Antonio Gómez García tenía 24 años y era natural de Bornos (Cádiz) pero de pequeño su familia había emigrado a Cataluña y vivía en Santa Coloma de Gramanet. Había cumplido su sueño de hacerse agente de la Policía Nacional. Estaba casado y tenía una hija de un año. Ejercía de escolta en Vascongadas. Murió asesinado el 31 de marzo de 1982 en San Sebastián. En el atentado murió también la persona a la que escoltaba, Enrique Cuesta Jiménez, delegado de la Compañía Telefónica Nacional de España en Guipúzcoa. Ambos fueron tiroteados por dos terroristas en la Avenida Sancho el Sabio de la capital guipuzcoana, cerca del domicilio de Enrique Cuesta.

El atentado fue reivindicado por los Comandos Autónomos Anticapitalistas, una escisión de ETA, que actuaba como satélite de la organización terrorista, alegando que Telefónica colaboraba con las Fuerzas de Seguridad del Estado facilitando escuchas telefónicas. Se vivía el duro período conocido como “los años del plomo “de ETA.  Los asesinos huyeron en un coche   Seat 850 con matrícula de Zamora, robado previamente, que les estaba esperando. Una de las hijas adolescentes de Enrique Cuesta vio a su padre muerto al bajar a la calle al sentir que su padre tardaba, sufriendo un desmayo.

Enrique Cuesta fue enterrado en su ciudad natal, Logroño. El agente Antonio Gómez García fue enterrado en Santa Coloma de Gramanet. El funeral se celebró en la iglesia Mayor de Santa Coloma. El templo se abarrotó de personas. Ofició el sacerdote castrense Antonio Castejón. El funeral fue presidido su esposa, Josefa Gutiérrez, por el director general de Seguridad del Estado, Francisco Laina, el delegado del Gobierno, Juan José Rovira Tarazona, el Gobernador Militar de Barcelona, general Chica Bernal y el Gobernador Civil Jorge Fernández Díaz. También asistió el ex presidente de la Generalidad de Cataluña, Josep Tarradellas. Su féretro, cubierto con la bandera nacional, fue trasladado a hombros al cementerio por cuatro agentes de la Policía Nacional y otros cuatro miembros de la Guardia Civil, entre aplausos del público.

Los Comandos Autónomos Anticapitalistas eran una escisión ultra comunista de ETA, surgida en 1978. Cometieron 25 asesinatos. Más que una banda eran un grupo de células armadas que atentaban según su voluntad, sin que existiese propiamente una cúpula del grupo. No obstante, mantenían cierta coordinación con ETA “militar”, la rama terrorista más sangrienta. Los expertos en el terrorismo de ETA afirman que en los CAA solían acabar aquellos terroristas que por su forma de ser se avenían mal con la estricta disciplina que imperaba dentro de ETA.

La Guardia Civil y la Policía Nacional acabaron con los CAA en una serie de operaciones en 1984 y 1985. Algunos de sus miembros murieron en enfrentamientos con las FCSE. Otros acabaron en la cárcel. Los que quedaron acabaron integrándose en ETA “militar”, que a partir de 1985 fue la única ETA que hubo.

Los asesinos de Enrique Cuesta y Antonio Gómez García fueron los terroristas José Antonio Zurutuza Sarasola alias “Capullo” o “Acullo” y Ramón Agra Alonso “Malagueño”. Zurutuza fue uno de los miembros de los CAA que acabó en ETA. Según se ha publicado, más tarde se casó con una mujer francesa de buena posición económica y durante años trabajó en una empresa de importación de productos españoles a Francia, empresa que formaba parte del aparato de financiación de ETA. El tiempo fue pasando y cuando su doble crimen de 1982 estaba a punto de prescribir, por fortuna fue detenido por la policía francesa en una operación contra las empresas tapadera de ETA. Al tener doble nacionalidad española y francesa su extradición fue muy complicada pero finalmente se produjo. Aunque hubo un voto discrepante de uno de los jueces, por fin la Audiencia Nacional condenó en 2010 a Zurutuza a 46 años de cárcel por su doble crimen de 1982.

El otro autor material fue Ramón Agra Alonso. Este terrorista se apartó totalmente de la violencia en 1985 y colaboró con la Justicia, razón por la cual fue puesto en libertad. De hecho, su testimonio acabaría siendo clave para poder condenar años más tarde a Zurutuza. Buscó una nueva vida muy lejos del País Vasco y volvió a la tierra de su familia, Málaga. De hecho, abrió un bar en Fuengirola en 1987. Pero cayó en el mundo de la heroína, lo que le llevó de nuevo a la cárcel. Murió asesinado en 1990 durante un permiso penitenciario de la cárcel de Málaga. Se especuló con que fuese una venganza etarra por su “traición” pero la Policía lo atribuye a un ajuste de cuentas por drogas.

Se vivían años muy duros de violencia terrorista. En 1982 el terrorismo vasco asesinó a 49 personas. El nivel de violencia terrorista seguía siendo muy alto (255 atentados etarras ese año) a pesar de que el número de detenciones de etarras y de desarticulaciones de células era elevado. Según los datos de Florencio Domínguez Iribarren, considerado uno de los mayores expertos en el terrorismo etarra y director del Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo, entre enero de 1980 y marzo de 1982, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado detuvieron a 1.423 miembros de ETA, desarticulando 139 “comandos” etarras. En ese período las FCSE incautaron 752 armas de fuego, 171 granadas y 2036 kilogramos de explosivo a ETA. Cifras que hablan por sí mismas de la crítica situación que vivía España después de casi 6 años de democracia y “libertad”

Volviendo al atentado que nos ocupa, es relevante señalar que la hija de Enrique Cuesta, Cristina Cuesta jugó más tarde un importante papel en el impulso de las protestas cívicas contra ETA en Vascongadas. Hoy es directora de la Fundación Miguel Ángel Blanco. En cuanto al agente Antonio Gómez García, en 2017 recibió un homenaje en Antequera, Málaga, donde se inauguró un monolito en su honor. De Antequera era su mujer Pepi, Josefa Gutiérrez que presidió el homenaje, junto con su hija. Josefa también procedía de una familia andaluza que había emigrado a Cataluña. De hecho, Antonio y ella se habían conocido de adolescentes en la Plaza Cataluña de Barcelona. Antonio fue ascendido de empleo a título póstumo por el Real Decreto de 18 de marzo de 2005 por el que también fueron ascendidos muchos agentes asesinados por el terrorismo en los años del plomo.

Es significativo que, igual que en el caso de otros agentes de la Policía Nacional o la Guardia Civil, víctimas de ETA que eran naturales o vivían en Cataluña, siendo de origen andaluz, se les ha homenajeado oficialmente en los últimos años en sus localidades andaluzas de origen familiar pero no en Cataluña.