Muy desesperada tiene que estar la izquierda cuando tiene que recurrir de nuevo a su historiador de cámara, su pseudohistoriador oficial, el orondo inglés Paul Preston, para que nos cuente de nuevo la trola de que Prieto y Largo Caballero eran maravillosos demócratas, que no quisieron las matanzas que presidieron, mientras que, eso sí, Franco y los suyos eran psicópatas a lo Freddy Krueger.

Eso sí, lo que la SER oculta a los, al parecer estúpidos votantes de Pedro Sánchez, en este caso en relación con Preston, es que el orondo autor inglés lleva años, por lo menos, desde 2013, defendiendo o justificando la independencia de Cataluña, desde Inglaterra.

Ya en 2013 advertía Preston en una entrevista al medio británico The Beaver que en España hay mucho anticatalanismo, (por culpa de ya imaginan quien, de Franco, claro) que durante 40 años, según Preston, supo crear una mentalidad antidemocrática en los españoles, que ha penetrado incluso al PSOE y el PP, mentalidad que niega a los catalanes y vascos el derecho a decidir su futuro.

En 2019 seguía diciendo en una conferencia que el Estado de las Autonomías español es una trampa centralista para negar sus derechos a catalanes y vascos y lamentaba la mentalidad antidemocrática del pueblo español que se niega reiteradamente a que "vascos y catalanes voten", a diferencia de la mentalidad inglesa que no pone pegas a que los escoceses se independicen, si lo desean. Naturalmente los medios y partidos separatistas catalanes saltaron de alegría.

Peor aún, en su último panfleto, titulado "Un pueblo traicionado", Preston traza un cuadro desolador de la España de finales del siglo XIX, y de todo el XX, hasta llegar a la actualidad.

Este libro panfleto no gustará a sus habituales admiradores socialistas, ya que consiste básicamente en una exposición exhaustiva de todos los casos de corrupción política en España, en este largo periodo, con la novedad de que incluye no solo los del PP, sino también los del PSOE. De hecho Preston traza un panorama desolador de la España de la Monarquía de 1978 (lo que no deja de ser sorprendente en un autor que hace años escribió una hagiografía del rey emérito Juan Carlos I).

Eso sí, ¿a que no adivinan de que corruptos no dice una palabra en este libro Preston? Exacto, de los catalanistas. Habla de Jordi Pujol sin mencionar su corrupción infinita (ni una palabra), ni por supuesto del 3 por ciento de Convergencia, ni nada que pueda molestar en lo más mínimo al nacionalismo catalán o vasco.

¿Está Paul Preston también en nómina de la Generalitat?. No lo sabemos, aunque tiene pinta, pero en cualquier caso, queda clara cuál es la catadura moral no solo de este personaje inglés sino de la izquierda mediática española que le venera, mientras, por supuesto, ignora a los auténticos historiadores de referencia sobre el franquismo y la España contemporánea como Payne, Luis Suárez, De la Cierva, Pío Moa o Pedro González Cuevas, sin duda el historiador que primero señaló, con su habitual precisión y rigor, las vinculaciones entre Preston y el separatismo catalán.