Checa de San Antón, Madrid.

29 de noviembre de 1936

Me llamo Julián y creo que estoy escribiendo mis últimas letras.

Pero no me pesa el que pueda llegar mi última hora si llego a ella con mis hermanos en religión, con algunos amigos de prisión y con la familia en el recuerdo.

No tengo noticias de mi hermano Gervasio desde el momento que le detuvieron y le encerraron en el Patio de coches de nuestro Monasterio de El Escorial y pienso en la situación en que ha quedado mi cuñada y los cuatro chicos, sola y sin recursos en un pueblo que la estará mirando como al enemigo.

La situación en San Antón es tan mala como podríamos suponer en una ocasión como esta, no les hemos hecho nada, no hemos hecho nada más que creer en Dios, estudiar, enseñar y rezar. No todo lo hemos debido hacer bien, pues en lo de enseñar, tengo un pero que poner, en lo que me corresponde como fraile de esta orden, el Señor Presidente de la República, en nombre de quien nos van a matar estos……. Sr. Azaña, ha sido alumno nuestro y que si bien podríamos decir que aventajado estudiante, por su capacidad y por llegar a donde ha llegado, no logramos que se distinguiese por su capacidad de llevar a España por el camino que  cabría esperar de un buen discípulo agustiniano.

Yo que soy, como manchego de pro, de buen comer e incluso de buen paladar con el vino, estos guisos con habitante y esta agua sucia está haciendo que mi camisa comience a quedarme un poco  holgada, se me están haciendo largos los días. Dice don Pedro Muñoz Seca, compañero  y ya amigo en estos meses que llevamos juntos de compartir charlas e historias carcelarias, que piensa escribir una comedia de las suyas titulada “Cómo se vive en San Antón, sin cuchara y sin colchón”.

Los insultos, los interrogatorios, las mofas y demás vejaciones no son tan graves como las de las historias de los primeros cristianos que acababan siempre entre leones y otras fieras similares. Los pobres carceleros tienen que gozar de nuestra misericordia por que como dijo Nuestro Señor Jesucristo, hay que perdonarlos porque “ no saben lo que hacen “ y al fin y al cabo por ahora, lo que sí nos han hecho pasar es miedo, a unos más que a otros. Los más jóvenes, los novicios, los que han sido detenidos con sus padres por ser hijos de…, no más de 18 años, más que por otra cosa porque van a morir sin haber vivido, todos por dar gracias a Dios y unos y otros por que España es así de cruel o ¿serán los españoles?. Lo del miedo va por barrios  y ayer cuando nos quitaron las pocas pertenencias que nos quedaban, D. Pedro, con su natural gracejo andaluz les dijo “Me lo podéis quitar todo, pero lo que no me vais a quitar nunca es el miedo que os tengo”. Nos reímos hasta el bofetón que nos sacudió un miliciano grandote , que nos sacaba una cabeza, Petroff le llaman, ¡lo que les gustan los nombres rusos¡.

Ayer a D. Pedro Muñoz Seca, al Padre Provincial, al Prior del Monasterio y a mí nos dieron unos calderos con agua y unos trapos y nos pusieron a fregar escaleras, fue un momento divertido en el que. D. Pedro de nuevo,  nos distinguió con su ingenio al decirnos que parecía la descripción que él había hecho de San Lorenzo de El Escorial, ”Mucha gente en los Terreros/ mucho polvo en los caminos/ muchos Padres Agustinos/ y muchos carabineros”.                                 

He tenido miedo a que me sacasen de San Antón sin mis hermanos Agustinos. Ayer vino el embajador de Argentina para decirme que había hecho gestiones  para ello y  ya le dije que a todos o a ninguno. Se fue con cara de resignación,  no debía haber sido tan duro con él, pero, ¿qué le queda a uno de autoestima, si a la primera de cambio huye, dejando a los suyos tirados?.

Seguiré contando lo que ha sido este verano y otoño del 36 en San Antón, si nos dejan y no se cumplen mis predicciones, nunca he sido buen augur, pero es que lo de escribir me pierde.

El fraile Agustino Julián Zarco Cuevas, Académico de la Historia, miembro de la Hispanic Society of América y Bibliotecario de la Real de El Escorial, hoy Beato y mártir, murió fusilado en Paracuellos del Jarama el 30 de noviembre de 1936, con 50 de sus compañeros Agustinos, D. Pedro Muñoz Seca y otros muchos más.