«El palacete de Castellana 3 albergaba la Presidencia del Gobierno. Era el Día de la cuestación en beneficio de la ayuda contra el cáncer. Presidía la mesa petitoria instalada ahí la esposa del entonces presidente del Gobierno, el Almirante Carrero Blanco. La mujer de Carrero, Carmen Pichot, para agradecer a sus compañeras de mesa la colaboración prestada, encargó en el inmediato restaurante «Jockey», templo sagrado de la gastronomía madrileña, unas bandejas de canapés y unas bebidas. Llegó el Almirante y reconoció, por el inconfundible cuello verde de los camareros de «Jockey», a quien servía los canapés y las bebidas. Y amablemente le preguntó por el motivo de su presencia. «La señora de Carrero Blanco nos ha encargado este servicio». «Pues servicio cancelado», dijo Carrero. Y dirigiéndose al camarero, que era el célebre Torres, por quien supe del sucedido: «Muchas gracias. No tenemos dinero para pagar un restaurante tan caro. Dígale al señor Cortés de mi parte que considero sus canapés como su aportación a la lucha contra el cáncer». Cortés, enterado del asunto, se presentó en la mesa y depositó un generosísimo donativo.» (Del artículo de Alfonso Ussia en La Razón "Eso es la decencia")

Cuenta el padre de Utrera, en sus memorias que, en una ocasión, despachando con el Almirante Carrero en su despacho de Castellana 3, y tras comentarle a Carrero lo que le llamaba la atención que siempre agotase los bolígrafos bic hasta dejarlos sin tinta, remendándolos incluso con celofán en caso de rotura, éste le contestó: "No lo olvide nunca, Utrera: cada duro del Estado es sagrado".

Y refiere  Manuel Campo Vidal en su interesante libro sobre el asesinato de Carrero escrito allá por principios de la década de los 80, cómo el Almirante, hombre metódico en sus hábitos, pedía todos los días al llegar al despacho, de la cafetería del otro lado de la Castellana, un café y un paquete de ducados que invariablemente pagaba de su propio bolsillo al camarero que se lo llevaba -lo que nos da una idea de la seguridad del Presidente- y con frecuencia le alargaba el duro de rigor al mendigo que había en la puerta de la Iglesia de los Jesuitas de Serrano que, por cierto, se quejaba de que Carrero no le actualizase la propina según el  coste de la vida.

Y digo esto porque, tal día como ayer, 20 de diciembre de 1973 se consumó el asesinato, el magnicidio de su persona. En su labor procuró limitar la influencia de los falangistas, promovió la modernización económica y administrativa del Estado, aunque siempre dentro de los idearios del régimen del Generalísimo, y apoyó la planificación para la sucesión monárquica del régimen, en la figura de Juan Carlos I.

Firme partidario de una política de neutralidad armada como de evitar la intervención española en la Segunda Guerra Mundial en su versión de escritor, bajo el seudónimo de Juan de la Cosa, plantea la hipótesis de que en septiembre de 1939, España hubiera contado con un gobierno similar al de 1936, es decir, del Frente Popular. En este supuesto no hubiera sido posible la neutralidad; España hubiera ido contra Alemania en la guerra y probablemente hubiera capitulado en junio de 1940, al mismo tiempo que Francia:

Pues bien, gracias al Movimiento Nacional, en junio de 1940 los alemanes se encontraron al llegar a los Pirineos con un pueblo aguerrido que había recuperado el concepto de dignidad nacional, que, prefiriendo morir a ser cipayo, estaba dispuesto a batirse con el beligerante que pisase su suelo, fuese quien fuese, para defender su derecho a la neutralidad y los sagrados intereses de España que estaban al margen de lo que se debatía por las armas, y los alemanes quedaron detenidos en el Pirineo. La neutralidad española, respaldada por el prestigio de sus soldados y del Caudillo, logró lo que no habían podido conseguir las armas aliadas: poner un dique al alud de la Wehrmacht.

El asesinato de Carrero Blanco, también conocido por su nombre en clave como "Operación Ogro", fue perpetrado por la banda terrorista ETA el 20 de diciembre de 1973, siendo este presidente del gobierno de España.

El jefe del Gobierno Vasco en el exilio, Jesús María de Leizaola, tras conocer el comunicado declaró en París que no creía que «detrás del atentado se encuentre una facción de ETA» y que estaba convencido de que el «comunicado es falso», lo que obligó a ETA a emitir un segundo comunicado reafirmando su autoría. Unos días más tarde ETA convocaba una rueda de prensa clandestina en algún lugar del sur de Francia en la que un encapuchado explicó en euskera la planificación y objetivos del atentado, mientras otro encapuchado tradujo lo que decía al francés

La desaparición de Carrero Blanco tuvo numerosas implicaciones políticas, en un momento en que se hacía evidente la decadencia física del Generalísimo y, con ello, el agravamiento de los primeros signos de descomposición del régimen que se venía manifestando en los últimos años.

A pesar de que las Autoridades iniciaron una investigación para esclarecer este magnicidio, todo se archivó con la Ley de Amnistía concedida en 1977.

El hecho de que durante la guerra de Yom Kipur en octubre de 1973, Carrero Blanco impidiera a los EE.UU utilizar las bases que tenía en España, llevó a la agencia soviética TASS a declarar que la CIA había asesinado a un político franquista de tendencia nacionalista que se niega a entrar en la OTAN y a cumplir ciegamente las ordenes de Washington.

Almirante Luis Carrero Blanco ¡Presente!