Hoy, 16 de mayo, el glorioso Cuerpo de Infantería de Marina, está de fiesta; la Infantería de Marina Española, la más antigua del mundo (1537), celebra a su Santo Patrón, San Juan Nepomuceno.

Según refiere la tradición, a finales del siglo XIV (1393), siendo confesor de la Reina de Bohemia, Juan Nepomuceno, sufrió martirio y muerte por negarse ante su Rey a romper el sagrado voto del secreto de confesión.

Canonizado por el Papa Benedicto XIII, en marzo de 1729. En 1731, una Real Orden, dispuso la creación del Batallón de Marina de Barlovento quien se puso, desde ese instante, bajo el patronazgo de Nuestra Señora de Guadalupe, cuando prestase guarnición en América, y de San Juan Nepomuceno cuando se encontrase guarneciendo la península, sirviendo su ejemplo de permanente sigilo sacramental, como el mejor paradigma para ayudar a los integrantes de aquel Batallón a dar fiel cumplimiento a sus misiones y a guardar secreto de las consignas recibidas a cualquier precio, incluso el de perder la vida.

Posteriormente, por comunicación de 16 de mayo de 1758 del Capitán General de la Armada Juan José Navarro, marqués de la Victoria, hizo extensivo este patronazgo a todos los batallones del Cuerpo, señalando que tal festividad se celebrará, por todos los Batallones de Marina, cada 16 de mayo.   

Según relatan las crónicas, aquella festividad “se celebró con la más plausible solemnidad y ostentación, cooperando a esta, el haber quemado, la víspera, vistosa función de artificiales fuegos, y dispuesta una muy numerosa orquesta, en la que concurrieron los más hábiles instrumentistas de este pueblo, con cuya asistencia, en ese día, a los oficios, y la de cuantas personas visibles hay en él, ha acreditado, el referido Cuerpo, su esmero y fervorosa devoción al mencionado Santo”.

Andando más en el tiempo, una Real Orden, fechada el 18 de marzo de 1878, dispuso la confirmación de San Juan Nepomuceno como Santo Patrono de la Infantería de Marina a instancias del Inspector General del Cuerpo, Mariscal de Campo, Montero y Subieta y, en virtud de la misma, S.M. el Rey D. Alfonso XII, transmitió a los Mandos Jurisdiccionales, su soberana voluntad de que “el día 16 de mayo, en que se celebra constantemente la festividad del Patrono San Juan Nepomuceno, lo sea de gala para cuantos pertenecen al Cuerpo de Infantería de Marina, y así se celebre una función religiosa, según lo permitan los fondos generales de entretenimiento de los Regimientos, Batallones sueltos y Apostaderos; costeándose por los mismos la imagen del Santo o retrato en pintura que ha de haber en la capilla de los cuarteles donde se alojan de ordinario las tropas de la Armada, de que se trata”.

De esta forma, el recuerdo siempre presente del Santo Patrón ha de servir de ejemplo para que el infante de Marina, no quebrante el secreto de las consignas recibidas y las defienda heroicamente hasta las últimas consecuencias.

Así, desde aquella lejana fecha, la Infantería de Marina, convirtió al Santo checo en modelo de lucha, firmeza, valentía y fidelidad, plasmando en las tres sardinetas bordadas en las bocamangas de las guerreras las tres virtudes que deben iluminar la senda de todo Infante de Marina: la fe, fe ciega en el triunfo, en la consecución victoriosa de la misión asignada; la esperanza, esperanza en hacernos acreedores del amor de la Patria y al respeto y admiración de los compatriotas, y caridad, la caridad con la que distinguir al enemigo en toda situación y circunstancia.

Un año más, lamentablemente, la celebración de este glorioso día se verá mediatizada por la situación de crisis sanitaria en la que nos encontramos sumidos, lo que, sin embrago, no será óbice para que vistamos nuestro glorioso uniforme de franja grana partida y sardinetas doradas en bocamanga, y al rayar el día asistamos, con emocionada devoción, al solemne y sencillo acto de izado de la Bandera de España en cuyos sacrosantos pliegues encontramos la razón última de nuestra existencia y el mejor reflejo de nuestros anhelos, de nuestra esperanza, el recuerdo de nuestro glorioso pasado, la realidad de nuestro presente y la ilusión depositada en nuestro futuro.

Hay pocas cosas serias que se pueden ser en este mundo y una de ellas es ser Infante de Marina de España, un glorioso Cuerpo que condensa las más fieles esencias del ser español. Los recuerdos más emocionados de nuestra historia, de nuestro pasado glorioso, de los viejos Tercios de Italia, de la batalla de Lepanto, de la toma de Orán, de la campaña de Túnez, de las Terceras, de la defensa de La Coruña, de las gestas americanas, de Brión, de Bailén, de Tolosa, de la expedición a la Cochinchina, de la gesta de San Pedro Abanto, de la guerra del 98, de la ocupación de Larache, del desembarco de Alhucemas, de la campaña de Ifni-Sahara, de las misiones internacionales… Siempre, cuando España lo demandó, en uno u otro continente, en cualquier condición, favorable o desfavorable, allá estuvo la heroica Infantería de Marina, regando con la preciosa sangre de sus hombres la tierra y la mar.  

Un Cuerpo de ayer, de hoy y de mañana, en guardia y vigilia permanente, siempre dispuesto a defender los sacrosantos valores de la Patria, haciendo valer su lema de “valientes por tierra y por mar”.

José Eugenio Fernández Barallobre,

Alférez RH de Infantería de Marina.