Hace unos días mencioné yo en uno de estos artículos que vengo publicando en "El Correo de España"  la matanza de Ekaterimburgo (sin aclarar más lo que fue aquel horrendo crimen, creyendo que era de sobra conocido), y como varios lectores se han dirigido a mi queriendo saber lo que fue aquella matanza y dónde se cometió y quiénes la cometieron he creído conveniente traerla a la actualidad ... aunque sólo sea porque las nuevas generaciones vayan sabiendo lo que hicieron Hunos y Hotros para llegar a este año 2.020 del siglo XXI. En este caso el acontecimiento se produjo en la Rusia revolucionaria que llevó a los comunistas al Poder y a la implantación de la Unión de Repúblicas Soviéticas (la URSS) entre 1917 y 1920.

¿Y qué pasó en Ekaterimburgo? ¿y cuál fue la matanza de Ekaterimburgo?... Eso es lo que les voy a contar en este artículo. O mejor dicho, van a poder leer en las  dos versiones más fidedignas que he encontrado, pues no les oculto que el poderoso "Agi-prop" comunista enturbió tanto la Historia, como es su modo de "informar", que llegó un momento  que los asesinatos de la familia real rusa sólo fueron "diversiones" de unos milicianos borrachos. Les reproduzco la versión de Robert K. Massie en su gran biografía "Nicolás y Alejandra" y la más realista y trágica de Eleutir Vigo "Así fue el brutal asesinato del último Zar y de su familia"... y en este caso hasta sobran los comentarios. Eso sí, recalcar que el que ordenó la matanza fue el mismísimo Lénin, el padre del comunismo de ayer y de hoy.

Ahora, pasen y lean. Primero la versión dulce, para que no se les revuelva el estómago y luego la versión dura, muy dura, tanto que el autor recomienda que no la lean las personas débiles de carácter. 

PRIMERA VERSIÓN

Y llegamos a la gran Revolución rusa de 1917 (o mejor dicho, a las dos revoluciones rusas, ya que en verdad fueron dos las revoluciones que azotaron a Rusia ese año crucial: la de febrero-marzo, de raíz burguesa, liberal y democrática, y la de octubre-noviembre, de claro signo marxista, roja y dictatorial).

¿Qué hicieron los "revolucionarios burgueses" de Kerensky con la monarquía y con el Zar de todas las Rusias?

En primer lugar, obligan a Nicolás ll a abdicar (por cierto, que también la abdicación fue doble, ya que el Zar abdicó primero en su hijo Alexis y luego en su hermano Miguel).

Luego, hacerle prisionero del Gobierno Provisional y degradarle. Después... ¡ay, después llegaron ya los verdaderos revolucionarios con Lenin a la cabeza y Rusia se transformó en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas!

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La familia al completo.

Pero ¿cuál fue el final del zar Nicolás ll y el de toda la familia imperial?... Mucho se ha escrito sobre esto y, sin embargo, parece que la historia -hábilmente manipulada- hubiese decidido borrar de sus páginas los "sucesos" de Ekaterimburgo". Entre otras cosas porque los soviéticos, que no dudaron en acabar  con cualquier posibilidad de "retorno", echaron rápidamente mil toneladas de silencio sobre los trágicos acontecimientos de aquellas fechas...

El hecho es que la familia real rusa sucumbió en la medianoche del día 16 de julio de 1918... Tal como lo cuenta Robert K. Massie:

La ciudad de Ekaterimburgo está enclavada entre un grupo de bajas colinas, en las estribaciones orientales de los montes Urales. En la cima de la más alta de dichas colinas, cerca del centro de la ciudad, un rico comerciante llamado N. N. Ipatiev había hecho construir una  hermosa casa de dos pisos.

A fines de abril, cuando Nicolás y Alejandra fueron llevados allí desde Tobolsk, se le dieron repentinamente veinticuatro horas de plazo a Ipatiev para que desalojase dicha residencia. Y, tan pronto como lo hizo, un grupo de obreros levantó apresuradamente una alta empalizada de madera, que ocultaba la casa y su jardín a toda mirada desde la calle. Cinco habitaciones del piso superior fueron clausuradas. Los vidrios de las ventanas fueron pintados de blanco. El piso bajo fue rápidamente convertido en sala de guardia y oficinas. Y cuando quedaron terminados todos los trabajos, se le dio al edificio el ominoso nombre de la "Casa del Propósito Especial".

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El zarevich Alexei con su perro spaniel Joy, que fue el único superviviente de la matanza.

En Ekaterimburgo, Nicolás y su familia fueron tratados realmente como prisioneros. Sus guardias estaban divididos en dos grupos, separados entre sí. Fuera de la empalizada, y a intervalos a lo largo de la calle, la guardia estaba compuesta por milicianos rojos. Dentro de la casa estaba formada por tropas bolcheviques de choque, integradas por ex obreros de las fábricas Zlokazovsky y Syseretsky, de la ciudad. Todos ellos eran revolucionarios fanáticos, curtidos por años de privaciones y amarguras. Día y noche, tres de aquellos hombres, armados de revólveres, mantenían guardia fuera de las cinco habitaciones ocupadas por la familia imperial.

El día 16, el del asesinato múltiple, Yurovsky ordenó que saliese de la casa el pinche. A las cuatro de la tarde, el zar y sus cuatro hijas salieron a dar su paseo de costumbre por el jardín. A las siete, Yurovsky llamó a su habitación a los hombres de la checa y les ordenó que reuniesen todos los revólveres de los guardias externos. Con doce pesadas armas de ese tipo colocadas ante sí sobre la mesa, dijo:

Esta noche daremos muerte a la familia, sin dejar ni uno. Que se notifique a los guardias externos que no deben alarmarse cuando oigan los disparos.

La decisión fue cuidadosamente ocultada a la familia. Aquella noche, a las 10,30, todos se acostaron, ignorantes del espantoso peligro que se cernía sobre ellos. A medianoche Yurovsky los despertó, ordenándoles que se vistiesen rápidamente y bajasen. Explicó que los checos y el Ejército de los rusos blancos se estaban acercando a Ekaterimburgo, y que el Soviet Regional había decidido que la familia abandonase la casa. La familia, todavía ignorante de su destino, se vistió, y Nicolás y Alexis se pusieron sus gorros militares. Nicolás bajó la escalera con Alexis en brazos. Los demás le seguían. Anastasia apretaba entre sus brazos a su perrito Jimmy.

En la planta baja, Yurovsky los llevó a una pequeña habitación cuyo tragaluz estaba protegido por una pesada reja de hierro. Les dijo que esperasen allí la llegada de los automóviles.

Nicolás pidió unas sillas, sobre todo para su esposa, y Yurovsky hizo llevar tres, de las cuales, Alejandra ocupó una. Nicolás se sentó en otra, utilizando sus brazos y hombro para sostener a Alexis, que se tendió sentado en el asiento de la tercera silla. Detrás de su madre se agruparon las cuatro hijas, el doctor Botkin, el sirviente Trupp, el cocinero Jaritonov y la sirvienta Demidova. Ésta había bajado con dos almohadas, una de las cuales la colocó tras la espalda de la Emperatriz. La otra la retuvo apretada entre sus brazos. Dentro de ella había sido ocultada una caja que contenía una colección de joyas imperiales.

Una vez todos reunidos allí... Yurovsky volvió a entrar en la habitación, seguido por todos los hombres de la checa, armados de revólveres. Dio unos pasos hacia el grupo y declaró rápidamente:

Vuestros parientes han tratado de salvaros, pero fracasaron y ahora tenemos que daros muerte.

Nicolás, que rodeaba el cuerpo de Alexis con sus brazos hizo un movimiento como para levantarse y proteger a su esposa e hijo. No tuvo tiempo más que para decir:

¿Qué...? --cuando Yurosvky le apuntó con su revólver a la cabeza e hizo fuego.

Nicolás ll murió instantáneamente. Ésa fue la señal. Todo el escuadrón comenzó a disparar sus armas. Alejandra tuvo tiempo para alzar una mano y santiguarse, cuando cayó sin vida al recibir un proyectil. Olga, Tatiana, María, que estaban detrás de su madre, fueron alcanzadas inmediatamente después y murieron rápidamente. También cayeron Botkin, Jaritonov y Trupp. Demidova, la sirvienta, sobrevivió a la primera descarga, los verdugos la persiguieron, hiriéndola numerosas veces con las bayonetas de los fusiles que habían cogido de la habitación contigua. A saltos, intentó impedir que la alcanzasen las bayonetas, poniendo ante sí la almohada, pero por fin cayó, con más de treinta heridas en el cuerpo. El perrito Jimmy fue muerto de un culatazo de fusil que le destrozó la cabeza.

La habitación, llena de humo y de acre olor a pólvora quedó en silencio repentinamente. La sangre brotaba a borbotones de los cuerpos tendidos en el suelo. De pronto, se observó un movimiento y se oyó un débil quejido. Alexis, tendido sobre el piso y todavía apretado por los brazos de su padre muerto, movió una mano para aferrarse al cuerpo de Nicolás. Salvajemente, uno de los verdugos le propinó un feroz puntapié en la cabeza. Yurovsky se acercó y disparó dos veces, arrimando el cañón del revólver a una de las orejas del Zarevich. Y en ese momento Anastasia, que estaba solamente desmayada, volvió en sí y emitió un terrible grito de horror. A bayonetazos y culatazos los de la checa la atacaron, y unos segundos después yacía también sin vida.

¡El holocausto había sido cumplido!

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Estado en el que quedó el sótano de la casa Ipatiev después de la brutal matanza. Aún se observan las manchas de sangre en el suelo.

Los cuerpos fueron envueltos en sábanas y subidos a un camión que se había estacionado frente a la pequeña puerta del sótano. Antes del amanecer, el vehículo, con su carga macabra, llegó a los "Cuatro Hermanos" y comenzó el proceso de descuartizar y destruir los cadáveres. Cada uno de ellos fue cuidadosamente cortado en pedazos por medio de hachas y serruchos, colocándose luego todos los restos sobre una enorme hoguera, que estuvo ardiendo durante largo tiempo, alimentándose las llamas con chorros de gasolina. Cuando las hojas de las hachas cortaban ropa y carne, muchas de las joyas allí cosidas fueron aplastadas y los fragmentos se desparramaron por entre el alto pasto, o quedaron enterrados en el barro. Como era de esperar, muchos de los huesos mayores resistieron el fuego y tuvieron que ser disueltos en ácido sulfúrico, proceso que no resultó, por cierto, fácil ni rápido.

Durante tres días, los asesinos de Yurovsky trabajaron en aquella macabra tarea. Finalmente, las cenizas y residuos fueron arrojados a la pequeña laguna que las lluvias habían formado en el fondo de la galería de la mina. Y tan satisfechos quedaron los asesinos de haber hecho desaparecer todo rastro de sus víctimas, que Volkov, el miembro del Soviet de los Urales que había comprado la gasolina y el ácido sulfúrico, declaró orgullosamente:

El mundo no sabrá jamás lo que hicimos con ellos.

 

*Pie de página: La "matanza" de Ekaterimburgo, decidida por el Consejo Divisionario de Diputados de los trabajadores, Campesinos y Guardias Rojas de los Urales, fue aprobada y ratificada por el Presidium del Comité Central de todas las Rusias bajo el control de Lenin el 18 de julio de 1918.    

SEGUNDA VERSIÓN

 

 Hay algunos mitos sobre la Revolución Rusa que aún se siguen extendiendo hoy en día en nuestra sociedad. Uno de ellos es que los comunistas derrocaron al Zar para emancipar al pueblo ruso, y el otro es que el asesinato de la familia imperial fue el único crimen cometido por los bolcheviques. No es verdad. La Revolución Rusa estalló el 8 de marzo de 1917. El Zar abdicó el día 15. Se estableció un Gobierno provisional, encabezado hasta el 21 de julio por el progresista Gueorgui Lvov y después por el social-revolucionario Aleksandr Kerenski. El 6 de noviembre de 1917 los bolcheviques dieron un golpe de Estado que liquidó la recién nacida democracia rusa, un golpe conocido hoy como Revolución de Octubre (en Rusia estaba vigente entonces el calendario juliano). Poco después, Lenin disolvió la asamblea, prohibió los demás partidos y dio paso a una dictadura que duraría más de siete décadas y que protagonizaría uno de los peores genocidios de la historia.

La dictadura comunista acabó siendo mucho peor que el zarismo

Como ya expliqué en 2016, Lenin encabezó una dictadura que asesinó a más de un millón de personas por motivos políticos o religiosos en seis años, utilizando las más horrendas torturas, reprimiendo salvajemente huelgas de obreros y campesinos, asesinando a decenas de miles de prisioneros y provocando la muerte por hambre de entre 3,9 y 7,75 millones de personas. El régimen zarista no era democrático, sino que era una monarquía absoluta que tenía a su servicio una policía secreta, la temida Ojrana, que en su apogeo llegó a tener 15.000 agentes. Lenin superó con creces ese aparato represor con su bestial policía política, la Cheka, que a finales de 1918 ya tenía 40.000 agentes y dos años más tarde 280.000. En sólo tres años, los bolcheviques multiplicaron por 18 el aparato represivo del zarismo. El comunismo acabó siendo mucho peor que la monarquía.

La detención del Zar y su familia y su traslado a Ekaterimburgo

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Las cuatro hijas del Zar durante el cautiverio en Tsarskoye Selo, cerca de Petrogrado, en la primavera de 1917. De izquierda a derecga: María, Olga, Anastasia y Tatiana. Las chicas aparecen acompañadas por el perro spaniel de Anastasia, Jimmy (izquierda), y el bulldog de Tatiana, Ortino.

Tras su abdicación, el Zar y su familia, los Romanov, fueron recluidos en el palacio de Tsarskoye Selo, cerca de Petrogrado (la actual San Peterburgo). Aunque Kerenski abrió la puerta a que el Zar y su familia se exiliasen a Inglaterra (Nicolás II era primo del Rey Jorge V), los comunistas se opusieron. Por temor a que los Romanov fuesen asesinados por los bolcheviques, Kerenski decidió enviarlos a Tobolsk, en la remota Siberia, un territorio en el que aún había muchos simpatizantes de la monarquía. Tras el golpe bolchevique a comienzos de noviembre y el derrocamiento de Kerenski, los comunistas apresaron a los Romanov y en abril los condujeron a Ekaterimburgo, en los Urales. Fueron recluidos en la casa Ipatiev, una mansión incautada a un comerciante, y recibieron desde entonces un trato considerablemente peor al que les había dispensado el Gobierno provisional. El 16 de julio, el dictador Lenin envió desde Moscú la orden de ejecutar a los Romanov.

Un horrendo asesinato en base a una condena sin juicio previo

En la noche del 16 al 17 de julio de 1918, ya pasada la medianoche, un pelotón de nueve bolcheviques encabezado por Yákov Yurovski (otros tres, de origen letón, se negaron a participar en el asesinato de mujeres y niños) condujo al sótano de la casa Ipatiev a la familia Romanov, al médico de la corte, el doctor Yevgueni Botkin, al mayordomo Alexei Trupp, a la asistenta Anna Demidova y al cocinero de la familia, Ivan Kharithonov. Cada uno de los bolcheviques tenía previamente encomendado el asesinato de cada una de sus víctimas. Una vez llegaron al sótano, Yurovski les leyó la orden de ejecución, dirigida al Zar, bajo el pretexto de que "tus parientes continúan con su ataque a la Rusia soviética". Fue una condena dictada sin juicio alguno. El Zar, incrédulo ante lo que acababa de escuchar, preguntó "¿qué, qué?" Yurovski leyó de nuevo la orden. A continuación, él mismo asesinó a Nicolás de un disparo con su pistola. Los otros bolcheviques también dirigieron sus primeros disparos contra el Zar (de 50 años de edad), que murió acribillado. El humo de los primeros disparos y el polvo del yeso desprendido por los balazos sembraron el caos en la habitación, provocando que los disparos de los bolcheviques fuesen imprecisos. Tras la primera ronda de disparos, todos los hijos del Zar aún estaban vivos.

El zarevich Alexei, de 14 años, que estaba enfermo y había sido sentado en una silla, fue uno de los primeros objetivos de Yurovski. Tras recibir un disparo el niño quedó moribundo, pero todavía sentado. Uno de los bolcheviques, Grigory Nikulin, descargó todo el cargador de su pistola contra el niño. Otro de los asesinos, Peter Ermakov, que estaba borracho, también disparó contra el niño y además le apuñaló con una bayoneta. A pesar de todo, el niño seguía con vida y el jefe del pelotón bolchevique, Yurovski, remató al niño con dos disparos en la cabeza.

La esposa del Zar, Alejandra (46 años), fue asesinada por Peter Ermakov de un disparo en la cabeza. La hija mayor del Zar, Olga (22 años), también murió de un disparo en la cabeza cuando intentaba santiguarse. La segunda de las hermanas, Tatiana (21 años) fue la última de la familia en morir. Tras recibir varios disparos, y como aún no había muerto, Yurovski la remató de un tiro en la parte posterior de la cabeza. La tercera hija, María (19 años), intentó huir corriendo hacia las puertas al iniciarse los disparos, siendo alcanzada por un tiro en un muslo. Tanto María como su hermana Anastasia (17 años), que también resultó herida, fueron rematadas a tiros y a bayonetazos. Según los testimonios de los asesinos, una de las niñas gritó cuando los cuerpos estaban siendo retirados. Ermakov la mató clavándole una bayoneta en el pecho y disparándole a la cabeza.

Sólo hubo un superviviente: Joy, el perro de Alexei

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Un grupo de bolcheviques de los Urales en una foto supuestamente tomada en el lugar del enterramiento de los Romanov, en el bosque de Koptyaki.

El doctor Botkin fue asesinado por Ermakov, que tenía instrucciones de disparar al pecho, a la altura del corazón, para provocar una muerte rápida a causa de la hemorragia. La asistenta Anna Demidova sobrevivió a la primera ronda de disparos, pero fue rematada con una bayoneta cuando trataba de defenderse de sus asesinos. El mayordomo Alexei Trupp y el cocinero de la familia, Ivan Kharithonov, estuvieron posiblemente entre los primeros en caer en esta matanza, en la que sólo sobrevivió el perro spaniel del zarevich Alexei, Joy, que estaba ciego. Se había escondido durante el tiroteo y escapó de la casa cuando los cuerpos de los asesinados fueron retirados por los bolcheviques. Cuando ocho días más tarde el Ejército blanco llegó a Ekaterinmburgo, se encontraron con el perro rondando la casa Ipatiev. Un coronel británico, Paul Rodzianko, que acompañaba a los blancos, rescató al perro, que acabó sus días en Inglaterra.

El aberrante trato que los comunistas dieron a los cadáveres

La salvaje ejecución duró unos 20 minutos. Se dispararon unas 70 balas. Tras el asesinato, los cuerpos de las víctimas fueron llevados en un camión hasta el bosque de Koptyaki, donde un grupo de secuaces de Ermakov, borrachos como él, se enfurecieron al enterarse de que los prisioneros ya habían sido asesinados, pues habían previsto que les ejecutarían ellos después de violar a las mujeres. Dos de los miembros de este grupo de enterradores, compuesto por personajes que sólo merecen ser calificados como gentuza, levantaron la falda de la zarina Alejandra y le tocaron los genitales, entre mofas. Yurovsky les encañonó con su arma dándoles la orden de apartarse. Los cadáveres fueron desnudados, quemándose la ropa. A continuación los cuerpos fueron arrojados a un pozo y se vertió sobre ellos ácido sulfúrico para que no pudiesen ser identificados si los localizaba el Ejército blanco. No satisfecho con esto, Yurovsky arrojó varias granadas de mano a la fosa.

El detective ruso Alexander Avdonin y el cineasta Geli Ryabov localizaron la fosa a finales de mayo de 1979. Como aún se mantenía la dictadura comunista y no encontraron a ningún científico que aceptase examinar los restos, decidieron volver a cubrir la tumba. Durante décadas se especuló con la posibilidad de que Anastasia hubiese sobrevivido, llegando a convertirse casi en una leyenda. En 1991 funcionarios soviéticos exhumaron de forma oficial los restos, con tan poco cuidado que destruyeron pruebas valiosas para la identificación de los restos.

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El Zar Nicolás II durante su cautivero en Ekaterimburgo, en julio de 1918, poco antes de ser asesinado por los bolcheviques. Los centinelas del fondo seguramente formarían parte del pelotón que asesinó a Nicolás y a su familia.

La canonización y la rehabilitación de los Romanov en la Rusia postcomunista

Tras la caída del comunismo, justo cuando se cumplían 80 años después del crimen, el 17 de julio de 1998, el Gobierno ruso trasladó los restos hallados en la fosa a la Catedral de San Pedro y San Pablo, en San Petersburgo. Los féretros de los cuerpos hallados hasta el momento fueron portados a hombros por oficiales del Ejército ruso, y la comitiva fúnebre recibió los honores de la tropa, presentando sus armas ante los ataúdes. El féretro de Nicolás fue cubierto con la bandera imperial rusa y con un sable. Los restos de Alexei y de una de sus hermanas, supuestamente María, fueron localizados en 2007 en Koptyaki.

En agosto de 2000, la Iglesia Ortodoxa de Rusia anunció la canonización del Zar y de su familia. Ese mismo año se inició la construcción de la Iglesia de Todos los Santos en Ekaterimburgo, levantada en el lugar donde se encontraba la casa Ipatiev en la que fueron asesinados los Romanov. En 2008, el Tribunal Supremo de la Federación Rusa dictó una sentencia rehabilitando al Zar Nicolás II y a su familia y declarándoles víctimas de la represión política de la dictadura comunista.

Y lo dicho, yo no quito ni pongo Rey, pero ayudo a mi señor y mi señor será siempre la verdad y la Historia (o la intraHistoria).

 

   

Julio MERINO

Periodista y Miembro de la Real Academia de Córdoba