Reproduzco hoy, cuando la guerra de Ucrania tiene al mundo en ascuas y los Gobiernos temblando, el primer artículo que don Pablo Iglesias Posse publicó de los muchos que escribiría después dedicado precisamente a “la guerra”, lo firmó con las iniciales de su nombre P.I. Y se publicó en la “Solidaridad”, la primera publicación de la clase obrera y de aquellos primeros obreros que formaron el núcleo inicial de la Internacional en España y los que pocos años después fundaría el Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

Sucedió durante el mes de agosto de 1870, mientras Europa vivía la guerra franco-prusiana que terminó con el Imperio de Napoleón III y la bella españolita Eugenia de Montijo y dio paso al primer experimento verdaderamente revolucionario de carácter marxista-comunista: la “Comuna” de París.

Pero, ni los socialistas españoles, ni los franceses, ni los alemanes, ni los italianos siguieron aquellas ideas del “Abuelo” y todos cogieron los fusiles y se fueron a la guerra y a matarse entre ellos.

Pasen y lean. Las ideas siempre son bellas y dignas de lectura:

La Guerra

“¿Qué es la guerra? Un crimen.

Si nosotros fuéramos deístas; si nosotros creyéramos en alguno de tantos dioses como todas las religiones cobijan en su seno; si nosotros creyéramos, volvemos a repetir, en algunos de esos ídolos, diríamos que la guerra era un terrible castigo que éstos imponían a los pueblos por sus culpas.

Mas, no siendo así, no creyendo nosotros en esas falsas divinidades, hijas de cerebros calenturientos, creación de extraviadas imaginaciones, y siendo, como somos, racionalistas, conocemos que la guerra es hija, y lo he sabido siempre, de media docena de tiranos, de media docena de asesinos –sí, ese es su nombre-, de media docena de seres raquíticos y pobres, abortos de la Naturaleza, que, ora por su orgullo, ora por mero capricho, ora por una ambición desmedida, no tiemblan, ni siquiera vacilan, al enviar a sus semejantes, a sus hermanos, para que sirvan de carne de cañón […].

Y todo ¿para qué?

Para que uno de estos tiranos, el vencedor, o sea, el que, valiéndose de toda clase de medios, buenos o malos, pues para ellos son excelentes, haya destruido más pueblos y ciudades y haya causado más desastres, agrande lo que él llama su territorio con unas cuantas lenguas más y su población con algunos miles de seres para que cuando llegue otro caso igual pueda aumentar el número de los que han de sacrificarse…

Ésta es la guerra, impuro borrón que ha pesado cual si fuera losa de plomo sobre las generaciones pasadas y pesa todavía sobre la actual…

¿Qué es la guerra?, volvemos a repetir. Un crimen de lesa humanidad.

 

Sí, un crimen que todos, absolutamente todos, y especialmente nosotros los obreros, pues somos sus principales víctimas, debemos combatir, condenar y apostrofar, trabajando todo lo que nos sea posible para que no se lleve a cabo. – P.I.”