No es sólo un refrán popular, constituye una verdad completa, perfectamente contrastable por la Historia. También es el lema de los belgas. Una frase que invita a los ciudadanos a unirse para conseguir un objetivo en común. Ya lo decía el historiador y crítico británico, Carlyle: “Un hombre se basta a sí mismo, pero diez hombres unidos por el amor serían capaces de ser y hacer lo que diez mil no lograrían separadamente”.

Estamos demasiado acostumbrados a opinar y poco determinados a la acción, esperando el maná del cielo o la llegada de un mesías que venga a poner orden en la sociedad española de hoy. Ya lo decía el célebre novelista y fabulista francés, La Fontaine; “Toda fuerza es débil si no está unida”.

Claro que, como es de sobra sabido, los políticos van sólo a lo suyo, que es la mamandurria, mientras el individuo, el probo ciudadano-limón, siente como le exprimen desde todas las esferas del poder. Un proverbio portugués nos recuerda que: “El valor crea vencedores; la concordia crea invencibles”. Porque, tanto en la paz como en la guerra, el triunfo lo proporciona la unión.

¿Qué habría sido de los españoles si, en momentos críticos de nuestra Historia, cada uno hubiera ido por su lado? Recordemos épocas como la Reconquista, la fusión de los reinos españoles con los Reyes Católicos, la colonización de las Américas, la Guerra de la Independencia y tantos y tantos momentos gloriosos que tuvieron como denominador común la unidad del pueblo en una empresa común.

Sin embargo, se diría que nuestros políticos prefieren los momentos más oscuros del siglo XIX y los peores del XX. ¿Quieren saber lo que piensan los hombres? -se preguntaba Beauchêne, el médico y autor francés: “No escuchéis lo que dicen; examinar lo que hacen”. Dikens lo aclaraba con esta afirmación: “Lo que ahora se necesita son hechos. Solamente los hechos son necesarios en la vida”.

¿Hechos? Pues sí, las Autonomías no caminan hacia la unión de los pueblos; entre los servidores públicos prima el control del poder como objetivo: “el que se mueva no sale en la foto”; ¿lo recuerdan?, democracia en estado puro. Tampoco podemos olvidar que los grandes líderes del siglo pasado fueron socialistas: Hitler, Mussolini o Stalin y que exterminaron a millones y millones de personas.

El descontento del pueblo es un hecho y, si tienen alguna duda, esperen un poco a que la situación empeore, y verán lo que se nos viene encima. El célebre novelista y poeta inglés, Oscar Wilde, anticipaba: “El descontento es el primer paso en el progreso de un hombre o de una nación”.

Sancho III el Mayor supo anticiparse al futuro

Pero regresemos a los hitos históricos. Los últimos gobernantes visigodos propiciaron la invasión de los musulmanes a la Península. Pero la Historia nos puso en el camino a Sancho III el Mayor, un rey que facilitó la Reconquista en el tercio norte peninsular con su inteligente política de pactos familiares, nos trajo lo principios del Cluny, para unificar la iglesia en la autoridad del Papa, y desarrolló una política repobladora en torno al Camino de Santiago. Sancho III el Mayor fue el artífice de las campañas de expansión en represalia a las escaramuzas devastadoras de Almanzor en tierras de Pamplona y de La Rioja.

El 16 de julio de 1212 las tropas cristianas vencen a los almohades cerca de la población jienense de las Navas de Tolosa, gracias a la unión de las fuerzas de Castilla, Aragón y Navarra. Todo empezó el 21 de junio, cuando parte de Toledo un gran ejército formado por castellanos, aragoneses y ultramontanos hacia las Navas de Tolosa; la mayor parte de los extranjeros volvieron a sus lugares de origen, salvo un pequeño contingente del obispo de Narbona. Tras la toma de Caracuel y Almodóvar, se unen al ejército las tropas de Sancho VII el Fuerte.

El 12 de julio los cristianos avistan a los musulmanes y deciden no hacerles frente y cruzar el desfiladero del Rey, que los almohades no conocen y han olvidado cerrar; creen que los cristianos tienen pocos víveres y que han decidido marcharse. Al-Nasr acude al campo de batalla, montado en su caballo, y dispone a sus hombres para el ataque.

Por fin, la noche del lunes 15 de julio, los cristianos salen ordenadamente del campamento disponiéndose en tres cuerpos: en el centro Alfonso VIII, a la izquierda Pedro II y a la derecha Sancho VI; mezclados entre ellos las milicias concejiles de Segovia, Ávila y Medina.

Los musulmanes colocan en vanguardia las tropas ligeras, en lo alto de un cerro los arqueros y la élite almohade, y, a ambos lados. los contingentes árabes. El combate se inicia con el avance cristiano y lo que parece una batalla perdida para éstos, pronto se convierte en una victoria, gracias a la caballería cristiana.

Neutralizada la vanguardia almohade, comienza la batalla con el grueso del ejército de al-Nasr. Mientras se lucha éste permanece en su tienda leyendo el Corán, rodeado de miles de esclavos encadenados y armados con lanzas.

Cuando el ataque cristiano arrolla a los musulmanes, éstos inician una huida generalizada; al-Nasr iba ya camino de Sevilla. Las bajas de aquellos son muy numerosas. Y los vencedores explotan el éxito conquistando Úbeda, Baeza, Tolosa, Baños y Vilches, batalla que constituiría un hito; para Castilla porque el camino hacia al-Ándalus quedaba expedito; y para todos los cristianos porque provocaron la decadencia almohade. Los navarros se llevaron la gloria de sus cadenas.

Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando

Otro gran híto de nuestra Historia llegaría de la mano de los príncipes Isabel Y Fernando. El 19 de octubre de 1469, el arzobispo de Toledo celebra en Valladolid la boda de la princesa Isabel, hermanastra del rey Enrique IV de Castilla, y de Fernando, hijo de Juan II de Aragón. Boda secreta de los que serían conocidos más tarde como Reyes Católicos; ejemplo de unidad y sentido de Estado, que favorecieron la unidad de España y el fin de la Conquista musulmana en la Península Ibérica, con la toma de Granada. Sin olvidarnos del inicio de un tiempo único en la Historia de España: la conquista y un amplio período de colonización del Nuevo Mundo. Y todo por desarrollar con hechos su concepto de unidad.

La triste realidad de la España de hoy

Todos estos hechos gloriosos contrastan con la triste realidad de la situación de la España de hoy. Y todo porque nos empeñamos en contemplar el hoy e imaginar el futuro sin considerar el pretérito perfecto de la Historia. Todos los que tienen responsabilidades en la gestión de nuestra España, deberían recordar la frase que dijo a su rey Santo Domingo de Silos, cuando era monje en San Millán de la Cogolla: “Señor, como hombre sois como nosotros, y como rey, por nosotros y para nosotros”.

Pues está llegando el tiempo de los hechos. Por eso viene a mi recuerdo una frase, igualmente significativa y plenamente vigente: “Amo a España porque no me gusta”.

A lo mejor convendría aplicar una desamortización de la política en nuestras vidas y la exclaustración de los que no piensan en el bien común de todos los españoles. Lo dice el refrán: “a cada cerdo le llega su San Martín”. No perdamos la esperanza.