Hoy, 30 de mayo, la Iglesia católica se celebra la festividad de San Fernando III, Rey de Castilla, entre 1217 y 1252, y de León entre 1230 y 1252, volviendo a unir las dos Coronas en una sola, a la muerte de su padre Alfonso IX en 1230.

Nacido en el Monasterio de Valparaíso (Zamora), entre 1199 y 1201, su muerte se produjo en Sevilla en 1252, en cuya Catedral Metropolitana reposa su cuerpo incorrupto a quien, cada año, llegada esta fecha, rinden honores los Soldados del Arma de Ingenieros, entrando al templo a tambor batiente.

Ejemplo permanente de las virtudes características del caballero español, uniendo a un incuestionable valor, la piedad que identifica a un buen cristiano. Fiel cumplidor de sus pactos y promesas hechas a los vencidos; respetuoso con su enemigo al que nunca consideró como tal, combatiendo bravamente para lograr devolver a España su identidad secular; intrépido y osado en sus campañas; amante de las letras; del deporte; ferviente católico; tenaz en sus empresas; es una de las figuras cumbre de nuestra historia, probablemente, en unión de la Reina Ysabel la Católica, la figura política más relevante de nuestra Historia. Todo un paradigma a imitar por las generaciones de españoles de ayer, de hoy y de siempre.

San Fernando, es, además del día de nuestras Fuerzas Armadas y el Patrón de las Especialidades Fundamentales de Ingenieros y Transmisiones del Ejercito de Tierra, el Santo guía y patrón de la juventud española proclamado por el Frente de Juventudes y, más tarde, por la Organización Juvenil Española (OJE), quien le ha rendido culto tradicional desde el instante mismo de su creación.

Los que debemos una parte fundamental de nuestra formación como españoles a la O.J.E. en cuyas filas militamos, vistiendo la gloriosa camisa azul, a lo largo de nuestra juventud, conocemos la figura de San Fernando que siempre ha estado presente como todo un icono y un paradigma a imitar en nuestros gestos y acciones.

De él, de su figura inmortal, hemos aprendido a ser fervientes españoles, limpios de corazón, respetuosos con nuestros compañeros, amantes del esfuerzo y del sacrificio, caminantes sin descanso por las sendas del honor, entendido que el servicio es siempre un honroso acto de entrega a nuestra Patria, a nuestros ideales y creencias más profundas.

Durante aquellos maravillosos años en los que, macuto al hombro, recorríamos, alegres, los caminos de una España que había comenzado a florecer, donde todos los vientos de la rosa nos enseñaban justicia libertad, entonando nuestras canciones de paz, aquellas que nos hablaban de lealtad, de sano orgullo juvenil, de sentimientos de proyección en lo universal, siempre estuvo presente la figura de nuestro Santo Patrón, San Fernando.

Luego, aquellas noches de vigilia tensa y segura, meditando en nuestros campamentos sobre nuestros ideales más profundos, bajo el palio estrellado de nuestra amada España, donde los luceros que brillaban, iluminando el nocturno, eran el recuerdo imperecedero de los que, generosamente, supieron entregar su vida por el supremo ideal de la Patria, la última oración se la dedicábamos a nuestro Patrón en la seguridad de que él, no solo guiaría nuestra ruta, sino también nos daría las fuerzas necesarias para acometer cualquier empresa y superar todo tipo de obstáculos, manteniendo nuestra senda recta y limpia hasta lograr el gran objetivo de ser consecuentes con nosotros mismos y con nuestra forma de entender la vida.

Campamento de la Organización Juvenil Española

Ha pasado mucho tiempo desde aquellos días. Hoy, ya veteranos, seguimos recordando a nuestro Santo Patrón, evocando con nostalgia unos años en los que aprendimos a amar a Dios y a España por encima de todas las cosas; a ser fieles cumplidores de nuestro deber; a recorrer con alegría ilusionada los campos de nuestra amada Patria, llevando con nosotros, un mensaje de ilusionante esperanza, de eterna primavera; a servir para valer como primera gran consigna, capaz de hacernos entender cuál era nuestra polar, nuestro norte, todo un ejemplo de vida.

Tal vez, muchos jóvenes españoles desconozcan que hoy es el día de su Patrón y que, ni tan siquiera, conozcan la figura de San Fernando, el Rey Santo. De un tiempo a esta parte, estamos siendo testigos de cómo se engaña de forma miserable y consciente a nuestras juventudes, de cómo se le sustrae lo esencial para sustituirlo por lo anecdótico, de cómo se les incita a santificar a ídolos con pies de barro, de cómo lo efímero sustituye a lo permanente, a lo trascendental, a lo eterno, de cómo un relativismo feroz e implacable se convierte en una especie de religión que deben idolatrar.

Es preciso que, de nuevo, si queremos que España se salve y recupere su secular identidad, nuestra juventud vuelva buscar paradigmas como nuestro Santo Patrón, San Fernando; vuelva a recorrer con sana alegría juvenil los senderos de la Patria; vuelva a hacer España marchando, con buen paso, por sus fértiles valles o escalando sus escarpadas montañas; vuelva a sentirse, en unión de sus camaradas, como uno solo para lograr la gran empresa de devolver a nuestra Patria la dignidad que han querido arrebatarle los políticos corruptos y acomodaticios; vuelva a soñar con noches campamentales cantando bajo los luceros, con claros amaneceres en los que jamás se ponga el sol de la Patria, el pan y la justicia, de lo contrario estaremos condenados a morir como Nación.

Hoy, es San Fernando, el Patrón de la juventud española, nuestro Santo Patrón. Un día en el que deberíamos reflexionar sobre los valores aprendidos y si hemos sido capaces, a lo largo de nuestra vida, de hacernos acreedores, a imitación de San Fernando, a merecer la consideración buenos hijos de España. Ojalá que lo hayamos logrado y si es así, démosle las gracias a nuestro querido Patrón y enseñemos, sin recato, este mensaje a las generaciones que vienen detrás.

¡Feliz San Fernando!