En el anterior escrito nos referíamos al asesinato del Capitán de Seguridad y Asalto, Gumersindo de la Gándara, un leal republicano, a quien le pasaría factura, costándole la vida, sus diferencias con el presidente de la II república Manuel Azaña Díaz.

En aquella orgía de sangre y terror, la cheka de Fomento se distinguió en “arreglar” a través de sus siniestros brigadistas, viejos pleitos entre ciudadanos y reconocidos políticos de la izquierda española más recalcitrante, como siempre el Partido socialista.

Fue el caso del asesinato del editor Luis Calamita Ruy-Wamba, un zamorano dueño de una imprenta, situada en la preciosa ciudad castellana bañada por las aguas del Duero. Allí, en la década de los años diez al veinte del pasado siglo, dos jóvenes se enfrentaron por los amores de una misma mujer. Eran Luis Calamita y el madrileño de origen zamorano, Ángel Galarza Gago, que estaba cursando sus estudios de derecho en la facultad de Madrid. La muchacha se decidió por el joven editor de “El Heraldo de Zamora”, rechazando los amores de quien sería en septiembre de 1936, ministro de la Gobernación del gabinete “de la victoria” presidido por “el Lenin español”, el socialista Francisco largo Caballero, ya en plena guerra de liberación española.

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Ángel Galarza, Ministro de la Gobernación del Frente popular (julio 1936- mayo 1937).

Como muy bien relata José Javier Esparza  en su magnífico libro “El terror rojo en España. Epílogo: el terror blanco" (editorial Altera), Calamita y Galarza tuvieron un serio altercado tras un encuentro fortuito en las calles de Zamora, a la salida de una función teatral. Luis Calamita acompañaba a su novia   cuando se toparon con Ángel Galarza, que llevado por su despecho y celos, pronunció unas frases despectivas, de mal gusto  y ofensivas contra  la muchacha, algo que hizo que Luis Calamita, sin dudarlo, abofeteara, delante de numerosas personas a Galarza, algo que no le perdonaría mientras viviese. Como así sucedió.

El Heraldo de Zamora era un diario surgido a finales del siglo XIX, editado por la familia Calamita. El diario, que en 1931, dirigía Luis Calamita, uno de los hijos de del fundador del Heraldo, Enrique Calamita Matilla, saludaría con entusiasmo la llegada de la II república. Luis firmaba en el periódico una sección titulada “Pasando el rato”. En ella, en los primeros momentos de la llegada del nuevo régimen, su postura republicana  le llevó a criticar con dureza al Conde de Romanones, quien ya mostraba, como buen monárquico, su animadversión hacia la naciente y joven república, con estas palabras:” Primero, deben ponerse de acuerdo los condes y los marqueses y los duques, y después venir al estado llano, a los que cada uno de por sí, SOMOS TANTO COMO VOS Y JUNTOS MÁS QUE VOS, señores aristócratas de la sangre, y veremos si es posible llegar a un acuerdo. Que no es difícil. Nosotros, fiamos por el pueblo laborioso y trabajador, que no quiere más que orden, paz y justicia y una vida ciudadana decente y cívica.”

Sin embargo el periódico, al ver la torpeza y el sectarismo del bienio azañista, girará a posiciones de derecha, haciendo campaña por los candidatos derechistas, primero en las elecciones de noviembre de 1933 y posteriormente  en las fraudulentas elecciones de febrero de 1936, que sirvieron para el triunfo del frente popular. Por Zamora serían candidatos del bloque derechista Santiago Alba, Antonio Rodríguez Cid, José María Cid y Geminiano Carrascal. Estos se impondrían a los candidatos del Frente popular.

A partir del triunfo del Frente Popular el diputado Ángel Galarza se radicalizaría de una manera furibunda. Sirva de ejemplo, una de la sesiones de las Cortes, celebradas en aquella primavera trágica, donde Galarza atacó con inusitada dureza al líder del bloque Nacional José Calvo Sotelo, acusándole de haber colaborado con la dictadura del general Primo de Rivera, en su condición de ministro de Hacienda. Galarza, de forma textual, dirigiéndose al parlamento  dijo: “Los verdaderos demócratas no podemos permanecer en silencio, no podemos permanecer inactivos cuando vemos que se utilizan esos escaños para surgir, nacer, desarrollarse y progresar quien quiere ser jefe del fascismo, quien quiere terminar con el Parlamento, quien quiere terminar con nuestros partidos, no por voluntad popular, sino por la fuerza bruta, por la violencia; quien escribió en un periódico que en España sobraban o sobrábamos quince mil familias, que si un día triunfara nos destinaría a los campos de concentración o a las cárceles.” Pero el momento álgido de su intervención fue el final casi apocalíptico contra Calvo Sotelo: “Pues bien: yo digo una cosa, lo digo bajo mi exclusiva responsabilidad: mi partido, las organizaciones obreras que siguen a mi partido, han condenado siempre la violencia individual; la condenaron siempre, la condenaremos siempre. Ah!, pero yo proclamo una cosa: la violencia contra el jefe del partido monárquico no sería un delito.” Era el señalamiento de víctima que tan bien sabía hacer el Frente Popular. Las consecuencias de aquella amenaza se manifestaron, de forma cruel, en la madrugada del 13  de julio de 1936, cuando José Calvo Sotelo, arrancado a la fuerza de su domicilio, fue asesinado en una camioneta de la Dirección General de Seguridad, por un capitán de la Guardia Civil, fuerzas de la Guardia de Asalto y miembros de la escolta del socialista Indalecio Prieto.

En aquella primavera trágica, España iba  irremediablemente hacia el abismo, llevada por una  política sectaria, cainita, malvada, anti cristiana y anti española del Frente Popular, que obligó a media España a no resignarse a morir, iniciándose en la Comisión de Límites de Melilla, el día 17 de julio,  el salvador Alzamiento  Nacional de 1936.

El triunfo de ese Alzamiento Nacional en la ciudad zamorana será saludada por un editorial del Heraldo que decía: “Nuestra historia periodística refleja bien cuáles son nuestros pensamientos y nuestros ideales. A lo largo de cuarenta años hemos propugnado por una política liberal que defienda los altos intereses de España y de los españoles todos. Hoy nos encontramos en la República, en el mismo lugar donde nos hallábamos entonces; pero los males que se han cernido sobre España nos obliga a rendirnos ante la realidad si es que la vida nacional, en esta nueva era, va a ser encauzada dentro de la República por derroteros de convivencia mutua, de prosperidad, de honradez pública y privada y de engrandecimiento, sin que se derrame más sangre que la hasta ahora vertida por la incomprensión de unos y otros. ¡Viva España! ¡Viva la República! ¡Viva el Ejército!”   

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Escuadrilla del Amanecer con monos del Cuerpo de Asalto.

El  Alzamiento Nacional sorprende a tres de los  hermanos Calmita, Carlos, Luis y Rosendo en Madrid, que quedará bajo el poder y el horror de las hordas marxistas, comenzando a funcionar, desde los primeros días del mes de agosto de ese año 36, las terroríficas chekas. Una de ellas fue la del Círculo de Bellas Artes, que pasaría posteriormente a instalarse en un edificio en la calle de Fomento nº 9. En aquel perverso lugar, tendrá un especial protagonismo una brigadilla de indeseables titulada pomposamente “La Escuadrilla del Amanecer”, que revestida de máximos  poderes con carnets de agentes de la autoridad gubernativa, camparán a sus anchas en lo referente a desmanes, asesinatos, robos y terror indiscriminado y que al mando de Valero Serrano Tagüeña compatibilizaban sus “heroicas acciones” en la cheka de Fomento con otra situada en los sótanos de la Dirección General de Seguridad, perteneciente a la Secretaría técnica de la propia dirección y en la que nos detendremos en una próxima entrega. 

En septiembre entre los miembros de la Escuadrilla, comienza a destacar otro zamorano, llamado Vicente Rueda Fernández, curiosamente el impresor rival de la familia Calmita en Zamora y muy amigo desde la infancia de Ángel Galarza.

Galarza ha sido nombrado, en ese mes,  Ministro de la Gobernación, manteniendo, desde ese instante, una estrechísima relación con la siniestra cheka de Fomento y como no con la Escuadrilla del Amanecer, que incluso le sirvieron, en algún momento, de escolta personal.

Galarza se entera de que los hermanos Calamita se encuentran en Madrid. El día 14 de septiembre –una semana después de tomar Galarza posesión del ministerio- elementos de la Escuadrilla del Amanecer detienen a los hermanos Luis y Rosendo Calamita Ruy-Wamba, a los que se les imputa dirigir un periódico de derechas en Zamora y ser enemigos del ministro de la Gobernación Ángel Galarza. Los detenidos quedarán a disposición del propio ministro de la gobernación.

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Documento que dispone el ingreso en  prisión de los hermanos Calamita.

Tras ser interrogados y maltratados en la cheka de Fomento, los hermanos Calamita son enviados a la cárcel Modelo de Madrid como atestigua un oficio del Director General de Seguridad, dirigido al Jefe de la Prisión Celular de Madrid, insertado en La Causa General. La Dominación roja en España, editada por el Ministerio de Justicia en de 1943, y que en papel timbrado de la Dirección General de Seguridad del gobierno de Madrid, con fecha registro de salida, 14 SET 1936, manifiesta lo que sigue: “Ruego a V. se sirva admitir en esa prisión celular de su digno cargo, a los detenidos Luis Calamita Ruy-Wamba y Rosendo Calmita Ruy-Wamba, los cuales quedarán en la misma a disposición del Excmo. Sr. Ministro de la Gobernación, a  quién con esta fecha se le comunica.” Sigue la  firma del director General de seguridad. P.O. Carlos de Juan.

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Nota escrita de puño y letra de Ángel Galarza, donde ordena poner  a Luis Calamita a disposición del Director General de Seguridad.

Tras veintidós días de estancia en la cárcel  de los hermanos Calamita,  con fecha seis de octubre de ese año 36, el propio Ángel Galarza  escribe de su puño y letra una nota donde dice que “el detenido Luis Calamita, que lo fue por mi orden, queda desde esta fecha a disposición del Director de Seguridad”. Galarza se toma cumplida y miserable venganza tan solo en uno de los hermanos Calamita. Luis, por haberle dado una bofetada, y lo que más duele, haberse llevado a la moza de sus sueños.

Un mes después de aquella nota manuscrita del ministro de la Gobernación, el director general de Seguridad envía un oficio al director de la cárcel Modelo de Madrid, en el que textualmente dice: “Siendo necesario el traslado del detenido en esa prisión Luis Calamita Ruy-Wamba a  la prisión de Chichilla, el cual se halla a mi disposición según se acredita en el adjunto volante, sírvase hacer entrega del mismo al portador del presente oficio D. Vicente Rueda Fernández, encargado del cumplimiento del mencionado traslado. Madrid 6 de noviembre de 1936.” Sigue la firma del Director general de Seguridad, Manuel Muñoz.

Ese mismo día 6 de noviembre, con el ejército de Franco en la Casa de Campo y en los arrabales de la ciudad Universitaria, con el gobierno del Frente Popular huido a Valencia, la junta de defensa de Madrid, al mando del general José Miaja, se prepara para resistir  a las tropas Nacionales, que en conjunto manda el General José Enrique Varela y que están formadas por las columnas al mando de los Tenientes Coroneles Heliodoro  Rolando Tella y Cantos, Carlos Asensio Cabanillas, Fernando Barrón Ortiz  y el Comandante Antonio Castejón Espinosa.

Ya con el fragor de la batalla, en los alrededores de Madrid, el pistolero Rueda Fernández asesinará, ese día, a Luis Calamita, que nunca llegará a la prisión de Chinchilla. Al día siguiente comenzarán los asesinatos en masa de Paracuellos del Jarama y Torrejón de Ardoz, ordenados por el consejero de orden público de la Junta de defensa de Madrid, el comunista Santiago Carrillo Solares y su secuaz Serrano Poncela..

Sin duda el asesinato de Luis Calmita -su hermano Rosendo salvaría la vida- obedeció a un patético resentimiento, con ajuste de cuentas y maligna venganza incluida, por parte del siniestro Galarza. Quien le hizo el trabajo sucio, el otro zamorano, Vicente Rueda, llevaba muchos años enemistado con la familia Calamita, debido a  los negocios y competencia de ambas imprentas, pues la familia Calamita regentaba la mejor de Zamora, mientras que Rueda poseía una imprenta mucho más modesta. Rueda, se “cobró” también su rencor y animadversión hacia los Calamita.

Otro de los hermanos Calamita, Carlos, juez de primera instancia e instrucción del juzgado nº9 de Madrid, fue también detenido por las milicias pero lograría huir de la cárcel, refugiándose en la embajada de Noruega, desde la cual consiguió pasar a la zona Nacional, continuando en ella, y posteriormente en la España de la paz de Franco, su carrera de judicial hasta su fallecimiento en 1956.

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Documento oficial de la Dirección General de Seguridad, de entrega del detenido Luis Calamita Ruy-Wamba al pistolero Vicente Rueda Fernández.

Esa era la “idílica” zona del Frente Popular en 1936, que se empeñan en presentar, faltado a  la verdad, el encanallado PSOE, sus adláteres y sus medios de comunicación apesebrados, falaces  y generosamente pagados  con el dinero de todos los españoles. Una bofetada, propinada años atrás, junto a unos celos enfermizos, hizo que  un hombre honrado, un buen español, fuese víctima de un asesinato incalificable.  Para él no hubo ni tribunales, ni sentencia, ni auxilios espirituales, “ni una Cruz en sus despojos, ni la mano de un buen hijo para cerrarle los ojos”, como acertadamente dice el personaje de Don Diego de Acuña en la obra de Eduardo Marquina “En Flandes de se ha puesto el sol”. Donde desgraciadamente imperaban las tinieblas del odio, el rencor marxista y  sanguinario, era en aquel Madrid rojo y torvo de 1936. Continuará, pues esto también es memoria histórica.