No hace mucho tiempo hablábamos del alevoso crimen, cometido, con premeditación y alevosía, por aquellos ineptos populistas asamblearios de la marea durante sus años de desgobierno de La Coruña, cuando, con total desprecio a la historia de la ciudad, se cargaron la vidriera que servía como lucernario para iluminar la magnífica escalera de honor del Palacio Municipal, por el simple hecho de que en ella aparecía representado Hércules, como fundador mitológico de la ciudad, portando un Escudo nacional con el águila de San Juan, vigente, por cierto, en 1978 cuando se aprobó la Constitución y cuya imagen campea en la primera página de su original.

Este crimen se perpetró al amparo de esa ley de “desmemoria histórica”, cainita y mezquina, que tanto nos recuerda los desmanes cometidos bajo el paraguas legal de aquella infame Ley de defensa de la República de octubre de 1931, que permite a estos siniestros personajes de la izquierda y ultraizquierda, herederos de aquellos otros de hace noventa años, la comisión de cualquier tipo de arbitrariedad y barbarie, incluso la destrucción de parte del patrimonio del que es titular la ciudadanía en general.

En este caso, aquel tsunami de marea negra que llegó al Ayuntamiento coruñés en 2015, tenía que dejar su impronta y su marchamo de sectaria maldad antes de que los coruñeses los echásemos a patadas del gobierno municipal por su manifiesta incompetencia, por eso, en 2018, un año antes de que se celebrasen las últimas elecciones municipales, sin realizar un estudio serio del proyecto con la pertinente evaluación real de las consecuencias, aprobaron, con la aquiescencia del PSOE lacayo -faltaría más-, la retirada de la vidriera, comenzando las obras a partir del 23 de abril de 2019, fecha en la que se cerró al público la escalera de honor del Palacio Municipal que, por lo que sabemos, continúa cerrada y su techumbre cubierta con unos plásticos blancos, visibles desde la calle General Alesón.

Los trabajos de retirada y sustitución del anterior Escudo nacional por el vigente en la actualidad, que afectaba a trece paneles de la vidriera, fueron presupuestados por el gobierno municipal, con un presupuesto cerrado de 60.500 e., y adjudicados a la firma madrileña “Maumejean Vidrieras Artísticas”, la misma empresa que la había construido y colocado en 1955, si bien en ningún momento, antes de iniciarse las obras, se permitió que sus técnicos realizasen una inspección pormenorizada del estado real de la vidriera en la que iban a trabajar.  

Iniciados los trabajos de desmontaje y trasladadas a Madrid las piezas afectadas, se comprobó que una parte de los anclajes e incluso algún panel de la vidriera se encontraban en muy mal estado, precisando su restauración, cuyo importe superaría con creces el presupuesto cerrado inicialmente, circunstancia esta que “Maumejean Vidrieras Artísticas” hizo saber al Ayuntamiento coruñés.

El gobierno municipal coruñés comenzó a dar largas a la Empresa, aduciendo la necesidad de tramitar una ampliación de presupuesto para acometer la obra, lo que hizo que se paralizasen los trabajos y que no se volviesen a reanudar.

Con relación al panel original, en el que aparecía el Escudo nacional con la heráldica aprobada en 1938, se ordenó a la empresa, de forma expresa, su inmediata destrucción, prescindiendo del valor histórico que pudiese tener la pieza y, por lo que sabemos, sin que el organismo competente de la Xunta de Galicia emitiese el correspondiente informe sobre su posible interés histórico.

No se trataba, en ningún caso, de que el objeto pudiese conservarse, aunque fuese retirado de la vista pública, no, simplemente había que hacerlo desaparecer para siempre, destruyéndolo al más rancio estilo talibán. Esto demuestra que el sectarismo y la maldad se antepone a cualquier otro interés, incluido el de la conservación del patrimonio histórico-artístico, que no se ajuste a su mezquino ideario. Todo lo que no concuerde con sus postulados ideológicos debe de desaparecer, una de las constantes en la penosa historia de la izquierda y la ultraizquierda como muy bien lo demostraron en aquellos tristes y oscuros años de la II República.

Finalmente, por lo que hemos podido saber, hace unas semanas, el Ayuntamiento coruñés exigió a “Maumejean” la devolución de las piezas de la vidriera, lo que comenzó a verificarse seguidamente, siendo trasladadas de nuevo a La Coruña. Las citadas piezas fueron introducidas en el Palacio Municipal coruñés a través de una puerta, situada en el lado izquierdo del edificio, y depositadas en una dependencia de la tercera planta, realizando la operación con la máxima reserva y, por supuesto, sin que exista voluntad de su restauración.

Así nos encontramos con que una escalera de honor, como la del Ayuntamiento de La Coruña, orgullo de propios y extraños, ha quedado destrozada por la sinrazón y el sectarismo de una izquierda malvada -marea, socialistas y bloque- que ha auspiciado que un bien, propiedad de todos los coruñeses, valorado en casi 600.000 euros, se encuentre arrumbado en un oscuro almacén del Palacio Municipal y una zona del edificio afeada y fuera de uso.

Como hemos señalado, la techumbre de la escalera sigue cubierta por unos plásticos blancos que se pueden observar, perfectamente visibles, desde la calle General Alesón que discurre a espaldas del Palacio Municipal. Una auténtica vergüenza para la ciudad, aunque esto, claro está, pasó y sigue pasando prácticamente desapercibido para la prensa local.

Esperemos que algún día, cuando al gobierno de La Coruña regresen personas serias y solventes, que antepongan los intereses de la ciudad y de los coruñeses a los de la ideología partidista, se depuren las responsabilidades en las que han incurrido estos tipos y tipas a lo largo de los años de su nefasta gestión y, entre ellas, las de este alevoso crimen.