Antes de que se conociera el aplazamiento se había ya realizado el inicio de la ceremonia de encendido de la antorcha olímpica. Se hace en Olimpia, Grecia y se lleva la antorcha en relevos desde Olimpia a la ciudad que acoge los Juegos Olímpicos.

En una ceremonia en las ruinas de Olimpia se celebró este mes de marzo ante una audiencia reducida: solo hubo 100 asistentes como medida de precaución por el coronavirus.

Como marca la tradición, el encendido de la antorcha se hizo con rayos solares tras la plegaria, recitada por la actriz Xanthi Yeoryíu, en su papel de Gran Sacerdotisa de Olimpia. Dirigiéndose a Apolo, exclamó: "Dios del sol y del ideal de la luz, envía tus rayos y enciende la llama sagrada para la ciudad hospitalaria de Tokio".

Tras una danza musicada por el arpa del compositor Yannis Psimadas, Yeoryíu entregó la antorcha a la primera portadora, la tiradora olímpica helena Anna Korakaki, que llevó la llama ante el monumento a Pierre de Coubertin, fundador de los Juegos Olímpicos modernos, y después pasó el testigo a la siguiente portadora, la maratoniana nipona Mizuki Noguchi. Con ese gesto se inició un periplo de una semana por toda Grecia que finalizará en el Estadio Panathinaikó, sede de los Juegos Olímpicos de Atenas de 1896. Allí, la antorcha será entregada a la delegación japonesa para continuar el relevo en el país anfitrión.

Tras el aplazamiento se deberá repetir esta ceremonia.

¿Pero cómo nació esa tradición? No viene de la Grecia antigua. Ni siquiera tiene su origen en los primeros Juegos Olímpicos modernos, celebrados en Atenas en 1986. La ceremonia del encendido y el relevo de la antorcha se realizó por primera vez para los Juegos Olímpicos de 1936 y contaron con la aprobación y el apoyo del régimen Nacionalsocialista, con su ministro de Joseph Goebbels a la cabeza.

"Los antiguos griegos consideraban el fuego un elemento divino, y mantenían llamas perpetuas frente a sus principales templos. Ese era el caso del Santuario de Olimpia, donde se celebraban los antiguos Juegos Olímpicos", explica la web del COI en el apartado sobre la antorcha olímpica. No dice nada más. En un artículo de 2017 sobre la historia de la llama olímpica sí da algún detalle más. No fue hasta los Juegos Olímpicos de Ámsterdam en 1928 cuando una llama presidió el estadio. Y no fue hasta ocho años después cuando empezó el relevo.

La idea la tuvo Carl Diem, secretario general del Comité Organizador de Berlín 1936 y gran estudioso de la historia del deporte. En sus investigaciones había descubierto que en los juegos antiguos había una prueba que consistía en una carrera hasta el altar de Zeus. Y que al ganador se le concedía el honor de encender su fuego. De ahí sacó la idea. Primero el rito de encendido en Olimpia y luego el traslado de la antorcha desde allí a Berlín. El COI aceptó la idea y el Reich la hizo suya.

Ya hay judíos que poden que no se haga este ceremonial, solo porque lo iniciaron los NS en 1936.

Pero hay más: En Japón, de cara a la organización de los Juegos Olímpicos de Tokio de 2021, están preocupados por la mala prensa que las esvásticas provocan. Las autoridades incluso debatieron la posibilidad de limitar el número de cruces gamadas budistas que se muestran en templos y, sobre todo, retirar ese símbolo de los mapas en los que se utiliza para señalar la ubicación de los lugares de culto budistas. La cruz que se utiliza en el budismo nipón es levógira —el brazo superior gira hacia la izquierda— y no está rotada, pero el Gobierno teme que los visitantes la confundan y crean que el Tercer Reich tiene sucursales por toda la capital de Japón.

Histeria total, presiones judías.

Y por si fuera poco hay esvásticas normales en Mongolia, con grupos NS. Neonazis mongoles de ‘Tsagaan Khas’, literalmente "esvástica blanca". Se pueden ver miembros de la organización, que se definen como activistas medioambientales contrarios a las relaciones interétnicas. Con fotografías que muestran a un grupo de hombres y mujeres vestidos con uniformes propios del Tercer Reich y con brazaletes adornados con la esvástica blanca sobre fondo rojo. Aparecían en minas, junto a los gers de nómadas, e incluso en tiendas de lencería.