1. La argumentación nos la proporciona el santo de Aquino, que fue un teólogo sistemático que pensaba en la teología como una ciencia superior a todas las demás y parte de principios evidentes que no necesita demostrar y que son el fundamento de toda demostración.

Los principios de la teología no son evidentes por sí mismos para el hombre, ya que son artículos de fe como ciencia subordinada a la ciencia divina. Sin embargo, la teología también utiliza principios filosóficos como argumentos extraños y probables: sólo los argumentos tomados de la Biblia son propios y decisivos, de manera que la razón natural se puede poner al servicio de la fe. Por esto el santo de Aquino adquiere gran interés como filósofo.

Estos son sus principios filosóficos que destacamos hoy aquí. Pero antes habría que comprender la relación entre razón y fe, como guía de su utilización teológica, que toma del aristotelismo y del neoplatonismo.

Esta relación razón-fe fue la base del pensamiento medieval. En el siglo XI tuvo gran confrontación entre dialécticos y antidialécticos; los primeros daban primacía a la razón; la dialéctica para los medievales o la lógica aristotélica o el arte de discusión racional a partir de argumentos contrapuestos. Los antidialécticos limitaban al máximo el papel de la razón. Por un lado, la señalaban como absoluta de la fe: no busco entender para creer, sino que creo para poder entender; porque si no creo no llegaré a entender.

El averroísmo latino, con la teoría de la doble verdad, necesitaba dilucidar este problema. Por eso Tomás de Aquino encontró un buen punto de equilibrio, aunque no fuera seguido por los escolásticos del siglo XIV.

En concreto, la solución tomista se resume en lo que sigue:

Clara distinción entre razón y fe. La razón natural carece de iluminación divina y sólo puede conocer de abajo a arriba, a partir de los datos de los sentidos. En cambio, la fe conoce de arriba abajo a partir de la revelación divina. Por tanto, la razón y fe son mutuamente independientes y autónomas.

No contradicción. Las verdades racionales y las verdades de la fe no pueden estar en contradicción: solamente lo falso es contrario a lo verdadero. Es decir, la verdad es una. Lo primordial de los principios de la razón natural están contenidos, primero, en la sabiduría divina, y sólo después en nuestra mente.

Zona de influencia. Tomás de Aquino niega la doble verdad como contradicción entre la verdad racional y la verdad revelada. Admite dos tipos de verdades: las que sobrepasan la capacidad de la razón humana, como es, por ejemplo: Dios es uno y trino. Otras pueden ser alcanzadas por la razón natural, como la existencia y la trinidad de Dios, las cuales fueron demostradas incluso por los filósofos.

La teología como ciencia mixta. Esta zona de confluencia permite que la teología utilice los principios de la filosofía, no porque los necesite, sino para explicar mejor lo que en ella se enseña y no porque considere a las otras ciencias como superiores.

Los principios de la teología son los artículos de fe, no los principios filosóficos. Tomás de Aquino señala: ninguna ciencia demuestra sus principios, sino que los utiliza para demostrar otras cosas.