Un día 20 de Septiembre, pero de hace 101 años, un joven gaditano de San Roque, llamado Carlos Espresati de la Vega, se alistaba en un cuerpo de Infantería de nuestro glorioso ejército, de nueva creación, llamado Tercio de Extranjeros. Ahí se inicia la historia, la leyenda, el heroísmo, la grandeza y  el apasionado amor a España del mejor cuerpo de Infantería del mundo: La Legión Española. En agradecimiento  y admiración va este  recuerdo, en fecha tan señalada,  del inolvidable fundador de la Legión, el coruñés José  Millán Astray y Terreros.

 

Un cinco de julio de 1879 venía al mundo en la calle de Santiago de La Coruña, un hijo varón del matrimonio formado por José Millán Astray  director de la prisión coruñesa y su esposa Pilar Terreros Segade. El niño que  sería bautizado con el nombre de  José, uniría ambos apellidos del padre, pasando a la historia como José Millán-Astray y Terreros.

 

A pesar de ser un niño de cárcel, -como le denomina de forma muy acertada en su magnífico libro  “Millán Astray Legionario”, el profesor Luis Eugenio Togores-, relacionado con delincuentes y con pícaros, pues  conocerá, debido a los destinos de su padre como director, los penales de Valencia, Zaragoza, Ceuta, La Habana, Madrid y Barcelona, en el joven Pepito nacerá una acentuada vocación militar que le llevará a ingresar en la academia  de Infantería con 15 años de edad y también una clara visión humanitaria sobre la redención de la pena, no en vano muchos de sus niñeros fueron presidiarios, entre ellos el famoso delincuente El Lobo.

 

Interrumpe sus estudios para acudir como voluntario a la campaña de Filipinas. Allí logrará la Cruz de María Cristina, al defenderse con 30 soldados del ataque de miles de tagalos en el pueblo de Pampanga. Una vez finalizadas las hostilidades y al perderse de forma desgraciada para España, aquel territorio, Millán-Astray, regresa a la península y será destinado a Fuerzas Indígenas.

 

Pero en la mente de Millán, estaba organizar  una unidad militar orgullosa de serlo por voluntad y compromiso. Una Legión de héroes románticos, dignos herederos de los Tercios de Flandes, que sustituyera, en primera línea de fuego, a los soldados de reemplazo que morían de forma abrumadora ante el fuego enemigo de las belicosas kábilas de la zona del protectorado marroquí, que pertenecía a España a través de tratados internacionales. La guerra se había iniciado en 1909, con aquel desdichado episodio del barranco del Lobo y comenzaba a ser una sangría y una pesadilla para los intereses nacionales.  El coruñés  Millán-Astray y Terreros modeló, a su imagen y semejanza, la realidad sublime de su Legión Extranjera. Visitó la Legión Francesa, estudió y leyó innumerables libros y documentos, entre ellos el Bushido japonés en el cual se inspirará para concebir su maravilloso credo Legionario.

 

Para la creación del Tercio, Millán, se rodeó de unos mandos bravos, entusiastas y altamente cualificados. Confió la lugartenencia de la nueva unidad a crear, al Comandante Francisco Franco Bahamonde, que venía distinguiéndose valerosamente en las filas de otra heroica y legendaria unidad del Ejército, las Fuerzas de Regulares, fundadas en 1911 por el entonces Teniente Coronel Dámaso Berenguer.

 

  1. Cartel de enganche en el Tercio de Extranjeros.

 

El  nacimiento del Tercio es dado por real orden de 31 de enero de 1920, firmada por el ministro de la Guerra del breve gabinete de Manuel Allendesalazar, general Villalba, pero no se hará efectiva hasta el cuatro de septiembre del mismo año en que el ministro  de la guerra del gobierno de Eduardo Dato, Luis de Marichalar, Vizconde de Aza, autorice la recluta de los primeros legionarios, circunstancia que se produce el día 20 de septiembre, en que  se alista el primer legionario, antes mencionado, Carlos Espresati. Con él llegan 200 voluntarios catalanes que van a ser el embrión de la nueva unidad. Los llamativos carteles anunciadores para el enganche  a la Legión Extranjera, prometían 700 pesetas como prima de ingreso, a cobrar la mitad a la llegada y el resto en tercios hasta finalizar los primeros tres años de servicio. Haberes en aumento progresivo. Dos pesetas para comer, 0,85 para vestir y 1,25 pesetas diarias en mano.

 

Arriban a Ceuta en el vapor Fernández Silvestre. Son los primeros legionarios. Hombres duros que se alistaban por muchas y variadas circunstancias. Sus motivos, diversos. Pasiones, necesidades, vicios, hambre, desarraigo social, sed de gloria, la llamada de la Patria, despechados de algún apasionado amor, que no llegó a buen fin. Algún noble que deshonró sus blasones. Ex convictos, carteristas, limpiabotas, algún que otro anarquista acosado por la policía. Toda una amalgama de seres humanos, con muy diferentes situaciones personales, va a conformar la nueva unidad del Ejército Español.

 

El Teniente Coronel José Millán-Astray y su Lugarteniente el Comandante Francisco Franco, fundadores de la Legión Española.

 

El coronel Millán-Astray los recibe y les dice alto y claro: “Habéis llegado a este cuartel con el compromiso más honroso de vuestra vida: os vais a consagrar a la Legión. Ella os recibe con los brazos abiertos y os ofrece honores, gloria y olvido también. Sentiréis un orgullo desconocido hasta ahora: el de ser legionarios. Aquí recibiréis vuestras cuotas y percibiréis los haberes prometidos. Podréis ganar galones y alcanzar estrellas, pero a cambio de esto, los sacrificios han de ser constantes, en el combate defenderéis los puestos más duros y peligrosos, y muchos moriréis en la pelea: Nada hay más hermoso que morir con honor por la gloria de España y de su Ejército. Ya lo aprenderéis así caballeros Legionarios ¡Bienvenidos voluntarios catalanes, vosotros seréis la base sobre la que se construirá la Legión! ¡Viva España! ¡Viva la Legión! Ah y si alguno quiere echarse atrás, bastará con acudir  al médico y decirle que le duele la garganta”.

 

Pero a esos legionarios ya del ¡Viva la muerte!, no les va a doler la garganta ni les dolerá nunca. Se organizan las tres primeras Banderas que van a mandar por este orden los comandantes Francisco Franco Bahamonde, Fernando Cirujeda Gayoso y José Candeira Sestelo. Entre los mandos figura el coruñés Ignacio Olavide Torres, que será conocido como “el organizador”. Se rodeará de William, un gigantesco negro norteamericano y René, un indeseable belga que había sido expulsado de España por nuestro gobierno. Les nombrará ordenanzas y  con ellos captará a más de cuatrocientos nuevos legionarios. Otro mando también muy ligado a La Coruña será el valeroso comandante Carlos Rodríguez Fontanes, que encontrará gloriosa muerte en 1922 en la acción de Ambar.

 

Un nuevo uniforme de color verde-gris muy vistoso, muy bueno para la disimulación del terreno, con guerrera abierta sobre cuyo cuello descansará el de la camisa, pantalón-polaina y un gorrillo cuartelero de tipo isabelino con borla roja, llamado Chapiri, serán las señas de identidad de la nueva unidad.

 

Un mes después las tres banderas juran el compromiso de amor a España. Nace el campamento de Dar Riffien, cuna de la Legión. Durante los primeros meses la nueva unidad va a hacer servicios de guarnición, protección y escolta. Pero todavía nos será utilizada en primera línea, lo que exaspera a los legionarios, que incluso con pena y desenfado cantan en sus marchas un cancioncilla que denota su impaciencia por entrar en combate:” ¿Quiénes son esos soldados de tan bonitos sombreros? El Tercio de Legionarios que llena sacos terreros”. Ellos, dotados también de unos preciosos sombreros chambergos, desean fervientemente acudir al fuego como reza su credo legionario, un auténtico decálogo, una manera de ser y de vivir. Es el gran milagro de la redención legionaria. Convertir en caballeros a auténticos desheredados de la vida.

 

  1. I Bandera Legionaria que manda el Comandante Franco Bahamonde.

 

En junio de 1921 el Tercio entra por primera vez en combate en el durísimo asalto al valle de  Beni Arós, donde la Legión va a iniciar su camino hacia la gloria. El 17 de julio de ese año se produce el desastre de Annual, una de las páginas más infaustas de nuestro Ejército en  toda su historia. Las kábilas belicosas de Beniurriaguel y Tensaman al mando de Abd-el-Krim, destrozan a las tropas del General Fernández Silvestre que había organizado una operación hacia Igueriben y Monte Abarrán.

 

Los harkeños de Abd-el-Krim, rebasan Monte Arruit y se dirigen hacia Melilla que queda desamparada y a merced del enemigo, con tan solo 1800 hombres para su defensa. Algunas unidades del ejército español se comportaron de forma asombrosa con admirables episodios de heroísmo, como las cargas al paso  realizadas por el teniente coronel Fernando Primo de Rivera y sus jinetes del Regimiento de Alcántara al borde del desfallecimiento o la valerosa defensa, hasta su muerte, del comandante de Infantería Julio Benítez de la posición de Igueriben. Otras en cambio, apoderadas por el pánico, huyeron en desbandada. El Ejército perdió en los combates de Annual a más del 60 por 100 de sus 16.000 efectivos.

 

Inmediatamente se organizó una columna de socorro para auxilio de Melilla. Una de las unidades elegidas para tal fin es el Tercio de Extranjeros, que es  movilizado con urgencia. La primera Bandera que manda el Comandante Franco se pone en marcha  desde el campamento de Rokba hacia el Fondak de Ain Yedida, vía Ceuta. Los legionarios emplearán diecisiete horas en recorrer 96 kilómetros después de un esfuerzo sobrehumano. La segunda Bandera del comandante, Carlos Rodríguez Fontanes, llegará a Ceuta desde El Zoco de Beni Aros, donde se hallaba operando.

 

  1. Primera Jura de Bandera de los miembros del Tercio de Extranjeros hoy Legión Española. En la foto el Teniente Coronel Millan-Astray y el Comandante Franco. Con motivo del centenario de la histórica Unidad, el ministerio de Defensa editó un libro titulado “La Legión cien años, cien imágenes”. En una de sus páginas se puede ver una foto de ese acto. Curiosa y malévolamente la fotografía insertada en el libro muestra al Comandante Francisco Franco de espaldas. En la obra de más de trescientas páginas, no aparece ninguna otra fotografía de Francisco Franco. Hasta ahí llega la mezquindad, el sectarismo y el odio de este partido socialista y su ministra de Defensa Margarita Robles. Mientras los mandos del Ejército miran hacia otro lado, como hizo el coronel que pilotaba el helicóptero que trasladó los restos del Invicto Caudillo, desde el Valle de los Caídos al cementerio de Mingorrubio, el día de la canallesca profanación de sus restos en 2019.

 

En Ceuta, Millán Astray se dirigirá a ellos con una vibrante arenga: “¡Legionarios! Melilla nos llama a su socorro. Ha llegado la hora de los legionarios. La situación allá es grave; quizá en esta empresa tengamos todos que morir. ¡Legionarios! Si alguno no quiere venir con nosotros, que salga de la fila, que se marche, queda licenciado ahora mismo. ¡Legionarios! Ahora jurad: ¿Juráis todos morir si es preciso en socorro de Melilla? La respuesta fue unánime. “Si”. Con el gorro en la mano izquierda y en alto se dieron las tres voces reglamentarias de la Legión Española: ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva La Legión! Los legionarios embarcan en el vapor Ciudad de Cádiz, cantado La Madelón. Su llegada a Melilla será inenarrable. Al mando del General Sanjurjo, Millán-Astray y Franco, 32 jefes y oficiales y 841 legionarios, bajan del barco cantando y desfilando. Miles de melillenses angustiados les esperan en el puerto. Millán Astray se dirige a la población: “Melillenses os saludamos. Es la Legión que viene a salvaros; nada temáis, nuestras vidas os lo garantizan. Manda la expedición el más bravo y heroico general del Ejecito español: el general Sanjurjo. Vienen detrás de nosotros los Regulares de Ceuta con el laureado teniente coronel González Tablas y artillería de montaña, ingenieros y fuerzas de intendencia. ¡Melillenses!; los legionarios y todos, venimos dispuestos a morir por vosotros. Ya no hay peligro ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva Melilla!

 

Los legionarios entran en combate y poco a poco, recuperarán  las posiciones perdidas. Melilla se ha salvado. Cuando entran en Monte Arruit  el panorama es dantesco y desolador. Cientos de cadáveres sin enterrar, torturados, muchos sin cabeza, sin brazos, sin piernas, atados con las propias tripas. Habrá que enterrar con rabia y dolor contenido, pero con aires de venganza, a más de tres mil compatriotas.

 

Gracias a la dureza de los combates y los triunfos de sus legionarios, la fama de Millán-Astray se engrandece. Por todos los rincones de España surgen voces de cariño y aliento a los bravos soldados y a su indómito jefe. A propuesta de un nutrido grupo de políticos, la mayoría de ellos republicanos, La Coruña se apresta a tributarle un grandioso recibimiento, con motivo de la llegada del ilustre militar para pronunciar una conferencia organizada por la Reunión de Artesanos.

 

La fecha elegida es el viernes 28 de julio de 1922. A las seis y media de la tarde, ante el Ayuntamiento coruñés en la plaza de María Pita, se formó una caravana de más cincuenta coches  que acudirían a la finca que el genial escritor, Alejandro Pérez Lugín, poseía en Alvedro. Allí iban a esperar la llegada del bravo soldado, entre otros, el senador por la Coruña, Pan de Soraluce; el alcalde en funciones, Ángel Senra; el teniente de alcalde, Ponte Blanco; los concejales Lens Viera, Martínez Morás, Piñeiro, Souto Ramos, Corral, Fernández, Fernández López, Boedo, Sanz, Salgado, Ledo y Paredes; el secretario del ayuntamiento Martín Martínez; los ex alcaldes Manuel Casás y Folla Yordi; el presidente del Sporting club, Aramburu; el presidente de la Reunión de Artesanos, Hervada; el presidente del Nuevo Club, Menéndez Atocha; el coronel del tercer regimiento de Artillería de Montaña, Durán Loriga; los capitanes de artillería Judel y Bermúdez de Castro; el sacerdote Don José Toubes, gerente del Ideal Gallego;  y los señores, Barreiro, Casares Quiroga, Guzmán, Villardefrancos, Emilio Astray, Arambillet, Catoira, Dequidt, Dorrego, Pernas, Feal.

 

La casa de Pérez Lugín se hallaba engalanada con banderas españolas. Millán-Astray, llegó en el coche del dueño de la casa,-quien personalmente le fue a buscar a Santiago-, acompañado por su señor padre, por el capitán ayudante, Ortiz de Zárate y por el sargento secretario particular de Millán, Sotero Fernández. Fue recibido con un caluroso saludo por parte del alcalde Senra, por la esposa  del anfitrión, Pérez Lugín, y por los generales Muro, Molina, Carrero y Ruibal, el contralmirante de la Armada, Anglada y el capitán de artillería, destinado en el tercero de Montaña, que había acompañado las operaciones africanas de la Legión, Argudín Zalvidea.

 

Las aclamaciones y  gritos, vivas a España y al héroe de la campaña de Marruecos, fueron continuos. Abrazos y más abrazos repartió Millán-Astray entre los congregados. Es importante observar que la  mayoría de los congregados que fueron a recibir al teniente coronel, eran de ideología republicana. Si uno se detiene a revisar la lista de congregados, verá por ejemplo, los nombres de Santiago Casares Quiroga, conspicuo republicano, que llegará, en la primavera de 1936, a ser presidente del gobierno del Frente Popular. El secretario Martín Martínez y el señor Guzmán, que serán fusilados por los militares alzados en julio del 36. Otros republicanos de prestigio eran: Antonio Lens; Ángel Senra que sería el primer alcalde republicano de La Coruña en abril de 1931; Villardefrancos que llegaría a ser presidente del Sporting club; Enrique Hervada, presidente de Artesanos.

 

  1. Finca coruñesa del escritor Alejandro Pérez Lugín donde fue recibido para su homenaje el Teniente Coronel Millán Astray

 

En la casa de Pérez Lugín se sirvió una merienda y Millán-Astray conversó con dos de sus legionarios, que se encontraban en la ciudad convaleciendo de sus heridas, el corneta Francisco Pérez Casas y el legionario José Vilasuso, para quien tuvo palabras de afecto y les dio unos afectuosos apretones de manos.

 

Para la entrada en La Coruña, Millán-Astray ocupó asiento en el vehículo en que viajaba el alcalde Senra. Miles de personas esperaban al valeroso militar. A su paso por la Palloza, la comitiva fue saluda por cientos de cigarreras que agitaban sus pañuelos, correspondiéndoles Millán agitando su gorra.

 

La avenida de Linares Rivas y los Cantones estaban repletos de público. Los balcones con colgaduras de la bandera nacional. Vivas y ovaciones no  dejaron de oírse en toda la marcha. Fue una entrada triunfal, digna de un héroe.

 

En la Calle Real, el gentío prácticamente cerraba el paso de la comitiva. Desde el Sporting club, Casino Republicano, Nuevo Club, y casas particulares fue saludado con vítores y aplausos. Al llegar a la Plaza de María Pita, una multitud esperaba al gran jefe militar. El coche en el que viajaba Millán-Astray, fue rodeado por cientos de coruñeses que deseaban abrazarlo y felicitarlo. En el vestíbulo del palacio Municipal estaba la banda del regimiento Isabel La Católica, que interpretó diversas marchas. Millán subió por la alfombrada escalera en compañía del alcalde. En el salón de sesiones, el alcalde Senra le ofreció la bienvenida en nombre de la ciudad a lo que Millán Astray contestó: “Acabo de recibir  el saludo más grato, más grande, más solemne, que a un ciudadano puede tributarse y más si es militar; el saludo del pueblo y de su Alcalde. Y yo no puedo decir sino que no he hecho otra cosa que portarme como se hubiera portado cualquier coruñés”. Visiblemente emocionado terminó su parlamento con Vivas a España, al Rey y a La Coruña.

 

En medio del entusiasmo popular, Millán-Astray se dirigió desde el ayuntamiento al palacio de Capitanía, para cumplimentar al Capitán General, Antero Rubín, quien le felicitó efusivamente por sus inestimables servicios para con la Patria desde las filas de su obra predilecta: la Legión.

 

La plaza de la Constitución estaba también llena de gente, que a la salida le dispensó  de nuevo numerosas muestras de cariño. Millán se dirigió hacia el Hotel Palas, donde quedaría alojado. Su coche fue escoltado, desde Capitanía hasta el hotel, por una muchedumbre que no paró de estrecharle la mano y abrazarle. En las puertas del Palas estaba congregado un numeroso gentío, que obligó al bravo legionario a asomarse varias veces  a uno de los balcones, dando de nuevo las gracias con un Viva España y un Viva La Coruña, que fueron unánimemente contestados.

 

A la noche, Millán-Astray, acompañado por su padre; Alejandro Pérez Lugín y su esposa; el presidente de Artesanos, Enrique Hervada; el gobernador Civil, señor Alcántara; el general jefe de Estado Mayor, Tenorio; la marquesa de Anzo; el presidente de la asociación de la prensa, Ponte y el director de La Voz de Galicia, Alejandro Barreiro, acudió a presenciar en el Teatro Rosalía Castro, la película  dirigida por Pérez Lugín, “Los Novios de la Muerte”. La película resultó ser toda una primicia, pues la cinta tan sólo la había visionado el Rey Alfonso XIII en un pase privado en el palacio Real.

 

La cinta gustó mucho y la aparición en ella de varios jefes de Tercio, como  Franco, Candeira, Beorlegui, Fontanes, Sueiro, fue saludada con vivas y ovaciones por parte del respetable.

 

Al día siguiente el fundador de la Legión, visitó la fábrica de Tabacos. Allí fue recibido por su director, Aguilar y el ingeniero jefe, Rebollo. En los talleres, 2.500 mujeres, vitorearon a su paisano y él, emotivo, agradeció las muestras de sentido cariño, dándoles un beso a las dos cigarreras más ancianas. A la salida de la fábrica, Millán-Astray se dirigió a la redacción de “El Orzán”. En los locales de periódico se sirvió un espléndido vino español y el alcalde, Ángel Senra hizo votos para que Millán conservase la vida para que pudiese saludarle, en fecha no lejana, como capitán general de Galicia.

 

A las siete y media de la tarde, el Teatro Rosalía Castro presentaba un lleno total. En el escenario al lado de la mesa presidencial estaba colocado el pendón de la ciudad. El acto se inició con las palabras del presidente de la Reunión Recreativa de Artesanos, señor Hervada que dijo: “Al comenzar este acto, parece superfluo decir que siendo  la “Reunión de Artesanos” el ateneo coruñés, siéntese enorgullecido en altísimo grado al ver en su tribuna a un coruñés de tan singularísimo mérito”.

 

Un paisano nuestro de corazón, el insigne novelista y legionario honorario, Alejandro Pérez Lugín, nos va a hacer el honor de presentarnos a Millán Astray. Gracias y ¡Viva Millán-Astray!”

 

El autor de la casa de la Troya, una vez cesados los aplausos que acompañaron las palabras de Hervada, dijo entre otras cosas: “Sean mis primeras palabras para enviar un efusivo saludo al Ejército de África que mantiene el honor de la Bandera y de la Patria. Mi recuerdo a las baterías gallegas, vuestras baterías coruñesas, los artilleros de la Legión; los bravos Regulares de González Tablas, cuyo sable glorioso ciñe al cinto dignamente Millán Astray. La Legión es Gallega por los cuatro costados. Gallega por su fundador y los mandos que le acompañaron en la fundación. Gallega por su modo de ser y Gallega, inda mais porque Gallega fue la sangre del primer jefe que dio su vida, el valeroso comandante Fontanes.

Dentro de la Legión, donde  no hay bravuras ni méritos, superiores a otros, porque todos son superiores a sí mismos, permítame usía, mi teniente coronel, a este legionario honorario que tienda sus brazos a la alegre tropa mosqueteril de la 4ª compañía del capitán Beorlegui, en donde aprendí a conocer y amar a ese glorioso e invicto cuerpo que perpetuará en la historia militar el nombre de su fundador, o noso Pepiño Millán-Astray”. “Sé que no te gusta que hablen de ti, que no te gustan las alabanzas. Pues bien a tus ordenes, no te ensalzaré, solo emplearé un adjetivo que no puede rechazar el teniente coronel de la Legión Extranjera,  José Millán-Astray y es el de ¡coruñés!”

 

Una grandísima ovación premió el discurso de Pérez Lugín. Al ocupar la tribuna el jefe del Tercio, el teatro estalló en una prolongada y emocionante ovación. José Millán-Astray dijo: “Soy enteramente feliz. La Coruña me recibe, como las madres reciben a los hijos que vuelven de la guerra y yo correspondo a su cariño, a su efusión entrañable, depositando en su regazo maternal, mi medalla militar individual.

He recibido el mayor regalo que un ciudadano  y un soldado puede recibir. El pueblo me ha estrechado entre sus brazos y los niños, los soldados del mañana, fueron los que me besaron. Que intenso deleite constituye el verse besado y abrazado como ayer lo hizo conmigo La Coruña entera. Alma de hierro, la de La Coruña; coruñeses de espíritu austero, poetas, soñadores, luchadores arrogantes que cruzáis los mares en busca de la gloria. Vosotros hacéis grande a España. Y a vosotras Coruñesiñas a quienes Dios hizo la especial merced de que por vuestro mandato de la especie prestéis vuestras entrañas para que nazcan los hombres. Conserváis el espíritu de la Raza, conserváis el espíritu de María Pita, de Agustina de Aragón y con vuestro recio temple de alma, nos animáis a la lucha y sois factor principal de la victoria. Ante vosotras vengo a depositar todas las flores de la admiración y el cariño que vuestros corazones atesoran”.

 

En su vibrante conferencia Millán hizo un repaso somero a lo que La Legión significaba para España y los españoles. Innumerables aplausos, abrazos y felicitaciones, recibió al abandonar el Teatro.

 

A la mañana del domingo 30 de julio, el teniente Coronel y su padre, visitaron la casa de la calle de Santiago esquina a Tabernas donde había nacido. Aun le esperaba en los salones de Círculo de Artesanos, un banquete popular. A la una de la tarde, el gran salón de la sociedad estaba ya completamente lleno de comensales. Muy bien adornado, con mesas corridas, destacaba la presidencia donde se podían ver las banderas de España y de La Coruña, acompañadas por antiguas armas y otros elementos castrenses de decoración.  El acto se inició con retraso ya que el alcalde accidental señor Senra, declinó asistir al acto al estar ya presente el alcalde titular Asúnsulo, quien había llegado de forma inesperada la tarde anterior al Teatro Rosalía, cuando Millán pronunciaba su conferencia. Enterado el teniente coronel,  intervino para rogar la presencia de ambos, cosa que no consiguió, ya que envió en un coche a su ayudante Ortiz de Zárate a buscar a Asúnsulo, pero este no pudo ser localizado.

 

A las dos y media llegó Millán a Artesanos, acompañado precisamente por Ángel Senra. Toda la ciudad estaba representada en los más de doscientos comensales que dieron cuenta de un almuerzo servido por el Hotel Continental. Médicos, industriales, abogados, diputados, comerciantes, consignatarios, empleados, concejales, sacerdotes, militares de todas las armas y cuerpos, salvo unos cuantos de Infantería, pues Millán-Astray, era enemigo acérrimo de las juntas de Infantería, nacidas en el seno de nuestro Ejército, en 1917. La Unidad de música del Regimiento de Infantería se encargó de amenizar el almuerzo.

 

Ocuparon la presidencia entre otros, el homenajeado, el presidente del Círculo, Enrique Hervada; el gobernador Civil, Alcántara; el militar, general Pulleiro; el alcalde Senra y el padre del fundador del Tercio. Ante tal avalancha de público, los camareros se plantaron y el banquete tuvo que ser servido por los dueños del Continental a quienes ayudaron los propietarios y representantes de otros hoteles de La Coruña, como El Palas, la Perla,  Europa, Francia, Londres, Roma y Ferrocarrilana.

 

A la hora de los brindis, Enrique Hervada ofreció el homenaje y hablaron sucesivamente, el alcalde Senra; los gobernadores civil y militar; el diputado Pan de Soraluce; Luis Cornide y por último Millán-Astray que finalizó sus palabras de agradecimiento a las autoridades y a la ciudad por haberle dispensado tamaño homenaje. Al finalizar, de entre el público, se levantó el antiguo alcalde, Manuel Casás, para solicitar que el Círculo de Artesanos nombrase socio de honor a Millán y el Ayuntamiento lo declarase como hijo predilecto de La Coruña. Las propuestas fueron saludadas con una atronadora salva de aplausos. Con los acordes de la  Madelón y la Marcha Real, interpretadas por la música militar, finalizó el almuerzo.

 

A la salida Millán-Astray fue obligado a bajarse del coche para continuar a pie hasta el Hotel Palas arropado, por una ingente cantidad de personas que no dejaron de aclamarlo. Después de realizar una visita a la ciudad, a la noche cenó en el Pazo de Jaz, propiedad del conde de Maceda. El día 31, después de despedirse de la autoridades, José Millán- Astray y Terreros, héroe de España, abandonaba por vía férrea su querida ciudad de la Coruña.

 

El día 3 de agosto de 1922 la corporación municipal en sesión plenaria tomó el acuerdo de nombrarle hijo predilecto de la ciudad de La Coruña a propuesta del señor Senra, respondiendo de este modo al sentir del vecindario coruñés hacia el heroico Teniente Coronel de la Legión Española.

 

José Millán-Astray y Terreros, un extraordinario coruñés, -aclamado por toda la sociedad de la Coruña, debido a su arrojo y valor guerrero, en defensa de los intereses de la Patria-, que unos políticos sectarios, trincones, estultos y sin sentido, pretenden, a día de hoy,  convertirlo en  un ignorado personaje de la historia. Incluso con nocturnidad y alevosía, como si de delincuentes se tratase,-que es lo que son- una mayoría de la corporación municipal de La Coruña, formada por  socialistas y separatistas, con una ignorancia suprema y elevadas dosis de maldad, ordenaron, en una madrugada de enero del año 2010, retirar su estatua, que desde 1970, -sin ofender  a nadie en sus creencias-, presidía  la plaza que llevaba su nombre. Chocante y perverso resultó que unos pretendidos republicanos hubiesen desposeído al Fundador de la Legión Española, de todos los honores, que otros republicanos,  le ofrecieron y entregaron en 1922.

 

Esa estatua, auténtica obra de arte, que es patrimonio de todos los coruñeses, duerme, desde ese año,  embalada en un cajón, en los talleres municipales de la Grela. Un auténtico baldón para la conciencia de la ciudad de la Coruña, amparado en este caso por una indigna y cobarde sentencia del tribunal superior de Justicia de Galicia, que dio la razón a aquel malvado, lleno de odio y sectarismo, gobierno municipal coruñés, compuesto por socialistas y separatistas gallegos.  Mientras en Bosnia, Albania, Afganistán, Líbano, Chad y en todas las calles españolas  por donde ha pasado y pasa su obra predilecta, La Legión, esta levanta oleadas de aclamaciones, simpatía, pasión y reconocimiento.

 

¡Que enorme contradicción! ¡Y que maldad socialista! Una bandera Legionaria de nombre Millán-Astray luchando por esos mundos de Dios y la estatua del heroico soldado que da nombre a esa bandera, secuestrada en un oscuro almacén coruñés. Y los mandos legionarios callados como tumbas ante tal deslealtad ignominiosa a su fundador, un héroe de España. Desgraciadamente los pueblos que olvidan su historia, están condenados irremediablemente a repetirla.