Hoy se cumplen 85 años del fallido bombardeo rojo de la II República contra la Basílica del Pilar

    En la madrugada del 3 de agosto de 1936, apenas quince días del comienzo de la Cruzada de Liberación Nacional, fue bombardeada la Basílica del Pilar de Zaragoza. Un avión del ejército rojo lanzó cuatro bombas que no llegaron a explotar. Una cayó al Ebro, otra sobre el pavimento de la plaza y dos en el interior de la Basílica: una hizo un agujero en su cúpula de la santa Capilla y la otra dañó la pintura que Francisco Goya pinto en el coreto del Pilar (boquete que puede verse en la parte inferior del lado derecho). 

    Providencialmente, según los católicos y la inmensa mayoría del pueblo español, fue, por intercesión de la Virgen del Pilar, un milagro que ninguna llegase a explotar. Pero, desde el punto de vista técnico, se debió a un error humano, puesto que según se supo después, el avión que las lanzó volaba demasiado bajo, a unos 150 metros y que en las bombas estaban mal acopladas las espoletas, y diseñadas para ser lanzadas a 500 metros En cualquier caso, lo importante es que la Basílica, a pesar de que dos bombas que cayeron en la cubierta del Pilar, no explotaron, salvándose el templo de un gran destrozo y quizás de su destrucción.

     Los proyectiles fueron desmontados por los artificieros del Regimiento de Zapadores de la 5ª División.

    Hay que aclarar, que a pesar del tiempo trascurrido y de las reformas acaecidas durante todo este tiempo, no se han tapado y que aún se conservan (según mis informes) los boquetes, que dejaron las bombas sobre la cubierta del Pilar, y que una cruz de mármol señala el lugar exacto de la Plaza en que cayó la tercera bomba.

    Curiosamente, las dos bombas que cayeron dentro del templo, están expuestas el uno de los pilares cercanos a la capilla de la Virgen, junto con las banderas de hispanoamericanas de Méjico, Haití, Costa Rica, Perú y El Salvador, en recuerdo de este episodio protagonizado por los mismos que empaparon de sangre nuestro solar patrio con la sangre de miles de mártires, y que, por su cristofobia, intentaron destruir uno de los mayores símbolos de la fe católica.