Siempre fue una herida abierta en la corta vida de Samuel Ros, pero no voy a volver hablar hoy del Samuel escritor y camarada porque ya lo hice aquí mismo y no hace mucho. No. Hoy quiero recordar al amor de su vida, a Leonor Lapoulide Cuyás.

Se sabe realmente poco de ella. Hay datos sucintos y muy escasos. A Samuel Ros se la presentó Miguel Pérez Ferrero en la época de las primeras colaboraciones de Ros en ABC. Se la describe como "una muchacha de alegría irradiante, rubia y flexible, algo llenita de cara". Como Samuel, ella también se afilió a la Falange. Pudo pertenecer, si no nominalmente, sí como acompañante de amigas, al grupo de Las Sinsombrero, grupo este vanguardista y conformado por artistas jóvenes con inquietudes y muchas ganas de epatar. En este grupo figuraban, entre otras, Maruja Mayo y Margarita Manso. El nombre responde al gesto de quitarse el sombrero en público. Ellas lo realizaron un día en la Puerta del Sol. Sabemos que en una ciudad como Madrid todavía muy provinciano este hecho era un mensaje de rebeldía ante lo establecido. En este Madrid todos y todas coincidían en los mismos cenáculos. En los mismos locales de ocio y cultura y tanto Samuel como Leonor se encontraban frecuentemente. De estas coincidencias y antes de la afiliación política de ambos surgió una historia de amor intensa y verdadera, pero hubo un serio inconveniente a la relación pues la familia de él no la veía con buenos ojos. 

La historia acabó muy mal, pues fruto de ese amor hubo un embarazo que creó una situación que les sobrepasó de tal manera que por una mala gestión médica en una situación de clandestinidad el día 4 de julio de 1935 muere Leonor. También muere una parte muy importante de Samuel con ella. Esa tragedia le pesaría durante toda su corta vida. El murió solo diez años después. Contaba su gran amigo y camarada, Dionisio Ridruejo en sus memorias que muchas tardes le acompañaba al cementerio y dejando un cigarrillo encendido en el quicio del nicho de Leonor y encendiéndose otro se sentaba en el suelo y con un llorar pausado repetía: «Leonor, tengo tantas cosas que contarte».

En la madrugada del 6 de enero de 1945 moría Samuel de una complicación tras una operación de apendicitis. Tenía cuarenta y un años, Cuentan que en el momento de expirar musitó: «Leonor tengo tantas cosas que contarte» y a continuación dijo «voy». Conociendo esta historia José Antonio Martín Otín, Petón, un día fue al cementerio de La Almudena con la intención de visitar la tumba de la malograda Leonor y allí le indicaron que habían intentado contactar con la familia de ella porque en unos días iban hacer reducción de restos y que al no aparecer ningún familiar la sepultarían en una fosa común. El enorme ser humano que es Petón se hizo cargo de los restos depositándolos en un nuevo nicho con el nombre y la fecha del óbito y también ​una leyenda que es un deseo de encuentro en la eternidad. «Leonor tengo tantas cosas que contarte».