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Un día del mes de febrero de 1976 sonó el teléfono negro que tenia sobre mi mesa en el despacho de Director de “Pyresa” y al otro lado del hilo surgió la voz ronca de un caballero que quería hablar conmigo.

- ¿Es usted don Julio Merino? – dijo. / - Sí, yo soy Julio Merino. ¿Y usted quién es? / - Soy Torcuato Fernández Miranda. / - Hombre, Presidente, ¡Que honor! / - Déjate de hostias, porque no te habla el Presidente de las Cortes, ahora te habla un lector muy cabreado contigo. / - ¿Y eso? ¿Qué pecado he cometido contra ti? / - Pues esta noche no he podido dormir por tu culpa. Ayer tarde cuando salía del Congreso me fui dando un paseo y pasé por una librería y en el escaparate vi un libro que me llamó la atención. El titulo era atractivo: “Los pecados de la Monarquía” y el autor Julio Merino… y sin más entré y lo compré y cuando llegué a casa me puse a leer y hasta que no llegué a la ultima pagina no pude dejarlo. / - No será para tanto, Presidente. / - Pues sí, creo que estás equivocado con la Monarquía. Las Monarquías tendrán sus defectos, pero más defectos tienen las Repúblicas… y a la Historia me remito, las dos Repúblicas que ha vivido España fueron un desastre. / - Eso es verdad, Torcuato, pero ¿qué me dices de Carlos IV, de Fernando VII, de Isabel II o de los dos Alfonsos, XII y XIII? / - Sí, en eso tienes razón… pero, en fin, de Monarquías y Repúblicas quiero hablar contigo. Tenemos mucho que hablar. / - Pues, cuando tú quieras. / - ¿Puedes esta misma tarde? / - Por supuesto que sí. / - Bien, te espero a las 7 en el Congreso.

Y allí estuve y ahí comenzó nuestra amistad. Amistad que duraría hasta su muerte (1980).