El viernes, 20 de julio de 1906, fue un día grande, un día de fiesta en La Coruña, volcada en el recibimiento a una ilustre visitante, la Infanta de España Dña. Isabel de Borbón y Borbón, hermana del Rey D. Alfonso XII y tía de D. Alfonso XIII, un personaje entrañable y muy querido por el pueblo español que pasó a la historia con el sobrenombre de “la Chata”.

Las crónicas refieren que aquel día amaneció esplendido, con un calor agobiante que obligó a que la gran cantidad de coruñeses que quisieron acercarse a la Estación del ferrocarril a recibir a la ilustre huésped tuvieron que hacerlo en tranvías o en coches de punto, evitando así los rigores del calor veraniego.

La ciudad se había engalanado para la ocasión. De muchos balcones y ventanas del recorrido que va a describir la Infanta cuelgan colgaduras y en la totalidad de los edificios oficiales ondea el pabellón nacional.

Poco antes de las nueve de la mañana las comisiones oficiales, así como representaciones del tejido social, cultural y mercantil de la ciudad y cientos de coruñeses, entre los que se encontraba la insigne escritora Emilia Pardo Bazán, abarrotaban la estación a la espera de la llegada del Tren mixto, en el que viajaba la Infanta, que lo hizo, con puntualidad castrense, a las diez y veintitrés minutos.

Tras descender del tren y ser saludada por las primeras Autoridades -Capitán General, Almirante del Departamento Marítimo, Gobernador Civil, Alcalde, Presidente de la Diputación, Presidente de la Audiencia, etc.-, la Infanta recibió honores y pasó revista a una Compañía del Regimiento de Infantería “Isabel la Católica” nº 54, de guarnición en la ciudad.

Por lo que cuenta la prensa, la Infanta manifestó su deseo de evitar etiquetas en la uniformidad de las comisiones, hasta el punto de indicarle al Almirante del Departamento Marítimo de Ferrol la conveniencia de sustituir las charreteras y el gorro bicornio de su uniforme de gala por el más cómodo de diario.

Formada la comitiva, tras ocupar la Infanta un carruaje en compañía del Alcalde, se trasladó, acompañada de gran número de vehículos, al centro de la ciudad por la avenida de Linares Rivas, calle de Sánchez Bregua y plaza de Mina hasta el Hotel de Francia, el de más postín por aquellos años en La Coruña, hasta el punto de figurar, a partir de 1910, en la Guía Michelín, siendo cariñosamente saludada por muchos vecinos que ocupaban las calles del recorrido.

Como curiosidad señalar que en la puerta del Hotel le aguardaba, para tributarle honores, otra Compañía del Regimiento de Infantería “Isabel la Católica” que, al igual que hiciera en la estación con una Sección del Regimiento de Caballería de Cazadores de Galicia nº 25, mandó retirar.

Tras el almuerzo que se sirvió en el Hotel de Francia, en cuyo menú figuraba, entre otros platos, el de “huevos a la Infanta”, la ilustre visitante recorrió en carruaje las principales arterias de la ciudad, visitando el Instituto “Eusebio da Guarda”, el asilo, el hospicio, el hospital, el Teatro Principal y las iglesias de San Nicolás y San Jorge.

Cañonero “Marqués de la Victoria”

A las cuatro y cuarto de la tarde, se celebró la recepción oficial en el Palacio de Capitanía General en cuya puerta le fueron rendidos los honores de ordenanza por una Compañía del Regimiento de Infantería “Isabel la Católica” nº 54, con Bandera, Escuadra, Banda y Música.

A la conclusión de la recepción, a la que asistieron la totalidad de las Autoridades y representaciones de la ciudad, el apretado programa de la Infanta la llevó a visitar las iglesias de Santa María y Santiago, así como la Torre de Hércules por cuyas escaleras ascendió hasta el mirador que se abre en su última planta.

Concluidas estas visitas se trasladó, en automóvil, al pazo de Xaz, propiedad de los Condes de San Román, donde “la Chata” fue objeto de un agasajo.

De regreso a La Coruña, asistió a una fiesta en el parque de “El Leirón” del Sporting Club, en el Camino Nuevo, que resultó muy animada y concurrida.

Pasadas las ocho de la tarde, la Infanta se dirigió a la bahía para embarcar en el Cañonero de la Armada “Marqués de la Victoria” que, escoltado por el de igual clasificación “Marqués de Molins”, la trasladó a Ferrol, dando así la visita por terminada.

El Cañonero “Marqués de la Victoria”, perteneciente a la clase “Alvaro de Bazán”, fue construido en Ferrol y entregado a la Armada en julio de 1904; clasificado en origen como Crucero de 3ª clase o Aviso-torpedero, desplazaba 823 tn., con una eslora de 71.92 m., 8,25 de manga y 4,74 de puntal. Disponía de dos máquinas dobles de triple expansión que le proporcionaban una potencia máxima de 3.500 cv. y una velocidad de entre 17 y 19 nudos. Su dotación era de 125 hombres.

Iba armado con dos cañones González Hontoria de 90 mm., así como otras piezas menores. Pese a que en origen iba a disponer de sistemas para lanzamiento de torpedos, finalmente se descartó esta opción. El buque causó baja en mayo de 1926.

En cuanto al Cañonero “Marqués de Molins”, perteneciente a la clase “Temerario”, se construyó en los talleres Vila y Cia. de La Graña (Ferrol). Originariamente, recibió el nombre de “Veloz” que luego fue sustituido por el de “Marqués de Molins” en recuerdo del que fuera Ministro de Marina en varias ocasiones en los reinados de Isabel II y Alfonso XII.

Cañonero “Marqués de Molins”

Entregado a la Armada en 1894, desplazaba 570 tn., con una eslora de 58 m., 7 de manga y 4,22 de puntal. Dos máquinas verticales de triple expansión le generaban una potencia de 2.600 cv. que le permitían un andar máximo de 20,5 nudos. Su dotación era de 80 hombres.

Iba armado con seis cañones de 57 mm., una ametralladora y dos tubos lanzatorpedos a proa. El buque causó baja en 1921.