En tiempos de la Revolución francesa poco quedaba en el Rosellón o Cataluña francesa del sentimiento hispánico del que en otras épocas habían hecho gala sus habitantes. Siglo y medio de adoctrinamiento pro francés había hecho su efecto y Perpiñán estuvo considerada un feudo revolucionario a partir de 1789, resistiendo con éxito a las fuerzas españolas (en buena medida catalanas) del general Ricardos, durante la campaña del Rosellón de 1793.

Más tarde, durante la Guerra de la Independencia, los guerrilleros catalanes prohispánicos que luchaban contra la opresión del invasor francés, repasaron la frontera y atacaron en diversas ocasiones los pueblos de la Cataluña francesa, utilizados como bases de retaguardia del ejército napoleónico. Una de las más sonadas tuvo lugar en marzo de 1813. Un mes antes, las Cortes, desde Cádiz, habían nombrado al general malagueño Francisco de Copóns y Navia Capitán General de Cataluña, sustituyendo al general Lacy. Copons, famoso por haber derrotado a los franceses durante el sitio de Tarifa, en 1812, reorganizó las fuerzas militares y guerrilleras patriotas de Cataluña, para intensificar aún más la lucha.

Formaban este ejército 2 divisiones compuestas por unidades militares regulares como los regimientos de Baza, San Fernando y Leales Manresanos, (unidad ésta cuya trayectoria durante la guerra fue muy gloriosa), entre otras fuerzas, así como por los batallones de origen guerrillero mandados por eficientes comandantes populares como los del Barón de Eroles, José Manso, Francisco Miláns del Bosch o el sacerdote guerrillero Francisco Rovira, “Mossén Rovira”. Manso estaba al mando de todas las fuerzas de origen guerrillero.

Copons, recién tomada posesión como Capitán General, decidió organizar un ataque por sorpresa contra la Cataluña francesa que encargó a los hombres de “Mossen Rovira”. El objetivo era sorprender al enemigo y amedrentarlo así como saquear territorio francés consiguiendo subsistencias para las tropas hispánicas. La tarde del 19 de marzo partió Rovira con su batallón guerrillero desde Ripoll por Sant Joan de las Abadesses y Camprodon y avanzando sigilosamente toda la noche llegó a las 5 de la madrugada a las puertas de Prats de Molló, en la comarca del Vallespir, ya en territorio francés.

Un destacamento de Rovira soprendió, tras lograr engañar hablando en francés, a los 24 soldados napoleónicos que vigilaban las puertas de la ciudad y consiguió pasar a cuchillo a 22 de ellos. Los guerrilleros hispánicos catalanes entraron en masa en la población entonces y la saquearon, mientras los soldados franceses huían presa del pánico hacia el castillo de la ciudad, tras haber sufrido bajas muy considerables. Los soldados de Rovira se apoderaron de 300 ovejas y 100 vacas. Tras sembrar el pánico en Prats de Molló y llevarse prisioneros a España a algunos de los habitantes principales de la ciudad, se retiraron hacia el lado español de la fontera. La incursión en la Cataluña francesa había sido todo un éxito.

Copóns llegó a ser un líder militar bastante querido por los catalanes, tan es así que más tarde, en 1817, se casó con una dama de Vich, doña Maria Teresa D´ Asprer. Del furor antifrancés y pro español de los catalanes de la época, que demuestra que a pesar de la increíble bravura de los guerrilleros hispánicos de Cataluña, el pueblo catalán exigía aún más lucha contra los franceses, dan fe unos versos populares de aquella época. Los recoge el cronista del siglo XIX Adolfo Blanch en su impagable obra ”Historia de la Guerra de la Independencia en Cataluña”:

Lo baró d´Eroles es un joc de boles, En Gai no hi arriba mai, en Miláns ja no ataca com abans, en Manso ja fa el ganso…”