Manuel Puntas Viñas era natural de Girona, donde nació el 24 de septiembre de 1874. Era procurador de los tribunales de Granollers. Allí vivía en la calle Santa Elizabet, número 20, con su familia. Como jefe del Carlismo en Granollers, recibió la orden de Levantamiento el 18 de julio de 1936. Con anterioridad a estas circunstancias, en el año 1933, fue candidato a diputado en el Parlamento catalán por la provincia de Barcelona. También fue miembro del Instituto Agrícola de San Isidro. Los que lo conocieron afirman de él que daba muchas limosnas a los pobres, a quienes ayudaba a manos llenas.

 

Manuel Puntas cursó estudios en el colegio del Santuario de Santa María de El Collell. De conducta recta, carácter intrépido, no se amilanó nunca ante la patrulla de control, enfrentándose a ellos cuando fue detenido, combatiendo las falsas doctrinas de las que estaban invadidos, haciéndoles ver la gran misericordia de Dios y la su grandeza. Dijo que daba gustoso la vida por Dios, si es que iban a matarlo, y por el bien de España, pues hacía tiempo que se la había ofrecido. Enamorado de sus sagrados ideales cristianos y patriotas, por ellos murió. Su familia guarda la medalla que llevaba cuando lo asesinaron de la Virgen de El Collell.

 

De Granollers fue trasladado a la checa de las Juventudes Libertarias, situada en la calle Provenza de Barcelona. Ese mismo día, 14 de octubre de 1936, lo condujeron hasta el cementerio de Montcada y Reixach, donde fue asesinado.

 

José María Puntas Comella era natural de Granollers, donde nació el 4 de abril de 1911. Hijo del anterior y de Eulalia Comella. Era abogado y soltero. Estudió en el Santuario de Santa María de El Collell, como su padre, y en la Universidad de Barcelona. Se destacó en las luchas estudiantiles como católico militante.

 

Fue detenido en su domicilio de Granollers el 19 de julio de 1936. Se le acusó de ser muy religioso y muy patriótico. Al despedirse de su familia, el padre le dijo: “Valor, hijo mío; recuerda que eres católico y tradicionalista, cumple con tu deber”. Fue conducido al barco prisión Uruguay, donde sufrió mil penalidades. El comité de Granollers lo sacó de allí alegando que iban a ponerlo en libertad. Todo era falso. Josep María Puntas fue asesinado en el cementerio de Mataró, el 3 de noviembre de 1936. A sus verdugos les confesó que moría católico, apostólico, romano y tradicionalista. Gritó, antes de recibir los impactos de las balas: “¡Viva Cristo Rey!”. Su familia conserva una medalla teñida de sangre, que llevaba colgada en el momento de ser asesinado.

 

José y Juan Lamarca Salgot. La familia Lamarca tenía una harinera en Granollers. Al inicio de la guerra civil, y sabiendo que los asesinarían, José Lamarca Catarineu, Miquel Vila Maynou y Jaime Lamarca Salgot, se refugiaron en una casa de La Garriga llamada Can Valls. Es muy posible que alguien dijera que estaban allí, pues una patrulla de control de Granollers los fue a buscar. Al llegar a la carretera de Granollers en Caldes de Montbui los hicieron bajar. Los patrulleros se pelearon. Jaime Lamarca aprovechó para escaparse, escondiéndose entre unas zarzas. Los patrulleros no lo supieron ver. Incluso lo buscaron de noche, con linternas, pero nada. Gracias a la lluvia pudo beber, pues estuvo allí durante muchas horas.

 

Al día siguiente, cuando el peligro había pasado, un agricultor lo reconoció. Era un hombre de paz. Lo llevó a su casa para esconderlo. La familia Lamarca tenía familiares en Barcelona. Uno de ellos era guardia urbano. Estaba libre de cualquier tipo de persecución. Jaime Lamarca le avisó y éste lo fue a buscar bajo la protección de un coche de asalto. Era la única manera de llegar vivo en Barcelona. Aun así, lo disfrazaron de guardia de asalto para no levantar sospechas.

 

Escondido en Barcelona su hermano Juan lo fue a ver. Algunos ciudadanos de Granollers lo reconocieron. Era normal, pertenecía a una de las familias importantes de la ciudad. Pasó por la calle Fernando hasta el Ayuntamiento. Llevaba el carnet de identificación que le servía de salvoconducto. Allí lo paró una persona. Le dijo que si era de Granollers le daría un encargo. Esa persona le llevó a la Generalidad. Allí le pidieron sus credenciales. En la puerta había un coche. Creyó que iba a por él. No quiso subir sin unas medidas de seguridad. Vinieron unos mozos de escuadra y lo llevaron a la comisaría de Vía Layetana. Ahí le preguntaron dónde estaba su hermano Jaime. Al no saberlo, lo condujeron a los calabozos. Entre los allí encerrados reconoció a personas de Granollers. Estuvo un mes durmiendo en el suelo. Un día, por la noche, le informaron que estaba libre. No se lo creyó. El desorden era impresionante. La anarquía era total. No quiso salir alegando que estaba enfermo. Sabía que de hacerlo lo matarían.

 

Al día siguiente salió de la comisaría y se refugió en casa de su tía, donde también estaba escondido su hermano Jaime. De Barcelona marcharon en Premia de Mar. Allí estuvieron unos quince días. Un pariente lejano venía material de guerra. Les expidieron un documento para ir a comprar patatas en Puigcerdà. Con un coche que había estado en el frente partieron hacia allí. Pasaron por caminos secundarios para que no los reconocieran. Llegaron a las 5 de la tarde. Se alojaron en un hotel y cenaron. Uno de los que viajaba con ellos les informó que sería muy difícil cruzar la frontera. Lo mejor era volver atrás. Se negaron. Así pues, emprendieron la marcha hacia Francia.

 

Llegaron a Enveitg (Francia). Sobrevivían porque en el forro de la americana llevaban escondido dinero. Su objetivo era entrar en Italia porque tenían conocidos. En Francia estuvieron casi dos meses. Allí conocieron a 2 sacerdotes que se hacían pasar por viajantes de vino. De Enveitg se trasladaron a Niza. Los sacerdotes iban a Roma. En Niza conocieron a un mallorquín que tenía un comercio de fruta. Los Lamarca no tenían pasaporte para cruzar la frontera. Esto era un problema. El comerciante mallorquín era amigo de un cónsul que les proporcionó pasaportes franceses. Llegaron a Roma y se instalaron en la Plaza Narbona. Durante los navidad de 1936 el cónsul español en Roma les informó que deberían volver a España para hacer el servicio militar del lado nacional. De Roma se trasladaron a Nápoles. De allí tomaron un barco que se dirigía a Nueva York. Al llegar a Gibraltar desembarcaron.

 

De Algeciras fueron a Sevilla para conseguir papeles que les permitiera viajar por la España nacional. Cuando los obtuvieron partieron hacia Pamplona, pues allí tenían familiares. Jaime Lamarca permaneció el resto de la guerra trabajando en esta localidad, en una fábrica de harina y como conductor sanitario. Juan, como había hecho el servicio militar en Logroño, en aviación, se presentó en ese cuartel. Fue destinado al mantenimiento de una granja de pollos. Viajó con regularidad a Valladolid y a Zaragoza. En 1938 consiguió entrar en el servicio de transporte. Su actividad consistía en llevar a los mandos militares. También hizo de correo entre Zaragoza y Lleida. Juan Lamarca no estuvo en el frente. Lo más cerca que tuvo un ataque enemigo fue cuando, a 3 kilómetros de donde él estaba, la aviación republicana bombardeó el aeródromo. Así las cosas, la guerra terminó y los hermanos Lamarca volvieron a Granollers.