Publicamos hoy el primero de los 90 artículos que Francisco Franco escribió y publicó en el diario "Arriba" con los seudónimos de "HISPANICUS", "JAKIN BOOR" Y "MACAULAY" Entre 1945 Y 1960 ... gracias a la ayuda que nos han prestado el gran periodista Enrique de Aguinaga (Subdirector del "Arriba" de aquellos años) y Daniel Lumbreras, el autor del gran "Trabajo fin de Grado" sobre el "Franco Periodista", que hemos publicado estos días y la tenaz búsqueda por Hemerotecas y la Biblioteca Nacional de Julio Merino, nuestro colaborador habitual. 
           "El Correo de España" irá publicando, a medida que los Servicios de Reproducción de la BNE pueda ir digitalizando, los artículos de Franco, que verán la luz 60-70 años después y tal como se publicaron en su momento, con las aclaraciones periodísticas oportunas del gran conocedor de la obra de Franco que es Julio Merino.
          Por el contenido de los artículos el lector comprobará que Franco tuvo en vida tres obsesiones: la masonería y el comunismo, cuyas historias y actuación política  conocía mejor que muchos historiadores (y se irá viendo en los mismos artículos) y la Unidad de España, para él piedra angular de su existencia como Nación. Pero, también podrá comprobar que Franco no era sólo el "militarote" que la Izquierda marxista ha querido presentar para confundir a los jóvenes de hoy y que al lado de su gran preparación militar (como quedó demostrado en su hoja de servicios en la Guerra de Marruecos y a lo largo de la Guerra Civil de 1936-1939) hay un Franco, gran lector y estudioso de Unamuno, de Ortega, de Valle- Inclán y demás hombres del 98, del 14 y del 27... y además sabe escribir, como lo demuestra en su "Diario de una Bandera" (que también ha publicado recientemente   por capítulos este "Correo de España").
              Ahora, pasen y lean este primer artículo, cuyo título no puede ser más actual:
 
 
            Socialismo y Comunismo
     Publicado en el Diario ARRIBA  el 12- 2 1949
 
Conforme el mundo va conociendo las realidades de la acción comunista en Europa se espanta, y con razón, de lo que el régimen comunista representa. Más lo que para el pueblo, en cierta forma, puede constituir una sorpresa, por el engaño de que le han hecho objeto las propagandas rusas y gubernamentales de los últimos años, no puede serlo para los elementos directivos de las naciones, a los que sus servicios diplomáticos y secretos les han venido durante diez años teniendo al tanto de los hechos.
 
Que el comunismo representa la tiranía más bárbara y feroz conocida en el mundo lo denuncia la historia de los treinta años de régimen soviético. Sue eliminaciones periódicas, sus cárceles acuáticas--con cuarenta centímetros de agua--, sus checas y martirios, sus campos de concentración y mineros de la Siberia, donde se extingue la vida de centenares de miles de prisioneros abandonados sin defensa a la crueldad moscovita, y de los que el general polaco Sanders dio al mundo su grito de angustia; las escuelas de terrorismo y criminalidad organizadas bajo su dirección y extendidas por el mundo en íntima relación con sus Embajadas y Consulados; los incendios de barcos, votaduras de fábricas, descarrilamientos de trenes, catástrofes de aviones, asesinatos, tiros en la nuca, todo cae bajo la responsabilidad directa de la organización comunista y de sus directivos de Moscú.
 
La marcha y orientación comunista durante treinta años no ha cambiado jamás de dirección: sólo en algunas ocasiones, y por razones de eficacia, momentáneamente ha podido modificar su táctica;  pero sus fines y sus procedimientos quedaron sentados de una manera clara y terminante en las actas periódicas de sus reuniones del Komintern, hoy sustituido por el Kominform.
 
Lo que hoy descubrimos en un país no es en nada distinto  de lo que ya ha pasado en muchos otros; la única diferencia de su proximidad y la perfección de que cada día da muestras la máquina comunista de terror y de eliminación. Cuentan los polacos huidos de su país que la acción policíaca alemana bajo la invasión puede calificarse de inocente frente a la malicia y la perversidad  de las organizaciones de represión de los soviets.
 
Hoy parece apercibirse el Occidente de la suerte que hubieran corrido Francia e Italia si cuando fueron liberadas no hubieran tenido sobre su territorio los Ejércitos americanos, a los que tenemos que reconocer se debe el haberse frustrado el asalto comunista al Occidente que Moscú con sus agentes tenía perfectamente preparado. Mucho menos arraigo que en Francia tenía el comunismo en Polonia, Rumanía y Hungría, y bastó la ausencia de los aliados para que, mediante un régimen de terror desencadenado desde el Poder, se asentase en ellas el comunismo. El mismo destino que, sin duda, le estaba reservado a España, y del que nos salvó, bajo la protección de Dios, la viril unión de España y su caudillo.
 
Lo cierto es que hemos llegado hoy a un estado de conciencia universal en cuanto a las razo
nes de la repulsa y condenación del comunismo. Hoy todos reconocen: a), que el comunismo niega los derechos más elementales de la persona humana; b) representa la ausencia más absoluta de moral y de principios espirituales; c) persigue la fe y los sentimientos religiosos de los pueblos; d) fomenta la criminalidad y el terrorismo en los otros países; e), provoca la guerra y las revoluciones para luego explotarlas; f), amenaza la paz interior y exterior de los otros estados; g), anula el progreso económico y destruye las fuentes de producción de las demás naciones; h), enseña y estafa a las masas trabajadoras ofreciéndoles lo que jamás podrá cumplir.
 
Mas si por tantos y tan claros motivos necesitamos combatirlo, es necesario aclarar dónde empieza y dónde acaba el comunismo. El hecho de que España haya declarado al comunismo fuera de la ley con diez años de adelanto le otorga en este sentido un crédito de experiencia que inútilmente se le pretendería negar. Lo que hoy al mundo aterra se vivió en España hace doce años. Por ello, su experiencia es en alto grado aleccionadora. Se repite hoy en algunos países del mundo lo que en España en aquellos tiempos se repetía como opio para dormir y evitar las reacciones naturales, . La creencia de que porque en un momento no exista en un país un partido comunista extenso y reconocido, y pueda presentarse como prueba de convicción la falta de sus sufragios en las contiendas electorales, no demuestra que el país no pueda caer en breve tiempo en una situación comunista parecida a la de muchas que las naciones de Europa sufren. Bastó en España el que el socialismo se encaramase en el Poder para que, de hecho, se transformase en comunista cuando bajo las banderas socialistas se agrupaba,  y muy pronto los jefes que aparecían como más moderados fueron arrollados y sustituidos por los que Moscú tenía hacía ya tiempo dispuestos y preparados. El hecho no podía ser más natural. Si una misma es la doctrina marxista que a los dos alienta, y la acción comunista aparece como la más violenta y eficaz, ¿por qué el detenerse en un socialismo burgués al agua de colonia y no llegar a la meta que ambos en su doctrina tienen enunciada?
 
El que ante la tiranía y el terror comunista muestre su humana o interesada repulsa algunos jefes moderados del socialismo europeo no quiere decir que les sigan sus huestes por este camino. Con frecuencia asoma a la Prensa su tragedia de conciliar su demagogia ante las masas y su responsabilidad de hombres de gobierno. Las medias tintas no fueron nunca la solución para los problemas políticos de las masas. Estas exigen posiciones claras, no entienden de académicas disquisiciones y, admitidas la doctrina marxiata, lo claro para ellas es lo comunista.
 
                                  Para nosotros, socialismo y comunismo son escalones en una misma marcha, al final del cual el comunismo espera.  Su única diferencia reside en su cuadro de mando, cubiertos por viejos socialistas aburguesados o por comunistas más jóvenes y audaces. Las masas, ignorantes e irresponsables, se van con el que más les promete, con el que mejor les engaña, con el que les alienta sus pasiones y su violencia. Esta es la gran tragedia de la hora actual, el que los partidos socialistas, mediatizando o reteniendo el Poder, no puedan ir contra lo que han  consignado su doctrina, ni quieren confesar su error y abandonar sus sinecuras. Como la piedra que lanzada no puede detenerse en mitad de su trayectoria y fatalmente ha de llegar al final de su recorrido, así le ocurre al socialismo. Comunismo y socialismo son para nosotros la  misma piedra en distintos puntos de su recorrido.
                                                                                                    "HISPANICUS"
                                                                                                      18- 2- 1949