El FRAP era el brazo armado del PCE (m-l), y el GRAPO el del PCE (r), ambos provenientes de escisiones maoístas derivadas de la gran controversia chino-soviética de principios de los años 60. Ninguno de los dos reconocía a la URSS ni al PCE de Carrillo como auténticos comunistas, sino que los detestaban, como “socialimperialista” a la URSS y revisionistas a ambos. El “m-l” (marxista-leninista) tuvo relación y ayuda de los comunistas chinos y los albaneses a través de las embajadas de ambos en París. Los chinos se cansaron pronto de ellos (les llamaban “La banda de la Benita”, por una de sus dirigentes), pero los albaneses seguían apoyándoles. El “r” (de reconstituido) nunca logró apoyo de unos ni de otros. 
La primera “acción armada” del FRAP fue el asesinato a navajazos de un policía en una manifestación del 1 de mayo en Madrid, creo que en 1973 o 74.  La primera del GRAPO se realizó en agosto de 1975, atentando contra dos guardias civiles junto al Canódromo de Madrid, matando a uno e hiriendo al otro. Fue una novedad, porque hasta entonces la ETA solo había atentado contra personas aisladas, y se realizó porque, por entonces, estando Franco a las puertas de la muerte,  ETA y FRAP se habían lanzado a una campaña de asesinatos de policías, que les habían costado caídas espectaculares. El GRAPO, que entonces era solo la “sección técnica” del PCE(r) no se consideraba preparado para acciones de ese tipo, pero consideró que si no se replicaba a los éxitos policiales del “fascismo”, éste se mantendría por el terror durante mucho tiempo. La segunda gran acción del GRAPO, y que le daría nombre más tarde, fue otra acción nunca antes ocurrida: el asesinato simultáneo de cuatro policías en cuatro puntos de Madrid, el 1 de octubre, en la que participó prácticamente toda la dirección del partido.  La razón fue la misma que en el caso anterior: la respuesta violenta a la ejecución de cinco miembros del FRAP y de la ETA detenidos por  los asesinatos anteriores. Se trataba  de  impedir la sensación pública de que el “fascismo”  se imponía indefinidamente por “el terror y la colaboración de hecho de los revisionistas”. Ninguna de estas acciones fue reivindicada — permitiendo que la última se la adjudicara el FRAP– porque no pensábamos estar preparados para afrontar una seria persecución policial. El GRAPO (Grupos de Resistencia Antifascistas Primero de Octubre) se presentaría  con ese nombre el 18 de julio del año siguiente, con una nunca vista cadena de explosiones –sin víctimas– en varias ciudades de España, desde Bilbao a Sevilla o  Barcelona… y que motivó las segundas caídas serias en el partido (las primeras redadas amplias se habían producido dos años antes)
Tener los dos partidos –el “r” y el “m-l”, había algunos más– la misma aversión al revisionismo no los hacía más amistosos entre sí, pues, como ocurre siempre en los partidos afines, cada uno veía a los demás como una competencia por la misma clientela. Así, a pesar de que las primeras acciones del “r” se debían en parte a solidaridad con el perseguido FRAP,  su m-l llegaba a acusar al GRAPO de montaje policial, recibiendo en respuesta la acusación de “grupo falangista”, porque esa procedencia parece haber tenido en parte, incluso, si mal no recuerdo, con “la Benita“.

He narrado estos hechos con detalle en De un tiempo y de un país, memorias de aquellos años. Ahora han vuelto a la actualidad con motivo de que el Coletas considera los del FRAP actos heroicos, está orgulloso de ellos y es comunista, es decir, partidario del terror sistemático, como actualmente su amigo Maduro. Y no deja de ser cierto que serían heroicos si, como vienen a decir todos los antifranquistas retrospectivos, el franquismo fue una dictadura brutal. El problema para esos antifranquistas de pandereta, del PSOE al PP y los separatistas, es que entonces ellos o sus padres habrían sido cómplices de aquella “tiranía espantosa”.
Un pequeño añadido: el GRAPO tuvo la mala suerte de empezar a actuar demasiado tarde, cuando Franco estaba al borde de la tumba y la oposición, incluido el PCE, solo ansiaba ser legalizada y operar con plena libertad. Por tanto, los golpes del GRAPO la asustaron y no encontró mejor recurso para desacreditarlo que inventar lo del “montaje policial”. En cambio la ETA había empezado siete años antes, cuando no se vislumbraba con claridad el fin del régimen, y por ello sus asesinatos habían recibido todas las bendiciones y apoyos, desde la oposición “pacífica” (pero que quería que alguien le hiciera el trabajo sucio), hasta varios  gobiernos europeos, pasando por buena o mala parte del clero. Por esa razón, la ETA dispuso de un trato privilegiado (la “salida política”) hasta el segundo gobierno de Aznar. Y por eso el PSOE, agradecido, rescató a la ETA de la ruina y la premió con legalidad y dinero público, política continuada luego por el PP.
Y así entre unas cosas y otras, hemos llegado al golpe de estado permanente.