La invasión de inmigrantes ilegales no cesa. Sólo en la madrugada del jueves al viernes, la Delegación del Gobierno en Melilla ha cifrado en seis las avalanchas de marroquíes, un hecho inédito porque hasta ahora las personas originarias de Marruecos nunca habían usado el método de escalar la doble valla de seis metros de altura cada una, a diferencia de los subsaharianos.

Un portavoz ha detallado que el primero de los saltos tuvo lugar a las 22,20 horas cuando el dispositivo anti-intrusión ha observado a un grupo numeroso de personas que se aproximaba al vallado por la zona comprendida entre Mariguari y Farhana y «a pesar de la rápida actuación de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, 20 migrantes, todos ellos de origen marroquí, consiguieron acceder a Melilla».

La Delegación del Gobierno, en las seis avalanchas protagonizada en esta ocasión por jóvenes de Marruecos, que ha contabilizado en la doble valla que separa Melilla de Marruecos, «han accedido 30 personas a nuestra ciudad, todos ellos varones mayores de edad y de origen marroquí».

En esta ocasión, a diferencia de lo que ocurre con los saltos de los subsaharianos, los que accedieron no fueron en dirección al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), por temor a ser devueltos en aplicación del tratado hispano-marroquí que contempla la repatriación inmediata de originarios del reino magrebí, por lo que permanecen deambulando por la ciudad para no ser interceptados por las fuerzas de seguridad.

 

Como hace 100 años justos MELILLA SUEÑA CON FRANCO La Legión salva a los melillenses

 

 

Una llamada despierta al comandante Francisco Franco en mitad de la noche. Es el 21 de julio de 1921, y lo que no sabe Franco es que se está produciendo el Desastre de Annual, en la zona de Melilla, al sublevarse los rifeños de Abd-el-Krim. Será una de las páginas más dolorosas en la historia del ejército español.

El teniente coronel José Millán-Astray ordena al joven Franco –jefe de la I Bandera de la Legión- que abandone Rokba el Gozal, al oeste de Marruecos, y se dirija al Fondak de Ain Yedida.

Las rifeños liderados por Abd-el-Krim están sembrando el caos en el Protectorado español. Las posiciones españolas cercanas a Melilla van cayendo una tras otra y la ciudad costera se antoja como objetivo final de los rebeldes. Un botín que ni legionarios ni regulares van a regalar como si nada.

El calor es sofocante pero ni siquiera el sol abrasador frena la caminata de la I Bandera de la Legión, que recorre 100 kilómetros a pie en apenas 30 horas.

Lo hacen con dificultad, exhaustos y sedientos, pero todos llegan al Fondak, la tierra prometida en la que al fin cogen un tren hasta Ceuta.

Los legionarios conocen la trágica noticia: los rifeños han logrado aniquilar a las tropas del general Silvestre en Annual. Dicen que han caído cerca de 10.000.

El teniente coronel Millán Astray junto al coronel Franco durante la Guerra de Marruecos.

La terrible noticia golpea la moral de los legionarios, pero sólo por momentos… Millán-Astray les dedica una encendida arenga:

«¡Legionarios!, de Melilla nos llaman en su socorro. Ha llegado la hora de los legionarios. La situación allá es grave, quizás en esta empresa tengamos todos que morir. ¡Legionarios!, si hay alguno que no quiera venir con nosotros que salga de filas, que se marche, queda licenciado ahora mismo… ¡Legionarios!, ¿juráis todos morir si es preciso en socorro de Melilla?». Todos responden: «¡Sí, juramos! ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva La Legión!».

Empujados ladera arriba

Allí se encuentran con el batallón del Regimiento de la Corona y los regulares, que llegan desde Málaga y Ceuta respectivamente. El día 26 de julio el general Sanjurjo toma el mando de la defensa de Melilla.

La empresa no es fácil: el enemigo ha ocupado posiciones en el cercano monte Gurugú desde el que castiga con fuego de cañón y fusil las posiciones españolas.

Es el momento de los legionarios, que demuestran su gallardía en combate. La 5ª compañía de la II Bandera resiste en un blocao la lluvia de balas procedente de las laderas del Gurugú. 

Los rifeños tienen todas las de ganar: conocen el terreno, muy propicio para el emboscada, y aguardan el momento de tomar los convoyes que parten desde Melilla.

El 8 de agosto los moros atacan por sorpresa uno de ellos pero legionarios y regulares no se arredran y, a pesar de la desventaja, rechazan la ofensiva empujándolos ladera arriba.

«Sólo alabanzas hemos oído de las cualidades militares y dotes de mando de este jefe que defendió la posición de Sidi Hamed», escribe Franco del comandante Arias

El comandante Franco da testimonio de la gesta -no será la única- en su obra Diario de una Bandera: «En uno de los convoyes a Sidi­ Hamed el enemigo nos prepara una fuerte emboscada. Es el día 8 de agosto. Al efectuar el paso por la segunda caseta y cuanto toda la Legión ha entrado en el camino, una nutrida descarga hecha sobre nuestros caballos nos sorprende. Al momento, la fuerza se ha tendido y rompe el fuego sobre las peñas y chumberas de la barrancada, los legionarios y regulares escalan rápidos las laderas, y el enemigo huye escarmentado, el fuego ha sido intenso, pero milagrosamente sólo nos han matado un perrito».

En la defensa de Sidi Hamed destaca el comandante Arias, jefe de la posición y del batallón de Toledo. «Sólo alabanzas hemos oído de las cualidades militares y dotes de mando de este jefe que defendió la posición de Sidi Hamed», escribe Franco.  

Que viene el tren

Todas las unidades de la Legión que pasan por este destacamento muestran un valor extraordinario. Algunos rozan la heroicidad, como el puñado de hombres que resiste durante la noche del 17 de agosto en el blocao de Dar Hamed, más tarde bautizado como «de la muerte». 

Apenas 12 legionarios a las órdenes de un cabo parapetados detrás de unos sacos terreros aguantan la embestida rifeña nocturna: los autóctonos aprovechan la superioridad numérica y la incertidumbre que otorga la oscuridad.   

Esta ventaja, sin embargo, no es suficiente para tumbar a los legionarios, que aguantan toda la noche el asedio de los hombres de Abd-el-Krim. Con el amanecer los atacantes quedan al descubierto y pierden el factor sorpresa: se retiran.

 

De inmediato llega una columna de refuerzo en el momento más oportuno. Lo que ven al llegar es lo más parecido a una escena de película: los legionarios, casi todos heridos, siguen en sus puestos en lo que queda de blocao. Las alambradas están deshechas, los sacos terreros esparcidos por el suelo y la munición escasea. Todo ello propicia que el cabo sea ascendido a suboficial legionario.

A la semana siguiente más de lo mismo: el 23 de agosto las banderas legionarias atacan las barrancadas de Frarhana, muy cerca de Zoco el Had, y dos días después hacen lo propio en Tizza, algo más lejos.

Esto requiere la ayuda de provisiones a través de los convoyes. El enemigo lo sabe y espera agazapado para atacar el tren blindado que sale desde Melilla para abastecer Sidi Amed y el Atalayón.

Los rifeños no han dicho la última palabra

A los legionarios les toca ahora escoltar el tren que regresa a Melilla. Los rifeños llegados desde Nador aguardan cerca de las vías y atacan a los legionarios. Por suerte una sección legionaria aprovecha el talud de las vías para salir de allí sin ser vista por el enemigo. El factor sorpresa cambia de bando y los españoles atacan a la bayoneta aprovechando la irrupción del tren, desde el que se hace fuego contra los hombres de Abd-el-Krim.

Apenas unos días después los legionarios son reemplazados con la satisfacción del deber cumplido: Melilla sigue siendo española.

La Legión apenas tiene un año de vida.

 

Fue la primera gran Victoria de Franco y los melillenses (¡aquellos melillenses al menos!) le quedaron agradecidos de por vida. En 48 horas se había producido el milagro, lo que no se pudo evitar en Annual, donde murieron más de 12.000 españoles. Franco demostró ya sus cualidades innatas para el mando y su temple para el combate. Allí le abordó la baraka que los moros le reconocerían siempre. Tanto que cuando muchos años después llegó la hora del 18 de julio se alistaban voluntarios para servir a las órdenes del “Gran Baraka”… no es de extrañar, pues, que los melillenses de hoy estén reclamando o sueñen con aquel Franco de 28 años.

Los melillenses y los que no somos melillenses

 

Por la transcripción Julio MERINO