Ayer tres de agosto fue el aniversario del histórico bombardeo sobre el Pilar, hecho que lejos de pasar desapercibido ha tenido este año una resonancia mayor que la esperada., dado que ahora con la inicua ley de memoria democrática el tema de la Guerra Civil está más candente que nunca. 

Es muy positivo que se hayan echo eco varios medios de este bárnaro hecho de los enemigos de la fe que no tuvieron ningún escrúpulo en bombardear un templo tan emblemático como El Pilar, como tampoco lo tendrán si llega el caso, esperemos que no, para dinamitar la Cruz del Valle de los Caídos, la más grande del mundo.

Quiero recordar yo también este hecho en el día de hoy, pues soy zaragozano bautizado en el Pilar y Caballero del Pilar y siento como propio todo lo relacionado con la riquísima tradición pilarista, tan arraigada en toda España, peninsular y de ultramar. El Pilar es símbolo de que la fe no desaparecerá en España y el primer templo mariano de la cristiandad. 

Historia del bombardeo

 El 3 de agosto de 1936 fue bombardeada la Basílica del Pilar de Zaragoza durante la Guerra Civil española. Un avión del ejército republicano lanzó cuatro bombas. Una cayó al Ebro, otra sobre el pavimento de la la plaza y dos en el interior del templo: una dañó la pintura de Goya frente a la Santa Capilla y la otra solo hizo el agujero en la cúpula. Providencialmente, y sólo Dios sabe si milagrosamente, ninguna de las dos llegó a explotar. Doy fe de que estaban cargadas, pues conozco al nieto del maestro articiero que las desactivó. El piloto que fue incapaz de destruir el Pilar se acabó convirtiendo, cosa que no se suele recordar. Los mismos que estaban empapando la geografía de España con la sangre de mártires intentaron destruir uno de los mayores símbolos de la fe en España, según afirma InfoCatólica.

Crónica de la época

La diversa documentación de lo que ocurrió aquel día recoge que las bombas se lanzaron sobre las 3 de la madrugada, el 3 de agosto de 1936. De aquel día queda el testimonio publicado por Heraldo de Aragón de Tomás Burillo, el hombre que avisó de la caída de las bombas en la plaza del Pilar. Aseguraba que fue de madrugada y que escuchó el zumbido de algo al caer. Salió a la calle y comprobó que había una bomba en la plaza.

Un milagro de la Virgen

Que las bombas no explotaran se atribuyó, en el bando nacional y católico así como entre la población zaragozana, a un milagro por intercesión de la Virgen del Pilar. Desde el punto de vista más técnico pudo deberse a un error humano: que el avión que las lanzó, un Fokker trimotor de las Líneas Aéreas Postales Españolas militarizado por la República, volaba demasiado bajo, que el material era anticuado o que estaba mal montado. Solo Dios sabe la causa, pero lo cierto es que la Basílica se salvó de una gran destrucción.

Las bombas están expuestas en la Basílica

En la basílica están expuestas las dos bombas que recuerdan este episodio de nuestra historia. Se encuentran en uno de los pilares cercanos a la Santa Capilla, junto con las banderas de hispanoamericanas de Méjico, Haití, Costa Rica, Perú y El Salvador. La cubierta de la basílica conserva aún los boquetes que dejaron las bombas. Y una cruz de mármol señala el lugar exacto de la plaza en el que cayó el tercero de los proyectiles cuyo impacto, según los relatos de aquella época, dejó en el pavimento la forma de una cruz.