El 19 de marzo de 1945, Don Juan de Borbón, el padre de Juan Carlos I, hizo público el llamado "Manifiesto de Lausana", desde esta ciudad suiza.

Después de haber apoyado a Franco entusiasticamente durante la Guerra Civil, su obsesión por ser rey de España se puso de nuevo sobre la mesa. Aprovechando que la II Guerra Mundial estaba tocando a su fin, Don Juan, aconsejado por alguno de sus seguidores, estaba seguro de que Franco también estaba a punto de caer porque las potencias aliadas vencedoras no iban a permitir que continuase en el poder.

Fue un error fatal, que muy probablemente le costó el trono, pues hasta entonces Franco aún pensaba que a largo plazo , cuando el muriera, D Juan sería el sucesor. Desde entonces D. Juan perdió cualquier opción.

El Manifiesto decía que el sistema político español, encabezado por el general Franco, basado en los planteamientos políticos de las potencias del Eje, había fracasado y que era el momento para que Franco se retirase y diera paso a una monarquía, que convocaría elecciones libres y un Parlamento democráticamente elegido.

Sin embargo, nada ocurrió, y ni siquiera los seguidores de D. Juan en España le apoyaron, pues la mayoría se mantuvieron fieles a Franco. Solo el duque de Alba, embajador español en Londres, apoyó a D Juan, acusando a Franco de " confiar temerariamente en la coyuntura de la política internacional".

Sin embargo, el tiempo demostró que Franco tenía razón y Estados Unidos acabaría poniéndose de su lado. Por aquellos días Franco se reunió con el Consejo Superior del Ejército, ante los rumores de que algunos generales eran partidarios de D Juan. Franco les dejó bien claro que no pensaba dimitir y que su Régimen iba a continuar. No encontró ninguna oposición significativa. Una vez más los posibles adversarios de Franco se echaban atrás a la hora de la verdad.

El haber pensado D. Juan, que incluso tenía planeado un gobierno bajo su liderazgo, que Franco estaba a punto de caer, cuando en realidad le quedaban más de 30 años de permanencia en el poder, fue un error fatal para él. A partir de entonces las opciones de la monarquía pasaron por su hijo Juan Carlos y ya nunca más por D. Juan. No obstante, la obsesión de éste por ser rey nunca terminó y años más tarde llegaría a pelearse con su propio hijo Juan Carlos, intentando inútilmente ser él el elegido por Franco para ser el sucesor.