Sin embargo, lo peor no fue la caída y rotura de huesos, lo peor vino después, cuando a los pocos meses de inmovilidad y reposo, una mañana se despertó con escalofríos, dolor de cabeza y fiebre muy alta. Naturalmente Egilona se alteró y enseguida hizo que vinieran los médicos... y los médicos, tras examinarlo, comprobar la fiebre y el pulso, se llenaron de dudas, pues no vieron claro el origen de esos males. Aunque uno de ellos señaló que podía ser un ataque de "fiebres negras" y en previsión mandó que le preparasen con urgencia un caldo con carne de puerco, canuezas y alcaparras, y recomendó que con la máxima rapidez se fuese a buscar a un compañero suyo que enseñaba en el hospital de Montpensier y era el máximo estudioso de esta enfermedad.

-         -Señora, es fundamental que tome el caldo que le he recomendado al menos tres veces al día y que no se pare de aplicarle paños fríos en la frente.

A pesar de esto, y transcurridas varias horas, Egilona comprobó que estaba ardiendo, que apenas si podía respirar, que se convulsionaba con escalofríos y se asustó... y preocupada, nerviosa, apurada y sin dejar de aplicar los paños de agua fría a la frente mandó que fuesen a buscar al médico León Hebreo y que avisasen a los hijos.  Así pasaron 24 horas más y las fiebres fueron subiendo y Pelayo comenzó a quejarse de un fuerte dolor de cabeza, de dolores musculares y además comenzó a vomitar. El doctor Hebreo y sus compañeros ya lo tuvieron claro: eran "fiebres negras", las más dañinas para el organismo y para convencerse le hicieron una pequeña sangría y la sangre confirmó sus temores, se estaba transformando en agua y su cara iba tomando un color amarillento preocupante, pues ello indicaba que el foco principal había invadido el hígado. ¡Y los médicos se asustaron!. A pesar de los caldos y de los demás cuidados el enfermo iba a peor y al anochecer del segundo día la fiebre abrasaba su cuerpo y hasta comenzó a delirar, y devolvía todo lo que se le daba. Parecía que el estomago también se había sublevado. Las convulsiones aumentaban por momentos y un frio intenso dominaba su cuerpo, que ya estaba casi en estado de coma. Sin saber qué hacer ya, los médicos consideraron que el mejor modo de suprimir aquel frio tan intenso era darle calor humano y le recomendaron a Egilona que se metiese con él en la cama desnuda, y ni así mejoró... y ya comenzaron a temer lo peor. Tanto que Egilona, Ermesinda, Egiberta y Froiluba, que habían llegado acompañadas de Favila,  Alfonso de Cantabria y el milenario Orosio, se refugiaron a rezar en la capilla de Palacio y hasta llamaron al Beato de Liébana, su confesor desde jóvenes.

Y fuera llovía, llovía, llovía, llovía...pero Pelayo se resistía a morir... y cuando ya lo daban todo por perdido llegó de Montpensier el doctor Marcel Prudens, el especialista en "fiebres negras" más famoso de las Galias y nada más ver y observar al enfermo confirmó los temores de los médicos que atendían a Pelayo. Y con urgencia sacó de sus alforjas unas cortezas de árbol (después les explicaría que eran de un árbol de las familias de las rubiáceas que nacen en los Vosgos y en la "Selva Negra") y mandó rasparlas y mezclarlas con melón y casi artificialmente le hicieron tragar aquella mezcla. Según el médico franco la quina que contiene esas cortezas son el mejor remedio conocido contra las "fiebres negras", pero a pesar de este brebaje el organismo de Pelayo no reaccionaba y fue cuando los médicos comenzaron a temer por su vida

Sin embargo, al tercer día de estar ingiriendo aquel brebaje del médico venido de las Galias se produjo el milagro, el enfermo Pelayo abrió os ojos y hasta quiso hablar, y desaparecieron los escalofríos y dolores de cabeza. Un milagro casi completo, porque cinco días después, el "Princeps" se había recuperado, se había levantado de la cama y hasta se había atrevido a dar un paseo por los jardines de palacio. Las "fiebres negras" habían desaparecido como por ensalmo y el médico León Hebreo quiso levantarle un monumento al doctor Prudens.

Pero, no solo respiraron "Gina" y sus hijos, sino toda la Asturica. Porque la peligrosa enfermedad de Pelayo había conmovido a los astures y muchos se habían acercado hasta la cueva de Covadonga para rezarle a la "Santina".

Y así pasaron varios meses.

-         -Bueno, "Princeps", de esta os habéis librado –dijo el médico León Hebreo-, pero no olvideis que las "fiebres negras" son muy traicioneras y que lo mismo que se van vuelven... y además lo hacen sin avisar. Y tenga también en cuenta que el remedio de la quina que recomendó el doctor Prudens alivia la enfermedad, pero no la cura. Por tanto, es fundamental la alimentación. Hay que evitar a toda costa aquellos alimentos que puedan provocar reacciones peligrosas en su organismo. Así que le hemos preparado un plan de comidas y de horarios que tendrá que seguir a rajatabla y estar siempre en guardia.

La "dieta negra", que así la llamó en broma el propio Pelayo, era ésta: el desayuno se compondría de un vaso de zumo de naranja, cuatro huevos de paloma cocidos con vino blanco y seis "amasuelas"* y dos copas de vino espumoso. A media mañana y después de un largo paseo deberá tomar unas tiras de jamón muy curado y cuatro ancas de rana a la plancha o fritas con aceite puro de oliva y una copa de vino "tostadillo" del que hacen los monjes del Monasterio de Santo Toribio.

La primera comida fuerte, o sea la del medio día, tiene que ser muy variada, muchos pequeños platos y todos distintos: muslos de perdiz, riñones de cerdo, tiras de merluza, pechuga de paloma, tacos de solomillo de ternera, pechuga de zorzales, arroz a su gusto, lomos de lubina o de salmón, lonchas de lacón, anchoas del cantábrico, picadillo de pimientos y cebollas y de postre frixuelos y arroz con leche.

La comida segunda, siempre sobre las 6 de la tarde, tendrá que ser parecida, aunque menos abundante, y con mucha frutas y verduras. Una cena frugal con sopa de arroz con jamón o menudillo de cerdo y tortitas de camarones... y más arroz con leche.

 

*"Amasuelas" – Almejas

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- -"Gina", amor tengo frio...

- -Pelayo, déjate de bromas y sigue leyendo.

- - Sí, por eso tengo frio. Estoy leyendo la historia de Abisag el rey David y me está dando frio.

- - Pues, ya sabes, búscate una Abisag.

- -Ya la tengo, tú eres mi Abisag

- -No, yo, en todo caso, sería tu Betsabé.

- -Bueno, pues tengo frio.

- -Ahora no, Pelayo, ahora no... tengo que podar los rosales.

- -Me duele la cabeza y tengo escalofríos.

 -- No juegues con cosas serias, Pelayo.

- -Vale, pero escucha, mira lo que dice el libro de los reyes:

"1 Ahora, como el rey David era viejo y de edad muy avanzada, aunque se le arropara mucho no se le podía calentar.

2 Y sus servidores se dijeron: Buscaremos para el rey nuestro señor una doncella a fin de que esté junto a él y durmiendo sobre su seno le caliente al rey nuestro señor.

3 Y buscaron en todas las tierras de Israel una moza hermosa y se la llevaron al rey.

4 Era una moza muy hermosa, que dormía junto al rey y le servía y el rey no la reconoció"

 

-         -Eso está muy bien, pero tú no eres un viejo, tú no eres el rey David.

-         - Pues, me gustaría serlo. Una moza muy hermosa. Eso eres tú.

-         - Pelaaayo, que ahora no.

-         - Vale, pero dilo, di que ya no me quieres.

-         -No digas tonterías, yo te adoro.

-         - ¿Ah, sí? pues escucha –y Pelayo siguió leyendo.

 

-               Señora, Majestad, esta joven es Abisag, las sunamita, la que en Babel llaman la "Diosa del Fuego".

-               Joven, acércate ¿Qué edad tenéis?

-               Señora, 16 años.

-               ¿Sabéis a lo que venís?

-               Si, Majestad, lo sé.

-               ¿Y os ha explicado el "físico" para que recurrimos a vuestros dones?

-               

-               ¿Y creéis que podéis hacer algo por el Rey, mi marido?

-               Señora, desde muy niña, mi Diosa me concedió poderes que yo considero especiales y gracias a esos poderes yo he sanado a muchas personas mayores e incluso a muchos jóvenes. Mi cuerpo, dicen, irradia calor, un calor curativo que consigue hacer sanar a muchos enfermos.

-               ¿Y cuál es tu Diosa, Abisag?

-               "Ninfú", la Diosa de la Vida, la diosa que cura las enfermedades y mitiga los males de todos los seres que viven sobre la tierra y bajo las aguas.

-               Está bien, joven Abisag, sois más bella de lo que yo podía imaginar.

-          Pero, cuando de verdad pude comprobar su gran belleza fue cuando se desnudó por primera vez para meterse en la cama con mi David, porque entonces comprobé que además de bella era extraordinariamente hermosa... y confieso que sentí envidia y hasta me preocupé. Quizás porque vi como se le alegraban los ojos a David.

-          Y durante unos días pareció que la "Diosa del Fuego" conseguía su objetivo, pues David recuperó, al menos, el brillo de sus ojos, aquel brillo que cautivaba a quien se atreviera a mirarlo, y no sólo eso, sino que pareció olvidarse del frío y hasta las fiebres le desaparecieron. ¡Y qué hombre no habría reaccionado como David ante un cuerpo esplendoroso, hermoso y bello como el de la "niña" sunamita! La verdad es que hasta yo misma veía a la joven desnuda y temblaba... Así que también mi alma respiró y llegué a pensar que la Diosa de la sunamita tenía más fuerza que el propio Yavé. Aunque no sé si consiguió en algún momento hacer el amor con mi David...

-            Pero, aquellos días y aquellas madrugadas que la joven se pasaba con David en la cama y desnuda sólo fueron un espejismo, otra vel espejismo de los sedientos del desierto...Porque volvió el frío y volvieron las fiebres y eso volvió a desconsolarme, tanto que ya hubo días que yo me metía en la cama con ellos dos para tratar de calentarle"

 

Y así pasaban los días y los meses. Pelayo había recuperado su salud y sus ganas de vivir, y hasta su vitalidad de hombre. Se pasaba los días de jardinero, leyendo, paseando y recibiendo visitas de amigos... y "Gina" era feliz.

Pero, también los árabes seguían allí y eso no lo podía olvidar Pelayo. Así que en cuanto se sintió recuperado de las "fiebres negras" volvió al tajo y su tajo era Hispania, y por ello citó a los Duques de Lugo y de Cantabria, a su hijo Favila y al milenario Orosio... y como no, con la presencia de "Gina".

-         -Queridos –dijo en cuanto los tuvo ante sí un día ya del 736-, me gustaría saber cómo van las cosas. Ya me siento bien.

-         - Señor –y el Duque de Cantabria, como siempre, fue el primero en hablar-, no tan bien como desearíamos. Los árabes, por lo que se ve, vuelven a estar fuertes. A pesar de ello ya hemos llegado hasta Zamora y el Douro.

-         - ¿Sí?

-         -¿Y tú qué dices Orosio?

-         - Majestad, sí, es cierto lo que dice Don Alfonso. Los bereberes han resurgido y el nuevo califa de Damasco, al parecer, les respalda.

-         -Pero ¿cómo ha ido lo de nuestras "guerrillas"?

-         -Señor, bastante bien, por ahí estamos satisfechos. –intervino de nuevo el Duque de Cantabria, que además era el Primer Espatario del Reino- Como le informé en su momento, y antes de caer enfermo, pusimos en marcha 10 "guerrillas" de 100 hombres cada una y hemos dado más de 100 golpes de mano.

-         - ¿Dónde y con qué resultados? – preguntó interesado Pelayo.

-         -Bueno, así de memoria, le puedo citar algunos: Arcos, Talaytuba, Baeza, Vera, Polei, Satiba, Carmo, Asidona, Tous, Is-Rand Onda... y muchas más.

-         - ¿Con cuantas bajas?

-         -Unas cien.

-         -Son muchas.

-         -Señor, actuar en la retaguardia de un enemigo fuerte es peligroso.

-         -Los espías. Hay que tener espías en todas partes Alfonso, hay que saber cómo está, cómo vive, cómo se mueve, cómo piensa el enemigo. Esos infieles no son mejores que nosotros... y si nos vencieron en Guadalete no fue porque fuesen mejores, ya lo sabéis.

-         - Señor –intervino el milenario Orosio –el problema es que los nativos colaboran poco, parece como si hubiesen aceptado a los árabes como a otros cualquiera. Y muchos hasta se están convirtiendo al Islam.

-         - Eso no os debe sorprender –dijo rápido Pelayo-. Son hispanos... y como tales lo único que quieren es vivir en paz y vivir bien... y si es posible sin trabajar. Pero, no hay que desfallecer. Mientras haya un infiel en nuestra Patria tenemos que seguir luchando. ¿Y la Gallaecia, querido Duque de Lugo, cómo va?

-         - Señor, no nos podemos quejar –respondió el joven abriel de la Maza, Duque de Lugo--. Hace menos de un mes hemos tomado Oporto, la capital del Norte de la Lusitania, y todo su contorno. Nuestras fronteras con los árabes de Al-Ándalus ya están en el Douro. Además, con nuestras tropas van los nuevos colonos. O sea, que conquistamos y repoblamos al mismo tiempo.

-         - Eso está bien, querido Duque de Lugo, pero habláis de conquista y yo creo que deberíais hablar de Re-conquista, pues no podéis olvidar que esos territorios eran de nuestros antepasados.

-         - Sí Señor, lleváis razón.

-         -Pues no os detengáis, hay que llegar a Toledo, Córdoba, a Granada, a Málaga... sí, mientras quede un árabe en Hispania no debemos descansar.

-         -Señor, ese es también mi pensamiento.

-         - Y nuestra Asturias ¿cómo va, señor Gobernador? –dijo dirigiéndose con cariño a su hijo Favila.

-         - Señor, se hace más de lo que se puede. Pero, no nos podemos quejar, el problema mayor que tenemos es el de la población. Asturias necesita más mano de obra y acabar con la despoblación. Es una pena que muchos de nuestros verdes valles y casi todas nuestras montañas estén deshabitadas y... yo diría que vírgenes. Tierras que bien trabajadas serian una fuente de riqueza, y lo mismo digo de nuestros bosques y nuestros ríos.

-         - Sí, hijo mío, es una pena. Por tanto, quiere decir que tenemos que hacer algo, o mucho, para atraer familias de fuera. Yo creo, Favila, que deberías "pescar", y digo pescar porque ya sabes que para que el pez pique hay que ponerle cebo, en campos extraños. Yo ofrecería terrenos, viviendas y hasta, si es posible, una pequeña ayuda económica para aquellas familias que decidan venir... y lo haría no sólo en los territorios hoy dominados por esos infieles, sino también por las Galias de los francos, por la Germanía, por la Bretaña, por el Piamonte... no sé, pero hay que hacer algo. Así que no duermas mientras te quede un valle verde virgen.

-         -Lo haré, padre, por lo demás estoy contento, ya que hemos avanzado mucho en la lucha contra la mortalidad infantil, las presas del Sella, el Nalón y el Deva se terminaron y ya hay otras en construcción, la escolaridad de los niños está mejorando, aunque no al ritmo que deseamos, pero mientras las aldeas estén tan desperdigadas es casi imposible mejorar más... También avanzamos en la construcción de iglesias y monasterios, y de caminos y carreteras. Respecto a las primeras puedo decirle que ya están en marcha o en estudio la de la Vera Cruz, en Cangas, la de Santa María del Naranjo, la Santa Cristina de Lena, la de San Miguel de LLirio...

-         - No sigas, Favila, todo lo que dices me alegra, porque tenemos que conseguir que nuestros Reinos sean un manjar apetecible. Bueno, creo que por hoy ya está bien. Ahora a comer, que, según me ha confesado un pajarito, hoy vais a comer el mismo menú del "Princeps" Don Pelayo, o sea la "dieta negra"... Ja Ja Ja... - ciertamente Pelayo parecía recuperado del todo.

Recuperado y activo. Porque en cuanto se vio bien convocó una reunión del "Concilius Regis" con carácter extraordinario, pues quería cambiar algunas cosas de la Lex Visigothorum antes de morir (fueron sus palabras a "Gina")... y allí estuvieron los "Comes" del Patimorium, el Thesaurorum, el Notariorum, el Spatariorum, el Stabulii, el Cubiculii, el Scanciarum, el Mariorum, y el Exteriorum.

- Señores -comenzó diciendo Don Pelayo-, les he reunido para que me ayuden a realizar los cambios de la Lex Visigothorum por la que nos regimos. Es mi intención introducir modificaciones en algunos aspectos que la experencia y el estudio de los Reinados de nuestros antepasados me aconsejan. Señores, como saben muy bien, la Monarquía Visigoda es electiva y son los hombres libres de nuestro pueblo los que eligen a su Rey, pero la realidad es que desde el Rey Ataulfo, nuestro primer Rey, hasta el Rey Rodrigo, las cosas no fueron así. Siete de nuestros Reyes lo fueron por la vía del asesinato, empezando por el propio Ataulfo, que murió asesinado por su sucesor el Rey Sigerico, 15 fueron elegidos por la nobleza, otros por el ejército y otros tras una guerra civil... Tal vez por ello el rey Witiza, el asesino de mi padre, quiso cambiar la Monarquía electiva por la Monarquía hereditaria y esa fue la causa de nuestra derrota del Guadalete... Por tanto, creo, he pensado, he decidido, cambiar la Lex para clarificar y ratificar el sistema de elección del Rey. Se dice en la Lex y en otras complementarias, introducidas por los reyes Recesvinto, Recaredo y Sisebuto, que el Rey tendrá que ser elegido por la Asamblea de Hombres Libres, hoy nuestra "Aula Regia" entre los aspirantes... y esto que en teoría era acertado en la practica no fue así, pues desde Agila I fue la nobleza la que acabó eligiendo al Rey, y no de entre los aspirantes, cualquiera que fuese su origen social, sino entre los aspirantes de origen noble o aristocrático y hasta se inventó lo de "Rey asociado" para que el nuevo Rey fuese el que eligiese el Rey en el Poder...

Señores, esto no puede seguir así, si queremos levantar lo que se hundió en el Guadalete. Yo propongo que el Rey sea elegido, sí, elegido, pero no sólo por los magnates y los obispos, sino por el pueblo, por todo el pueblo y que los aspirantes no sean sólo Nobles o miembros de la Aristocracia. Mi deseo es que cualquier astur, cualquier vecino de Nuestro Reino, lo pueda ser, ajustándose como es natural a unas condiciones y circustancias que se fijen previamente. Y ahora me gustaría conocer sus opiniones.

-Señor -y pidió la palabra el viejo Duque de Xixón-, mi admirado Pelayo, partiendo de que estoy de acuerdo con su propuesta o su deseo, me va a permitir que diga algunas cosas. En primer lugar quiero recordarle que el sistema electivo por el que nos regimos lo eligieron nuestros antepasados con el objetivo de que la Corona se posase siempre sobre los mejores y por ello rechazaban el sistema hereditario, ya que los hijos no son siempre los mejores. Sin embargo, tampoco el sistema electivo es perfecto, porque los votos se pueden comprar... sí, sí, comprar, y no se asusten, por las palabras, pues en Roma tenemos el ejemplo, Julio César llegó a ser Tribuno del Pueblo comprando votos con sus fastuosas fiestas populosas... Sí, "Prínceps" de Asturias, de Cantabria y de Gallaecia, estoy de acuerdo y apoyo su propuesta de que sea el pueblo el que elija al Rey, pero debemos encontrar una fórmula que evite la compra de votos. He dicho.

-Gracias, Señor Dux de Xixón, por sus palabras de apoyo -respondió Don Pelayo-, y por su acertada propuesta. Porque es verdad. El sistema electivo tiene ese punto débil y no sólo ese, la elección puede también "pactarse" por partes interesadas, que previamente se pongan de acuerdo para después de alcanzar el Poder Real repartirse las prebendas... y estoy de acuerdo con vos, mi querido Don Alfonso de Calviño, en lo que ha dicho sobre la Monarquía hereditaria. Los hijos pueden heredar de los padres todos los bienes materiales y hasta los rasgos físicos, pero no la inteligencia, ni las virtudes de mando y organización, ni los sentimientos éticos y morales... y menos si ya al nacer o en la primera edad se les pone la Corona sobre las sienes, como pretendieron los traidores Segisberto y Oppas con el niño Agila de 10 años por ser hijo del asesino Rey Witiza.

-Señor -y pidió la palabra el heredero del Dux de Pravia, Pedro de Balbín-, yo también apoyo la propuesta, pero creo que no estaría mal introducir que el Reinado del elegido no sea de por vida, ya que un Poder prolongado en el tiempo puede conducir a la arbitrariedad y la corrupción, incluso a una vejez disminuida por problemas de salud, física o mental. Por tanto, yo sugiero para que se estudie, que el mandato del Rey sea por tiempo limitado, aunque pueda presentarse a la reelección.

Bueno, y así, debatiendo sobre la elección del Rey se pasaron casi todo el día. El tema despertó el interés de todos... aunque no más que los siguientes que planteói el "Princeps".

-Señores, bien, debatido el tema de la elección del Rey, ahora les adelanto otros tres temas por los que debemos reformar la "Lex Visigothorum". Me refiero al tema de la esclavitud, a la cuestión de las relaciones con los judíos y a la siempre polémica materia de impuestos.

Sobre la esclavitud les comunico mi deseo de acabar con ella. Creo, siempre lo he creido y más cuando he sido cautivo y casi esclavo, que un hombre, un ser humano, porque hay que incluir también a mujeres, niños y ancianos, no puede venderse o comprarse como se compran o se venden un asno o un cerdo. Nuestro Dios, nuestra "Santina", rechazan de plano la esclavitud y nosotros no podemos ser menos. El cristianismo es amor o no es nada...

Y menos aún estoy dispuesto a aceptar la "morgingebea", esa extraña dote que los godos tienen que entregar a cambio de su prometida. La Lex marca que el novio tiene que pagar al padre de la novia mil sueldos al contado y entregar 10 esclavos varones jóvenes, 10 esclavas jóvenes y 20 caballos. ¡Y eso me parece no sólo un disparate sino también una humillación! En el compromiso de matrimonio sólo puede haber amor y aceptación de las dos partes. Así que esto hay que eliminarlo de la Lex.

En cuanto a los esclavos es mi idea sustituir la "Ley de la esclavitud" por una "Ley de trabajadores"... es decir, que si los poderosos quieren a los esclavos como mano de obra  los tengan como hombres libres y pagándoles un salario. Una persona humana no puede ser una mercancía o un animal, un hombre no puede depender de otro hombre ni nadie puede disponer de su vida a su antojo, ni una mujer puede ser violentada sexualmente por el simple hecho de ser esclava... ¡Eso es una aberración!.  La fuerza del dinero tiene que tener límites y el hombre tiene que ser libre para elegir su destino. La libertad es el mejor don que Dios Nuestro Señor nos concedió al crearnos.

En cuanto a las relaciones con los judíos quiero dejar bien clara mi posición. No estoy de acuerdo con que se prohiba la celebración de la Pascua y el Sábado judíos o las bodas en otro rito que no sea el católico. Y mucho menos que el incunplimiento lleve aparejado la pena de muerte en la hoguera. Y me parece disparatado que se castigue con la excomunión o la confiscación de una parte de sus bienes a los cristianos, laicos o clérigos que ayuden a los judíos a seguir en sus creencias o a los bautizados a retornar a su antigua fe.

Nuestra política debe ser de entendimiento mutuo. Los judíos son tan seres humanos como nosotros y por tanto tienen los mismos derechos a poder vivir en paz y libertad. Amaos los unos a los otros, dijo Jesús, y esa debe ser nuestra pauta... igual podría decir respecto a los árabes, si no fuesen tan fanáticos y no nos hubieran robado nuestra patria por la fuerza. Tampoco estoy de acuerdo con el ojo por ojo y diente por diente, aunque para defender nuestras tierras haya que luchar y hasta derramar sangre.

Bueno, por hoy creo que es suficiente. Aunque me falta hablaros de impuestos. Creo que también tenemos que buscar nuevas fórmulas, porque no todos deben colaborar con el Estado en las mismas proporciones. Los pobres no pueden pagar lo mismo que los pudientes.

De todo ello me gustaría que los miembros de este Concilium Regis aportasen sus propias ideas y sus propias reformas en la próxima reunión que tendremos antes de que lleguen las nieves. ¡Por Hispania!.

                   ¡Ay, pero aquella noche "Gina" soñó con ser la "niña" que con diez años quería comerse a su Pelayo y hasta lloró por no poder engendrar un hijo con él... uno o doce como deseaba allá en el Val d´Arán cuando el primer exilio!.

                     Y así llegaron las Navidades de aquel año 736... y lo hicieron con tres buenas noticias. La primera que Frailuba parió una niña preciosa a la que le pusieron el nombre de Gaudiosa, por la madre de Favila y primera mujer de Pelayo. La segunda que su hermana Egiberta también pario y trajo al mundo el que sería segundo Pelayo, pues el padre, el fiel Orosio, no permitió que se le pusiera otro nombre... y la tercera, que el curiel del Val d´Arán, el aguerrido y leal Valdés  se presentó con 100 familias sajonas que venían a quedarse en la Asturica, de acuerdo con la oferta que había sembrado por todos los países allende los Pirineos el joven Favila.
 
                                  ASÍ FUERON LAS NAVIDADES DE 736
 
                         "Entre mis recuerdos figuran, en lugar señalado,   -- escribe la Reina Aldosinda en sus "Recuerdos de mi familia"--  las Navidades del año 736, tal vez porque fueron las últimas que vivió mi abuelo Pelayo... y las  recuerdo como si las estuviese viviendo hoy. Pero, ya de entrada tengo que señalar que aquellos días nos reunimos en el Palacio de Cosgaya toda la familia y algunos amigos. O sea, mis abuelos, Pelayo y "Gina" (bueno, ya he escrito antes que "Gina" no era en realidad mi abuela, ya que la madre de mi madre fue Gaudiosa, pero como yo no la conocí siempre la tuve a ella como abuela); mis tios abuelos, Egiberta y Orosio, con su hijo Pelayo; mis tios, Favila y Froiluba, con su niña Gaudiosa y, por supuesto, mis padres, Ermesinda y Alfonso de Cantabria, mi hermano Fruela y yo, claro... y al lado de mi abuelo, por expreso deseo de él  Doña Adelina, la viuda de Hildecario, el milenario y hermano de mi abuelo, y uno de sus hijos, y estaban también el Conde Fabian y su esposa Doña Marina, los ayos de mi tio Favila; el Dux de Pravia, Pedro de Balbín y señora; el Dux de Xixón, Alfonso de Calviño y señora; el Conde de Liébana y señora; la condesa viuda del Conde de Cares,  y los Abades de Santo Toribio y San Pedro, y el Beato de Liébana, el confesor de mi abuelo... y otros amigos que yo no conocía.
                                         LAS FIESTAS EN COSGAYA
 
                          Las Fiestas  (porque nuestras Navidades eran un fiesta que duraba desde el 24 de diciembre al 6 de enero) comenzaron con la "cantata" de recibimiento a los invitados y una copa de vino, con bandejas de quesos, jamón, croquetas, tostas y gambas. Después hubo un "juego ecuestre", así lo llamó el instructor, con caballos ajaezados y jinetes vestidos a la asturiana de los "Picos Blancos", que bailaban al son de la música que salía del pandero, el vigulín, la canaveira y el zinfona que tocaban un grupo de astures del valle.
                        Pero, lo mejor llegó al anochecer, cuando los invitados, todos, fueron pasando al comedor grande, que los servidores de Palacio habían adornado con flores multicolores y un gran árbol de Navidad, un abeto del Subiedes, del que colgaban figuritas hechas con cáñamo representativas de los animales, aves y bestias de las montañas, desde el lobo al oso, el jabalí, el zorro, el cerdo, la vaca, el asturcón, el rebeco o el águila, el urogallo, la perdiz, la paloma, el capón y más. 
                        Y la Cena de Nochebuena. Por cierto que hasta esa noche no supe yo lo mucho que comen los astures-cántabros, porque aquello no fue una cena, aquello fue el festín de Baltasar. Pero, ya de entrada sorprendió a todos la "puesta en mesa" de los manjares que se iban a comer, porque era una obra de arte. Sobre una mesa alargada, a un lado, se habían colocado algunos de los alimentos que se iban a servir: una pata de ternera, un jamón de cerdo, varios capones, algunos cochinillos y paletillas de cordero, todos asados y dorados con sus salsas correspondientes... y ante la mesa varios "cortadores" especializados en hacer lonchas o partir las piezas.
                          Y una mesa central con mantelería blanca, macetas cilíndricas altas rebosantes de rosas rojas, azules y amarillas. Una cubertería de plata vieja y 50 asientos.
Los que fueron ocupando los asistentes siguiendo los pasos de Don Pelayo y Egilona. Mi abuelo se sentó en el centro y a su lado, mi madre, su hija, y Doña Adelina, la viuda de su hermano Hildecario, y enfrente "Gina", con Favila, el hijo de Pelayo a un lado, y Alfonso de Cantabria, el marido de Ermesinda, al otro. Los demás fueron ocupando los asientos que les habían asignado. Naturalmente, a los niños, con sus ayos y ayas, nos acomodaron en mesa aparte.
                 Bueno, para qué seguir con los detalles. El hecho es que fue una Nochebuena fantástica, familiar, alegre y hasta emocionante...porque emocionantes fueron las bellas palabras que el Beato de Liébana dijo al bendecir la mesa.
                  
                 ---  Amigo Pelayo, porque te conozco desde que tenías 5 años sé lo que esta noche estás viviendo... como sé que sin hablar le estás preguntando a tu Dios si te mereces tanta paz y tanta felicidad, cuando tantos de tus seres queridos no están...Pues yo te respondo en nombre de tu Dios: Pelayo, hijo mío, no te atormentes  por la ausencia de tus seres queridos, por todos aquellos que murieron a tu lado en el Guadalete y los que perdieron sus vidas en Covadonga, porque todos ellos esta noche están sentados a mi lado y festejando el nacimiento de mi Hijo en Belén... Así que alegra tu espíritu y recibe con los brazos abiertos el amor de los tuyos aquí presentes. Has sido durante toda tu vida un hombre bueno, justo y patriota... y te lo mereces todo.
                  Señor, bendice los alimentos que vamos a comer y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. 
                 Luego, tras la cena, los mayores (y yo que me colé) asistieron a la Misa del Gallo, que oficiaron los Abades de Santo Toribio, fray Urbano, y de San Pedro, fray Bartolomé de Jerusalen. Fue una misa preciosa, por los cantores y por las pastorelas.
                
                              Y en paz pasaron la Nochebuena, la Pascua, la Nochevieja, los Reyes y llegó el Ano Nuevo. O sea, el 737 del Señor. 26 años de Guadalupe y 15 de Covadonga.
                              Pelayo iba ya a por los 52 y Egilona a por los 47.
                              Y en la Asturica seguía lloviendo, lluvia bendita, según Pelayo. Pero, aquella paz era un espejismo, porque los árabes seguían allí y otra vez agresivos. Según los espías de Don Alfonso desde Toledo había salido todo un ejército con el objetivo de recuperar Llión y las tierras de la Alta Meseta... y ello le obligó a concentrar sus fuerzas y disponerse a la lucha. Sin embargo, el ataque árabe no llegó por donde se le esperaba, sino por la Lusitania, se habían propuesto reconquistar Oporto y a fé de Dios que lo consiguieron...y algo más grave, que en los duros combates que sostuvieron atacantes y defensores murió el joven Duque de Lugo, el asociado del Reino de Asturias y amigo y admirador de Pelayo. ¡Y bien que lo sintió el "Prínceps"!.
              ---   Alfonso, hay que recuperar urgentemente Oporto   -fue el mensaje que le envío al Duque de Cantabria, que esperaba en Llión  --, no podemos dejar que se crezcan. Emplea todas las fuerzas de que dispongas".
                 Y el Duque de Cantabria, el que más había aprendido del guerrero Pelayo, movió sus tropas con tanta inteligencia que no sólo recuperó Oporto sino que ya se acercaba a Mérida, la capital de la Lusitania, y la llave para entrar en Al-Andalus por el oeste. El Reino de Asturias ampliaba sus fronteras y la Reconquista seguía su curso.
                 'Ay, pero Dios, a veces, o el sino, o Alá, no se sienten a gusto con la paz y remueven hasta las entrañas de la tierra!.
                 Que ya lo dijo Jesús.
                  Pero, en este caso no fueron las entrañas de la tierra las que removieron sino las del cielo, porque de pronto los cielos de Asturias se tornaron negros y comenzaron a tronar y a disparar sus rayos con tal furia que hasta los bosques se echaron a temblar...y las nubes dejaron caer sus aguas de golpe y los "Picos Blancos" se inundaron y se desbordaron por sus ríos... y el Deva, el Cares, el Nevandi, el Urdón y mil arroyuelos más inundaron, a su vez, todos los valles de la Liébana. Hubo momentos que pareció el diluvio universal... y así durante tres días y tres noches. Era el momento de los argayos.
                  Y Pelayo no se pudo contener y organizó la defensa. Pidió al Gobernador, su hijo Favila, toda la ayuda posible para remediar la tragedia, pues desde Fuente Dé hasta Potes las aguas torrenciales se lo habían llevado todo por delante, incluidas casas, personas, animales, árboles, puentes, caminos... ¡Un desastre!.
                 Pero, no se sabe si por los esfuerzos realizados o por las horas que pasó bajo las lluvias salvajes, el hecho es que una de aquellas mañanas, ya del mes de febrero del 37, cuando se despertó  se dio cuenta que estaba sudando y ardiendo, y que le dolía la cabeza, aunque por no alarmar a "Gina! se calló y no le dijo nada...
                    --- ¡ Dios, las "fiebres negras", ya están aquí otra vez! --- se dijo a sí mismo.
               Y sí, eran las temidas "fiebres negras", porque a pesar de sus intentos de ocultarlas no pudo y  menos cuando comenzó a vomitar, ya que "Gina" lo vio tan claro como él y casi gritó: " No, Señor, las fiebres negras, no". .. y mandó buscar al médico León Hebreo. 
                   --  Sí, Señora, son las Fiebres. -- dijo en cuanto examinó a Pelayo en tono triste.
                   --  ¿Y qué podemos hacer?.
                   --   Los caldos y la quina. No tenemos otro remedio. Hay que conseguir que tome los caldos y las infusiones que recomendó el doctor de Montpensier
                    Y durante 24 horas atiborraron de caldos y quina al enfermo Pelayo. Pero, sin resultado. La fiebre, los dolores de cabeza y los vómitos fueron aumentando y al segundo día, incluso, empeoró.
                    --- "Gina"  -- le dijo en uno de los pocos momentos de recuperación --, ya lo ves, esta vez esto viene en serio... No, no digas nada.
                     Pero sí dijo. Mandó llamar a toda la familia y puso a decir misa a todos los frailes del Reino... porque la vida del Caudillo Don Pelayo ya estaba en manos de Dios y de "su" Santina.
                   Y seguramente fue Dios, el Dios que tantos quebraderos de cabeza y de alma le había dado a lo largo de su vida, el que al cuarto día de agonía detuvo la caída al abismo. No fue un milagro, como la otra vez, pero sí un respiro. De momento desaparecieron los vómitos y las fiebres, y hasta recuperó las ganas de hablar.
                   --- Dígame la verdad Hebreo ¿Cuántos días me quedan? - le dijo al médico con cierta ironía.
                  ---  Señor, no sea pesimista. Vos sois fuerte... sólo hay que esperar que la quina haga sus efectos. Le aseguro que si en cuatro días no han reaparecido las fiebres habremos vencido de nuevo.
                 --   Sí... esperemos. Esperemos que el enemigo se rehaga y vuelva a la carga.
                 --   Ya verá como se recupera del todo. Señor, no deje de tomar la quina. Yo volveré después. -- y el médico León Hebreo se salió para que el enfermo no notase su preocupación.
                --    Pues los infieles no regresaron después de la paliza de Covadonga -- le dijo "Gina", que no se retiraba de la cama sino para rezar en la capilla, al salir el médico.
                --   Ay, "Gina", amor, estas son peor enemigo que los árabes.
                --  Anda, descansa y no hables.
                --   Pues quiero hablar. Quiero que llames al Beato y quiero que venga el "Comes Notariorum".
                --   ¿Y eso?.
                --  Nada. Sólo quiero confesar mis pecados y hacer mi testamento. 
                --   Por Dios, Pelayo, no digas tonterías.
                --  Bueno, tú haz lo que te digo... y dile a mi hijo que quiero hablar con él.
                     Y el joven Favila, que estaba hundido, ya se sabe que era débil de carácter, llegó rápido.
                 --   Padre, ¿ querías hablar conmigo?
                 --   Sí, Favila, siéntate.