La Batalla de Flores de 1908 en los Cantones (A.R.G)

El mes de agosto de 1908, mes estival por excelencia, La Coruña, una de las ciudades más elegantes y animadas del tercio norte español, se vistió de gala para celebrar sus tradicionales fiestas de verano, organizadas por la Liga de Amigos.

Aquel año, los festejos comenzaron el domingo, día 2, con una ciudad abarrotada de forasteros que habían llegado a la capital por medio de atestados trenes que, con tal motivo, tuvieron que ampliar el número de vagones en cada composición.

La ciudad presentaba una gran animación. Las calles Real, Castelar (hoy, Rúa Nueva) y Barrera, así como los jardines de Méndez Núñez se adornaron con arcos voltaicos y bombillas que iluminaron los paseos de moda que tuvieron estas zonas coruñesas por escenario durante los días que duraron los festejos.

Atrás, perdida en la memoria de la mayoría de los coruñeses, quedaba la cadena de atentados cometidos en la ciudad durante los meses de mayo y junio anteriores que concluyeron con la detención, por efectivos del Cuerpo de Vigilancia, de su autor que fue juzgado y condenado.

Además, aquellas fiestas veraniegas tuvieron a otros protagonistas de excepción, los integrantes de la Sección del Cuerpo de Seguridad, presentes en La Coruña desde finales de febrero, que contribuyeron a dar mayor seguridad a los festejos agosteños.

Aquel primer domingo de fiestas amaneció con las dianas protagonizadas por las Músicas y Bandas de cornetas, clarines y tambores de los diferentes Cuerpos de la guarnición -Regimiento de Infantería “Isabel la Católica” nº 54, Regimiento de Caballería Cazadores de Galicia nº 25 y Regimiento de Artillería 3º de Montaña- así como la Banda popular acompañada de la simpática comparsa de Cabezudos, un número muy apreciado y que gozaba de gran popularidad entre los coruñeses. Todas ellas, recorriendo diferentes itinerarios se dirigieron al Cantón Grande desde donde partieron, juntas, hasta el Palacio de Capitanía General y más tarde al Ayuntamiento.

Ese mismo día, tras el “paseo de moda” por la calle Real, a las cuatro y media de la tarde se celebró la primera Corrida de Toros contando con el concurso de los diestros Machaquito y Cocherito de Bilbao.

En esa jornada se celebró también el concurso de calles engalanadas y, por la noche, la tradicional velada musical en los jardines de Méndez Núñez.

El lunes, día 3, se celebró la segunda corrida con los mismos matadores y, por supuesto, la velada nocturna en Méndez Núñez.

Al mediodía del lunes, tras esperarlo el día anterior, el semáforo de Monte Alto anunció la entrada en la bahía el Crucero acorazado de la Marina de Guerra alemana “Yorck”, quien disparó las salvas de saludo que fueron respondidas desde la plaza por una Batería del 3º de Artillería de Montaña instalada en el Parrote.

El Crucero acorazado alemán “Yorck”

Tras cumplimentar a las primeras autoridades locales -Capitán General, Gobernador Civil y Comandante Militar de Marina-, el Comandante del buque aceptó la invitación para asistir a la corrida de Toros de la tarde a la que también concurrieron Oficiales y dotación del buque. El barco permaneció en La Coruña hasta media mañana del día 4 en que, tras carbonear y tomar agua, puso rumbo a Kiel.

El ”Yorck”, segundo y último buque de la clase “Roon”, construido en astilleros de Hamburgo, causó alta en la Armada Imperial alemana en noviembre de 1905. Con un desplazamiento a plena carga de 10.431 tn., su eslora era de 127,71 m., 19,3 de manga y 7,77 de calado. Disponía de catorce calderas Dürr, tres máquinas y tres hélices que le proporcionaban una potencia de 20.000 cv. y una velocidad de 21 nudos.

Su protección estaba formada por una faja completa de 2,30 m. de altura de entre 80 y 100 mm. de espesor en la parte superior y de 150 en la inferior; 177 mm. en las torretas y 63,5 en la cubierta. Su dotación la componían 650 hombres.

Sur artillería estaba formada por cuatro cañones de 210 mm. en dos montajes dobles; diez cañones de 152 mm; otros catorce de 88 y cuatro tubos lanzatorpedos de 450 mm.  

El buque se perdió accidentalmente, al chocar con una mina alemana el 4 de noviembre de 1914.

El martes día 4, tuvo lugar otro de los números más esperado por coruñeses y forasteros, la Batalla de Flores, que resultó animadísima y concurridísima, en la que participaron vehículos engalanados y carrozas. A su conclusión, la animación se trasladó a Méndez Núñez donde se celebró el paseo de moda y la velada musical.

El día 5, jornada de transición, el programa festivo incluyó unas cucañas y la consabida velada nocturna. El día 6 comenzó el concurso hípico, otro número muy característico de las fiestas de verano coruñesas, que continuó al día siguiente.

El domingo, día 9, se celebró la tradicional Función del Voto en la iglesia de San Jorge que contó con la asistencia de la Corporación municipal. Ese mismo día, tuvo lugar el festival de la “flecha humana” o del “salto de la muerte”, previsto para el sábado anterior que, sin embargo, no pudo celebrarse. En esta jornada dominical, además del “paseo de moda” por la calle Real, por la noche, los jardines de Méndez Núñez fueron escenario de una sesión pirotécnica con elevación de globos, además de la diaria velada musical.

El buque-escuela del Servicio de Guardacostas “USRC Itasca” (ex “USS Bancroft”)

El lunes, 10, concluyó el concurso hípico con la disputa de las últimas pruebas en el Corralón de la Gaiteira. El día 11, además de la velada musical en el Relleno, se repitió, por la tarde, en la plaza de Toros, el festival gimnástico de la “flecha humana” que había despertado gran interés.

El miércoles 12, se disputó la regata de traineras y ese mismo día, a las doce y media de la mañana quedaba fondeado el Buque-escuela del Servicio de Guardacostas norteamericano “USRC Itasca”, quien, tras saludar al cañón a su entrada en la bahía, fue contestado desde el Parrote con las salvas de ordenanza por una Batería del 3º de Montaña.

Este buque fue construido en Nueva Jersey, entrando en servicio en la Marina de Guerra norteamericana en 1903, con el nombre de “USS Bancroft”, siendo transferido en 1907 al Servicio de Corte de Ingresos, antecedente de la Guardia Costera, con el nombre de “USRC Itasca” y reacondicionado como Buque-escuela, función que ya había realizado anteriormente en la Marina yanqui.

Su desplazamiento a plena carga era de 852 tn.; con una eslora de 57,73 m., 9,8 de manga y 3,94 de calado. Disponía de dos máquinas de vapor de triple expansión que le proporcionaban una potencia de 1.600 cv. y una velocidad de 15 nudos. Su armamento estaba compuesto por cuatro cañones de 100 mm. y otras piezas menores.

En el buque viajaban 41 Cadetes de la Escuela Naval de Baltimore, además de su dotación hasta completar 130 hombres. El barco fue dado de baja en 1922.

Procedente del Havre, el buque, en viaje de instrucción de los Cadetes alumnos, permaneció hasta el día 14 en La Coruña en que puso proa a Gibraltar.

Además de cumplimentar a las Autoridades y recibirlas a bordo, durante las horas que el buque permaneció en a ciudad, sus Oficiales y alumnos fueron invitados al encuentro de fútbol disputado entre el Deportivo de La Coruña y el Fortuna de Vigo en el Corralón de la Gaiteira, que concluyó con la victoria de los vigueses, así como a un encuentro de tenis celebrado en las instalaciones del Leirón del Sporting Club.

El jueves 13, comenzaron a disputarse los encuentros del triangular de “foot ball” que contó con la participación de los equipos “Fortuna” de Vigo, Pontevedra Sporting y Deportivo de La Coruña que se prolongaron hasta el día 15 con el triunfo final del Fortuna de Vigo, el mejor equipo de Galicia por aquellas fechas.

El domingo 16 y el lunes 17, últimas jornadas de las fiestas, se celebró, en la plaza de Toros, un festival de bailes populares y como número final, la aeronauta española Mercedes Corominas se elevó en un globo que navegó por los cielos coruñeses, volando hasta las proximidades de Sada donde tomó tierra sin novedad.

Mercedes Corominas en su aerostato

Así fueron aquellas fiestas del verano coruñés de 1908 que resultaron especialmente animadas y concurridas, poniéndose de manifiesto el buen hacer de la Liga de Amigos y el hecho contrastado de que La Coruña era una ciudad alegre y divertida, en la que la clase, la categoría y el buen gusto eran sus características predominantes.