El 29 de julio de 1979 las vacaciones de verano de los madrileños se vieron terriblemente arruinadas e inundadas de sangre, debido al brutal atentado etarra con bombas contra la población civil de Madrid en el aeropuerto de Barajas y en las estaciones de tren de Atocha y Chamartín. Murieron 7 personas y casi 120 resultaron heridas, algunas de ellas con amputaciones graves. Las emisoras de radio de la época pidieron a los madrileños que donaran masivamente sangre.

Los ciudadanos respondieron ejemplarmente y se cubrieron enseguida las necesidades. Los fallecidos fueron el Guardia Civil retirado Juan Luna Azol, la ama de casa Guadalupe Redondo, el joven Jesús Emilio Pérez Palma, el marido de Guadalupe, Dionisio Rey (policía retirado) y una hija suya, Carmen Rey Redondo, resultó herida grave. También murió la turista danesa Dorothea Fertig de 20 años, que resultó decapitada por la explosión de una de las bombas, el submarinista de profesión José Manuel Amaya Pérez, así como José Javier Juan Foix, de 17 años.

En total explotaron 3 bombas metidas en maletas, una en la oficina de facturación de coches cama de la estación de Atocha, otra en las taquillas automáticas de la estación de Chamartín y otra en la consigna de equipajes de las llegadas nacionales del aeropuerto de Barajas. En total las bombas tenían casi 20 kilos de explosivo amonita. Todas las explosiones tuvieron lugar en torno a la 1 del mediodía, en plena hora punta cuando el aeropuerto y las estaciones se hallaban repletas de gente que partía hacia sus vacaciones.

El atentado fue obra de la banda terrorista ETA en su rama “político-militar”. Hay que recordar un dato político muy importante y es que 11 días antes, el 18 de julio, se había aprobado el Estatuto de autonomía vasco, después de una tensa negociación entre Suárez y el PNV.

La banda terrorista ETA pm, (a la que pertenecía Otegui en ese momento), reivindicó la matanza del 29 de julio en un comunicado en el que afirmó que esta había tenido lugar como aviso al gobierno para que acelerara las transferencias a la Comunidad vasca, ya que “el Estatuto aprobado no colma nuestras aspiraciones políticas” y exigía que los presos de esta banda terrorista concentrados entonces en la cárcel de Soria, fuesen trasladados a cárceles vascas. Los terroristas autores materiales de esta matanza permanecen en la total impunidad como otra más de las vergüenzas de la democracia. Se saben algunos de sus nombres, uno de ellos es una mujer llamada Izaskun Arrazola Mallona. Esta mujer, junto con algunos miembros de su “comando” fueron detenidos algunos meses más tarde, en octubre de 1979, cuando pretendían volar el cuartel de la Guardia Civil de Inchaurrondo, que estaba en construcción.

Esta terrorista logró escapar de la cárcel de San Sebastián, un año más tarde, en enero de 1980. Otra gran vergüenza relacionada con esta matanza fue que pocos meses después los presos de ETA pm de la cárcel de Soria fueron trasladados a cárceles vascas por el gobierno de UCD, cumpliendo así las exigencias de los asesinos etarras. Tristemente ni esta individua ni ninguno de sus compañeros fueron juzgados por la matanza de julio del 79. Y además hay que añadir que un día antes, el 28 de julio, dos guardias civiles habían sido asesinados en San Sebastián por la otra rama terrorista, llamada ETA “militar”(que se oponía al Estatuto).

Cuando a veces se oye hablar en el sentido de de que ETA pm eran los terroristas moderados, no olvidemos este terrible atentado. El Sistema ha procurado hacer olvidar la matanza de julio del 79. Todos los presos de ETA pm serían puestos en libertad en 1982 a cambio de dejar las armas. Numerosos ex miembros de ETA pm acabaron años más tarde en el PSOE.