Estas piedras fueron descubiertas por unos campesinos en 1961. Se encontraban enterradas dentro de una especie de ''depósito'' en el desierto de Ocucaje, en el departamento de Ica, Perú.


En 1966, al médico peruano el Dr. Javier Cabrera Darquea (1924-2001), investigador clave de estas misteriosas piedras, un día le regala un amigo una de esas piedras y entonces comienza su investigación sobre las mismas tanto que llegó a tener en torno a 20.000 de ellas. En 1967, era director de la ''Casa de la Cultura de Ica'' y las expuso allí. En total se han encontrado en torno a 50.000.

Las Piedras son de andesita y algunas tienen un peso de hasta quinientos kilos. Están divididas en diferentes materias, medicina, astronomía, geografía, etc...

Para empezar salen reflejadas en ellas una humanidad distinta físicamente a la actual. Dinosaurios que parece ser que estaban domesticados y que conviven con el hombre. Aparecen hasta aparatos voladores.

También muy chocante es que esa humanidad aparece ahí haciendo trasplantes de corazón y de cerebro. Según el Dr. Cabrera estos hombres habían conseguido dar con la solución al problema del rechazo de órganos por medio de una especie de ''hormona antirrechazo''.

Cabrera aseguraba que salían dibujados en las piedras las civilizaciones de la Atlántida y Lemuria.

Cabrera también comentaba que todo esto concretamente era una biblioteca lítica en la cual  estaban plasmados los conocimientos de unos hombres con una cultura más avanzada que la actual y que las piedras serían un legado escrito de estos hombres, él la llamaba la ''Humanidad gliptolítica'' porque dejaron sus conocimientos dibujados en esas piedras.

Este hombre decía que esa humanidad llegó a la Tierra hace millones de años, que crearon a nuestros ancestros y que se marcharon del planeta antes de impactar sobre ella un enorme cometa, no un meteorito, concretamente hace 65 millones de años por abusar del campo electromagnético de la Tierra y que la zona de donde despegaron sus naves fue en Nazca. Además su lugar de origen y donde regresaron, se supone, son las Pléyades en la constelación de Tauro.