Cañonero “Dato”, a su proa el Guardacostas “Uad Kert”

Pese a la llegada de la “idílica” II República que auguraba toda suerte de bonanzas y libertades, la situación de deterioro del orden público continuó acentuándose hasta que, finalmente, nos condujo a una desastrosa guerra civil, provocada por el sectarismo y la intransigencia de una izquierda y ultraizquierda radicalizada en sus posturas excluyentes.

Si ya se vio en mayo de 1931 y meses posteriores lo que se podía esperar del nuevo régimen, en enero del año siguiente todo siguió por idénticos derroteros en lo que a subversión se refiere, sucediéndose las huelgas salvajes, los atentados y los enfrentamientos.

Los graves desórdenes que, teniendo por escenario Bilbao, se produjeron en la jornada del 17 de enero de 1932, provocados por elementos comunistas que atacaron un mitin tradicionalista, tuvieron su reflejo en otras partes de España donde grupos anarquistas y de izquierdas sembraron el caos en ciudades como Zaragoza, Málaga o Sagunto y otras diecisiete localidades más, declarándose la huelga general.

En el caso de La Coruña, la noche del martes 19 se declaró la huelga. Al día siguiente, la prensa dejó de salir a la calle, los obreros no acudieron a sus puestos de trabajo, el comercio cerró en su práctica totalidad, no circularon tranvías ni taxis, la flota pesquera quedó amarrada y la vida de la ciudad se paralizó, en tanto que algunos grupos de incontrolados apedrearon varios establecimientos del centro coruñés.

Sin embargo, fue el jueves 21 cuando se produjo el más grave suceso en la ciudad. Alrededor del mediodía, un numeroso grupo de huelguistas se dirigió a la Fábrica de Tabacos con el fin de conminar a las cigarreras que habían vuelto a sus puestos de trabajo para que los abandonasen y se sumasen a la huelga. Como estas no atendieran tales conminaciones, los piquetes, en un gesto “muy democrático”, comenzaron a insultar y agredir, con lanzamiento de piedras y objetos, a las que se negaban a secundar el paro. Todo ello provocó que acudiesen al lugar de los hechos efectivos del Cuerpo de Seguridad de guarnición en La Coruña, con la intención de que los piquetes depusiesen su actitud y abandonasen el lugar.

Lejos de acatar tales indicaciones, prorrumpieron en el lanzamiento de objetos contra la fuerza actuante que se vio en la necesidad, primero, de cargar contra los concentrados y, finalmente, debido a que las agresiones no cesaban a hacer uso de sus armas reglamentarias, causando la muerte a un hombre y heridas a otro, lo que provocó la desbandada de los concentrados.

Llama la atención que el triste fallecimiento de este hombre no provocase, al menos la prensa de la época no lo relata, que la actitud hostil de los huelguistas creciese en intensidad y se radicalizase todavía más, como sería de esperar, tras tan luctuoso suceso y como lamentablemente ha sucedido en otras ocasiones.

Sin embargo, en este caso, no fue así. El sepelio se verificó en el cementerio de San Amaro, asistiendo a él cinco amigos del finado y una pareja del Cuerpo de Seguridad. La causa que explica esta actitud por parte de los huelguistas hay que buscarla en el hecho de que el fallecido, un tal José Vázquez, un trabajador residente en Irún, había acudido al lugar de los hechos a recoger a su hermana, una de las cigarreras que habían decidido voluntariamente reincorporarse a su puesto de trabajo, no formando parte de los piquetes coercitivos. Todo ello, pone de manifiesto, una vez más, que, para la izquierda, los muertos jamás han tenido el mismo valor, algo a lo que nos tienen tristemente acostumbrados.     

El viernes 22, la situación general fue más tranquila y pese a que la huelga se mantuvo, algunos comercios abrieron, con muchas precauciones, sus puertas. Finalmente, el sábado, día 23, la vida en la ciudad comenzó a volver a la normalidad.

La prensa de la época relata que el viernes 22, las fuerzas de la guarnición, concretamente el Regimiento de Infantería nº 8, perteneciente a la 15ª Brigada de Infantería, y el Regimiento de Artillería Ligera nº 16, integrado en la 8ª Brigada de Artillería Ligera, salieron a realizar a una marcha, provistos de todo su equipo de campaña, regresando a la ciudad a través de las calles del centro donde fueron vitoreados por la ciudadanía.

Cañonero “Dato” en el puerto de La Coruña en 1932

 

El miércoles 20, en previsión de incidentes, desde la Base Naval de Ferrol, fue remitido al puerto coruñés el Cañonero “Dato” que se mantuvo en estas aguas hasta el sábado 23 en que regresó a su base.

El Cañonero “Dato”, perteneciente a la clase “Cánovas del Castillo” e integrada también por el “Canalejas”, todos ellos bautizados en honor a los Presidentes del Consejo de Ministros vilmente asesinados por la ultraizquierda, tiene su origen en la Ley de Escuadra de 1915, contado con un presupuesto total para la ejecución de la serie de 9.000.000 pts.

Construidos en la factoría de Cartagena de la Empresa Nacional de Construcciones Navales (S.E.N.C.), la quilla del “Dato” fue colocada en abril de 1922, siendo entregado a la Armada en mayo de 1925.

Con un desplazamiento de 1.335 tn., contaba con una eslora de 77 m., 10,23 de manga y 3,42 de calado. Su dotación era de 140 hombres.

Disponía de dos turbinas Parsons y dos calderas Yarrow que le proporcionaban una fuerza de 1.700 cv y un andar de 15 nudos.

Estaba armado con cuatro cañones Vickers de 101 mm. y otras piezas menores.

Como curiosidad señalar que, al igual que sucediera con alguna otra serie de buques de nuestra Armada, para distinguir sus perfiles, se disponía de unos zunchos pintados sobre una de las chimeneas. Así el cabeza de clase, el “Cánovas del Castillo”, no llevaba ninguno; el “Canalejas”, uno, y el “Dato”, dos.

En la edición del 24 de enero de “La Voz de Galicia”, en su página dos, destaca una fotografía de la dotación del buque, a bordo del Cañonero, tomada por el fotógrafo Cancelo, “como recuerdo -dice- de la estancia estos días en la bahía coruñesa del Cañonero “Dato”, que tantas otras veces vino en misión de paz más que de guerra”.

Sin embargo, el Cañonero “Dato” todavía tendría oportunidad de escribir la más gloriosa página de su hoja de servicios.

En julio de 1936, se encontraba en aguas de Ceuta, adscrito a las Fuerzas Navales del Norte de Africa, y al producirse el Alzamiento, su Comandante, el Capitán Manuel Súnico Castedo, opta por unirse a él, desobedeciendo las órdenes del gobierno del Frente popular que le conminan a bombardear Ceuta. Días después, el 5 de agosto, el “Dato” sale del puerto ceutí escoltando, en unión del Torpedero 19 y del Guardacostas “Uad Kert”, al “Convoy de la Victoria” en su paso del estrecho de Gibraltar. En esta difícil misión de escolta se vio en la necesidad de repeler al Destructor frentepopulista “Alcalá Galiano” al que puso en fuga con su artillería, obligándolo a refugiarse en el puerto de Málaga y permitiendo, con ello, que las tropas del Ejército de Africa desembarcasen en la península.

El Cañonero “Dato” fue dado de baja en julio de 1953.