La firma de los acuerdos bilaterales de cooperación militar firmados, en 1953, entre el Gobierno español y el norteamericano, constituyó, tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo, una notable mejora en las capacidades operativas, así como cambios profundos en la doctrina de nuestros Ejércitos, que vieron como sus Unidades comenzaban a nutrirse con un material que, sin ser de primera mano ni tan siquiera de vanguardia, servía para iniciar el camino de su modernización, abriendo las puertas a una nueva dimensión del poder y potencial militar, desconocidos hasta entonces para nosotros.

Si en aplicación de estos acuerdos, derivados del “Pacto de Madrid”, el Ejército de Tierra recibió, en cascada, cuantioso material consistente en carros de combate, blindados, vehículos de todo tipo, material de artillería autopropulsado y remolcado, sistemas de comunicaciones, etc., y el Ejército del Aire fue objeto de la entrega de medios de vuelo que mejoraron sus capacidades, la Armada no se quedó atrás.

Destructores, dragaminas, submarinos, transportes de ataque, incluso, con el correr de los años, un Portahelicópteros, sin contar con aquellas Unidades que quedaron sujetas al programa de modernización, fueron dados de alta en la Lista Oficial de Buques de la Armada (LOBA) durante los años inmediatamente posteriores a la firma de este tratado.

Por su parte, la Infantería de Marina, también se vio beneficiada por la firma de estos acuerdos de cooperación militar, recibiendo carros de combate M-48 A-1, piezas autopropulsadas M-52 de 105/19, medios de desembarco, vehículos, etc.,

Los problemas derivados de la campaña Ifni-Sahara de 1956 y 1957, de la que se extrajeron importantes enseñanzas derivadas de aquellas acciones bélicas, pusieron de manifiesto que, dada nuestra configuración territorial, con posesiones en el Africa Occidental Española y en el Golfo de Guinea, además de las provincias insulares de Canarias y Baleares, se exigía disponer de los medios necesarios para proyectar en estos eventuales teatros de operaciones, con plena garantía de éxito, tanto personal como material, caso de plantearse su defensa o una situación grave que exigiese una intervención armada. 

Por ello, dentro de este variado abanico de material procedente de la llamada Ayuda Americana, se solicitaron y se recibieron determinados elementos para potenciar nuestras capacidades anfibias, dotando a la Infantería de Marina de los medios necesarios para cumplir con su misión de proyectarse en una costa potencialmente enemiga, lo que dio origen, en 1965, a la creación en la Armada del Mando Anfibio, integrado por el Grupo de Transporte y el Grupo de Desembarco.

Con anterioridad, en 1957, dentro del Cuerpo de Infantería de Marina, con personal procedente de los distintos Tercios, integrándose la Compañía de Escaladores del Tercio del Norte (TERNOR), con base en el ferrolano Quartel de Nuestra Señora de los Dolores, se creó el Grupo Especial a quien comienza a dotársele de las capacidades necesarias, por medio de su Grupo de Apoyo, para poder hacer efectivo un desembarco en territorio supuestamente hostil.

Como elementos fundamentales para hacer real la operatividad del Grupo Especial, antecedente del Tercio de Armada (TEAR), de la Marina de los Estados Unidos fueron transferidos, entre los años 1960 y 1965, los buques de mayor porte destinados al Mando Anfibio, dos Transportes de Ataque y tres LSM, además de otro material de menor desplazamiento, incluso alguno de fabricación nacional.

Fue el 23 de marzo de 1960 cuando se reciben las tres LST, acrónimo de la denominación sajona de “Landing Ship Médium”, a las que se les asigna los numerales 1, 2 y 3; construidas por Pullman Standard Car Manufacturing Company de Chicago, entre julio de 1944 y septiembre de 1945. Disponían de una eslora máxima de 62,03 m. y de 59,89 m. entre perpendiculares. Su manga era de 10,52 m. y su calado máximo de 2,83 m. Un desplazamiento en alta mar de 1.094 Tm., y una capacidad de carga de 166 Tm. La potencia de 2.880 cv., era generada por dos motores diésel General Motors y su velocidad máxima de 13 nudos.

Como armamento principal, las transferidas a la Armada, estaban dotadas de un montaje proel antiaéreo Bofors, monotubo, de 40/56 mm. y una vez en España, se les añadieron dos piezas antiaéreas de 20 mm.   

Disponían de un portalón proel con dos batientes y una rampa que permitía realizar, con comodidad, el desembarco tanto de material como de personal ya que su escaso calado le facilitaba varar en las proximidades de la playa. Poseían una gran capacidad de navegación oceánica debido a su elevado francobordo y a la disposición de las superestructuras.

Estos buques podían transportar, en una de sus configuraciones, cinco carros de combate medios o tres pesados, en tanto que en otra permitía alojar seis vehículos de cadenas o nueve Dukw o 400 infantes con todo su equipo de combate.

Este tipo de buques, de fabricación americana, se construyeron de forma masiva, alcanzando el número de 558 unidades las que salieron de sus astilleros a partir de 1943, como una opción intermedia entre los transportes portacarros LST y las barcazas, tipo LCM, para transporte de este tipo de material.

Con relación a la procedencia original de las recibidas por la Armada, la numerada inicialmente como 1 había sido con anterioridad la LSM 329; la 2 la LSM 331 y la 3 la LSM 343.

Este material, que permaneció en activo hasta el 30 de junio de 1976, las 1 y 2, siendo dada de baja la 3 con fecha 2 de abril de 1974, participó en numerosos ejercicios tácticos y demostraciones anfibias llevadas a cabo por el Grupo Especial, primero, y más tarde por el Tercio de Armada (TEAR) durante los años 1964 y 1970, ya que entre 1971 y 1972, son relevadas al causar alta las LST de la clase “Terrebone Parish”, L-11 “Velasco”, L-12 “Martín Alvarez” y L-13 “Conde del Venadito”.

Dentro de estos ejercicios y demostraciones anfibias, destacan las siguientes:

Con total probabilidad, estos buques, participaron en las operaciones de desembarco dentro de las maniobras realizadas, en aguas de Cartagena y Almería, entre los días 22 al 27 de abril de 1964. Posteriormente, al menos dos de estas LSM lo hicieron en la operación “Anfibex I”, desarrollada en aguas de Cádiz, en la playa de Zahara de los Atunes, en unión de otros medios anfibios y buques de la Armada.

Otra operación en la que participaron, por estos años, los medios anfibios de la Armada fue el ejercicio “Steel Pike I”, conjunto con la Infantería de Marina norteamericana, desarrollada en octubre de 1964 en la playa de Mazagón (Huelva), registrándose un lamentable suceso que costó la vida a nueve hombres y heridas a otros tres al colisionar dos helicópteros de la Armada Americana. 

En marzo de 1965, las tres LSM y los Transportes de Ataque TA-11, luego “Aragón”, y TA-21, luego “Castilla”, atracaron en el puerto de La Coruña para sumarse a los efectivos terrestres, aéreos y navales participantes en el homenaje que el pueblo coruñés le tributó a los tres Ejércitos.

También, entre los días 9 al 16 de junio de 1965, en las aguas de Mazarrón, se desarrolló un nuevo ejercicio anfibio conjunto con la VI Flota americana, participando, junto al TA-11 (Aragón), las tres LSM.

Igualmente, alguno de estos buques participó en la Operación conjunta Hispano-francesa “Atlantide-67”, desarrollada en aguas canarias entre el 5 y el 10 de febrero de 1967, que incluyó el desembarco de un Batallón de Infantería de Marina en las playas de Fuerteventura.

Al año siguiente, la fuerza de desembarco participó, entre los días 3 y 23 de junio, en el ejercicio “Gaviota-I”, desarrollado entre Cádiz y Ferrol y que concluyó con una operación de desembarco en la ría de Ares y en noviembre de ese mismo año, 1968, se celebraron nuevos ejercicios anfibios en el Mar de Alborán.

El 3 de diciembre de 1969, Almería fue escenario de los ejercicios “Sur-69”, que contaron con la participación, entre otros, del Grupo de Transporte y el de Desembarco.

Destaca su concurrencia a las Semanas Navales de Barcelona (1966), Santander (1968) y Mar de Alborán (1971), donde participaron en diferentes supuestos de desembarco en las aguas mediterráneas y cantábricas.

Durante su permanencia en las listas de la Armada, en 1974, tras la baja de la 3, recibieron un nuevo numeral pasando a denominarse L-01 y L-02.

Tras su baja, pasaron a engrosar el Tren Naval, quedando la L-01 asignada al Arsenal de Ferrol, reconvertida en pontón-alojamiento o cuartel flotante de dotaciones, para lo cual fue notablemente modificada en los astilleros ferrolanos de la E.N. Bazán, entre finales de 1976 y el verano de 1977, recibiendo el nuevo numeral de YCF-01.

La L-02, estuvo a punto de correr la misma suerte y quedar asignada a otro Departamento, sin embargo, a la espera de iniciar los trabajos de readecuación, quedó atracada en la Estación Naval de La Graña, no haciéndose realidad el proyecto y siendo desguazada.

Bibliografía consultada:

Hemeroteca Nacional

Hemeroteca de ABC

Hemeroteca de La Vanguardia

Buques de la Armada Española. La ayuda americana y el programa de modernización. J.L. Coello.

Buques de Guerra Españoles (1885-1971). Aguilera y Elías.

Otras fuentes.