Hoy, 7 de octubre, festividad de Nuestra Señora del Rosario, se cumplen 450 años de aquel otro 7 de octubre de 1571 en que tuvo lugar “la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros”, como referiría el bravo soldado de Infantería de Marina D. Miguel de Cervantes, en alusión a la gloriosa Batalla de Lepanto, en la que el inmortal literato participó y de resultas de la cual quedó inútil de una mano.

Es posible que hoy, algunos historiadores, guiados por ese afán insano de minimizar todas las gestas realizadas por los españoles a lo largo de los siglos, pretendan hacer de menos este episodio, relegándolo al nivel de una acción más, sin embargo, nada que ver con la realidad ya que la batalla de Lepanto, en la que participó el 70% de los barcos habidos en el mundo en aquel momento, se puede considerar la madre de todas las batallas navales.

La batalla de Lepanto constituyó una acción naval que puso freno a las ansias expansionistas del imperio otomano y pese a que este mantuvo su supremacía en la parte oriental del Mediterráneo, la parte occidental quedó asegurada para los cristianos. También, esta acción sirvió para que disminuyese la presión ejercida por los turcos en la parte central de Europa que ya se encontraban a las puertas de Viena. En consecuencia, se puede asegurar que, caso de no haberse dado aquella acción o que el resultado nos fuese adverso, el mapa de la Europa como lo conocemos probablemente sería notablemente distinto.

La constante expansión en el Mediterráneo del poderío naval otomano y la toma de Chipre por sus ejércitos, fueron motivos decisivos para inclinar al Rey D. Felipe II a crear la Santa Liga, financiando la mitad del importe de los gastos, formada, además de por España, por la República veneciana, los Estados Pontificios, el Ducado de Saboya y la República de Génova, creando una flota capaz de enfrentarse al poder naval turco. Por cierto, la “católica Francia” se negó a sumarse a la Liga por sus connivencias con el imperio turco.

La gran escuadra de la Liga, compuesta por más de 200 galeras y otros buques menores, embarcaba un total aproximado de algo más de 80.000 hombres, de los cuales más de 50.000 eran marineros y galeotes y los 30.000 restantes Solados, fue puesta bajo la protección de Nuestra Señora del Rosario “la Galeona”, confiándole el mando a D. Juan de Austria, hermanastro del Rey, contando con el concurso de un marino extraordinario D. Alvaro de Bazán.

 

Don Alvaro de Bazán

La flota turca, bajo el mando de Alí Bajá, estaba compuesta por 290 galeras -algunos historiadores las cifran en número similar a las de la Liga Santa- y en ellas embarcaban un total de 40.000 hombres.

El resultado final de la batalla no deja lugar a dudas, por parte de la Liga se perdieron 40 galeras, resultando muertos 7.500 hombres de los que 2.000 eran españoles, en tanto que la Armada otomana dejó en el empeño 190 naves, algunas de las cuales fueron recuperadas intactas, y entre 25.000 y 30.000 muertos, además de 5.000 prisioneros.

Tras unos instantes de duda debido a la forma de desplegar ambas escuadras y que el viento era favorable a los turcos, la nave de D. Juan de Austria, apoyado por D. Alvaro de Bazán, se lanza, con valentía, contra la de Alí Pachá, abordándola. En el combate pierde la vida el Almirante turco lo que provoca que su flota comience a ceder, especialmente tras ver como la bandera de la Liga se iza a tope en la nave insignia otomana.

Sin embargo, cabe resaltar, por encima de todo, la gloriosa y memorable actuación de los Tercios de Infantería Española embarcados, nuestra Infantería de Marina, que fueron en buena medida los artífices de esta gesta. Sus abordajes, con valentía y resolución, sus asaltos a las naves enemigas, su táctica específica en el combate para unidades embarcadas, el uso de las armas de fuego y su arrojo resultaron letales para los otomanos.

Nuestra Infantería de Marina participó activamente en aquella acción en la que estuvieron presentes catorce Compañías del Tercio de Granada del Maestre de Campo D. Lope de Figueroa; diez del Tercio de Nápoles del Maestre D. Pedro de Padilla; nueve del Tercio de Sicilia del Maestre D. Diego Enríquez y seis del Tercio de D. Diego de Osorio, sumando un total de 6.197 hombres, embarcados en las naves hispanas, a los que hay que añadir otros 1.514 españoles que reforzaron las galeras venecianas y otros de origen italiano al servicio de España, alcanzado un total de 20.000 hombres, siendo los 10.000 restantes enviados por la República veneciana y por el Papa San Pío V.

Dentro de este contingente español de infantes de Marina se encuadraba el universal literato D. Miguel de Cervantes Saavedra quien, como se ha dicho, de resultas del combate perdió la movilidad en una de su mano izquierda.

La actuación del Maestre de Campo D. Lope de Figueroa, sirviendo en la nave capitana de D. Juan de Austria, fue tan meritoria que D. Juan determina que sea él quien se presente ante el Rey D. Felipe II para relatarle lo sucedido en la gloriosa batalla de Lepanto.

Los Tercios embarcados, la Infantería de Marina en estado puro

En cuanto a la celebración de la festividad de Nuestra Señora del Rosario, fue instituida, tras la batalla, por el Papa Pío V, fijándola, precisamente, el 7 de octubre bajo la advocación mariana de Nuestra Señora de las Victorias para conmemorar la gloriosa gesta de Lepanto, agregando a la letanía de la Virgen “auxilio de los cristianos”, siendo su sucesor Gregorio XIII quien cambió su denominación por la de Nuestra Señora del Rosario.

El Infante de Marina D. Miguel de Cervantes Saavedra

Hoy es un día para recordar y la conmemoración de 450 años de una gesta como esta no debería pasar desapercibida si realmente estuviésemos gobernados por políticos amantes de España, de su Historia y de sus hechos heroicos y no por esta banda de hispanófobos -socialistas, comunistas, podemía, filoetarras, golpistas y separatistas- que le dan la espalda, de forma miserable, a nuestra gloriosa Historia.

Nuestro más emocionado recuerdo para aquellos que, un día como hoy de 1571, derrotaron al turco evitando la islamización de una buena parte de Europa y, en especial, por los que entregaron su vida por España en aquella gloriosa ocasión.

¡Orgulloso de ser español!