El Crucero “Miguel de Cervantes”

En la segunda decena del mes mayo de 1932, La Coruña vivió unas jornadas de auténtica exaltación patriótica y de gran expectación ciudadana con la arribada a su puerto de una parte de la División de Cruceros de la Armada.  

El día 10, procedentes de la Base Naval de Ferrol, recalaron en el puerto coruñés los Cruceros “Miguel de Cervantes”, “Blas de Lezo”, “Méndez Núñez” y “República” (“ex Reina Victoria Eugenia”), acompañados del Destructor “Churruca”. Algunos autores, sitúan también en el puerto coruñés, por estas fechas, a los otros dos integrantes de la División, el “Libertad” (“ex Príncipe Alfonso”) y el “Almirante Cervera” que, sin embargo, no pudieron navegar hasta La Coruña, permaneciendo en Ferrol.

La División de Cruceros, al mando del Contralmirante coruñés Alvaro Guitián Delgado, que enarbolaba insignia en el “Miguel de Cervantes”, constituía el núcleo más potente de la Armada por aquellos años principios de los 30 y su presencia en La Coruña obedeció a una gestión directa de las Autoridades locales lo que permitió que este importante componente naval de la Escuadra arribase a la ciudad.

El Crucero “República”, había sido autorizado en 1914, formando parte del plan naval del Almirante Miranda. Construido en la factoría ferrolana de la S.E.N.C. (Sociedad Española de Construcciones Navales), fue entregado a la Armada en enero de 1923, con el nombre de “Reina Victoria Eugenia”, denominación que fue cambiada por el gobierno de la República, renombrándolo como “República” y, posteriormente, a la conclusión de la guerra civil, recibió el nombre de “Navarra”, con el que llegó al retiro en diciembre de 1955, en que fue dado de baja.

Con una eslora de 140,80 m., una manga 15,20 y un puntal de 7,60, desplazaba 6.454 tn. a plena carga. Disponía de dos turbinas Parsons y doce calderas Yarrow, con una potencia de 25.000 cv. y un andar de 26 nudos. Iba artillado con nueve cañones Vickers de 152 mm., otras piezas menores y dos montajes dobles lanzatorpedos de 533 mm. Su dotación era de 455 hombres.  

Los Cruceros “Méndez Núñez” y “Blas de Lezo”, fueron también autorizados en 1915, dentro del programa naval del Almirante Miranda. Construidos en Ferrol, fueron entregados a la Armada en 1924 y 1925, respectivamente. Con un desplazamiento a plena carga de 6.045 tn.; su eslora era de 140,82 m., 14,02 de manga y 7,72 de puntal. Disponía de cuatro turbinas Parsons y doce calderas Yarrow, con una potencia de 43.000 cv. que le permitían una velocidad de 29 nudos. Su dotación era de 320 hombres. Montaban seis cañones Vickers de 152 mm., cuatro antiaéreos de 47 mm. y doce tubos lanzatorpedos de 533 mm. El “Méndez Núñez” fue dado de baja en diciembre de 1963.

El “Miguel de Cervantes”, procedía del Programa naval del Vicealmirante Cornejo, autorizándose su construcción el 11 de julio de 1926, como tercer buque de la clase “Príncipe Alfonso” que, al igual que su también gemelo “Almirante Cervera”, procedentes ambos del programa del Vicealmirante Cortina, fue construido en la factoría de la S.E.N.C. de Ferrol y entregado a la Armada en febrero de 1930.   

Con un desplazamiento a plena carga de 9.330 t.; su eslora alcanzaba los 176,6 m., con una manga de 16,6 y 9,3 de puntal. Disponía de ocho calderas Yarrow y cuatro grupos de turbinas Parsons que movían sus cuatro hélices, con una potencia de 83.000 cv. lo que le permitía un andar de 34,4 nudos. Montaba ocho cañones Vickers de 152 mm., cuatro antiaéreos de 101 mm. y doce tubos lanzatorpedos de 533 mm., además de otras piezas menores. Su dotación era de 566 hombres. Fue dado de baja en julio de 1964.

El Crucero “Blas de Lezo”

Por su parte, el Destructor “Churruca”, también presente en el puerto coruñés en estas fechas, procedía en origen del Plan Cortina de 1922, si bien, tras ser botado fue vendido a la Armada argentina, de ahí que un nuevo buque, gemelo al anterior, recibiese el mismo nombre en 1929 cuando se colocó su quilla en la S.E.N.C. de Cartagena, siendo entregado a la Armada en 1931.

Con un desplazamiento de 1.800 tn. a plena carga; una eslora de 101,98 m., una manga de 9,67 y un puntal de 6,02; cuatro calderas Yarrow y dos grupos de turbinas Parsons, con una potencia de 42.000 cv. y una velocidad de 32 nudos. Su armamento consistía en cinco cañones Vickers de 120 mm., otros de menor calibre, así como seis tubos lanzatorpedos de 533 mm. y dos morteros lanzacargas de profundidad. Su dotación era de 160 hombres. Fue dado de baja en octubre de 1963.

Aquella mañana del 10 de mayo, a las ocho arribó al puerto el Destructor “Churruca”, que quedó atracado en el muelle exterior del la Dársena, y tres horas después lo hicieron los cuatro grandes Cruceros. El “Méndez Núñez” y el “Blas de Lezo”, atracaron, abarloados, en el malecón, en tanto que los otros dos quedaron fondeados en la bahía.

Desde las diez de la mañana, cientos de coruñeses se habían dado cita en los muelles para presenciar la llegada de los buques; también la zona del Campo de la Estrada y la carretera de Circunvalación fueron otros de los lugares elegidos para presenciar la maniobra de entrada de los buques a la bahía.

La presencia de los navíos y de su dotación, integrada por 1.788 hombres, provocó gran animación en las calles de la ciudad a lo largo de los días en que la División naval permaneció en el puerto coruñés. Fueron cinco jornadas repletas de actividades de todo tipo, fiestas sociales en la principales Sociedades coruñesas, recepciones oficiales, verbenas populares, encuentros de fútbol, iluminación extraordinaria de algunos paseos de la ciudad, visitas a los barcos, regata de traineras, conciertos e incluso un desfile de las dotaciones por las principales calles coruñesas.

Ya en la mañana del día 10, a las 13,00 horas, el Almirante, cumplimentó al Alcalde de La Coruña en el Palacio Municipal y por la tarde, las primeras Autoridades fueron recibidas en el “Miguel de Cervantes” por el Almirante y los Comandantes de los buques surtos en el puerto.

A partir de la jornada del 11, se desarrollaron los actos del denso programa organizado con motivo de esta visita. Ese día, a las tres y media de la tarde, en las proximidades del Club Náutico se concentraron las fuerzas que iban a participar en la parada que recorrió, ante miles de coruñeses, las principales arterias de la ciudad.

La columna estaba compuesta por la Escuadra de Gastadores del “Méndez Núñez”; Banda de cornetas y tambores y Música de la Escuadra; Secciones de marinería del “Miguel de Cervantes”, “República”, “Méndez Núñez”, “Blas de Lezo” y “Churruca”; Zapadores, Señaleros, Sanitarios, cuatro cañones y cinco ametralladoras de los trozos de desembarco de los cuatro Cruceros. En total cerca de un millar de hombres, a las órdenes del Jefe de Estado Mayor de la 2ª División de Cruceros, Capitán de Corbeta Carlos Regalado.

Aquella misma tarde, la Música de la Escuadra y la del Regimiento de Infantería nº 8 ofrecieron sendos conciertos en los jardines del Relleno y, por la noche, el Club Náutico ofreció un baile de etiqueta a la oficialidad.

Al día siguiente, 12, continuaron desarrollándose los actos del abigarrado programa. La Diputación ofreció un banquete a todas las dotaciones de la División. Se sirvió un almuerzo a los Jefes y Oficiales en el Hotel Atlantic. En el “Miguel de Cervantes” se celebró una fiesta popular. Los coruñeses visitaron los barcos y el Sporting Club ofreció una fiesta en su inigualable parque del Leirón.  

El día 13, en el campo de Riazor, un equipo de la División de Cruceros se enfrentó, en partido de futbol, contra otro de la guarnición coruñesa que concluyó con victoria de los primeros por tres tantos a cero. Se celebraron sendas fiestas en el Nuevo Club y en el Circo de Artesanos. Sin embargo, las inclemencias meteorológicas impidieron la celebración de la verbena prevista en los jardines del Relleno.

El sábado 14, continuaron los festejos con una sesión de cine sonoro a bordo del “Miguel de Cervantes” y sendas fiestas en el Náutico y en el Sporting Club. Finalmente, el domingo, la bahía coruñesa fue escenario de una regata de traineras.

El lunes 16, los cinco buques abandonaron el puerto con la promesa de regresar en agosto para animar las fiestas mayores de la ciudad; sin embargo, nadie le iba a decir a los coruñeses que uno de aquellos barcos que visitaron La Coruña, el “Blas de Lezo”, no regresaría jamás ya que en julio siguiente, realizando unas maniobras en aguas gallegas, el Crucero chocaría contra dos agujas de los bajos del Centollo, no señaladas en las cartas, perdiéndose para siempre sin tener que lamentar bajas entre su dotación.