Introducción y comentario previo a la traducción

La autora

Hosoda Haruko es profesora en la Facultad de Comercio de la Universidad Nihon. Doctorada en Historia por la Universidad Complutense de Madrid.

Ha trabajado en el Ministerio de Asuntos Exteriores, dentro de la Embajada de Japón en España.

Tiene obras relacionadas con España interesantes:

El europeísmo en España: Entre el catolicismo y la social- democracia (2014). http://dadun.unav.edu/handle/10171/37235

“The Spanish Civil War, the Cold War and the Democratization” in Re-Examining the Cold War History: Cold Wars and Other Historical Trends (2015) https://researchmap.jp/read0136273/books_etc/15324995

"Spanish Affiliation to the EEC and Interrelationship of its NATO Membership as seen from the United States" in Spain in the European Union: the First Twenty-Five Years (1986-2011) https://researchmap.jp/read0136273/books_etc/29943029

 

 

Las contradicciones del régimen de Franco: Su política exterior hacia Cuba

HOSODA Haruko

Resumen

Este estudio tiene como objetivo investigar por qué el régimen español de Francisco Franco (1939 – 1975) y el régimen cubano de Fidel Castro (1959 – 2008) mantuvieron relaciones diplomáticas a pesar de sus ideologías opuestas. Esto es importante, desde que el régimen franquista fue aislado internacionalmente después de la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, debido a su postura anticomunista pudo sobrevivir gracias a la ayuda militar y económica recibida por los EE. UU. El estudio se centra en la política exterior española hacia Cuba, teniendo en cuenta como España utilizó su posición contradictoria.

Para empezar, Franco se mostró muy atento e mantener las relaciones con Cuba. Específicamente, él creía que el honor de España dañado por la guerra hispano-estadounidense fue recuperado en representación de Cuba. Además, Franco y Castro compartían valores comunes en el ámbito de su moral y patriotismo. En segundo lugar, las elites españolas creían que España necesitaba una política «peculiar» que estableciese su estatus como una «potencia media de un estado influyente» en una región particular y distanciarse de la Guerra Fría. Además, se creía que España, pese a ser excluida de gran parte de la diplomacia europea debido a su régimen antidemocrático y anticomunista, podría actuar como «intermediario» entre el mundo occidental y Latinoamérica, especialmente entre EE. UU. y Cuba, sin requerir un cambio en el régimen español.

1.Introducción

El objetivo de este estudio es investigar por qué el régimen español de Francisco Franco (1939 – 1975) y el régimen Cubano de Fidel Castro (1959 – 2008) pudieron mantener relaciones diplomáticas a pesar de sus ideologías opuestas. España fue aislada internacionalmente después de la Segunda Guerra Mundial, pero pudo sobrevivir debido a su posición anticomunista y al recibir ayuda militar y económica de EE. UU. Se centra en la política exterior española hacia Cuba, teniendo en cuenta como España fue capaz de utilizar su posición contradictoria sin tener que convertirse en un país democrático.

3

De los estudios que examinan la relación Cuba-España que prevaleció después de la revolución cubana, pocos se basan en fuentes primarias. Esto se debe principalmente a la falta de documentos desclasificados en España, y ni que decir tiene también en Cuba. El Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores, en particular, ha alojado numerosos documentos pertenecientes a Cuba desde los años 70, de los cuales muchos aún siguen clasificados.

Además, los principales investigadores que estudian actualmente el tema de Cuba son anglosajones. Asimismo, parece ser que hay pocos estudios que examinan la relación bilateral desde el punto de vista español. Los siguientes son los dos principales investigadores que estudian Cuba en torno a nuestro ensayo: Lambie, quien admitió la dificultad de obtener acceso a los documentos importantes, analiza minuciosamente la relación Cuba-Europa a partir de artículos de prensa y estadísticas económicas. Domínguez, quien fue exiliado de Cuba en su infancia, es un prestigioso académico americano sobre el tema de Cuba. Desde el punto de vista español, existen algunos estudios relativos a la política exterior española contemporánea hacia Cuba como parte de los estudios de la política exterior general de España hacia América Latina. En particular, Enrich[1] analiza la política exterior general que España aplicó hacia la región entre 1955 y 1985, mientras que Paz-Sánchez[2] analiza los documentos relativos a Cuba antes de 1961 obtenidos por el Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores. Además, se debe hacer una mención especial a las obras de Suárez Fernández[3], que emplean documentos fechados antes de 1965 y obtenidos en gran parte de la Fundación Nacional Francisco Franco.

Aun así, como el tema de Cuba sólo formaba parte de la política exterior general de Franco, el análisis de Fernández es menos profundo. Por último, hay que señalar que Pardo[4] ha escrito un detallado informe de la política exterior de Fernando María Castiella, el ministro español de Asuntos Exteriores entre 1957 y 1969.

Sin embargo, nuestro estudio se basa en los documentos españoles recientemente obtenidos por el AMAE y la Fundación Nacional Francisco Franco, fechados en o antes de los años 70, así como en documentos desclasificados americanos. Además, este estudio considera la relación hispano-cubana con el telón de fondo de los movimientos internacionales de los años 60, como la descolonización, la Guerra Fría y el desarrollo económico mundial. Asimismo, se examina la razón detrás de la perseverancia de las relaciones diplomáticas incluso después de la revolución cubana. Por otra parte, en vista de los numerosos políticos, diplomáticos y académicos españoles que han atribuido esta perseverancia a los «lazos históricos, culturales y económicos», se intenta profundizar en estos lazos. Primero, en términos de antecedentes, discutimos la posición de España en el mundo y la política exterior española, seguido por los detalles de esta política hacia Cuba en el periodo que va desde la Revolución Cubana en 1959 hasta la muerte de Franco en 1975, con especial atención a los años 60.

2.España en el mundo

Debido a la «colaboración» de España con las potencias del Eje a principios de la Segunda Guerra Mundial, el régimen franquista no pudo convertirse durante el período de posguerra en miembro de las principales organizaciones internacionales ni en receptor del Plan Marshall. Para superar este ostracismo, el régimen intentó ser reconocido por las Naciones Unidas, tratando de obtener la simpatía de los países latinoamericanos con el fin de ganar sus votos. Esto lo consiguieron a través de su filosofía de «hispanidad», destacando la cultura común que comparten España y América Latina.

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La posición negociadora de España se vio favorecida por el desarrollo de la Guerra Fría y su importancia geopolítica. El objetivo principal del régimen era su propia preservación, manteniendo su política anticomunista y los ideales del cristianismo. Así, al mismo tiempo, el régimen estaba tratando de obtener un acuerdo con los EE. UU. y el Vaticano. Finalmente, se firmaron los Pactos de Madrid de 1953 (ayuda económica y militar) con los EE. UU y el Concordato entre el Estado español y la Santa Sede de 1953, uniéndose finalmente en 1955 a la ONU.

Al adquirir ayuda económica de EE. UU., España pudo lograr una etapa más importante de desarrollo económico, aclamada como el «milagro económico de España» en la década de 1960. Aun así, España perdió sus colonias (parte de Marruecos y Guinea Ecuatorial) y no pudo convertirse en miembro de la Comunidad Económica Europea.

Franco tendía a respetar a los líderes mundiales que lucharon por la independencia de su país sin importar su ideología[5], como Ho Chi Minh. Por otro lado, se considera a sí mismo como un misionero de Dios para buscar la salvación de España por su decadencia en el Siglo de las Luces, en el siglo XVIII y el periodo liberal en el siglo XIX.[6]

La autoridad de Franco era absoluta con respecto a la política exterior de España, mientras que la influencia de la opinión pública y de la Corte española era muy limitada. Sin embargo, esto permitía a España realizar fácilmente sus políticas sin obstáculos derivados de las campañas electorales, la opinión pública o el Congreso, como era el caso en los EE. UU.  Además, el gobierno español de entonces estaba compuesto por varios ideólogos como falangistas, católicos, monárquicos y militares. Debido a que había considerables fricciones entre estos grupos por las diferencias de sus intereses e ideologías, necesitaban un «jefe» cuyo poder fuese absoluto. Por otra parte, para desarrollar con éxito un sistema no burocrático, el gobierno español tenía que depender de las habilidades individuales, el poder, la influencia y las relaciones con los demás de cada ministro y político. En ese momento, se impuso la censura tanto en España como en Cuba, y no se divulgaron ampliamente sus relaciones entre sí. Como se ha mencionado anteriormente, Franco y Luis Carrero Blanco habían subrayado la relación con EE. UU. debido a su importancia militar y con el Vaticano con el fin de obtener el apoyo moral de los partidos democratacristianos en Europa. Además, pese a que Franco rara vez intervenía directamente en los asuntos de la Embajada (aunque utilizaba su poder de veto cuando se requería), se aseguraba de ser accesible a los embajadores prestándoles una atención considerable.[7] Asimismo, el control de Franco sobre la política exterior de España aseguró que no se desviase de sus principios, como su enfoque en la política de no intervención a largo plazo en las políticas internas de otros países y sus obligaciones morales.

Por ello, el Ministerio de Asuntos Exteriores sólo podía emprender iniciativas en otras esferas de la política exterior. El ministro de Asuntos Exteriores Castiella, intentó superar tanto la inercia de la política exterior española como la imagen internacional negativa de España creada debido a la Guerra Civil y el régimen falangista pronazi. Las políticas de Castiella se basaban en sus experiencias previas como embajador en Perú y el Vaticano. En Latino América , intentó debilitar la ideología falangista imperialista de la «Hispanidad» e introdujo el pragmatismo de los tecnócratas españoles. Su primera prioridad fue restaurar a España con el fin de que estuviese entre los rangos altos de las naciones, en lugar de preservar el régimen existente a toda costa.

En particular, Castiella insistió en la «neutralización del Mediterráneo» (Gibraltar), a lo que EE. UU. se opuso debido a la importancia estratégica de este.  En otras palabras, quería aumentar la importancia de España en el mundo. Para lograrlo, trató de elaborar su propia política exterior, tratando de distanciar a España del conflicto Occidente-Oriente, convirtiéndose en una nación no alineada y forjando alianzas con los países de América Latina y el Mediterráneo. Aunque el mismo no era liberal, colaboró con ministros más liberales. Esto dio como resultado el establecimiento de un sistema más «liberal», necesario para que fuera reconocido por los europeos.[8]

Cuanto más erosionaba el tema de Gibraltar las relaciones de España con Reino Unido, y cuanto más se deterioraban las relaciones con EE. UU., más antagónicos se volvían Franco y Carrero con la política de Castiella de neutralización del Mediterráneo. Además, como resultado de su dura postura negociadora contra los Estados Unidos, no fue nombrado miembro del nuevo gabinete en 1969.

En los años 70, los tecnócratas del Opus Dei, el ex ministro de Industria, Gregorio López Bravo; y su sucesor —también miembro del Opus Dei— López Rodó, pusieron más énfasis en la política económica y en la normalización de las relaciones diplomáticas de España con Europa del Este. En 1973, España estableció relaciones diplomáticas con la RDA y China y firmó un acuerdo comercial con la URSS, mostrando una actitud positiva hacia tales inversiones.

3. Política exterior hacia Cuba durante el régimen franquista

Durante ese periodo, los regímenes de América Latina no eran estables, debido a los frecuentes golpes de Estado, revoluciones y guerras civiles. En concreto, dado que España compartía un patrimonio común con América Latina, no como EE. UU., utilizó una política de no intervención y la doctrina Estrada (los gobiernos y los cambios de gobierno no deberían ser juzgados por otras naciones) en su enfoque hacia Latinoamérica.[9] Como parte del acercamiento, España aplicó esto también a Cuba. Además, España mantuvo los vínculos diplomáticos con Cuba incluso ante incidentes como la expulsión del embajador Lojendio en enero de 1960 (este interrumpió una emisión en la que Castro criticaba a España, por lo que fue declarado persona non grata y se le pidió que abandonase Cuba en un plazo de 24 horas), la enorme crítica de España y Franco en agosto y la deportación de los curas españoles en 1961.[10] Los diplomáticos españoles necesitaban resolver las contradicciones antes de mantener las relaciones diplomáticas y defender la postura anticomunista del Régimen.[11] Mantener las relaciones diplomáticas con un estado comunista era de gran importancia si tenemos en cuenta que su postura anticomunista ayudó a España a ganarse «el beneplácito de EE. UU.» en ese momento, y que España no tenía relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, ni con otros estados de Europa del Este.

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Para los asuntos relacionados con Cuba, como se ha mencionado previamente, España adoptó el principio de no intervención y la doctrina Estrada. Tanto Franco como Castiella manifestaron la adopción de estos principios, en privado y oficialmente. Tras el incidente de Lojendio, Franco se refirió en privado al principio de no intervención y en 1967 lo declaró públicamente en las Cortes.[12] Castiella declaró que la «política de no intervención en la política doméstica de otros países» era una norma importante para España, especialmente con sus amigos como Cuba.[13] En 1965, en una conversación con el Secretario de Estado estadounidense, Dean Rusk, Castiella afirmó que «en vista de la herencia cultural común y los muchos lazos humanos, España no quiere romper completamente» la relación con Cuba. Sin embargo, al mismo tiempo, puntualizó que por parte de los líderes españoles no hay simpatía alguna con el régimen de Castro.[14] En 1967, Castiella explicó a Alonso Vega, el Ministro de Interior, la importancia de mantener las relaciones diplomáticas entre España y Cuba citando las siguientes razones: su «ascendencia hispánica común, independiente de la ideología política», los ciudadanos españoles que vivían en Cuba que no podían abandonar el país, la situación de Cuba como «puente» hacia la URSS, el significado del gesto de España de seguir una política exterior independiente y las relaciones comerciales bilaterales.[15]

En los años 70, esta postura permaneció inalterable. El entonces Ministro de Asuntos Exteriores, López Rodó, declaro en la Asamblea General de la ONU que las diferencias ideológicas y sistemas políticos no debían interferir con las relaciones diplomáticas normales porque España y Cuba formaban parte de una comunidad con «tradición, cultura y herencia» compartida.[16] Similar a esto, en 1975, el Ministro de Asunto Exteriores declaró a la Embajada de EE. UU. que, en términos generales, España basaba su enfoque de las relaciones hispano-latinoamericanas en «el concepto de aceptar el pluralismo de ideologías» y el «concepto de aprovechar los lazos históricos y culturales».[17]

Ahora, se analizará la política exterior de España hacia Cuba durante el franquismo en lo siguiente: 1) factores sociales y económicos, 2) factores externos y 3) factores psicológicos.

1) Factores sociales y económicos

En el siglo XIX, Cuba era la última colonia latinoamericana en permanecer fiel a España. Además, mucha gente emigró de Galicia, Asturias, Cataluña e Islas Canarias a Cuba, principalmente por razones económicas y, —tras la derrota de España en la Guerra Hispanoamericana de 1898—, para evitar el servicio militar en Marruecos. En 1932, el 32% de la inmigración española en Cuba era de Galicia[18], una región del norte de España, particularmente conservadores, y el lugar de nacimiento tanto de los antecesores de Franco como de Castro. En 1969, diez años después de la Revolución, de acuerdo con el Ministerio de Asuntos Exteriores, aproximadamente entre 7000 y 8000 ciudadanos españoles y 300 000 españoles con nacionalidad cubana, estaban viviendo en Cuba.[19] Esto era una parte muy importante de la población cubana, estimada por la ONU en 8,55 millones. Por lo tanto, Cuba estaba densamente poblada con personas con «ascendencia» española, en comparación con otros países occidentales.

En los años 60, ocurrió el «milagro económico de España», en el que el país se transformó de un país agrícola a un país industrializado: en la década de los 60, la tasa de crecimiento anual del PIB era de 7,4% mientras que la tasa media de crecimiento anual de la CEE era de 3,4%- Además, en este periodo, el comercio de España con EE. UU. era un 18% de su comercio exterior total, mientras que con Cuba —el puesto 12 entre los socios comerciales de España— era un 1.6%. 1966 fue el mejor año comercial para España con Cuba, que representó el 2,8% del comercio total de España.[20] Sin embargo, al no ser España un miembro adherido a la CEE, no pudo explotar el mercado europeo. Para compensarlo, España intentó conseguir un mayor acceso al mercado latinoamericano. Parecido el caso de Cuba, que no pudo acceder al enorme mercado estadounidense y tuvo que buscar otros mercados, como España.

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El principal producto de exportación de Cuba era el azúcar, cuyo precio de mercado global no era estable. Después de la Revolución Cubana de 1959, Cuba y España firmaron un acuerdo comercial que adoptó un sistema de compensación de pagos. Este acuerdo lo renegociaron en 1963, cuando el precio del azúcar estaba aumentando significantemente. Para el periodo entre 1964 y 1966 firmaron un acuerdo que garantizaba mejores condiciones para Cuba, porque se esperaba que la cosecha española se redujese ese año y el coste y consumo de azúcar había aumentado considerablemente. Justo después de firmar el acuerdo, los precios cayeron en el mercado global. Sin embargo, a la larga España consiguió penetrar en el mercado cubano, especialmente con sus productos manufacturados[21]. El embajador español en EE. UU. entre 1962 y 1964, Antonio Garrigues, lo explicó así: «Es necesario hacer una política no solo del día a día, sino una política para el pasado, el presente y el futuro».[22] Así mismo, Castiella declaró que a través de un «vínculo espiritual» y «lazos históricos», España quería mantener una relación cercana con Latinoamérica, al margen de «cualquier contingencia política».[23]

Después de la Revolución Cubana, Iberia era la única aerolínea occidental que operase vuelos con Cuba, aunque tuviese que suspender sus vuelos tras la Crisis Cubana. Debido a que muchos españoles y cubano-españoles mandaban bienes a sus familias a través de Iberia, en 1975 intentó extender sus servicios a La Habana.[24] Sin embargo, al mismo tiempo, las reducciones de servicios de carga a Cuba y el número de buques registrados en España que comerciaban con Cuba estaban vinculados a la negociación de la renovación del acuerdo hispanoamericano. Además, tras el cierre del acuerdo en 1964, como un gesto de privilegio hacia EE. UU., España dio la impresión de efectuar las reducciones acordadas y de disminuir su contacto con Cuba.[25]

En 1969, de acuerdo con un informe de Nicolás Franco, quien fue invitado por el Ministro de Comercio cubano y recibido en persona por Castro, Cuba intentó importar vehículos españoles.[26] En 1974, España consiguió la membresía en el Banco Interamericano de Desarrollo (IDB), y el ministro español de Comercio realizó el primer viaje a nombre del Ministerio desde 1898. Además, España y Cuba firmaron el «acuerdo comercial más largo» nunca firmado por España con ningún otro país. La Embajada de Estados Unidos en España notó el refuerzo de las relaciones económicas españolas con Latinoamérica y la preferencia de los inversores españoles en esa región.[27]

Por otro lado, en los años 60, había un problema vital que resolver en cuanto a la relación bilateral, la indemnización de los bienes de los ciudadanos españoles que vivían en Cuba.[28] Después del incidente de Lojendio en 1960, España mantuvo su representación en Cuba pero no a nivel de embajador. Antes del cambio de embajadores, los problemas más importantes que los españoles tenían que resolver eran la liberación de los presos políticos españoles en Cuba, eliminar las prohibiciones que impedían a los españoles salir de Cuba (casi resuelto) y la indemnización de las propiedades de los españoles que vivían en Cuba. En 1975, España envió una delegación para negociar el problema de la indemnización, y esta estuvo muy cerca de concluir las negociaciones.[29]

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A su vez, numerosos terroristas y grupos disidentes opositores al régimen de Franco se fueron a Cuba. Sin embargo, el régimen de Castro eligió centrarse en la economía en vez de en el aspecto militar, lo que se explica así. Al comienzo de la década de los 50, el gobierno español comenzó a ser reconocido internacionalmente en mucha mayor medida, con la consecuente entrada posterior en cuerpos supranacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la ONU. Por lo tanto, conseguía más poder económico, lo que era vital para Cuba. Domínguez calificó una de las reglas de Cuba para decidir como la «Regla de la precedencia». De acuerdo con esta regla, la supervivencia del gobierno cubano tiene preferencia sobre el apoyo a la revolución de otro país, entendiendo entonces que las relaciones entre Estados eran más importantes.[30] Además, el Partido Comunista Español profesaba el eurocomunismo, distanciado de la Unión Soviética y las relaciones con el Partido Comunista Cubano no eran muy empáticas.[31]

Así, por razones económicas y sociales, el gobierno exiliado español no podía ejercer mucha influencia en el régimen de Castro, mientras que el régimen de Franco tenía una larga lista de intereses en mantener las relaciones económicas y las comunicaciones con españoles e hispano-cubanos en Cuba.

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2) Factores externos: ¿España como mediador entre EE. UU. y Cuba?

Para España, era conveniente tomar iniciativas en su política exterior de forma que su dependencia de EE. UU. se redujese en los años 60. Tras la derrota de 1898, España quería tener una esfera de influencia en Latinoamérica, afirmando que su identidad cultural común creó la formación de esta influencia. Latinoamérica era el mejor sitio donde España pudiera establecer un rol de liderazgo efectivo, como se comprobó con la existencia de una entidad separada en el Ministerio de Asuntos Exteriores al comienzo del siglo XX.[32]

España intentó mantener tanto sus relaciones comerciales con Cuba como las ayudas humanitarias con los EE. UU. Sí que es cierto que los EE. UU. presionaron a España para apoyar el embargo comercial a Cuba, aunque sin embargo la dependencia española en EE. UU. fue decreciendo en los años 60 por la influencia de otros inversiones europeos y otras razones. Por otro lado, para los EE. UU. la importancia geopolítica de España —particularmente la base naval de Rota—, estaba creciendo debido a la situación en Oriente Medio. En 1963, en la negociación de la extensión de los Pactos de Madrid Manuel Fraga —el Ministro español de Información y Turismo entre 1962 y 1969— puntualizó la importancia de los lazos con Cuba y el respectivo comercio de productos españoles. Además, amenazó con no continuar con los pactos en caso de que EE. UU. tomase medidas desfavorables como cortar su ayuda militar o los préstamos a España.[33] Asimismo, seguido a los incidentes como el de la Sierra Aránzazu en septiembre de 1964 (un buque español en ruta hacia La Habana fue atacado) o el incidente de Palomares en 1966 (un bombardero B-52 que llevaba cuatro bombas atómicas se estrelló en el Mediterráneo, una bomba se perdió y se encontró tras una búsqueda masiva), la opinión pública española se volcó fuertemente contra EE. UU. y España se encontró en una posición más ventajosa.

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Por otro lado, EE. UU. consiguió información acerca de Cuba gracias a España. Por ejemplo, en 1963, cuando el Ministro español a cargo de la embajada en La Habana volvió a Madrid, escribió por carta al secretario general de la embajada estadounidense para comentarle la situación política en Cuba. El secretario evaluó la carta como «muy interesante» y trasladó la información al Departamento de Estado.[34] En mayo de 1964, el partido cubano intentó establecer contacto con el embajador español en Francia, José María de Areilza, con la esperanza de que España actuase como un intermediario. El partido estadounidense aceptó principalmente la posibilidad de esta negociación, aunque condicionada por diversas cautelas como las consideraciones para las cercanas elecciones presidenciales de noviembre.[35] En septiembre, el secretario de Estado, Rusk, sugirió al embajador español que el gobierno español «debía hablar francamente a los cubanos para que parasen con sus interferencias en otros países».[36] Además, el director de la Oficina de Información Diplomática, Adolfo Martín-Gamero, se citó con Fidel Castro en 1967. No era una iniciativa de EE. UU., pero incidió en Castro en que «España estaba actuando como un intermediario entre los Estados Unidos y Cuba».[37] También en El Cairo los diplomáticos españoles ejercieron el rol de intermediarios entre EE. UU. y la República Árabe Unida.[38] En resumen, España podía ejercer el rol de «intermediario» en el mundo.

En los años 70, debido a que Estados Unidos no quería que su relación bilateral con España empeorara por el problema cubano, se volvió gradualmente tolerante en la «peculiar» política exterior hacia Cuba.[39] La primera prioridad de Washington con la España franquista fue siempre concluir sin problemas el acuerdo para el uso de bases militares españoles. Además, por ejemplo, en un esfuerzo para evitar una cuestión controvertida con el Gobierno de España, la embajada estadounidense en Madrid señaló que el asunto de que Cuba comerciase con una empresa española (Barreiros) —que quería exportar coches Chrysler fabricados en España a Cuba— era un «asunto menor». Además, la embajada pensaba que la delicada relación bilateral no debería verse perjudicada por la insistencia de Estados Unidos en este asunto.[40] Todo esto dependía de las negociaciones, ya que las relaciones eran demasiado frágiles. Además, el gobierno estadounidense tenía que pensar en la campaña presidencial, lo que les impidió llevar una política activa. Sin embargo, el porcentaje de comercio español con Cuba estaba bastante limitado en comparación con el que había con EE. UU.

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3) Factores psicológicos

En esta parte, se examinarán algunas palabras clave que han surgido en las investigaciones realizadas: honor, pasión y moral.

En Latinoamérica, los grupos católicos españoles, especialmente los jesuitas se alternaban con las instituciones educativas públicas incompletas. La mayor parte de los jesuitas eran conservadores, profranquistas y seguidores de la «Hispanidad», además de ser los encargados de la educación superior en Cuba, sobre todo de las clases altas. Frei Betto afirmó que la escuela era «independiente de las ideologías políticas», «que casi todos los españoles tienen el sentimiento de honor personal» y que «los jesuitas particularmente tienen un sentimiento muy alto del honor personal».[41] Los jesuitas en el colegio de Belén, debido a la falta de conocimiento del mundo anglosajón, tenían una «fuerte malicia» contra este por la humillación que sufrió España en el pasado, y Castro fue educado en este colegio y «fascinado» por Franco.[42]

Además, el dictador cubano afirmó que el creía que el cristianismo y el socialismo tenían muchas cosas en común, e incluso declaró que Jesucristo fue el «gran revolucionario». Esta comparación la explicó así: «Así como Cristo dio al pueblo pan y peces, el socialismo les da escuelas, hospitales y trabajo».[43] Castro continuó diciendo, similar a José Martí, que a él no le gustaba el sistema español, pero si los españoles, y que rechazaba el fascismo y a los nazis, pero no buscaba venganza.[44]

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Durante su infancia, Franco fue testigo del retorno de una flota española derrotada de Cuba a Galicia después de la guerra hispano-estadounidense. Esa derrota dañó el honor de los españoles. Castro afirmó que la revolución cubana ha «restaurado los sentimientos y el honor de los españoles» y atribuye esto no a las razones económicas sino a la razón de la actitud amistosa de Franco hacia Cuba.[45] Castro puede haber criticado intencionadamente a Franco, pero aun así, en ocasiones no oficiales, el dictador cubano no mostró ninguna hostilidad hacia el régimen franquista.[46] De hecho, después de la muerte de Franco, durante una entrevista con el periódico El País, Castro alabó la resistencia del Caudillo frente a la presión ejercida por EE. UU. sin romper las relaciones diplomáticas. Afirmó que «No tocar a Cuba» fue una orden clara de Franco.[47]

En segundo lugar, examinaremos el rol que tuvo la «pasión» en las relaciones bilaterales. Esto se puede encontrar en la propagación entusiasta de Castro con los jesuitas y la conciencia histórica: «La historia me absolverá». Belén, la escuela en la que se crio Castro, enseñaba a los alumnos «los atributos» de José Antonio Primo de Rivera, el fundador de la Falange, quien insistía en el «entusiasmo y la agresividad». De acuerdo con estos valores, Fidel Castro era un líder nacionalista que gobernaba con «pasión». Además, sus héroes eran revolucionarios, soldados y conquistadores, no «líderes democráticos occidentales».[48] Su «teatralidad» fue mencionada por la Embajada española en La Habana.[49]

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Del mismo modo, Madariaga, diplomático, historiador, escritor y un miembro de prensa de la Sociedad de las Naciones, afirmó la supremacía de la cultura española en el mundo. Este creía que la cultura debería ser una «prioridad» y la base del «poder moral» en la política extranjera española.[50] En 1961, Castiella envió un telegrama a la embajada en La Habana comunicando que las relaciones hispano-cubanas no se deberían ver afectadas por la tensión existente entre EE. UU. y Cuba y que esperaba que España pudiese ejercer la «máxima autoridad moral en cualquier momento» y que seguían fielmente el «principio de no intervención». Además, en el caso de una ruptura de las relaciones, la embajada tenía la orden de «mantener el prestigio y la dignidad de España» y la «defensa de los intereses materiales y morales por el bien colectivo».[51] Además, España tenía una actitud negativa hacia el anterior dictador debido a la brutalidad de sus acciones políticas además de la moral baja de su ejército y la corrupción administrativa que había en su mandato.[52] Mientras tanto, EE. UU. adoptó una actitud más práctica hacia Cuba. De acuerdo con el embajador español en Cuba, Lojendio, Estados Unidos solo consideró sus relaciones económicas con Cuba y la defensa de los intereses estadounidenses.[53] Al menos, la «razón moral» se menciona menos en los telegramas gubernamentales japoneses y estadounidenses.

Según Castro, la «moralidad» es uno de los estándares mas importantes por los que se puede evaluar a otros líderes y criticó el capitalismo estadounidense pues este era inmoral. Admitió que Franco tenía una «estatura moral y política». Asimismo, Manuel Fraga, el antiguo presidente de Galicia (ex ministro de Información y Turismo) fue bienvenido en Cuba, ya que Castro tenía una relación amistosa con él, no porque fuesen compatriotas sino por todo lo que había conseguido en Galicia.[54] Mientras tanto, en 1960 el embajador estadounidense, Bonsal, esperaba que España pudiera ayudar a EE. UU. debido a la «influencia moral de España en sus antiguas colonias y sobre los cubanos en general» y la cooperación de «otros gobiernos iberoamericanos» en la caída del régimen comunista en Cuba.[55]

En resumen, el «vínculo espiritual» entre los dos países puede ser medido por sus relaciones con Estados Unidos o «contra» los Estados Unidos. Además, tanto Franco como Castro tenían un «incentivo moral» y expusieron el «historicismo» desde una perspectiva a largo plazo. Otro hombre de negocios gallego, Eduardo Barreiros, señaló los valores comunes compartidos por ambos líderes, tales como la honestidad, la pasión y el patriotismo.[56]

Conclusión

Las razones por las que el régimen de Franco mantuvo relaciones diplomáticas con Cuba a pesar de sus ideologías opuestas ha sido explicado utilizando términos difusos y abstractos como «vínculos culturales, tradición y herencia», «razones económicas» y «conexión gallega». Así, este trabajo pretende concretar dichas explicaciones.

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En primer lugar, acerca de la relación bilateral, la razón «sentimental» de Franco era fundamental para Franco: el honor de España dañado en la guerra hispano-estadounidense y que fue restaurado por Cuba. Como líderes, ambos poseían méritos en común como la moralidad y el patriotismo, y pese a que nunca se conociesen en persona, se entendían el uno al otro. La proporción de comercio de España con Cuba era extremadamente insignificante en términos totales del comercio español. Sin embargo, la política española se basó en el pragmatismo económico, con un punto de vista a la larga, teniendo en cuenta los lazos de los inmigrantes y familiares españoles que todavía vivían en Cuba.

En segundo lugar, desde el punto de vista de las élites del régimen franquista, España necesitaba una política «peculiar» que estableciese su estatus en una potencia media o un estado con influencia en una región y que les permitiese distanciarse de la Guerra Fría. Además, la antidemocrática y anticomunista España podía ejercer el un rol de intermediario entre el mundo occidental y Latinoamérica, especialmente entre EE. UU. y Cuba, acercándose a Occidente y manteniendo sus relaciones con Cuba sin tener que cambiar el régimen español. Por otro lado, EE. UU. tuvo que considerar la negociación de los Pactos de Madrid con España, donde no podía ejercer mucha presión en España en relación a Cuba.

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[1] ENRICH, Silvia, Historia diplomática entre España e Iberoamérica en el contexto de las relaciones internacionales (1955-1985)(Madrid: Ediciones de Cultura Hispánica, 1989)

[2] PAZ-SÁNCHEZ, Manuel de, Franco y Cuba(Las Palmas de Gran Canaria: Ediciones Idea, 2006)

[3] SUÁREZ FERNÁNDEZ, Luis, Francisco Franco y su tiempo tomo VII, VIII (Madrid: Fundación Nacional Francisco Franco, 1984)

Franco y la URSS (Madrid: Rialp, 1987)

Franco (Barcelona: Ariel, 2005)

Franco: Los caminos de la instauración desde 1967 hasta 1975 (Madrid: Actas, 2007)

[4] PARDO SANZ, Rosa María, “Fernando María Castiella: Pasión política y vocación diplomática.” Historia contemporánea 15 (1996), pp. 225-239.

[5] BAYOD, Angel, Franco visto por sus ministros (Barcelona: Planeta, 1981), 390 y Letter From General Franco to the President Johnson, August 20, 1965, Foreign Relations of the United States, 1964-1968, vol. XII, Western Europe, www.state.gov (accessed 10/2/8)

[6] SOPEÑA, J., España-Cuarenta años con Franco.(Tokyo: Kodansha, 1977), 64.

[7] PERINAT, Luis Gillermo, Recuerdos de una vida itinerante(Madrid: Compañía Literaria, 1996), 133, and ROVIRA, Juan José,“Franco y la política exterior.”El legado de Franco. Fundación Nacional Francisco Franco (Madrid: Azor, 1993), pp. 423-487; p. 485.

[8] Pardo, La etapa, 347.

[9] Pardo, La etapa, 353

[10] El ministro de Asuntos Exteriores envió una nota verbal a Cuba puntualizando que la relación entre los gobiernos cubano y español se basaba en un «respeto mutuo por su soberanía», «el principio de no intervención en los asuntos internos» y «lazos históricos y amistad». Spanish Embassy in Havana(SEH), Telegram to Ministry of Foreign Affairs(MFA), August 13, 1960, box 5970, file 20, AMAE.

[11] PAZ-SÁNCHEZ, M. d., Zona revelde: La diplomacia española ante la Revolución cubana(1957-1960)(Las Palmas de Gran Canaria: Centro de la Cultura Popular Canaria, 1997).

[12] FRANCO SALGADO-ARAUJO, Francisco, Mis conversaciones privadas con Franco(Barcelona: Planeta, 1976), 278; and U.S. Embassy in Madrid(USEM), Telegram to Secretary of State, December 2, 1967, Declassified Documents Reference System(DDRS), www.gale.cengage.com(accessed 9/14/08).

[13] MFA, Telegram to SEH, January 27, 1960, box 6536, file 8, AMAE.

[14] Department of States(DOS), Memorandum of Conversation, October 7, 1965, DDRS.

[15] MFA, Proyecto de Acuerdo hispano-cubano sobre indemnizaciones, 8 de febrero de 1967, no. 6381, FNFF

[16] LÓPEZ RODÓ, Laureano,“El discurso pronunciado por el ministro de Asuntos Exteriores de España ante la XXVIII Asamblea General de las Naciones Unidas.” Mundo Hispánico 308 noviembre(1973): pp. 72-73.

[17] USEM, Telegram to Secretary of State, January 13, 1975, DDRS.

[18] NARANJO OROVIO, Consuelo,“La población española en Cuba, 1880-1953.”Cuba la perla de las antillas. Actas de las I Jornadas sobre ,(1994): pp. 121-136, p. 133.

[19] SEH, Letter to Minister, August 5, 1969; box10665, file 8-9, AMAE.

[20] Lambie, George.“Franco’s Spain and the Cuban Revolution.”The Fractured Blockade: West EuropeanCuban Relations During the Revolution. Eds. HENNESSY, Alistair and LAMBIE, George(London: MacMillan Press, 1993), pp. 234-275; p. 237 and p. 240.

[21] Lambie, 234-275.

[22] GARRIGUES DÍAZ-CAÑABATE, Antonio, Diálogos conmigo mismo(Barcelona: Planeta, 1978), 103.

[23] MFA, Telegram to Embassy in Washington, July 13, 1963, box 7951, file 3, AMAE.

[24] USEM, Telegram to Secretary of State, April 23, 1975, DDRS.

[25] Lambie, 259-260 and DOS, Memorandum, October 7, 1965.

[26] Nicolás Franco, Nuevas posibilidades para el intercambio commercial España-Cuba, March 1969, no. 19634, FNFF.

[27] USEM, Telegram to Secretary of State, December 20, 1974, and January 8, 1975, DDRS.

[28] For Paz-Sánchez’s lucid analysis of the role of Spanish clerics, republicans and immigrants, see PAZ-SÁNCHEZ, M. d., Zona de Guerra: España y la Revolución cubana (1960-1962)(Las Palmas de Gran Canaria: Centro de la Cultura Popular Canaria, 2001).

[29] SEM, Telegram to Secretary of State, June 19, 1975, DDRS.

[30] DOMÍNGUEZ, Jorge I., To Make a World Safe for Revolution: Cuba’s Foreign Policy(Cambridge: Harvard University Press, 1989), pp. 115-119.

[31] HENNESSY, Alistair,“Spain and Cuba: An Enduring Relationship.”The Iberian-Latin-American Connection: Implications for U.S. Foreign Policy. Howard J. WIARDA. (Boulder: Westview Press: 1986): pp. 360-374, p. 364.

[32] ESPADAS, Maunel, Franquismo y Política Exterior (Madrid: Ediciones Rialp, 1988), 263.

[33] Lambie, 258.

[34] MFA, Nota para el señor ministro, March 26, 1963, box 7532, file 20, AMAE.

[35] USEM, Telegram to Secretary of State, May 21 and 25, 1964; DOS, Intelligence Note to Acting Secretary, June 2, 1964; DDRS, Ambassador in Paris, Pliego que remite a Su Excelencia el Embajador en París, May 24, 1964; and SUÁREZ FERNÁNDEZ, Franco y la URSS, 248-251.

[36] Memorandum of Conversation, September 9, 1964, 5 p.m., Foreign Relations, 1964-1968, Dominican Republic; Cuba; Haiti; Guyana. Ed. Edward C. Keefer(Washington, D.C.: U.S.G.P.O, 2005), pp. 685-687.

[37] Secretary of State, Telegram to USEM, December 21, 1967; DDRS, and Spanish Embassy in Washington, Telegram to Ministry of Foreign Affairs, December 21, 1967, box 12041, file 18, 19, AMAE.

[38] Kissinger, Memorandum for the President, October 2, 3, 1970, NSC Files, President’s Trip Files, Box 468, Nixon Presidential materials Project, National Archive at College Park, Spanish Embassy in Washington, Telegram to MAE, November 14 , 1967, no. 20435, FNFF.

[39] USEM, Telegram, December 20, 1974.

[40] USEM, Telegram to Secretary of State, July 23, 1975, DDRS.

[41] FREI BETTO, Fidel y la Religión: conversaciones con Frei Betto(La Habana: Oficina de Publiaciones del Consejo de Estado, 1985), 155.

[42] LATELL, Brian, After Fidel: The Inside Story of Castro’s Regime and Cuba’s Next Leader(Tokyo: Sakuhinsya, 2006)109; y SZULC, Tad, Fidel: Un retrato crítico (Barcelona: Grijalbo, 1987), pp. 140-141.

[43] Betto, Fidel, p. 20 and p. 325.

[44] Betto, Fidel, 341-345; y Latell, After, 138-141.

[45] RAMONET, Ignacio, Fidel Castro, biografía a dos voces (Barcelona: Debate, 2006), pp. 459-460; and Franco, Nuevas.

[46] SEH, Telegram to MFA, 3 de mayo de 1971; 12 de noviembre y 5 de diciembre de 1972; box 12110, file 17 and box 12467, file 2, AMAE.

[47] Fidel Castro, entrevista por Luis Cebrián,“América Latina está en una situación explosiva,”El País, 20 de enero de 1985.

[48] Latell, After, 109-110.

[49] SEH, Telegram to MFA, July 15, 1960, box 5970, file 8, AMAE.

[50] MADARIAGA, Salvador de, Memorias(1921-1936) (Madrid: Espasa-Calpe, S.A, 1974), 608.

[51] MFA, Telegram to SEH, 3 de mayo de 1961, box 6513, file 56; and SEH, Telegram to MFA, 6 de mayo de 1961, box 6536, file 7, AMAE.

[52] SEH, Telegram to MFA, 9 de enero de 1959, box 5436, file 4, AMAE.

[53] SEH, Telegram to MFA, 18 de diciembre de 1959, box 5970, file 8; y 16 de enero de 1959, box 5436, file 4, AMAE.

[54] RAMONET, Fidel, pp. 461-462, y pp. 467-468.

[55] MFA, Report, 7 de diciembre de 1960, box 6518, file 5, AMAE

[56] “Le dije a Fidel que debía cambiar la ley para meter en cintura a los obreros cubanos,”La Vanguardia, 3 de noviembre de 1991, p. 48