El pasado ocho de marzo se cumplieron cien años del asesinato del entonces presidente del gobierno el coruñés Eduardo Dato Iradier, a manos de tres pistoleros de ideología anarco socialista comunista.

 

He dejado pasar unos días al comprobar que en El Correo de España han publicado diversos colaboradores, excelentes trabajos sobre la efeméride, uno de ellos con la firma del ilustre periodista, Julio Merino. Pero debido a mi condición de coruñés no podía dejar de recordad el asesinato de mi paisano, ante el asombro y la indignación que me ha producido el comportamiento malicioso, sectario y lleno de odio  del partido socialista obrero español y de su presidente el mentiroso, fementido, fraudulento, sin vergüenza, perverso y desalmado Pedro Sánchez, al negarse, como denunció el diputado de VOX  Francisco José Contreras Peláez, a recordar, homenajear, la figura del presidente del gobierno Eduardo Dato  y condenar su alevoso asesinato, que se produjo hace exactamente cien años

 

Y los socialistas  lo ha hecho de nuevo con un cinismo perverso, esta  vez a través de una pobre, malvada y patética disculpa puesta en boca del diputado Vicent Sarrià, que trató de explicar  el voto en contra socialista a tal iniciativa, afirmando que, "aunque Eduardo Dato sea respetable, Vox no lo es". El intentar justificar el odio que siente por VOX, para negar el recuerdo de un gran estadista católico, un defensor avanzado de la justicia social, vilmente asesinado por el terrorismo de izquierdas,   es sin duda de una injusticia meridiana, que rezuma revanchismo como todo lo que ha venido haciendo el psoe a lo largo de su historia. El partido más ladrón, mentiroso, corrupto y asesino, un auténtico cáncer en la historia  de España

 

En recuerdo pues de aquel honesto político, gran español, que mantuvo a  España en la neutralidad durante la primera guerra mundial, desoyendo voces de un lado y otro que le invitaban  a  hacer lo contrario, para conocimiento de los más jóvenes; de otros no tanto, víctimas de los lamentables planes de estudio de nuestra nación; para los ignorantes o para los olvidadizos, es bueno recordar aquel magnicidio sucedido un ocho de marzo de 1921, que acabó con la vida de Eduardo Dato Iradier, convirtiéndose así en el cuarto presidente de gobierno de España, asesinado violenta y cobardemente por el terrorismo marxista. 

 

Una motocicleta con sidecar marca Indian de color gris comprada en una tienda de la calle Trafalgar de Barcelona, iba a servir a tres individuos para perpetrar un alevoso atentado contra el presidente del Gobierno, el coruñés Eduardo Dato Iradier. El vehículo en cuestión fue comprado por Ramón Casanellas, mecánico de profesión, quien desembolsó por él la cantidad de cinco mil cien pesetas. Era el 20 de febrero de 1921. Una vez en posesión de la motocicleta, Ramón Casanellas, Pedro Matéu, y Luis Nicolau, que así se llamaban sus colaboradores, miembros activos del movimiento anarquista, que con tanta fuerza se desarrolló en Barcelona en esos años, se trasladaron a Madrid, no sin antes tener un accidente en la Muela de Zaragoza que dejó la moto con notables desperfectos. El mecánico Casanellas fue el encargado de arreglarla y unos días después continuaron viaje hacia Madrid a donde llegaron el día 23.

 

Los terroristas asesinos del presidente del Gobierno. De izquierda a derecha Pedro Matéu, Ramón Casanellas y Luis Nicolau.

 

En la capital de España, a los tres terroristas se les unió la esposa de Nicolau. Alquilaron una casa en la Ciudad Lineal, marcada con el número 77 de la calle de Arturo Soria y dos habitaciones en pisos  de los números 164 y 142 de la calle  de Alcalá respectivamente. Matéu y Casanellas compartieron la habitación del inmueble número 164 y el matrimonio Nicolau o Noble, quien también utilizaba los nombres falsos de José Pallardó y José Ripoll, se fueron a vivir al número 142 de la mencionada vía madrileña.

 

Una vez instalados y alojados se dedicaron a estudiar de forma minuciosa el recorrido que diariamente realizaba el coche oficial del Presidente del gobierno. Los anarquistas vigilaron por espacio de once días los desplazamientos del coche  de Dato, un Hudson de color negro numerado con la placa ARM (Automovilismo Rápido Militar) 121, y llegaron a la conclusión que el vehículo siempre circulaba hasta la plaza de Cibeles, subiendo por la margen izquierda de la calle de Alcalá con giro en la plaza de la Independencia,  para tomar por la calle de Serrano con dirección al número cuatro de la calle de  Lagasca, donde vivía el destacado político. Era pues en la plaza de la Independencia al torcer hacia Serrano donde el automóvil aminoraba la marcha. En ese punto decidieron  cometer el vil atentado.

 

En la noche del ocho de Marzo, el Presidente del Gobierno presidió una sesión en el Senado. Serían alrededor de las siete y media de la tarde cuando Eduardo Dato se dirigió a tomar su coche. Se detuvo unos momentos con unos periodistas y rogó a su chófer, Manuel Ros, que le llevaba a su domicilio. Les acompañaba el policía de escolta, José Fernández Pascual.

 

A la altura de Cibeles, los terroristas, vieron llegar el coche del presidente. Se situaron detrás de él y una vez en la plaza de la Independencia, ante la impresionante puerta de Alcalá, la motocicleta con sidecar al lado derecho, adelantó al coche en que viajaba Dato, colocándose a su altura, y una vez situada, inició una cerrada descarga con sus balas de odio contra el vehículo oficial. Casanellas conducía la moto y Matéu y Nicolau, provistos de pistolas en ambas manos, se encargaron de rociar con más de cuarenta disparos el coche del presidente, mientras lanzaban vivas a  la anarquía.  Varios proyectiles alcanzaron a Dato en la cabeza y en la cara, que le produjeron heridas mortales de necesidad. Los asesinos huyeron alocadamente por la calle de Serrano y el chofer trasladó al presidente hasta la casa de socorro del distrito de Buenavista, situada en la calle de Olózaga, donde Eduardo Dato ingresó cadáver.

 

Pero el destino iba a jugarles a los terroristas una mala pasada. Primero un testigo presencial apellidado Junquera, que viajaba en un tranvía, dio una descripción casi perfecta de dos de los tres asesinos. Uno de ellos era rubio, de elevada estatura y nariz aguileña. El conductor era un hombre de complexión fuerte, tocado con una boina negra y una zamarra de color gris oscuro. Al tercero, el que iba situado en el sidecar, el testigo no pudo verle la cara.

 

Moto sidecar que utilizaron los terroristas para asesinar al presidente del Gobierno Eduardo Dato.

 

Pero no terminarían ahí los problemas para los asesinos. Un carretero  realizó un comentario de bar a sus amigos donde manifestaba que había estado a punto de ser arrollado por una moto con sidecar en la noche en que fue asesinado el presidente del Gobierno. El cuerpo de Seguridad y Vigilancia y la Guardia Civil se pusieron manos a la obra en sus pesquisas e investigaciones y el día 10 de marzo la Benemérita Institución, a cuyo suboficial Maté le había llegado el soplo de la conversación del carretero, registraron una casa con corraleta en el número 77 de la calle Arturo Soria en Ciudad Lineal. Allí encontraron una moto con sidecar que tenía un faro partido y diferentes abolladuras. Dentro de ella se hallaron cinco pistolas. La motocicleta tenía su matrícula escrita de forma burda, a lápiz. Era M- 4010. El administrador del inmueble indicó que la casa se la habían alquilado tres hombres y una mujer con marcado acento catalán. Inspectores del cuerpo de  Vigilancia y Seguridad, encargados del gabinete de dactiloscopia, tomaron un sinfín de huellas de los asesinos.

 

Otros inspectores del mismo Cuerpo, detenían el sábado día 13, a las cinco y media de la tarde, en el comedor de la casa de huéspedes de la calle Alcalá 164, a Pedro Matéu Cussidó, quien se entregó sin oponer resistencia. Matéu contó a la Policía que había sido un buen cristiano pero que le habían enloquecido las ideas del anarquismo. Delató a sus compañeros de comando pero afirmó que ya estaban fuera de Madrid. En efecto, Casanellas estaba ya en Barcelona mientras el matrimonio Nicolau  tomó el expreso de Irún con destino a Francia. En el momento de ser detenido a Matéu se le incautaron una pistola marca star de calibre 9 milímetros, doscientas pesetas y un cheque por valor de cinco mil pesetas. Matéu con tranquilidad dijo que habían ejecutado a Dato para hacer justicia a los numerosos compañeros caídos en Barcelona en sus luchas contra las fuerzas de orden. Matéu con gran frialdad hizo a los policías la observación que nada tenía contra  Eduardo Dato: “Disparamos no contra la persona sino contra el gobernante que con tanta ligereza daba órdenes para aplicar la ley de fugas”. Aquel sábado era tarde de corrida y un policía preguntó a Matéu si había asistido al festejo taurino. El anarquista después de haber asesinado un par de días antes a un ser humano, en un alarde de cinismo contesto: “¿A la plaza? Nunca voy a una corrida. No me gusta ver sufrir  a los animales”.

 

Vehículo oficial donde viajaba el presidente del Gobierno Eduardo Dato, en el momento del atentado contra su vida.

 

Matéu fue juzgado y condenado a muerte. Sin embargo con la llegada del gobierno del general Miguel Primo de Rivera, el Rey le conmutó la pena por la de cadena perpetua. Pasó diez años en el penal de Cartagena. Pero con el advenimiento de la segunda república, Matéu, que se encontraba recluido en la cárcel Valencia,  fue puesto en libertad  y paseado a hombros  por las calles por una turba de izquierdistas que le quiso premia así su “brillante” acción contra la vida del presidente Dato. Encuadrado en una unidad de la CNT, combatió en la guerra española, y una vez finalizada esta huyó a Francia, donde montó un taller mecánico. Hizo, hasta su muerte, alarde de ser uno de los asesinos de Dato y nunca se arrepintió de su acción.

 

Nicolau fue detenido en Alemania y extraditado a España. También salvó su vida debido a que el convenio de extradición de reos con Alemania prohibía el uso de la pena capital.  Internado varios años en el penal del Dueso en Santoña,  como Matéu, salió en libertad en 1931, al tomar posesión del poder el gobierno de Manuel Azaña. Encontró la muerte en una acción de la guerra civil.

 

Por su parte, Ramón Casanellas escapó a Rusia. En la URSS se hizo miembro del ejército rojo. Con el primer gobierno de la II segunda república, instalado en el poder, Ramón regresó a España en 1932 y se fue a vivir a Sevilla, desde la cual volvió de nuevo a Barcelona, donde organizó el partido comunista de la ciudad condal. El 25 de octubre de 1933, cerca del Bruch, Casanellas se estrelló con su moto en un violento choque contra un vehículo cuando iba acompañado por Francisco Barrio, militante como él del partido comunista. Mundo Obrero órgano escrito del partido comunista de España, acusó desde sus páginas al gobierno de la república de haber ordenado la muerte de Casanellas.

 

El asesinato del presidente Dato obedeció, como ha quedado demostrado con posterioridad,  a una conspiración perfectamente articulada y no solo a una venganza. Con inductores en la sombra, que aportaron la información y financiación necesarias  a los tres terroristas para la realización de dicho magnicidio. 

 

El presidente Eduardo Dato Iradier había nacido en La Coruña el día 12 de agosto de 1856. Era hijo del teniente coronel de Infantería Carlos Dato Granados y de la alavesa Lorenza Iradier. Su infancia transcurrió en la ciudad de cristal al estar su padre destinado en ella. Un nuevo destino llevará a la familia Dato a Madrid, donde Eduardo seguirá sus estudios. Muy aficionado a la carrera de las armas el joven Dato quería seguir los pasos de su padre, idea a la que Don Carlos se opuso radicalmente. No sería militar. Entonces se interesó por el mundo del derecho. Con tanto interés tomó su carrera que se licenció  a los 19 años.

 

El rey de España Alfonso XIII junto al presidente del gobierno Eduardo Dato.

 

Pasante del prestigioso abogado Gamazo, Eduardo Dato abrió su propio despacho y se distinguió como un excelente abogado.

 

Su amistad con Francisco Silvela le va a introducir en el mundo de la política. Como miembro del partido conservador, Dato alcanzará su acta de diputado en 1883 al ser elegido por Murias de Paredes (León)

 

Subsecretario primero, ministro de Gobernación después con su gran valedor Silvela como presidente, Dato, desde ese ministerio, emprenderá una gran labor inspirada en la doctrina social de la Iglesia, sobre todo en la encíclica “Rerum Novarum” del Papa León XIII, apoyando denodadamente leyes de gran contenido social como la de accidentes en el trabajo, incorporación de la mujer al mundo laboral, seguros y escuelas gratuitas para hijos de obreros y operarios.

 

En 1902 ocupa la cartera de Gracia y Justicia en otro gobierno presidido por su gran amigo Francisco Silvela, donde trabajó tenazmente por mejorar las condiciones de los presos. Funda la escuela de criminología.

 

En 1907 acepta el cargo de Alcalde de Madrid y de Director General de Seguridad.

En 1913, siendo presidente del congreso de los Diputados, el Rey, le encarga formar gobierno y uno de sus mayores logros será conseguir que España se mantenga neutral en la gran guerra mundial del 14.

 

En junio de 1917, Eduardo Dato presidirá de nuevo el gobierno de España en unos gravísimos momentos para la Nación al estallar en el verano de ese año con toda crueldad y virulencia la huelga general revolucionaria. Sin contemplaciones de ninguna clase el gobierno Dato ordenó la detención de todo el comité de huelga del que formaban parte los socialistas Francisco Largo Caballero, Andrés Saborit, Julián Besteiro y Daniel Anguiano, entre otros. Sustituido en noviembre por otro gobierno liderado por García Prieto, Dato formaría parte del gabinete Nacional presidido por Antonio Maura como ministro de Estado, de marzo a noviembre de 1918. Un año y medio después, el 5 de mayo de 1920, Alfonso XIII le otorga  la confianza para formar un nuevo ejecutivo. Los tiempos que corren son  alarmantes y de enorme dificultad, sobre todo debido a la gran cantidad de vidas que se cobra la guerra de Marruecos y el quebranto del orden público con el pistolerismo sindical de Barcelona.

 

Cadáver del presidente del Gobierno Eduardo Dato Iradier.

 

A los dos problemas Dato intentó poner remedio. Para el primero dio orden a su ministro de la guerra, Luis Marichalar, Vizconde de Aza, de que autorizara el reclutamiento de voluntarios para la nueva unidad militar, la Legión Española, que tantas vidas ahorraría a nuestra Nación sobre todo en lo referente a soldados de quinta. Para solucionar el segundo asunto nombró gobernador civil de Barcelona al general natural de El Ferrol, Severiano Martínez Anido, quien ayudado por el Jefe Superior de Policía, el también General Miguel Arlegui, se propusieron desde su toma de posesión acabar con el pistolerismo sindical barcelonés que desde 1909 a 1920 se había cobrado más de cien muertos e innumerables heridos. Sin embargo con Dato en el poder la guerra sindical entre sindicatos libres, únicos y las fuerzas del orden, arreció en Barcelona. Anido tuvo que emplear a fondo la mano dura y la ley de fugas y los destierros fueron en aumento. Cayeron en una gran redada, Salvador Seguí “El noi del Sucre”, Rafael Piera; Barrera; Amador y el concejal del Ayuntamiento de Barcelona Luis Companys. Todos ellos fueron desterrados a Mahón. El número de muertos entre mayo de 1920 a marzo de 1921 fue de 228, de los cuales 56 eran miembros de las fuerzas del orden, 18 patronos, doce dirigentes empresariales y 142 obreros. Eso al final le valdría a Dato el odio de los anarquistas de la FAI y CNT, que jurarían acabar con él como lamentablemente así sucedió.

 

Su entierro constituyó una grandiosa manifestación de duelo. Entre indignado y dolorido y con una adhesión a la monarquía sin precedentes, el pueblo de Madrid asistió con lágrimas en los ojos al entierro del notable estadista. A las 10,30 de la mañana se puso en marcha el cortejo que condujo los restos de Don Eduardo desde su domicilio de la calle Lagasca hasta la presidencia del gobierno situada en Castellana 3. El féretro se colocó en un modesto coche fúnebre tirado por cuatro caballos. La presidencia la ostentaba el hijo político de Dato, Fernando Espinosa de los Monteros acompañado por el obispo de Madrid-Alcalá; los presidentes del congreso y senado, señores Sánchez de Toca y Sánchez Guerra; D. Antonio Maura; el marqués de Santa Cruz; general Valtierra y otras personalidades. Por las calles por donde discurrió el entierro hasta llegar a la plaza de Colón, se advirtió un silencio sepulcral solamente roto por llantos y oraciones del pueblo llano.

 

Entierro del presidente del Gobierno Eduardo Dato Iradier.

 

En la plaza de Colón  esperaba el Rey Alfonso XIII, con uniforme de Capitán General de la Armada; el gobierno de la Nación; alcalde y corporación de Madrid, así como dos compañías de los Reales Guardias de Alabarderos y una del regimiento de Saboya. En la puerta de la presidencia se hallaba situado un armón de artillería donde se colocarían los restos mortales de Eduardo Dato. Las cintas del armón fueron llevadas por el ex sultán Muley Haffid; los vicepresidentes del senado y congreso, general Marina y  señor Bullón; capitán general de Madrid, Duque de Rubí; los ex presidentes del gobierno, Antonio Maura, Allendesalazar y García Prieto, haciéndolo Fernando Espinosa de los Monteros en representación de la familia.

 

Con una salva de tres cañonazos disparada por la artillería se puso en marcha el entierro oficial. Cubrían carrera tropas de Infantería, Caballería, Ingenieros y Artillería en uniforme de gala. La comitiva se abrió con una sección de la Guardia Civil a caballo.  Cuatro piezas de artillería montada y un batallón de Infantería. Entidades de beneficencia y parroquias madrileñas. El armón, donde iba situado el féretro del estadista coruñés, lo escoltaban dos filas de alabarderos. Detrás una Compañía del Regimiento Saboya con escuadra, Bandera, banda y Música, que daba guardia a la presidencia donde iba S. M el Rey acompañado por su ayudante el general Milans del Bosch. Seguidamente el infante D. Carlos; gobierno; presidentes de las cámaras; almirantes; generales; arzobispos de Valencia y Valladolid; obispos de Madrid y Salamanca; alcalde y corporación de Madrid y numerosas autoridades que representaban a los órganos principales de la  justicia, consejo de Estado, órdenes militares, diputados, senadores. El cortejo lo cerraban dos escuadrones de los Lanceros de la Reina.

 

El Rey Alfonso XIII en el entierro del presidente del Gobierno Eduardo Dato.

 

En la plaza de Antonio Cánovas se despidió el duelo con el desfile de comisiones y miles de ciudadanos, así como de las tropas ante el Rey y  el armón con los restos  mortales de Eduardo Dato.

 

Seguidamente el entierro se dirigió hasta el panteón de los hombres ilustres, situado en la calle Julián Gayarre, muy cerca de la glorieta de Atocha, donde se rezó un responso al negarse la familia a que los restos de Dato reposasen allí como deseaba el gobierno y correspondía a su historia y grandes servicios realizados para con la Patria.

A las dos menos cuarto los restos del presidente llegaron al cementerio de San Isidro acompañados por el gobierno y escoltado por los lanceros de la Reina y una sección también montada de la Guardia Civil.

Mausoleo del presidente del Gobierno, Eduardo Dato Iradier, en el panteón de los Hombres Ilustres.

 

En un sencillo nicho que después de una oración se cerró para siempre, se colocó la caja mortuoria del que fuera un magnífico presidente del gobierno de nuestra Nación, el coruñés Eduardo Dato Iradier.

 

Al año siguiente, la familia, sin ningún tipo de solemnidad, permitió el traslado de los restos mortales de Don  Eduardo  al panteón de  hombres ilustres. En 1928, se inauguraría el magnífico mausoleo, obra del genial Mariano Benlliure, uno de los más bellos del panteón, tras una suscripción popular