Adrián Irusta Azurmendi, era un joven vasco que desde el primer momento se afilia a la Falange, su valentía e intrepidez le abren un hueco en las primeras milicias o "grupos de choque" azules.
Adrián había pasado por la Legión, imprimiendo en su carácter un fuerte sentido patriótico y militar, lo que unido a un físico portentoso (era pelotari) le llevó a formar parte de lo que en un principio se llamó "Falange de la Sangre", grupo de acción al mando del aviador Ansaldo, que a pesar de ser monárquico, dada su amistad con Julio Ruiz de Alda, ingresó en la Falange para hacerse cargo de sus milicias, hasta que " José Antonio" le expulsa a él y a sus lugartenientes.
Desde su afiliación, a Adrián se le encomiendan los más peligrosos servicios, tanto de defensa como en las acciones de ataque a grupos izquierdistas y separatistas, por lo que pronto es muy conocido en San Sebastián y ponen precio a su cabeza.
El 15 de septiembre de 1934, es detenido junto con los camaradas donostiarras Félix Salamero, Juan Piñeiro, Eustasio Rojo, Leónidas Tormo y su amigo Manuel Choperena (de este último hablaremos en otra reseña en un futuro), y se les acusa de ser los autores del asesinato de Andrés Casaus (ex Director General de Seguridad), que fue ajusticiado por la Falange como represalia por el asesinato de Manuel Carrión (Jefe de la Milicia de la Falange de San Sebastián y amigo personal de José Antonio).
Después de pasar más de un mes en la cárcel, fueron puestos en libertad al no poder demostrarles su relación con la muerte de Casaus.
Por ello, y para salvaguardar su vida, se le ordena que se traslade a Sevilla, donde es muy bien recibido por el Jefe Provincial "Sancho Dávila", y de inmediato se incorpora a la milicia sevillana al mando de "Martín Ruiz Arenado".
El 29 de abril de 1935, Adrián, en compañía de sus camaradas Gutiérrez Tagua, Juan Pérez y Paulino Barro, se desplazan a la localidad de Aznalcóllar, para vender el periódico "Arriba", la localidad estaba llena de mineros de tendencias radicales marxistas.
Al llegar a la plaza de Aznalcóllar, son asaltados por una muchedumbre de socialistas y comunistas que les impiden vender el periódico, les agreden con piedras, palos y navajas, y a Adrián le pegan una puñalada afortunadamente leve.
Al llegar a Sevilla, dan parte de lo sucedido y por el Mando se decide que al día siguiente, dos escuadras al mando de Ruiz Arenado y de García Miguez, vuelvan a Aznalcóllar para vender el "Arriba" y dar muestras de que la Falange no se esconde.
A las 6 de la tarde del 30 de abril, 21 camaradas sevillanos salen en varios coches en dirección a Aznalcóllar, al llegar al pueblo Martín ordena que dos camaradas se queden custodiando los vehículos, el resto le siguen en dirección a la plaza, diez de ellos van armados con pistolas, el resto con porras.
Los vendedores del periódico, protegidos por los camaradas armados, entran voceando por las calles del pueblo y son recibidos a pedradas, una de ellas descalabra a Francisco Moreno, la lluvia de piedras es incesante, Martín ordena una descarga al aire, de inmediato contestan los marxistas con un nutrido fuego de pistolas y de escopetas.
Martín, Adrián y García Miguez, junto con siete camaradas más, responden al fuego hasta que ven aparecer a la Guardia Civil, para evitar ser detenidos inician la retirada, el que cubre la misma es Manuel García Miguez, que dispara lentamente su pistola protegiendo a los camaradas.
De repente, una gran piedra golpea en la sien a García Miguez, cayendo al suelo sin sentido, se abalanzan sobre él un nutrido grupo de izquierdistas, el primero que llega le hace fuego a quemarropa atravesando su cuerpo de varios disparos.
Martín Ruiz Arenado vuelve a recuperar el cuerpo del moribundo, se le agota la munición del revólver y al no poder cargar con Miguez, le pide al cabo de la Guardia Civil que recoja al falangista muerto.
A los pocos momentos, los coches vuelven a Sevilla.
El enfrentamiento en Aznalcóllar produjo un muerto en las filas de Falange, "Manuel García Miguez", cinco heridos y trece detenidos.
De los grupos de marxistas, cayó uno muerto (el que remató en el suelo a García Miguez), cinco heridos y ninguna detención.
Los trece detenidos fueron juzgados por un Tribunal de Urgencia de la Sección 3ª de la Audiencia de Sevilla, fueron defendidos por José Antonio y otros Abogados simpatizantes de Falange, los procesados eran Miranda, Narciso Perales, Santiago Herrera, Eduardo Rivas, Antonio Cabrera, Francisco Jiménez, Juan Domínguez, Martín Ruiz Arenado, Juan Pérez Velázquez, José Carbajo, Francisco Díaz, Francisco Moreno y Adrián Irusta, nueve de ellos consiguieron la libre absolución.
El Tribunal condenó el 6 de octubre de 1935 a Miranda, Ruiz Arenado, Carbajo y a Adrián Irusta a dos años, cuatro meses y un día de prisión por riña tumultuaria y además, a Adrián Irusta y a José Carbajo se les condenó a otros dos años y once meses, por tenencia ilícita de armas.
José Antonio ordenó a la Junta de Recompensas de Falange que abrieran expediente por los sucesos de Aznalcóllar y el 20 de octubre de 1935 se dictaba resolución por la cual se concedía la "Palma de Plata" a título póstumo al camarada Manuel García Miguez.
Igualmente se concedía la "Palma de Plata" a los camaradas Sancho Dávila, Martín Ruiz Arenado, Eduardo Rivas y Narciso Perales.
También se concedió la "Palma de Plata" a la Primera Línea de Sevilla.
En el mismo expediente de recompensas se concedía a Adrián Irusta el "Aspa Blanca" por su ejemplar espíritu y su valeroso entusiasmo al servicio de la Falange, al haber realizado hechos distinguidos durante más de seis meses, también se le concedía a Adrián el "Aspa Roja", por haber sido herido en acto de servicio.
José Antonio recompensaba doblemente a Irusta por su constante valentía y compromiso al servicio de la Falange.
Después de cumplir parte de la condena, Adrián recupera la libertad, y sigue prestando sus servicios para la Primera Línea de la Falange, las acciones más peligrosas siempre cuentan con Adrián, hasta que el 30 de marzo de 1936, nuevamente es detenido en Tolosa, e ingresa en la cárcel de Ondarreta.
Cuando consigue la libertad, le ordenan trasladarse a Barcelona, su vida cada vez corre más peligro y máxime en las Vascongadas.
Allí es recibido en el mes de junio del 36 por Roberto Bassas, Jefe Territorial de Cataluña, quien le pone a las órdenes de José Rivas, Jefe Local de Barcelona, pasando a formar parte de la Primera Línea catalana a las órdenes directas de Poblador.
Increíblemente, Adrián logra escapar de las matanzas izquierdistas de los presos falangistas al inicio de la Guerra Civil, pero es detenido al fracasar el alzamiento en Barcelona, y el 30 de agosto de 1937 es juzgado por un Tribunal de Urgencia, por el que es condenado a cuatro meses de prisión, los miembros del Tribunal se quedaron sorprendidos cuando en pleno Juicio Adrián, sin ocultar su militancia falangista, pronunció "palabras ofensivas para el Frente Popular".
La buena suerte siguió estando al lado de Adrián Irusta, logró salir con vida de la Guerra y lo último que sabemos de él, es que en 1955, en compañía de Santiago Pisonero visitó al entonces Jefe Provincial del Movimiento en Bilbao, Genaro Riestra.
Parece que Adrián después de la Guerra Civil no colaboró con el Movimiento Nacional, no tuvo cargo alguno en el mismo, ni vivió del régimen franquista.
En definitiva, Adrián Irusta, uno de los pocos militantes de Falange que tuvo el privilegio de ser recompensado por José Antonio, y además doblemente con el "Aspa Blanca" y el "Aspa Roja", es sin lugar a dudas el prototipo del miembro de la Primera Línea o Milicias falangista.
Y para que no caiga en el olvido, hoy le recordamos.
 
(Foto inédita de Adrián Irusta, que como buen vasco luce la boina característica, de los Archivos de los Guardianes de la Memoria Azul)
Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas