Fue muy sonado el discurso de Marcelino Camacho y muy aplaudido, porque nadie en aquellos momentos tenía el respaldo de lucha política que tenía el fundador de las Comisiones Obreras. El hombre que más tiempo había pasado en las cárceles de Franco y el que más había luchado contra los Sindicatos Verticales y la defensa de unos Sindicatos libres e independientes. Pero, sobre todo fue, el discurso de la RECONCILIACIÓN, ya que Camacho veía la Ley de Amnistía como una Ley de Punto y final que acabara con los rescoldos de la Guerra Civil y de las dos Españas.

“¿Cómo podríamos reconciliarnos los que nos habíamos estado matando los ‘unos a los otros, si no borrábamos ese pasado de una vez para siempre?”

 

Pero, lo mejor es que ustedes lean el discurso integro que aquella tarde pronunció el líder de Comisiones Obreras:

«Señor Presidente, señoras y señores Diputados, me cabe el honor y el deber de explicar, en nombre de la Minoría Comunista del Partido Comunista de España y del Partido Socialista Unificado de Cataluña, en esta sesión, que debe ser histórica para nuestro país, en honor de explicar, repito, nuestro voto.

Quiero señalar que la primera propuesta presentada en esta Cámara ha sido precisamente hecha por la Minoría Parlamentaria del Partido Comunista y del PSUC el 14 de julio y orientada precisamente a esta amnistía. Y no fue un fenómeno de la casualidad, señoras y señores Diputados, es el resultado de una política coherente y consecuente que comienza con la política de reconciliación nacional de nuestro Partido, ya en 1956.

Nosotros considerábamos que la pieza capital de esta política de reconciliación nacional tenía que ser la amnistía. ¿Cómo podríamos reconciliarnos los que nos habíamos estado matando los ‘unos a los otros, si no borrábamos ese pasado de una vez para siempre?

Para nosotros, tanto como reparación de injusticias cometidas a lo largo de estos cuarenta años de dictadura, la amnistía es una política nacional y democrática, la única consecuente que puede cerrar ese pasado de guerras civiles y de cruzadas. Queremos abrir la vía a la paz y a la libertad. Queremos cerrar una etapa; queremos abrir otra. Nosotros, precisamente, los comunistas, que tantas heridas tenemos, que tanto hemos sufrido, hemos enterrado nuestros muertos y nuestros rencores. Nosotros estamos resueltos a marchar hacia adelante en esa vía de la libertad, en esa vía de la paz y del progreso.

Hay que decir que durante largos años sólo los comunistas nos batíamos por la amnistía. Hay que decir, y yo lo recuerdo, que en las reuniones de la Junta Democrática y de la Plataforma de Convergencia, sobre todo en las primeras, se borraba la palabra “amnistía” ; se buscaba otra palabra porque aquella expresaba de alguna manera —se decía— algo que los comunistas habíamos hecho, algo que se identificaba en cierta medida con los comunistas.

Yo recuerdo que en las cárceles por las que he pasado, cuando discutíamos con algunos grupos que allí había de otros compañeros de otras tendencias —que después alguna vez la han reclamado a tiros— estaban también en contra de la palabra «amnistía».

Recuerdo también un compañero que ha pasado más de veinte años en la cárcel: Horacio Femández Inguanzo, a cuyo expediente se le llamó “el expediente de la reconciliación”, y que fue condenado a veinte años en 1956. Cuando monseñor Oliver, Obispo auxiliar de Madrid, nos visitaba en 1972 en Carabanchel, y le hablaba del año de reconciliación que abría la Iglesia, Horacio le decía: «Si quiere ser consecuente la Iglesia con la reconciliación, debe pedir también en este año la amnistía, ya que lo uno sin lo otro es imposible». Y le explicaba que él había sido condenado a veinte años como dirigente del Partido Comunista de Asturias, precisamente por la amnistía, y que su expediente se llamó “el expediente de la reconciliación”.

Hoy podríamos citar más compañeros aquí: Simón Sánchez Montero y tantos otros, que hemos pasado por trances parecidos, pero hoy no queremos recordar ese pasado; hemos enterrado, como decía, nuestros muertos y nuestros rencores, y por eso, hoy, más que hablar de ese pasado, queremos decir que la minoría comunista se congratula del consenso de los Grupos Mixto, Vasco-Catalán y Socialista, y hubiéramos deseado también que éste fuera un acto de unanimidad nacional.

Todavía yo pediría a los señores de Alianza Popular que reconsideren este problema. Nosotros afirmamos desde esta tribuna que ésta es la amnistía que el país reclama y que, a partir de ella, el crimen y el robo no pueden ser considerados, se hagan desde el ángulo que sea, como actos políticos. Por eso hacemos un llamamiento a nuestros colegas de Alianza Popular de que reconsideren su actitud en este acto que debe ser de unanimidad nacional. En esta hora de alegría, en cierta medida, para los que tantos años hemos pasado en los lugares que sabéis, sólo lamentamos que, en aras de ese consenso y de la realidad, amigos, patriotas, trabajadores de uniforme, no puedan disfrutar plenamente de esta alegría. Desde esta tribuna queremos decirlo, que no les olvidamos y que esperamos del Gobierno que en un futuro próximo puedan ser reparadas estas cuestiones y restituidos a sus puestos.

También a las mujeres de nuestro país queremos indicarles que si hoy no se discute este problema, que si en esta ley faltara la amnistía para los llamados “delitos de la mujer”: adulterio, etc., les queremos recordar que el Grupo Parlamentario Comunista presentó una proposición de ley el 14 de julio que creemos que es urgente discutir y que vamos naturalmente a discutir. Pero, es natural, señoras y señores Diputados, que tratándose de un militante obrero, en mi caso, si hablaba antes de que era un deber y un honor defender aquí, en nombre de esta minoría, esta amnistía política y general, para mí, explicar nuestro voto a favor de la amnistía, cuando en ella se comprende la amnistía laboral, es un triple honor.

Se trata de un miembro de un partido de trabajadores manuales e intelectuales, de un viejo militante del Movimiento Obrero Sindical, de un hombre encarcelado, perseguido y despedido muchas veces y durante largos años, y, además, hacerlo sin resentimiento.

Pedimos amnistía para todos, sin exclusión del lugar en que hubiera estado nadie. Yo creo que este acto, esta intervención, esta propuesta nuestra será, sin duda, para mí el mejor recuerdo que guardaré toda mi vida de este Parlamento.

La amnistía laboral tiene una gran importancia. Hemos sido la (clase más reprimida y más oprimida durante estos cuarenta años de historia que queremos cerrar. Por otra parte, lo que nos enseña la historia de nuestro país es que después de un período de represión, después de la huelga de 1917 y la represión que siguió; después de octubre del treinta y cuatro y la represión que siguió, cada vez que la libertad vuelve a reconquistar las posiciones que había perdido, siempre se ha dado una amnistía laboral. Yo he conocido —mi padre era ferroviario en una estación de ferrocarril— que en 1931 todavía ingresaban los últimos ferroviarios que habían sido despedidos en 1917.

La amnistía laboral, pues, está claro que es un acto extremadamente importante, conjuntamente con la otra. Si la democracia no debe detenerse a las puertas de la fábrica, la amnistía tampoco. Por eso el proyecto de ley que hoy vamos a votar aquí tiene, además de la vertiente humana y política, otra social y económica para nuestro país.

Francia e Italia, al salir de la II Guerra Mundial, para abordar la reconstrucción nacional y la crisis, necesitaron el apoyo y el concurso de la clase obrera. Días pasados los representantes del arco parlamentario dieron los primeros pasos en esa vía; la amnistía laboral será el primer hecho concreto en esa dirección que marcan los acuerdos de la Moncloa. No hay que olvidar que salimos de una dictadura en medio de una grave crisis económica, y que todos estamos de acuerdo en que hay que ir al saneamiento de la economía y a la reconversión nacional también, que esto no es posible sin el concurso de los trabajadores, que hay que llevar por ello este espíritu de la Moncloa al hecho práctico concreto de esa realidad.

Señoras y señores Diputados, señores del Gobierno, lo que hace un año parecía imposible, casi un milagro, salir de la dictadura sin traumas graves, se está realizando ante nuestros ojos; estamos seguros de que saldremos también de la crisis económica, que aseguraremos el pan y la libertad si se establecen nuevas relaciones obrero-empresariales y si un código de derecho de los trabajadores las garantiza; si conseguimos de una vez que los trabajadores dejemos de ser extranjeros en nuestra propia patria. Sí, amnistía para gobernar, amnistía para reforzar la autoridad y el orden basado en el justo respeto de todos a todos y, naturalmente, en primer lugar, de los trabajadores con respecto a los demás.

Con la amnistía saldremos al encuentro del pueblo vasco, que tanto sufre bajo diferentes formas, de todos los pueblos y de todos los trabajadores de España. Con la amnistía la democracia se acercará a los pueblos y a los centros de trabajo. La amnistía política y laboral es una necesidad nacional de estos momentos que nos toca vivir, de este Parlamento que tiene que votar. Nuestro deber y nuestro honor, señoras y señores Diputados, exige un voto unánime de toda la Cámara.

Muchas gracias».

 

 

Y ASÍ LA ATACÓ ANTONIO CARRO EN NOMBRE DE AP (AHORA PP)

Y por parte de la Alianza Popular de Fraga intervino Antonio Carro, el que fuera Ministro de la Presidencia durante la Dictadura de Franco, que expuso sus razones contrarias, no porque estuviesen totalmente en contra sino porque consideraba que con la Amnistía de 1976 había sido suficiente y que no se podía conceder Amnistías cada tres por cuatro. Tuvo bastante éxito en su intervención cuando dijo:

Y sabed que las cárceles se pueden vaciar, asaltar, o tomar, como ocurrió con la Bastilla el 14 de julio de 1789. Pero recordad también que esta fecha se ha convertido en la fiesta nacional francesa, como desencadenante de la revolución qué guillotinó a Luís XVI.»Como argumento de que la opinión pública no desea la amnistía, el señor Carro citó la siguiente frase del editorial conjunto que el 24 -de-septiembre pasado, publicaron los siete directores de los periódicos más importantes de Madrid: «Es intolerable la ineficacia de los poderes públicos en la represión del crimen político". Terminó anunciando la abstención de Alianza Popular, «porque una democracia responsable no puede estar amnistiando continuamente a sus propios destructores”.

 

«Así se llega a la Bastilla»

Aceptó y reconoció la institución de la amnistía, pero la consideró tan extraordinaria que hace siglos que no se usa en algunas democracias de Occidente. (Esto provocó las risas en el hemiciclo). Estimó justa, la amnistía cuando cambia el régimen político, y recordo su participación, en diciembre de 1975, en un decreto sobre amnistía para los funcionarios civiles. Justificó también las medidas de gracia subsiguientes, pero nego, en cambio, legitimidad a la nueva amnistía tras las elecciones del 15 de junio. «Parece que ahora -dijó-, la preocupación fundamental es amnistíar, en lugar de gobernar, y esto no dudo en calificarlo como "la política más peligrosa y desestabilizadora de cuantas puedan seguirse.»

Citó frases del -ministro de Justicia -que le escuchaba con una leve sonrisa- sobre los peligros de las amnistías frecuentes, especialmente cuando se refieren a delitos de sangre. También exhibió el señor Carro una cita socialista, la de Luis Jiménez Asua, sobre el uso ciego y desmedido hecho por la República de la gracia, y que fue -según dije- la causa del desorden y de, la caída de la misma.

Por cuenta propia, añadió que con la aprobación de esta nueva y enésima amnistía «mucho me parece, que estemos deslizándonos en el plano inclinado del menosprecio de las leyes, del desgobierno y, en fin, de la anarquía ».

Con acento emocionado, el ex ministro franquista pidió «sólo una garantía», que esta amnistía sea la última y acabe con la tolerancia. Aludió, sin nombrarla, a las movilizaciones de todo orden anunciadas por ETA, y a la constatación de que el desorden público está campando por sus respetos, llegando tal vez a un presalvajismo.

Agotando al máximo sus argumentos, el señor Carro sentenció: «Y sabed que las cárceles se pueden vaciar, asaltar, o tomar, como ocurrió con la Bastilla el 14 de julio de 1789. Pero recordad también que esta fecha se ha convertido en la fiesta nacional francesa, como desencadenante de la revolución qué guillotinó a Luís XVI.»Como argumento de que la opinión pública no desea la amnistía, el señor Carro citó la siguiente frase del editorial conjunto que el 24 -de-septiembre pasado, publicaron los siete directores de los periódicos más importantes de Madrid: «Es intolerable la ineficacia de los poderes públicos en la represión del crimen político". Terminó anunciando la abstención de Alianza Popular, «porque una democracia responsable no puede estar amnistiando continuamente a sus propios destructores».