En abril de 1870 tuvieron lugar violentos incidentes en Barcelona en el barrio de Gracia que ya entonces estaba considerado un feudo de la extrema izquierda. Pero el entonces presidente del Gobierno, el general Juan Prim y Prats, natural de Reus, no dudó en ponerles fin con métodos expeditivos. Bombardeó el barrio de Gracia. Los autores de la violencia eran los republicanos federales, quienes ya en el mes de septiembre de 1869, habían levantado barricadas ardiendo en Barcelona y en otros puntos de España, obligando a Prim a suspender las garantías constitucionales y a amenazar con medidas mucho más duras si se repetían los disturbios.

Pero en abril de 1870 se produjeron incidentes violentos de nuevo, más graves aún, en Barcelona. El detonante de la violencia había sido los reclutamientos que ordenó Prim para la guerra de Cuba. En Cuba había estallado en 1868 la que se conoce como Guerra de los Diez Años, la primera guerra independentista cubana y la situación era muy difícil allí, con las tropas españolas a punto de ser desbordadas por los insurgentes. En España en ese año se había producido la llamada “Revolución Gloriosa”, un golpe de estado de los sectores “progresistas” del Ejército, que derrocó a Isabel II y llevó al poder al general Serrano como jefe del Estado y a Prim como presidente del Gobierno.

Se inició así lo que los autores izquierdistas llaman “el Sexenio Democrático” que culminó con el breve reinado del príncipe italiano Amadeo de Saboya y la efímera I República. Se inició un período profundamente anticlerical y laicista, que duraría hasta 1874. Pronto los promotores de la “Gloriosa” se enfrentaron entre sí. Prim representaba a la izquierda “moderada” española como líder del partido Progresista y tuvo que enfrentarse a los radicales de izquierda del partido Republicano Federal.

Los republicanos federales se oponían violentamente a la guerra de Cuba y de hecho, eran partidarios de dar la independencia a la isla y entregarla a los insurgentes, con los que simpatizaban abiertamente. Pero Prim y los progresistas eran partidarios de derrotar a los rebeldes. Prim ordenó reclutar para Cuba a 20.000 soldados en España en octubre de 1869. Y más tarde, a finales de 1869 y en marzo de 1870, ordenó nuevos reclutamientos, de 25.000 y 45.000 hombres respectivamente.

El 4 de abril de 1870 en Barcelona una multitud de republicanos federales intentó asaltar y quemar los archivos municipales para impedir el reclutamiento.  Ante la situación en Barcelona, que estaba empeorando, Prim ordenó al Ejército sacar los cañones y bombardear el barrio de Gracia donde numerosos grupos de personas armadas ocupaban las principales calles. La llamada Junta Revolucionaria se negó a negociar y algunos de sus miembros amenazaron con proclamar un “Estado Catalán”. Prim, desde Madrid, ordenó entonces nuevos bombardeos en Gracia. Además las tropas entraron en el barrio en la madrugada del 5 de abril y detuvieron a numerosos individuos armados poniendo fin al levantamiento revolucionario por la fuerza. El presidente Prim ordenó la prohibición de la prensa republicana en Barcelona y que se procediera a efectuar los sorteos de quintas en Barcelona inmediatamente.

Prim estaba convencido de que para España una guerra en Cuba prolongada sería fatal ya que albergaba un serio riesgo de guerra contra los Estados Unidos, que estaban apoyando a los rebeldes cubanos claramente. Pero Prim ponía el honor de España por delante y antes de negociar con los rebeldes cubanos, consideraba que era imprescindible vencerles y obligarles a rendirse. Se negó a vender Cuba a Estados Unidos tras una serie de negociaciones con delegados del gobierno de Washington que le ofrecían comprar la isla. El libro “ El general Prim y la  Res Pública Panhispánica”, de José Antonio González Cuevas Labella, recientemente publicado, arroja luz sobre el pensamiento de Prim. Prim era partidario de las ideas del autor liberal chileno Francisco Bilbao, que proponía una unión política entre iguales entre los países de Hispanoamérica y España donde habría un pacto comercial, códigos comunes, ciudadanía compartida y un gobierno común. De esta forma se frenaría un futuro dominio de Estados Unidos sobre Hispanoamérica. Unas ideas que compartían hasta cierto punto algunos miembros del gobierno de México de Benito Juárez.

En 1870 Prim impulsó negociaciones con los mambises cubanos en los que, según algunas fuentes les ofreció una amplia autonomía e incluso la independencia, a cambio de que entregasen las armas y de que la nueva Cuba fuese estrecha aliada de España y se respetasen los derechos económicos de los españoles (muchos de ellos catalanes) en la isla. Hay que decir que, según autores cubanos, en esas negociaciones Prim les ofreció una amplia autonomía, pero no la independencia. En cualquier caso, los rebeldes rechazaron esas propuestas y la guerra siguió hasta 1878 cuando las fuerzas rebeldes capitularon en el llamado “Pacto del Zanjón”. Prim había sido asesinado mucho antes, en diciembre de 1870 (probablemente con intervención decisiva de los republicanos federales).

En cualquier caso, había quedado de manifiesto que el catalán general Prim, con sus luces y sus sombras, tenía una visión completamente hispánica, que era partidario de defender el honor militar de España y que no estaba dispuesto a tolerar desórdenes, revueltas armadas ni violencia federalista ni separatista en Barcelona.