con la flota nacional, no se haría esperar. A finales de 1938 González Ubieta fue cesado en el mando de la flota, siendo destinado como jefe a la base de Mahón. Ubieta siempre se mostró contrario a la presencia de comisarios políticos en la flota frente populista, Aquello le pasaría factura.

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Contraalmirante Manuel Vierna Belando.

Por su parte la dotación del Crucero Baleares sería  galardonada con la Medalla Militar Colectiva, por orden dada en Burgos el 21 de junio de 1938. Esta es la orden de concesión: Ministerio de Defensa Nacional.-Ordenes.-Medalla Militar colectiva.-S. E. el Generalísimo de los Ejércitos Nacionales se ha dignado conceder la Medalla Militar colectiva a la dotación del crucero "Baleares" por su brillante actuación en cuantas acciones navales intervino, singularmente en la que ocasionó la pérdida de manera gloriosa de dicho buque.-Burgos, 21 de junio de 1938.-11 Año triunfal.-EI Ministro de Defensa Nacional. Fidel Dávila Arrondo.

Flechas Navales que murieron en el hundimiento del Crucero Baleares.

Méritos contraídos por la dotación del crucero "Baleares": El crucero "Baleares" izó la Bandera nacional el 15 de diciembre de 1936, y en el formó un conglomerando de marineros voluntarios decididos a la lucha y a sostener la enseña de la Patria con gloria y honor. Durante su campaña, desgraciadamente tan corta, tuvo encuentros importantes con fuerzas enemigas superiores, como fueron el 12 de julio frente a Valencia, contra seis destructores, y el 7 de septiembre, contra los cruceros "Libertad " y "Méndez Núñez", a los que acompañaban destructores, y también frecuentes bombardeos de aviación. En estos encuentros sufrió impactos e incendios, teniendo algunas bajas, y siempre la dotación se comportó con brillantez, siendo acreedora a la felicitación de S. E. el Generalísimo. Son sobradamente conocidas las circunstancias y el momento en que se produjo la pérdida del "Baleares", en la que la dotación demostró palmariamente su espíritu de sacrificio y lo hizo superándose a sí misma, no sólo con el desprendimiento de la vida que todos hicieron al pisar las cubiertas de la Flota, sino con heroísmo, cualidad excelsa del militar. Dada la rapidez del ataque sufrido por el "Baleares" , en menos de un minuto habían caído, dando su vida por la Patria, las dos terceras partes de la dotación del buque; el resto, aislado en distintos compartimentos y entre explosiones, incendios y entradas de agua, no pensó ni un momento más que en salvar el barco, si era posible; para ello tenían que luchar con graves dificultades: falta de luz, falta de funcionamiento en los servicios de contra-incendio, etc., y además el haber caído en los primeros momentos todos los Jefes y la mayoría de los Oficiales. Puede decirse que los distintos grupos de supervivientes, aislados, funcionaban de manera autónoma, pero todos sin titubeos tendían al mismo fin: salvar el buque. Se recogieron heridos, trasladándolos a cubierta, atendiéndolos con gran solicitud por dos médicos; se apagaron incendios, se trató de activar las calderas de popa, para ver si con movimiento de la máquina se mejoraba la situación del buque; en fin, este resto de dotación luchó cuanto pudo por conservar el barco, y cuando le vio completamente perdido y sus esfuerzos eran inútiles, formó en la toldilla y, en perfecto estado de orden y disciplina, se cantaron los Himnos y se dieron vivas a España, al Caudillo y a la Marina. A los cinco minutos los restos del barco desaparecían por completo, y con él la mayoría de los que lo dotaban; solamente ha llegado a nosotros un grupo escaso de náufragos”.

  1. La IV División de Navarra, con su jefe al frente, el coronel Camilo Alonso Vega, llega al Mar Mediterráneo, rompiendo el frente republicano entre Madrid y Barcelona.

A pesar de que la Marina Nacional perdía a uno de sus buques más señeros, el ejército rojo no sacó partido alguno de aquella inesperada acción. La  Armada Nacional incorporó, en el mes de junio de ese año 38, al servicio, tras una profunda reparación, al crucero ligero Navarra, antiguo Reina Victoria Eugenia y república, que en los inicios del alzamiento del 18 de julio de 1936, se encontraba fuera de servicio en el arsenal militar de Cádiz.  Al día siguiente de la pérdida del Baleares, el ejército Nacional iniciaba su ofensiva en el frente de Teruel en dirección Maestrazgo-Castellón de la Plana, llegando el Cuerpo de Ejército de Galicia, por medio de la IV División de Navarra al mando del coronel Camilo Alonso Vega,  el 15 de abril día de Viernes Santo,  a las costas mediterráneas de Vinaroz, rompiendo de ese modo el frente rojo entre Madrid y Barcelona.  

En aquellas aguas del Mare Nostrum, entre los hierros del que fuera impresionante crucero,  quedarían sepultados para siempre el contraalmirante Manuel Vierna Belando, el Capitán de Navío Fontenla, Comandante del buque, y su segundo, el Capitán de Fragata Ruiz Marcet. Capitán de Fragata Gabriel Fernández de Bobadilla Capitanes de Corbeta Guillermo Rodríguez, López Diéguez y Alvargonzález ; doce Tenientes de Navío, doce Alféreces de Navío; un Alférez de Fragata; un Capitán de Intendencia; dos Capitanes Médicos: un Oficial segundo; 10 Maquinistas, 27 Auxiliares, 3 Maestranzas, 4 Maestros, 2 Capataces 11 Operarios, 5 Músicos, 555 Marineros, 75 soldados de Infantería de Marina, nueve Flechas Navales, el Capellán del buque, el Padre Franciscano de origen gallego José Cepeda Vidal y el  encargado de prensa, el periodista Fernando Bertrán. En total 742 personas. Sobrevivieron a aquella tragedia, según el libro del almirante Juan Cervera Valderrama “Memorias de Guerra” del que tomamos los datos, 358 personas.

En febrero de 1941, al contraalmirante Manuel Vierna y Belando, le sería concedida la Medalla Militar Individual a título póstumo, por su ejemplar vida en defensa de la Patria. Y como epitafio en su inolvidable recuerdo, hago mías las palabras que aquel irrepetible césar Hispano José Antonio Primo de Rivera pronunció en el entierro de su camarada Matías Montero y Rodríguez de Trujillo: “Que Dios os dé el descanso eterno  y a nosotros nos lo niegue, hasta que sepamos ganar para España, la cosecha que sembró vuestra muerte. Marinos del Crucero Baleares ¡¡Presentes!!