De siempre, el atraque al puerto coruñés de un buque de guerra sea de nuestra Armada o de cualquier otra Marina militar, ha despertado gran expectación entre los coruñeses que, en gran número, se han acercado a la zona portuaria, especialmente a los muelles de “Méndez Núñez” y del “Almirante Vierna” -al menos esos eran los nombres que ostentaban antes-, para ver de cerca los buques allí surtos.

Sin embargo, al menos desde que nosotros tenemos memoria de ello, no han sido muchos los Submarinos que han recalado en el puerto coruñés y los que lo han hecho han despertado enorme curiosidad entre la población, ávida de ver de cerca este tipo de barcos.

Tal vez, por lo infrecuente de estas visitas y mucho más en aquellos años, la atención y la mirada de todos los coruñeses se volvió hacia el puerto entre los días 26 y 31 de julio de 1928, con motivo de la arribada de una flotilla de Submarinos pertenecientes a la Armada, acompañados del Remolcador de Altura “Cíclope”.

Así, el día 26, procedentes de San Fernando, entraron en el puerto coruñés los Submarinos B-2, B-3, B-4, B-5, B-6, C-1 y C-2, en unión del Remolcador citado, al mando del Capitán de Navío Mateo García de los Reyes, auténtico pionero y organizador del Arma Submarina de la Armada, quien, tras ser ascendido al empleo de Contralmirante, en octubre de este año de 1928, fue nombrado Ministro de Marina por el General Primo de Rivera.

Se da la curiosa circunstancia que, el día 25, habían arribado a nuestro puerto los Submarinos de la Marina francesa “Siréne” y “Nymphe”, que quedaron atracados en el malecón de la dársena de El Parrote, por tanto, con la presencia, a la vez, de un total de nueve sumergibles, puede que se trate de la mayor concentración de barcos de estas características en la historia del puerto coruñés.

A esta fecha, la División de Submarinos de la Armada estaba integrada por los A-0 (Isaac Peral), A-1 (Narciso Monturiol), A-2 (Cosme García), A-3, pertenecientes a la clase “A”, aunque el A-0 no era gemelo de los otros de la clase; los B-1, B-2, B-3, B-4, B-5, B-6, formando la clase “B” y C-1 y C-2, dados de alta este mismo año de 1928 y pertenecientes a la clase “C” que llegaría a estar integrada por seis unidades -C-1, C-2, C-3, C-4, C-5 y C-6.

Adscritos a esta División naval se encontraban el buque de salvamento “Kanguro”, un buque-dique de rescate de Submarinos, construido en Holanda, con capacidad para izar con sus grúas y alojar en su dique un Submarino de la clase “A”, que no concurrió a la cita coruñesa, y el Remolcador de Altura “Cíclope”, este último presente también en La Coruña.

El Remolcador de Altura “Cíclope”

 

El primer buque dado de alta en el Arma Submarina española fue el A-0 (Isaac Peral), modelo “Holland”, construido en los Estados Unidos en 1916 y recepcionado por la Armada al año siguiente. Un barco con un desplazamiento en inmersión 742 tn; una eslora de 57,95 m.; 5,8 de manga y 4,80 de calado. Potencia de 600 cv y un andar, en inmersión, de 10 nudos. Disponía de cuatro tubos lanzatorpedos a proa de 450 mm. La cota máxima de inmersión era de 50 m. Su dotación la integraban 24 hombres y fue dado de baja en 1932.

Ese mismo año, se le unieron los restantes de la clase A, tres Submarinos –A-1, A-2 y A-3- construidos en Italia por la firma Fiat San Giorgio, siendo las tres últimas unidades, de una serie de veinticuatro, de la clase “F” de la Regia Marina.

Estos barcos, desplazaban en inmersión 316,5 tn.; con una eslora de 45,63 m.; manga de 4,22 y calado de 3,11 m. Con una potencia en inmersión de 500 cv que le permitía un andar, bajo el agua, de 8,5 nudos. Su cota máxima era de 45 m.; su armamento consistía en dos tubos lanzatorpedos de 450 mm. y su dotación de 20 hombres.

Ninguno de estos barcos arribó en esta fecha a nuestro puerto; sin embargo, si lo hizo la mayor parte de la clase B, compuesta por seis Submarinos, autorizados también en este 1917 y construidos por la Sociedad Española de Construcciones Navales (SECN), en su factoría de Cartagena, basados en el tipo americano F-105B, “Holland” mejorado. Los seis integrantes de la serie entraron en servicio entre 1922 y 1926.

Desplazaban entre 716 y 718 tn., en inmersión; eslora de 64,18 m.; manga de 5,60; puntal de 5,18 y 3,55 m. de calado. Disponían de cuatro tubos lanzatorpedos de 450 mm. Dos motores diesel con una potencia de 700 cv., que le permitían una velocidad de 10,5 nudos en inmersión, con una cota máxima de 60 m. Su dotación era de entre 28 y 34 hombres.

En cuanto a la clase C, compuesta por seis unidades, que se encontraba en fase construcción, las dos primeras que habían sido entregadas a la Armada, los C-1 y C-2, estuvieron presentes en La Coruña.

Estos barcos, del modelo 309-A de la Electric Boat, fueron construidos por la SENC en su factoría cartagenera. Con un desplazamiento de 1.144 tn. en inmersión. Su eslora, mayor que los anteriores, era de 73,3 m.; manga de 6,3 y calado de 4,7. Montaban seis tubos lanzatorpedos de 533 mm. Dos motores diesel Vickers con una potencia de 1.000 cv., que le proporcionaban un andar en inmersión de 8,5 nudos y su dotación era de 40 hombres. Los dos últimos de la clase fueron entregados en 1930.

Al mando del C-2 venía el Capitán de Corbeta Pablo Ruíz Marset, quién comandando el B-6 había batido el récord de permanencia en inmersión, manteniéndose 72 horas seguidas sumergido.

Por lo que respecta al Remolcador de Altura “Cíclope”, había sido botado en Glasgow en 1919 y entregado a la Armada en 1921. Con una eslora de 43,50 m.; manga de 8,84 y calado de 4,50. Con una potencia de 1.200 cv., y una dotación de 36 hombres.

Con relación a los Submarinos de la Armada, presentes en esta fecha en La Coruña, señalar que los integrantes de la clase B, participaron en su totalidad en la guerra civil en el bando del Frente popular, corriendo suerte dispar.

Los B-2, B-3 y B-4, a la conclusión de la contienda se encontraban semihundidos en la Base Naval de Cartagena. Peor suerte corrió el B-5 que desapareció, en abril de 1937, en aguas de Estepona sin que se conozcan con exactitud las causas, aunque se han barajado varias hipótesis que van desde el sabotaje, hasta una avería, pasando por haber sido hundido en combate; en cuanto al B-6, fue hundido por los Remolcadores armados “Galicia” y “Ciriza”, a los que, más tarde, se unió el Destructor “Velasco”, en la zona del Cabo Peñas, en septiembre de 1936.

Los que sobrevivieron a la guerra, se mantuvieron en servicio, con diferentes cometidos, hasta principios de los años 40, siendo el más longevo el B-2 que fue desguazado en 1952.

Por los que respecta a los dos de la clase C -C-1, renombrado como “Isaac Peral”, y C-2-, surtos en aquellas fechas de 1928 en el puerto coruñés, ambos participaron en la contienda civil, fueron sin duda, los que mejor suerte corrieron de todos los de su clase.

Los seis integrantes de la clase C, combatieron en las filas de la Marina frente populista, resultando hundidos los C-3 (1936), C-5 (1936) y C-6 (1937). Por lo que respecta el C-4, se hundió en 1946, al ser abordado por el Destructor “Lepanto”.

Por su parte, los C-1 y al C-2, presentes en el puerto coruñés, sobrevivieron a la guerra civil y fueron dados de baja en 1950 y 1951, respectivamente.

Tampoco corrió mejor suerte el Remolcador “Cíclope” que naufragó, en las proximidades de la isla pontevedresa de Ons, en octubre de 1952, pereciendo su Comandante y seis miembros de la dotación.    

En cuanto a los dos Submarinos de la Marina gala, señalar que ambos pertenecían a la clase “Siréne”, integrada por cuatro unidades -Siréne, Naiade, Galatée y Nymphe-, dos de los cuales se encontraban, en estas fechas, en aguas coruñesas.

Construidos entre 1925 y 1927, por tanto, de muy reciente entrega a la Marina francesa, desplazaban 757 tn., en inmersión; contaban con una eslora de 64 m.; una manga de 5,2 y un calado de 4,3 y una velocidad en inmersión de 7,5 nudos. Con una dotación de 41 hombres. Montaban siete tubos lanzatorpedos de 550 mm.

El ”Nymphe”, fue dado de baja en 1938, en cuanto al “Siréne”, participó en la II Guerra Mundial, con la Marina gala, resultando hundido en un ataque aéreo en junio de 1944.

Volviendo a la estancia de la flotilla de Submarinos de nuestra Armada en La Coruña, que sirvió para que los coruñeses conociesen de primera mano el incremento del potencial naval de España, durante los días que duró la visita fueron muchos los actos que se celebraron, destacando recepciones oficiales, actos sociales, visita de los coruñeses al interior de los barcos e incluso un encuentro de fútbol, en el campo de Monelos, entre una selección de marineros de la flotilla, entre los que se encontraban algunos jugadores del Cartagena C.F., y el equipo coruñés Emden que concluyó con el triunfo de los locales por doce tantos a cero.

El día 31 de julio, la flotilla levó anclas y puso rumbo al Arsenal de Ferrol, dando por terminada la estancia en nuestro puerto.

Como curiosidad, señalar que la primera de las fotografías que ilustran estos comentarios, en la que se aprecia a los Submarinos abarloados, está tomada en el puerto coruñés y al fondo de ella se observa la imponente imagen del Banco Pastor, situado en el inicio del Cantón Pequeño, considerado, hasta 1929 en que se construyó el edificio de la Telefónica de la Gran Vía madrileña, como el inmueble más alto de España.