No tengo más remedio que escribir esta carta ante las acusaciones y difamaciones vertidas por Carlos Ferrández López, titulado “Ramiro Ledesma y sus herederos”. Voy a intentar desgranar pormenorizadamente cada “reflexión” que realiza el autor de dicho artículo.

En la primera frase ya tenemos el primer error insubsanable, la supuesta falta de originalidad de Ramiro. Pues bien, no sé qué entiende el Sr. Ferrández por original, pero creo que fundar un pensamiento como el Nacional-Sindicalismo, del cual se sirvió en parte el Régimen del 18 de Julio y que, literalmente, les quitó los piojos a los españoles no es, ni mucho menos, falta de originalidad. Ramiro admiraba los regímenes totalitarios, pero tiene críticas a todos ellos. Cuando habla de raza, habla de raza espiritual española y siempre aboga con fervor por recuperar la comunión con la Hispanidad. Se le preguntó si “le iban” las camisas negras de Mussolini, a lo que respondió que “le iban” más las rojas de Garibaldi. Con estas primeras pinceladas quiero dejar meridianamente resuelta esta cuestión. Pero por admiración de regímenes totalitarios no solo tenemos a Ramiro, sino que José Antonio también profesaba una fervorosa adhesión a sus principios. También existía esa admiración fuera del espectro Nacional-Sindicalista, como es el caso de Gil Robles, que de admirar y querer copiar al Duce y su sistema, pasó, 40 años más tarde, a las posiciones democristianas más concordantes con el Régimen del 78. Estoy convencido Sr. Ferrández, que usted está más cómodo con este último, sin duda alguna.

Tildar a Ramiro de profesar una ideología antiespañola es no tener un ápice de conocimiento de su doctrina y de sus consiguientes textos. En todos ellos, Ledesma ofrece su punto de vista y soluciones políticas desde el punto de vista hispánico, lo cual incardina a la perfección con el pensamiento tradicional español. Pero parece que a usted le molesta lo revolucionario de su persona. Porque claro, debe ser profundamente antiespañol denunciar el paro obrero, el caciquismo, la inoperancia del parlamento y las condiciones de vida infrahumanas de la mayoría de los españoles. Debe resultar inadmisible para usted que reniegue de una derecha traidora, burguesa e inoperante. Precisamente el que no denuncia y no intenta resolver esos problemas, que en gran medida son los que adolece hoy nuestra patria, es el antiespañol.

Se obceca en tildar a Ramiro de Nacional-Socialista, de fascista y de todo lo que pilla, sin establecer una adhesión total, real y fundamentada de las ideas de Ramiro con esas ideologías en lo que parece una pataleta equiparable a la de cualquier tertuliano televisivo de cualquier cadena progre. Se saca de la chistera que Ramiro quiere implantar una economía socialista en España, cuando en sus escritos queda de manifiesto el profundo contenido social de su programa, pero el respeto a la propiedad privada, subyugada a los intereses de la Nación.

Admito el hecho de que desconozca el motivo de la salida de Ramiro de Falange, pero no admito que fantasee con sucesos que son radicalmente falsos. Ramiro sale de Falange por una divergencia de opiniones, que no ideológica y, sobretodo, por el enfrentamiento MUTUO entre él y José Antonio. Condena usted tácitamente la vía revolucionaria, definiéndola como “la violencia física como método”. Pero, ¿ha leído usted algo de José Antonio? ¿ha leído las publicaciones de Haz y de Arriba de aquella época? ¿Conoce los sucesos del asalto a la Facultad de Medicina por parte del SEU y la Primera Línea? ¿La ejecución de Juanita Rico por el asesinato de Juan Cuéllar? En este último episodio, se dice incluso que José Antonio iba en el coche desde el que se ametralló a esta infame muchacha. ¿Sabe usted cual es el denominador común de todas las acciones violentas de respuesta que se dieron en Falange contra sus enemigos? La orden directa de José Antonio para llevarlos a cabo. Dejen de pintar al Jefe como una hermanita de la caridad, a imagen y semejanza del relato que creó el Régimen. José Antonio era humano, falangista, violento cuando se necesitaba e incluso, ciertamente mujeriego.

También se permite usted el lujo de menospreciar a Mussolini como, “poco original”, mezclando el internacionalismo y el imperialismo, que permítame que le precise, tienen lo mismo que ver que un huevo a una castaña. Un megalómano excéntrico era Nerón que prendió fuego a Roma por sus cuatro esquinas, Mussolini hizo de Italia una potencia mundial. Era ateo y aun así firmó con la Iglesia los Pactos de Letrán, que solventaron un conflicto de 60 años entre Italia y el Vaticano, otorgando unas prebendas a la Santa Sede, que le sirvieron de plantilla para firmar el resto de concordatos hasta el día de hoy. De divinidad del Duce, nada.

Llamar a Ramiro, al Nacional-Socialismo y al Fascismo, marxismo, es de una indigencia intelectual y de un reduccionismo de tal calibre, que creo que le inhabilita para hacer ningún tipo de análisis de nada. Pero claro, se ve en estas líneas ese enconamiento antifascista tan típico de la condición tradicionalista.

Después de decir que Ramiro era un plagiador, que el internacionalismo es igual al imperialismo, que Ramiro era antiespañol y quería implantar una economía marxista en España, manifestar sin un mínimo de rigor que el fascismo y el Nacional-Socialismo son prácticamente marxistas ¿Se atreve usted a llamar canalla, charlatán y jeta a nadie?