La figura de Simón Bolívar se ha puesto de actualidad por el incidente en la toma de posesión del presidente de Colombia a la que asistió Felipe VI y en la que se exhibió la espada del supuesto “libertador” sin que nuestro Rey se levantase, a lo que el protocolo tampoco le obligaba, pero que suscitó las críticas de indigenistas colombianos y de la izquierda española. Pero, ¿quién fue ese tal Simón Bolívar cuya espada ha desatado la polémica?

Bolívar fue un militar y político venezolano, de familia vasca, que lideró las campañas que dieron la independencia a varias naciones americanas (las actuales Venezuela, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Bolivia). Analicé los procesos de independencia americanos en mi libro “El sueño de España” llegando a conclusiones poco favorecedoras para Bolívar. En el curso de las guerras de independencia, que más bien fueron guerras civiles americanas, los sublevados actuaron con tremendo desprecio por los escrúpulos éticos más básicos y perpetraron matanzas y crímenes terribles hasta el punto de que se puede llamar genocida a Bolívar sin temor a la exageración. Podemos poner como ejemplo la ejecución de un millar de soldados enfermos a machetazos, tras mantenerlos cautivos durante un año a principios de 1814, en las mazmorras de Caracas. Dado que la pólvora era escasa y cara, se emplearon sables y picas para asesinarlos con extremo sadismo, sin importar que estuvieran heridos e inmóviles.

Este tipo de matanza no fue un hecho aislado, sino parte de una estrategia establecida para la eliminación total de «la malvada raza de los españoles».[1] Además, Bolívar despreciaba a negros e indígenas a los que consideraba “más ignorantes que la raza vil de los españoles”, en especial los pastusos, leales a España hasta el final, a los que llamaba “demonios más demonios que los salidos del mismo infierno”. Bolívar, sin embargo, es adorado por los indigenistas y tiene estatuas, no solo en Hispanoamérica sino en la propia España, que estos no piden derribar, como las de Colón y otras.[2]

Esta contradicción resulta todavía más sangrante si consideramos que fueron indígenas y mestizos quienes permanecieron hasta el final fieles a la Corona española y criollos “ilustrados”, reunidos en logias, quienes conspiraron contra ella. En Venezuela, donde el chavismo representa a Bolívar con rasgos racializados como indígena americano en sus retratos (cuando era vasco y de rasgos europeos), donde Colón fue juzgado por crímenes contra la humanidad y colgada una estatua suya como ejecución en efigie y donde el indigenismo coexiste con el bolivarianismo, como ideología oficial, en 1817, durante la guerra de independencia, los indios llegaron a gritar: “¡Viva el rey! ¡Mueran los blancos!”. Se referían al rey de España, blanco como el que más. El motivo de la paradoja, sin embargo, estaba claro: los criollos blancos defendían sus privilegios y el rey de España garantizaba los derechos de los indígenas. Lo que hubo fue una auténtica guerra de castas donde los indios no querían perder la protección de las leyes españolas, conscientes de que el triunfo independentista les acarrearía una brutal explotación, como en efecto ocurrió. Que el actual indigenismo exalte a Bolívar y condene a los conquistadores españoles demuestra la ignorancia de la historia de sus partidarios y su origen bastardo como combinación entre la leyenda negra antiespañola y el marxismo cultural.

Por otra parte, la instalación de una corrupción endémica en las repúblicas surgidas de la independencia americana data de la misma separación de España y a manos de los mismos “libertadores”, lo que ha llevado a algunos a señalar a Bolívar y Sanmartín como fundadores de la corrupción.[3] La propia guerra contra España se financió con expropiaciones que hundieron la economía dirigidas por San Martín. Como dice Alfonso Quiroz:

“Eventualmente, la mayor parte de los bienes expropiados se otorgó a oficiales militares que pedían compensación y recompensa por sus hazañas patrióticas. (…) En provincias, los oficiales locales repetían los abusos de poder y las expoliaciones cometidas a nombre de la causa patriota. (…) Para empeorar las cosas el almirante Thomas Cochrane (británico), cuyos servicios navales y gastos habían quedado impagos, se apropió de las reservas de plata en barras que habían sido penosa y prepotentemente acumuladas durante el gobierno de San Martín.”

Esto llevó a un diplomático francés a informar a sus jefes en París que la falta de apoyo popular a la libertad y a la independencia se explicaba por la corrupción de las nuevas autoridades separatistas y sus luchas internas. El mismo Bolívar se sumó a las expropiaciones y al abuso de autoridad y, en palabras de Quiroz:

“Bajo condiciones de extrema penuria fiscal y endeudamiento, un Congreso servil recompensó a Bolívar en 1826 con más de un millón de pesos. Mientras tanto, los funcionarios de gobierno mal pagados saqueaban las rentas de provincias y confiscaban propiedades privadas. (…) Al mando del gobierno, Bolívar ordenó a sus propios oficiales el despojar propiedades, incluidos los ornamentos de plata de las iglesias, como medio para financiar al ejército.”[4]

William Tudor, cónsul estadounidense en Lima, escribió en mayo de 1824 al secretario de Estado John Quincy Adams: “Desafortunadamente para el Perú los invasores que vinieron a proclamar la libertad y la independencia eran crueles, rapaces, carentes de principios e incapaces. Sus malos manejos, su despilfarro y su sed de saqueo pronto alienaron los afectos de sus habitantes”.

Esta corrupción no la sufrieron solo los criollos, sino que se cebó en indios, mestizos y negros que, además, aunque fueron puestos como excusa por los “libertadores” para su oposición a España, apelando al mito negrolegendario de las “lágrimas de los indios”, excusa que no creyeron entonces la mayor parte de los indígenas que permanecieron fieles a España hasta el final, pero que creen sus tataranietos indigenistas, fueron traicionados por las nuevas autoridades en cuanto obtuvieron la independencia y empeoraron notablemente su situación. Como dice John Lynch, de la Universidad de Yale: “los liberales de la posindependencia consideraban que los indígenas eran un obstáculo para el desarrollo nacional y creían que la autonomía que habían heredado del régimen colonial debía terminar” [5]

Este es el Bolívar ante cuya espada no quiso levantarse Felipe VI.

 

[1] Pablo Victoria: «El terror bolivariano» (La Esfera de los Libros) 2019.

[2] «Que los españoles dediquen estatuas a un genocida de su pueblo, (…), me deja verdaderamente sorprendido. Creo que es el único país en el mundo que puede homenajear así a sus enemigos» dice el catedrático nacido en Colombia, Pablo Victoria, en una entrevista en ABC (2/10/2019). Sin embargo, en 2020, a consecuencia de los disturbios provocados por la organización Black lives matter, se violentaron estatuas de Colón, Isabel la Católica, fray Junipero Serra y hasta de Cervantes, pero ninguna de Bolívar…

[3] Alfonso W. Quiroz: Historia de la corrupción en el Perú (coedición de Instituto de Estudios Peruanos y del Instituto de Defensa Legal, Lima, 2017). En el capítulo segundo titulado Cimientos socavados de la temprana república, 1821-1859, detalla en los dos primeros subcapítuos del mismo, “Saqueo patriota” y “Turbios préstamos externos”, como San Martín y Bolívar sentaron las bases de sistema de corrupción republicano en el Perú, mismo modelo implantado en las demás repúblicas sudamericanas por esos mismos personajes.

[4] Alfonso Quiroz: “Historia de la corrupción…” (págs. 104-106)

[5] John Lynch: Simon Bolivar: A Life (New Haven 2006)