España, cuna de héroes, conquistadores y mártires, tendrá en breve cuatro nuevos beatos: Genaro Fueyo Castañón, Antonio González Alonso, Isidro Fernández Cordero y Segundo Alonso González que fueron asesinados por ser católicos, por pertenecer a los grupos de Adoración Nocturna y por estar afiliados al Sindicato Católico de Hullera Española. Sus asesinos, los milicianos del comité local, cometieron sobre ellos torturas brutales y todo ello a pesar de que muchos de los criminales habían conseguido trabajo gracias al padre Fueyo. 

Una de las víctimas, Antonio González, fue asesinado en solitario. Los otros tres fueron martirizados de forma conjunta.

 

Antonio González Alonso tenía 24 años. Había intentado ser sacerdote, pero su mala salud se lo impidió. Por eso optó por prepararse para ser maestro. Fue detenido el 20 de julio junto a su hermano y le llevaron a una cárcel. Allí le quisieron obligar a destrozar objetos religiosos y a blasfemar. Se negó pese a la palizas y sus captores le dijeron que lo pensara, que tenía 24 horas para cambiar de opinión o le asesinarían. Su última noche la pasó junto a su hermano, Cristobal, a quien le explicó que “tengo una ocasión para dar mi vida a Dios en calidad de mártir; no quisiera desaprovechar esta gracia, pero tú haz lo posible para seguir viviendo y atender a nuestros padres”.

Al día siguiente no dudó en responder a los milicianos: “Lo he pensado bien y he llegado a la conclusión de que, en conciencia, no puedo ni debo pisar ese cuadro por lo que representa”.

El día 11 de septiembre le sacaron de la cárcel y le llevaron al Puerto de San Emiliano, a un alto en el que fueron asesinados cientos de personas que luego eran arrojadas sin el tiro de gracia a un barranco ahorrándose así el tener que enterrarlos. Por el camino pasaron por delante de la casa de sus padres. Su madre estaba sentada en la puerta con unas vecinas. La crueldad de sus captores les hizo frenar el coche y pasar despacio para que la madre pudiera ver que se llevaban a su hijo de “paseo”. Antonio aprovechó para gritar desde el coche: “Adiós, madre, hasta el cielo”.

Llegados al puerto, que se encuentra entre Mieres y Sama, bajaron al joven del coche. Según el testimonio del conductor del vehículo, le quisieron obligar a blasfemar, como se negó le cortaron la lengua. Después le dieron una paliza y, medio moribundo lo arrojaron al barranco donde le dejaron morir. Tras la guerra, de ese barranco se recuperaron cientos de cuerpos que no pudieron ser reconocidos. Entre ellos se encontraba el del martir.

 

Genaro Fueyo Castañón había cumplido 72 años. Llevaba medio siglo dedicado al sacerdocio, 38 años al frente de la parroquia de Nembra. Su labor pastoral fue reconocida por todos y multiplicó las vocaciones. En 1908 había creado el grupo de Adoración Nocturna de la localidad y usaba los salones parroquiales para dar clase a los hijos de los mineros y los agricultores gratuitamente.

 

En octubre de 1934 tuvo que refugiarse en casa de uno de sus hermanos cuando se produjo la revolución en las cuencas mineras porque fue avisado por sus feligreses de que tenían previsto ir a detenerle para asesinarle. Gracias a este aviso no fue otro de las docenas de sacerdotes asesinados por comunistas, socialistas y anarquistas. En el verano de 1936 no tuvo tanta suerte. Fue detenido y asesinado la noche del 21 de octubre.

Isidro Fernández Cordero era un padre de familia numerosa de 42 años. De sus siete hijos tres acabaron siendo sacerdotes. Regentaba un bar con una pequeña tienda, además de trabajar en las minas de Hullera Española. El 24 de julio, cuatro milicianos entraron de noche en su casa para comunicarle que tenía que acudir a prestar declaración en el Comité Revolucionario local. Cuando fue le detuvieron en la improvisada cárcel que era la antigua sede de la Adoración Nocturna a la que Isidro pertenecía. Los milicianos le dejaron en libertad unos días después, pero volvió a ser requerido para que se presentara en el Comité bajo amenazas de atacar a su familia si no acudía.

 

Su cautiverio duró más de dos meses. Durante este tiempo sus hijos acudían a verle con cierta frecuencia y siempre les decía que debían perdonar a los que le tenían detenidos. Fue asesinado en la Iglesia de Nembra durante la noche del 21 de octubre.

 

Segundo Alonso González tenía 48 años cuando fue detenido en 1936. Tuvo 12 hijos de los que sobrevivieron siete. Era el presidente de la Asociación Nocturna, del Sindicato Católico de Mineros y de la Cofradía del Rosario. Para ganarse la vida y mantener a su amplia familia estaba obligado a trabajar mucho. Además de en la mina de Hullera Española, realizaba labores agrícolas y trabajos de carpintería.

Cuando fue detenido por los milicianos locales, presumían de haber detenido a alguien importante. Le interrorgaron y le golpearon porque querían que les entregase las armas que pensaban que se escondían en el local de Adoración Nocturna. Segundo no las entregó porque no había ninguna. Fue encerrado en esos mismos locales convertidos en cárcel improvisada y asesinado en la noche del 21 de octubre en la Iglesia de Nembra junto a los dos mártires anteriores.

El asesinato de los tres mártires en la madrugada del 21 de octubre fue de una brutalidad impresionante. Primero se les obligó a cavar su propia tumba. Como el sacerdote era una persona mayor, los dos jóvenes hicieron su trabajo. Luego, dentro de la Iglesia les preguntaron en qué orden querían ser asesinados. Don Genaro pidió ser el último para poder dar consuelo a sus dos compañeros de martirio. Después, uno detrás de otro fueron desangrados y descuartizados en vivo por un grupo de siete personas, cinco de ellas mujeres. Cuando sus cuerpos fueron recuperados tras la Guerra Civil, se encontraban incorruptos.

Pero estos hechos no se rigen por la Ley de Memoria Histórica. Es preferible arrancar placas y crucifijos de las fachadas de catedrales que honrrar a las víctimas inocentes