El 20 de noviembre es una fecha imborrable en la Historia de España.

Hace 85 años que los rojos asesinaron a José Antonio Primo de Rivera.

     “Nuestro sitio está al aire libre, bajo la noche clara, arma al brazo, y en lo alto, las estrellas. Que sigan los demás con sus festines. Nosotros, fuera, en vigilia tensa, fervorosa y segura, ya sentimos el amanecer en la alegría de nuestras entrañas” con estas concisas y plenas palabras terminó José Antonio su discurso fundacional de la Falange aquel 29 de octubre de 1933.

    ¡Dios nos conserve la ilusión que dejaron estas palabras prendidas al borde de nuestro camino, y que cordialmente hoy queremos compartir con nuestros lectores recordando…

    Que, en un risco del Guadarrama, incensado por el tomillo, la jara y los pinos, los hombres de la Cruzada de 1936 levantaron un monumento a los caídos, en donde reposen para siempre tapados por los brazos de la Cruz.

    Pero allí se buscó algo transcendente en la intención que supere la magnitud de la sola arquitectura. Siendo perenne testimonio de cara al futuro como un grito en piedra de ¡alto!  Alto a cuanto significó en el pasado la decadencia y la catástrofe de España. ¡Basta, y para siempre! A la fue interminable sangría de las luchas fratricidas. Más necesaria será la vigilancia tensa y cuidadosa, puesto que no nos es posible un reposo cómodo y cobarde frente a la Historia, pues no fue un camino fácil llegar hasta aquí. Por él se fueron las vidas de los mejores y aun del paraíso soñado diría Jose Antonio: “Lo queremos difícil, erecto, implacable, un paraíso donde no se descanse nunca y que tenga junto a las jambas de las puertas ángeles con espadas”.        

     ¡José Antonio!, unidos a los llegan una y otra vez, sin que decaiga el fervor que en ellos encendiste, vamos hoy a entrar nosotros ante tu tumba, y nuestra oración pedirá por tu eterno descanso, a la par que renovaremos allí la fe en la España que soñaras. El tiempo pasa muy aprisa, la lección de tu vida y ejemplo no, pero fue tal vez que pensando en los que, tal vez hombres ya hoy, no te conocieron, que evocamos tu figura y buscamos para ellos centrarla en su tiempo y circunstancia.

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     Fue, como un clarín que impone silencio, como algo que se abre a aire y a la luz entre lo turbio y lo oscuro, José Antonio, nació en Madrid en la calle de Génova, número 24, de Madrid, de una familia de antigua estirpe señorial y guerrera, el ambiente político en que trascurrió su infancia y primera juventud lo reflejaría un día con estas palabras:

    “Acordaos de aquella vida chata, tonta, perezosa, escéptica. España, minada por un desaliento, ni siquiera trágico, sino apestado con una especie de abierta socarronería; en arrojos la llaga sangrienta, continuamente abierta, sin esperanza de fuga. Aquí un Estado claudicante ante cuyos ojos sin brillo iba fermentando la anarquía”.

     Durante aquellos años cursó la carrera de Derecho con profunda vocación. Y fue apenas terminados sus estudios, cuando su padre pasó al primer plano de la política. Dictadura de 1923 al 30, que así enjuició José Antonio:

    “La aparición del General Primo de Rivera fue como una afirmación de salud. El pueblo percibía que, por primera vez, se gobernaba para él. El hombre que pacificó Marruecos. Trabajador infatigable por la Patria, al que mató, más que el cansancio de seis años de faena, la injusticia de seis semanas de Injusticia. Y los enanos han podido más que el gigante, se le enrollaron en los pies y lo echaron a tierra y luego, le torturaron a aguijonazos. Todo bulle como una gusanera, como si no hubiera pasado manda. Fue voluntad de Dios el llevárselo a las regiones de paz eterna”.

     El 14 de abril de 1931 se proclamó la República y de ella dirá José Antonio:

     “El recobrar un sentido nacional y el asentar a España sobre una base social más justa, eran las dos cosas que prometían los llamados hombres del 14 de abril. Pero esos hombres tienen en la historia la responsabilidad de haber defraudado, otra vez, la revolución española”.

    Por entonces, José Antonio Primo de Rivera encabezaría la más pura, fuerte, razonada y revolucionaria actitud frente a la mediocridad de la vida española. Le rodearon  discípulos de Ortega y Gasset, como Ramiro Ledesma Ramos, fundador de las JONS, el primero en alzarse contra toda aquella zafiedad; y Antonio García Valdecasas, desengañado de una República, en la que ya había sido Director General; y un capitán de artillería, medalla militar individual, que hacía escasamente siete años  conmovió al mundo entero, junto a Ramón Franco, Juan Manuel Durán y Pablo Rada con el vuelo del  hidroavión  “Plus Ultra”, Julio Ruiz de Alda; y un patriota castellano, inteligente y esteta, Onésimo Redondo; estudiantes y jóvenes obreros son sus primeros seguidores junto a muchas monárquicos, antiguos legionarios y campesinos de castilla.

     El marxismo se dió cuenta de que acaba de surgir su enemigo más enérgico, y trató de ahuyentarlo con el terror. Los primeros actos a que acudieron aquellos jóvenes, fueron casi siempre entierros. Como el acaecido el 10 de febrero de 1934, del asesinado y joven falangistas Matías Montero, con dos disparos por la espalda en el corazón, donde se acrisolaba su amor a España y su amor a la Falange.

     Un humorista dijo que “F.E.” significa Funeraria Española. Pero José Antonio quiso convencer a los hombres de España de que aun existía un camino en paz para todos, aunque éste es muy largo y riguroso para un pueblo cuyo entretenimiento principal consiste en destruirse y dividirse en derechas e izquierdas.

      De esa época es el único documento cinematográfico que se conserva, en el que se nos muestra los actos de división política, hoy de plena vigencia, tal y como nos dice José Antonio:

     “Tenemos una fe resuelta en que están vivas todas las fuentes genuinas de España. España ha venido a menos por una triple división: Por la separación engendrada por los separatismos locales, por la división engendrada entre los partidos, y por la división engendrada por la lucha de clases. Cuando España encuentre una empresa colectiva, que supere todas esas diferencias, España volverá a ser grande, como en los mejores tiempos”.

Sin embargo, Jose Antonio fue tachado de bolchevique por las derechas durante una intervención parlamentaria, tras defender el derecho de los campesinos a la propiedad de la tierra. La corrupción y los escándalos políticos forzaron la dimisión de Alejandro Lerroux, que fue sustituido por Manuel Portela Valladares. La situación del Gobierno se volvió insostenibles, y se produjo la convocatoria de elecciones anticipadas para el mes de febrero de 1936.

     España, vivía entonces en un estado permanente de enfrentamiento civil. Izquierdas y derechas prepararon las elecciones entre atentados y asesinatos. La propaganda inundó las calles de España. En un intento por ambos bandos de ganar un proceso electoral que se consideraba decisivo. Las izquierdas sabían que de resultarles desfavorables no acatarían el resultado y se preparaban para conquistar el poder por la fuerza. Para hacer frente a las izquierdas, reunidas en un Frente Popular, Gil Robles, presidente de la CEDA, propuso la creación un frente de derechas, pero la Falange fue deliberadamente excluida y las derechas ofrecieron a José Antonio un acuerdo en unos términos que condenaba a la Falange a desempeñar el papel de comparsa. Jesé Antonio se negó, y la Falange concurrió a los comicios en solitario.

     Comenzada la campaña electoral, y José Antonio, Jefe Nacional de la Falange pronunció un mitin en el cine Europa, que también se escuchó en cine Padilla, gracias a un circuito cerrado de radio: Y tras un exhaustivo análisis y exposición de los programas electorales de la izquierda y de la derecha, para ver si tenían algo de aprovechable, demostró que las posturas de ambas eran incompletas e insuficientes y que su verdadero fondo era una esterilidad tanto material como espiritual… Al tiempo que desempolvó los sistemas comunista y capitalista-liberal para que pudiesen verse como ambos habían roto la armonía entre el hombre y su entorno, entre el hombre y la Patria. “Una Patria, afirmó, que nos une en una gran tarea común que hay que realizar, porque España no puede justificarse sino, como siempre lo ha hecho, por el cumplimiento de un universal destino… Y hemos llegado al final de esta época capitalista liberal, en la que, al no sentirnos ligados por nada en lo alto, por nada en lo bajo, sin tener ni un destino ni una Patria común; porque cada cual ve a la Patria desde el estrecho mirador de su partido político; ni una sólida convivencia económica, ni una manera fuerte de sentirnos sujetos sobre nuestra tierra, necesariamente, nos desemboca en el comunismo… Por lo que en el fondo se decide y queremos es que la Patria se extienda como realidad armónica e indivisible. Superior a las pugnas de los individuos, las clases y lo partidos… Si, después del escrutinio, triunfantes o vencidos, quieren otra vez los enemigos de España, los representantes de un sentido material que a España contradice, asaltar el Poder, entonces otra vez la Falange, sin fanfarronadas, pero sin desmayo, estaría en su puesto como hace dos años, como hace un año, como ayer, como siempre”. 

    Y a la salida del acto se cantó por primera vez el “Cara al sol”.

    La verdad era que nadie creía en las elecciones. El propio Presidente del Gobierno, Manuel Portela, habló de guerra civil.  Salvo los optimistas del “aquí nunca pasa nada”, todos sentían presión sombría del destino. La presión de las masas anarco-marxistas. Y sin publicar las cifras oficiales de las urnas, eso que significa llana y sencillamente que las elecciones de febrero del 1936 no fueron democráticas sino amañadas.

     Como quien monta una comedia, se montó la elección del nuevo Presidente: Manuel Azaña, quien a ser investido prometió: “Ante los señores diputados a Cortes, como órgano de la soberanía, servir fielmente a la República, guardar y hacer cumplir la Constitución, conservar sus Leyes, y consagrar mi actividad como Jefe del Estado al servicio de la justicia y de España”.

     José Antonio fue detenido con un pretexto cualquiera. Las cárceles se llenaron de gente derechista, por el simple hecho de serlo, de falangistas y de anarco-sindicalistas que estaban en lucha con los socialistas, los cuales se tiroteaban a su vez y a cada paso, según sean de Prieto, o de Largo caballero, y así se comenzó a llamar el delirio español.

      El Gobierno declaró ilegal a la Falange. La Falange recurrió al Tribunal de Urgencia, y éste reconoce su legalidad, pero el Gobierno no concede la menor importancia al fallo de su propia justicia, y todo siguió igual. A pesar de todo, José Antonio fue retenido contra el fallo del Tribunal y trasladado a Alicante el día 6 de junio, desde ese momento la Falange quedó aislada de su Jefe y José Antonio designó a su hermano Fernando como su sucesor.

      En valor de la Falange fue sometido a un régimen de incomunicación y forcejado por colaborar en los preparativos de rebelión contra la República. Su causa comenzó a verse el 16 de noviembre de 1936, y el acusado, realiza su propia defensa durante el día siguiente con una sincera exposición de la falange. Algunos miembros del jurado parecían mostrar una actitud cada vez más efectiva hacia el procesado, tal y como lo refleja su testamento:

     “Ayer, por última vez expliqué ante el Tribunal que me juzgaba lo que es la Falange. Como en tantas ocasiones, repasé y aduje los viejos textos de nuestra doctrina familiar. Una vez más observé que muchísimas caras, al principio hostiles, se iluminaban primero con el asombro y luego con la simpatía. En sus rasgos me parecía leer esta frase: ¡Si hubiéramos sabido que era esto, no estaríamos aquí! Y ciertamente no hubiéramos estado allí: ni yo ante el Tribunal Popular ni otros matándose por los campos de España. No era ya, sin embargo, la hora de evitar esto, y yo me limité a retribuir la lealtad y la valentía de mis entrañables camaradas, ganando para ellos la atención respetuosa de sus enemigos”.

 

      Alicante, 18 de noviembre de 1936. Vista el juicio oral y público por el tribunal especial de esta capital, la causa procedente del juzgado especial para determinar la responsabilidad en la cual el movimiento subversivo de José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, seguida por el delito de rebelión militar, fallamos: “que debemos condenar y condenamos al procesado José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, como autor de un delito de rebelión militar a la pena de muerte”.

     Desde la soledad de su celda, José Antonio redactó su testamento:

     “Condenado ayer a muerte, pido a Dios que si todavía, no me exime de llegar a ese trance, me conserve hasta el fin la decorosa conformidad con que lo preveo y, al juzgar mi alma, no le aplique la medida de mis merecimientos, sino la de su infinita misericordia…

     Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas calidades entrañables, la patria, el pan y la justicia.

     Creo que nada más me importa decir respecto a mi vida pública. En cuanto a mi próxima muerte, la espero sin jactancia, porque nunca es alegre morir a mi edad, pero sin protesta. Acéptela Dios Nuestro Señor en lo que tenga de sacrificio para compensar en parte lo que ha habido de egoísta y vano en mucho de mi vida. Perdono con toda el alma a cuantos me hayan podido dañar u ofender, sin ninguna excepción, y ruego que me perdonen todos aquellos a quienes deba la reparación de algún agravio grande o chico…”

      Entre empujones llevaron a Jose Antonio hasta el patio de la prisión, donde aguardan para esa suerte otros cuatro condenados. Mientras, miró a un crucifijo, las balas del pelotón de fusilamiento le atravesaron el corazón y acabaron con su vida. 

Y en los frentes nacionales se comenzó a cantar una copla misteriosa, en la que nadie quiere creer: 

“Échale tristeza al vino

 y amargura a la guitarra.

Compañeros, nos mataron

al mejor hombre de España”.