El 17 de julio de 1936, estalló en el Protectorado Español de Marruecos la rebelión militar de los nacionales. La primera dificultad que se encontraron constituyó un grave problema logístico y estratégico: la Armada española se había mantenido al lado de la República y conservaba el control del Estrecho, con lo cual hacía imposible el traslado por mar de las tropas hacia la Península.

El mando nacional telegrafió a Hitler y a Mussolini solicitando su ayuda. Los italianos respondieron inmediatamente enviando una docena de aviones de transporte con suministros militares; los alemanes tardaron un poco más.

Coincidiendo con el Golpe de Estado, se hallaban en el norte de África Bernhardt y Adolf Langenheim, influyentes hombres de negocios, que volaron a Berlín para informar a Hitler de la situación de aquel alzamiento. La decisión de apoyar a Franco la tomaron Hitler, Göring y el ministro de Guerra Werner von Blomberg; llamaron a ésta “Operación Fuegos Artificiales”. Pesó mucho en la toma de decisiones la posibilidad de dejar rodeada a Francia por países enemigos: Alemania, Italia y España. Por otra parte, con los cañones españoles controlando las dos orillas del Estrecho a los barcos de la Royal Navy, que perdería su hegemonía en el Mediterráneo.

En 80 horas había terminado la guerra en La Rioja

En La Rioja la Guerra Civil iniciada en 1936 iba a durar tres días y medio; exactamente 80 horas, el tiempo que medió entre la sublevación del comandante Roberto White en el aeródromo de Recajo, iniciada a las 7 de la mañana del domingo 19 de julio y la ocupación de la localidad de Cervera del Río Alhama, sobre las 4 de la tarde del miércoles 22 de julio. En estas circunstancias sólo pudieron registrar el paso de una columna del coronel García Escame, procedente  de Pamplona, que cruzó el puente de piedra de Logroño, en la mañana del 20 de julio, para asegurarse el triunfo de la rebelión en La Rioja y seguir camino de Madrid.

Las noticias de un foco de oposición armada en Alfaro, obligaron a variar los planes al militar navarro, que llegó a las puertas de aquella localidad a primeras horas de la tarde del día 21. Después de varios disparos de cañón y un breve tiroteo, controlaron el conato de resistencia.

Al día siguiente, una columna menor de fuerzas de la Guardia Civil y una sección del Batallón de Montaña de Estella, entró en Cervera del Río Alhama con fuego de fusilería y ráfagas de ametralladora. Ahí terminó la sublevación riojana.

De esta forma Logroño se convertía en un territorio tranquilo, mientras que en otras regiones españolas se enfrentaban duramente en una cruenta lucha fratricida.

Los italianos apoyaron a los nacionales, antes que los alemanes

Para entonces, la aviación legionaria de Mussolini había comenzado a prestar ayuda a los sublevados. El 19 de julio de 1936, despegaron de la base de Elmas, en la isla de Cerdeña, los primeros doce trimotores Savoia-Marchetti SM 81, que volaron hacia el Protectorado Español de Marruecos.

La base militar de Recajo, emplazada en el municipio de Agoncillo, a 12 kilómetros de Logroño, que había sido inaugurada el 30 de julio de 1928, con la ayuda de falangistas y requetés, el comandante Roberto White se hizo con el control de la base aérea.

Como puntualmente publica en su libro el periodista riojano, Marcelino Izquierdo, con el nombre de Corpo di Troppe Voluntarie (CTV) fue conocido el contingente italiano formado por 140.000 soldados. Varias unidades de la 4ª División Littorio del CTV fueron destinados a la provincia de Logroño, sobre todo a la capital.

Los jefes y oficiales de la División Littorio se alojaron en hoteles y pensiones de Logroño: en el Gran Hotel, en especial; mientras que la tropa fue a casas particulares, pisos vacíos y locales prestados. El cuartel general italiano estaba en la Huerta de La Rioja, hoy barrio de Lobete, donde instalaron una potente dentro emisor de comunicaciones y otro centro emisor en la carretera de Soria, muy cerca de la fábrica Licor del Polo; el centro transalpitorio se hallaba en el chalet El Carmen.

El sistema de encriptación “Enigma” fue instalado en Logroño

La importancia estratégica que el Ejército italiano concedió a La Rioja fue tal, que sus mandos no dudaron en elegir a Logroño como sede del sistema de encriptación, denominado “Enigma”, mecanismo rotatorio de cifrado, para encriptar y desencriptar mensajes secretos del Eje. Además de la “Enigma” riojana tuvieron otra en Roma y también en Palma de Mallorca, Cádiz, Burgos y Barcelona. Los militares italianos, alemanes y españoles utilizaron estas encriptadoras combinando un libro de códigos denominado DEI, como acrónimo de Deutschland, España e Italia.

El arsenal italiano fue desplegado entre la glorieta del Dr. Zubía y la calle Duquesa de la Victoria, hasta la vía del ff.cc., ahora Jorge Vigón, sin olvidar el aeródromo de Recajo, que fue el auténtico nudo de operaciones aéreas. También estuvieron acuarteladas las fuerzas italianas en Haro, Briñas, Casalarreina, Fuenmayor, Cenicero, Alfaro y Calahorra.

Gracias a las investigaciones de Marcelino Iglesias, hemos podido rectificar la opinión que mereció la intervención militar de los italianos durante el enfrentamiento entre españoles en una despiadada guerra civil. Guadalajara sólo fue una batalla perdida.