El pasado 9 de Mayo se cumplieron 43 años del brutal asesinato de José María Bultó a manos del Exércit Popular Català (EPOCA), un grupo terrorista separatista que actuó en la década de los años setenta hasta que la mayoría de sus miembros se integraron en Terra Lliure, el grupo terrorista catalanista más conocido.

 

 

Aquel 9 de mayo, dos terroristas del EPOCA entraron en el domicilio del empresario, de 77 años de edad, mientras comía con su familia y le adosaron una bomba al pecho con la amenaza de hacerla estallar si no entregaba 500 millones de pesetas para financiar el grupo terrorista separatista. Desde el primer momento, Bultó se negó a pagar. La bomba estalló cuando se disponía a salir de su casa para acudir a una comisaría de Policía.

Una sobrina de José María Bultó, Lucía Bultó, explicaba en una carta publicada por El Periódico de Catalunya cómo fue su muerte: “Carles Sastre, entró en casa del señor Bultó mientras comía con su familia y, a punta de pistola, le adosó una bomba en el pecho bajo la amenaza de hacerla explotar si no pagaba 500 millones de pesetas. Horas después, la bomba explotaba destrozando en mil partes el cuerpo de Bultó».

Era una respuesta a la entrevista que el periodista Javier Grasset hizo en diciembre de 2015 a Carlos Sastre, condenado como uno de los autores de aquel brutal asesinato. Por aquel entonces Grasset era uno de los responsables de EPOCA, un grupo terrorista que aspiraba a una Cataluña separada de España y con un régimen socialista.

Actualmente tanto Sastre como Grasset apoyan el separatismo organizado en torno a la Asamblea Nacional de Cataluña y están volcados en la consecución de la independencia a través del plan de desconexión apoyado por ERC, CUP y el PdeCat.

 

Pero no es la única ofensa que los familiares de Bultó han tenido que soportar por parte de los actuales separatistas que reivindican a aquellos terroristas de los años setenta y ochenta. En el año 2013 el municipio barcelonés de Santa Colma de Cervelló, gobernado por Esqurra Republicana de Cataluña, dedicaba una calle a Jaime Martínez Vendrell, otro de los terroristas que asesinaron al empresario el 9 de mayo de 1977. En aquel caso, la familia acudió a la Justicia y consiguió que el Juzgado Contencioso Administrativo de Barcelona ordenase al consistoiro a la retirada de la distinción concedida al terrorista.

 

Pese a ser evidente que se estaba homenajeando a un terrorista, la plana mayor de ERC, con Oriol Junqueras a la cabeza, intentó blindar desde el parlamento catalán la calle, aunque finalmente ésta fue retirada del callejero del municipio barcelonés.